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Europa aportará en semanas nuevos datos sobre la primera señal del Big Bang

Tras meses de polémica, científicos de EEUU y Europa intentan acercar posturas para publicar datos concluyentes sobre el primer eco del Big Bang a finales de año

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El BICEP2, en el Polo Sur / Keith vanderlinde/NSF

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Los esperados resultados de la misión europea Planck sobre el primer eco del Big Bang saldrán a la luz “en menos de un mes”. Así lo ha explicado hoy uno de los científicos de la misión europea, cuyo estudio puede poner fin a una de las mayores polémicas científicas del año.

En juego está un descubrimiento que puede hacer historia, además de granjear uno o varios premios Nobel para los padres de la teoría de la inflación cósmica. Se trata de la primera detección de ondas gravitacionales primigenias, una especie de onda expansiva que curva el espacio y el tiempo a su paso y que fue causada por el Big Bang, la explosión que dio lugar al universo hace unos 13.700 millones de años. De confirmarse, sería la señal más antigua que se haya captado nunca de aquella afortunada explosión con la que comenzó todo.

En marzo, un equipo liderado por EEUU aseguró haber captado señales indirectas de esas ondas. El anuncio fue cuestionado rápidamente por otros equipos. Aquellas perturbaciones que veían los estadounidenses bien podían ser la señal de simple polvo en nuestra propia galaxia y no algo llegado desde fuera, como deberían hacerlo las ondas primigenias del Big Bang.

El anuncio estadounidense fue muy polémico pues los datos se publicaron sin el análisis de grupos independientes. Lo que sí hicieron los líderes de BICEP2, un telescopio en el Polo Sur cuyo núcleo duro está formado por instituciones de EEUU como Harvard, Caltech y la NASA, fue organizar una rueda de prensa retransmitida a todo el mundo por Internet e incluso grabar un vídeo con una visita sorpresa a Andrei Linde, uno de los padres de la teoría de la inflación, para avisarle del descubrimiento. Mientras, los expertos de la misión Planck se enteraron por la prensa.

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De izquierda a derecha, Enrique Martínez, Adam Guth y Roger O'Brien / Toni Calvo/ICHEP

Ahora, el equipo de Planck, una sonda de la Agencia Espacial Europea que orbita a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, está listo para ajustar cuentas. La pregunta es qué parte de la señal de las ondas gravitacionales captadas se debe sólo a polvo de nuestra galaxia, la Vía Láctea. “Esperamos tener una contestación definitiva en menos de un mes”, ha explicado hoy Enrique Martínez, co-investigador de Planck y director del Instituto de Física de Cantabria. “BICEP2 no tiene la capacidad de decir si la señal que han captado es cósmica [de fuera de la galaxia y por tanto válida], Planck, sí”, ha explicado el físico durante un encuentro con medios en el Congreso Internacional de Física de Altas Energías, que se celebra en Valencia hasta mañana. Esta tarde, Martínez y Roger O’Brient, de BICEP 2,   han impartido una de las ponencias del congreso.

“No fueron lo suficientemente cautos, pero todos somos humanos”

El BICEP2 ha captado señales de ondas gravitacionales analizando el fondo cósmico de microondas (CMB, en sus siglas inglesas). Esta radiación constante es lo que queda del destello de luz dejado por el Big Bang y se originó unos 380.000 años después de la explosión. Si nuestros ojos estuvieran diseñados para detectar microondas, veríamos la luz del CMB llegar en todas direcciones, como un brillo de fondo del universo. Esa radiación llega desde fuera de nuestra galaxia pero, al entrar en ella, se mezcla con la que produce el polvo de la Vía Láctea. BICEP2 puede captar perturbaciones en el CMB que podrían haber sido causadas por las ondas gravitacionales, pero es incapaz de discernir qué proporción de esas perturbaciones han sido causadas por el polvo galáctico. Además, BICEP2 solo puede ver una porción de cielo, exactamente, dice Martínez-González, “400 grados cuadrados”. Planck, en cambio, observa todo el cielo, 40.000 grados cuadrados, y sí puede decir cuánta radiación llega de nuestra galaxia y cuánta fuera de ella. En contrapartida, el BICEP2 tiene más sensibilidad que Planck para captar microondas en la longitud de onda específica en la que se ha hecho el hallazgo, 150 gigahercios.

Juntos por separado

El estudio que se publicará en menos de un mes mostrará qué proporción de la señal de BICEP 2 viene de dentro de nuestra galaxia. Los propios responsables de BICEP2 han reconocido que hay posibilidades de que toda su señal sea solo polvo, lo que echaría por tierra su descubrimiento. Pero también existe la posibilidad de una escala de grises en la que, una vez restado el ruido introducido por el polvo de la Vía Láctea, parte de la señal siga ahí, lo que confirmaría un descubrimiento histórico, la primera prueba experimental de las ondas gravitacionales del Big Bang y una prueba clave de la teoría de la inflación.

“Este es el tema más importante en cosmología en la actualidad”, reconoce Martínez. El equipo de la misión está aún terminando su análisis, que que será remitido a la revista Astronomy & Astrophysics.

“No nos arrepentimos de haber hecho el anuncio”, dicen en BICEP2

BICEP2 calibró sus resultados en base a datos provisionales de la misión Planck que fueron utilizados en secreto. Y esa ha podido ser también su perdición. Esta forma de actuar no ha gustado ni en la comunidad ni en la misión Planck. “Anunciarlo con una rueda de prensa a bombo y platillo no es la mejor manera”, opina Martínez-González, que sin embargo tiende puentes con sus colegas. “No fueron lo suficientemente cautos, pero todos somos humanos”.

“No nos arrepentimos de haber hecho el anuncio”, asegura O’Brient, que trabaja en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. Los datos que publicaron sobre los niveles de polvo galáctico “eran los de consenso en aquel momento”, aunque después, reconoce, “esas mediciones resultaron ser más complejas”.

Ambos portavoces han confirmado además que “hay conversaciones” entre ambos equipos para colaborar y sacar un estudio conjunto, según Martínez, en octubre. La publicación de ese estudio, dice, “se haría coincidir así con la publicación de los datos definitivos de la misión Planck”, que fue lanzada en 2009. “Nosotros podremos confirmar cuánto de su señal es cosmológica pero la forma más precisa de hacerlo sería trabajar conjuntamente”, ha explicado.

O’Brient también abraza la posible colaboración con Planck. “Estamos deseando compartir datos”, asegura, aunque opina que un estudio conjunto no saldría hasta finales de año. El investigador también ha detallado que, en la actualidad, el experimento Keck Array, sigue tomando datos y en el futuro también lo hará BICEP3, una versión mejorada del instrumento anterior.

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COMENTARIOS

  • ASN

    Me imagino que cuando habláis de poner en duda el big bang, lo que se pone en duda es la prueba del momento inflacionario del orden de 10 a la menos 36 segundos, no la radiación de fondo del universo primordial de los primeros 380.000. Es decir, de lo que se duda, es la polarización B de esa radiación de fondo, supuestamente originada por la deformación espacio tiempo, ondas gravitacionales generadas por el periodo inflacionario, no el Big Bang en si, como parece deducirse del articulo.

    De todas maneras, me gusta mucho vuestra publicación