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Neil Armstrong caminaba torpe por la Luna por culpa del fabricante de sujetadores Playtex

Una investigación sugiere que un astronauta con un traje adecuado podría llegar a correr a 10 kilómetros por hora por la superficie lunar. La primitiva indumentaria de la misión Apolo 11 fue desarrollada por International Latex Corporation, también dedicada a la ropa interior femenina

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Pruebas de carrera a bordo de un avión DC-9, con gravedad reducida / NASA

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El fabricante de sujetadores Playtex desarrolló el traje espacial con el que Neil Armstrong pisó por primera vez la Luna el 20 de julio de 1969. Los ingenieros de la empresa, International Latex Corporation, que también producía prendas de alta tecnología para las Fuerzas Armadas de EEUU, hicieron lo que pudieron para que Armstrong soportara temperaturas de menos de 170 grados bajo cero y no cayera achicharrado por la radiación ultravioleta, pero no pudieron evitar que el primer ser humano que paseó por otro mundo estuviera obligado a caminar de manera ridícula.

Por fortuna para el ego de la humanidad, la creencia popular achaca los movimientos torpes de Armstrong a la escasa gravedad que hay en la Luna, pero la realidad es menos épica. El traje de los astronautas de la misión Apolo 11 no estaba diseñado para caminar, según explica John De Witt, experto en biomecánica en Wyle, una empresa que colabora en los proyectos aeroespaciales del Gobierno de EEUU. La vestimenta de Armstrong era un mamotreto de 21 capas de fibras sintéticas, neopreno y metal, que hizo que aquel “pequeño paso para el hombre”, pero “paso gigante para la humanidad”, fuera tremendamente tosco.

“Los trajes espaciales utilizados por los astronautas de la misión Apolo realmente no permitían una adecuada gama de movimientos en las caderas y caminar con normalidad era difícil. Por ello, los astronautas aprovecharon la gravedad reducida para avanzar saltando y dando grandes zancadas por la superficie de la Luna”, explica el ingeniero. Ante el miedo al polvo lunar que podría bloquear el mecanismo, la NASA y la International Latex Corporation sacrificaron los cojinetes que habrían facilitado el movimiento de la cadera.

Como en una montaña rusa

De Witt trabaja ahora con la NASA en mejorar los trajes de los futuros exploradores lunares y también de los astronautas que, según las previsiones, pondrán el pie sobre un asteroide en la década de 2020 y en Marte en la década de 2030. El experto se describe a sí mismo como “una persona motivada que disfruta aumentando el conocimiento sobre cómo se mueve la gente”. Su último experimento ha consistido en reclutar a ocho personas para montarlas en un avión DC-9 de la agencia espacial estadounidense, subirlas a alturas de 10.000 metros, dejar caer la nave como en una montaña rusa y, aprovechando la disminución de gravedad durante 20 segundos, poner a las cobayas humanas a trotar en una cinta de correr en condiciones similares a las de la Luna. Es la primera vez que se estudia la posible velocidad límite en el satélite.

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Un avión DC-9 de la NASA, durante un ejercicio / NASA

Los resultados muestran que los futuros Neil Armstrongs podrán moverse a velocidades mayores de lo que se pensaba. Los cálculos teóricos de los expertos predecían que una persona en la Luna podría caminar hasta una velocidad de casi tres kilómetros por hora, a partir de la cual tendría que correr para vencer los efectos de la escasa gravedad lunar. Sin embargo, los voluntarios de De Witt llegaron a caminar a unos cinco kilómetros por hora.

En ensayos paralelos, reduciendo el peso de corredores con mecanismos de suspensión como si fueran marionetas, se alcanzaron velocidades de más de 10 kilómetros por hora, un ritmo de trote normal en nuestro planeta. “Aunque podría ser posible ir más rápido, mantener este tipo de velocidad requeriría mejoras en la capacidad de los trajes para eliminar calor”, un desafío al que los ingenieros de la NASA se enfrentan todavía sin éxito. “Este calor puede obligar a terminar de manera prematura una actividad debido a la fatiga”, detalla De Witt.

Palos de golf

Los autores del estudio, que se publica en la revista especializada The Journal of Experimental Biology, atribuyen esta velocidad inesperada a las fuerzas generadas por el balanceo de brazos y piernas, insignificantes en nuestro planeta ante la fuerza de la gravedad que nos empuja hacia el suelo, pero perceptibles en la Luna. “Allí contribuyen más a la gravedad, manteniéndote pegado al suelo”, aclara. En la Tierra, ilustra el ingeniero, el efecto se puede apreciar más cuando se golpea una pelota con un palo de golf.

Uno de los trajes espaciales en pruebas de la NASA, el Z-2Ampliar

Uno de los trajes espaciales en pruebas de la NASA, el Z-2 / NASA

“La principal diferencia entre lo que vimos con los astronautas de la misión Apolo y lo que veremos con los futuros exploradores lunares es que saltar no será la principal forma de locomoción, porque los trajes facilitarán una movilidad adecuada de la cadera para permitir un paso normal”, aventura De Witt.

El ingeniero, no obstante, aplaude el trabajo pionero de International Latex Corporation confeccionando el traje de Neil Armstrong y el resto de la misión Apolo, “en un tiempo en el que el principal objetivo era simplemente llegar a la Luna y los trajes espaciales estaban diseñados para optimizar el soporte vital, pero no necesariamente la movilidad”.

El propio Armstrong escribió en 1994 una carta de agradecimiento a los fabricantes de su traje, que consideraba su propia nave espacial. “Resultó ser una de las naves más fotografiadas de la historia. Eso fue sin duda porque era muy fotogénica, pero su éxito también se debió a que escondía a su feo ocupante”, bromeaba Armstrong. “Su verdadera belleza, sin embargo, era que funcionó”.


REFERENCIA

'The preferred walk to run transition speed in actual lunar gravity' DOI: 10.1242/​jeb.105684


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