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OPINIÓN

Las guerras de la ciencia

por José Carlos Loredo-Narciandi


El autor discute que la ciencia y el método científico sean una herramienta única y desinteresada para la búsqueda de la verdad. Al contrario, opina que la ciencia no es ajena a decisiones políticas, intereses empresariales y a un entorno sociotecnológico concreto. Por ello, se propone implicar a la sociedad en las discusiones que señalan qué ciencia se va a producir

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En algunos medios de comunicación y en las redes sociales es frecuente el fuego cruzado entre los defensores de la ciencia y personas que los autodenominados escépticos califican de irracionalistas o “magufos”. En un bando, los guerreros de la ciencia dicen defender la racionalidad, la verdad y una separación clara entre hechos y valores, donde los primeros serían incuestionables y los segundos, en cambio, materia de debate. En el otro bando estarían opiniones supuestamente irresponsables o desinformadas, propias de charlatanes e intelectuales posmodernos.

Los cientifistas tratan la ciencia igual que antaño se trataba la religión

En el fragor de la lucha se echan de menos posiciones distanciadas de un enfrentamiento que tiene algo de pelea de familia. Y es que la mayoría de los contendientes, en ambos bandos, parecen asumir cosas como las siguientes: 1) existe la ciencia, en singular; 2) existe el método científico, también en singular, 3) las ciencias exactas y naturales son las más científicas; 4) el mundo natural y el social son distintos; 5) ciencia y política no deben mezclarse. A menudo este tipo de suposiciones las comparten los cientifistas y los ”magufos”, aunque obviamente difieren en lo que respecta a las teorías que consideran aceptables. Unos critican la “ciencia oficial” y otros consideran que es la única posible. Sin embargo, todos se acogen a una concepción similar de lo que es el conocimiento científico.

No se trata de defender un virtuoso término medio situándose en mitad del campo de batalla para convencer a unos y otros de que firmen un armisticio. Se trata de reflexionar sobre algo que llama la atención cuando se contempla la pelea a cierta distancia, a saber: la ingenuidad con que se da por supuesta una concepción de la ciencia que se viene problematizando desde hace más de cuarenta años en trabajos de teoría de la ciencia y sociología de la ciencia o en el ámbito de los estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad (autores representativos de esa perspectiva crítica son, por ejemplo, Paul Feyerabend, Barry Barnes, David Bloor, Trevor Pinch, Harry Collins, Steve Woolgar, Bruno Latour, John Law o Annemarie Mol). Es una concepción de la ciencia que alimenta sobre todo el ardor de los cientifistas, esto es, de quienes tratan la ciencia igual que antaño se trataba la religión: como un conjunto de enunciados que nos ofrecen la seguridad de algo que está más allá de nuestra actividad humana.

Hay diferentes versiones de lo que es el “método científico” y algunos cuestionan que exista un método universal

Los cientifistas creen en un mundo real u objetivo susceptible de ser descubierto a través de un método que supuestamente emplean todas las ciencias en su desinteresada búsqueda de la verdad. Esta búsqueda suele presentarse en términos de una meritoria labor llevada a cabo por especialistas que, en calidad de tales, están autorizados para informarnos de cómo es realmente el mundo. Además, a menudo se supone que saber cómo es realmente el mundo tiene un corolario moral y político: hemos de ajustar nuestro comportamiento y nuestra organización social a la información que nos proporcionan los especialistas. También es habitual la creencia en el progreso de la humanidad a través de la tecnología entendida como la aplicación de los descubrimientos científicos a la mejora de nuestra vida. No hace mucho hablaba Juan Ignacio Pérez Iglesias en esta misma web de “defender la racionalidad como un ingrediente fundamental de la acción política, de manera que no se apoyen posturas basadas en supuestos irracionales”, y añadía que “hay que tratar de atraer a la gente al terreno de la racionalidad y de la ciencia”, porque la ciencia “es una fenomenal herramienta para garantizar nuestra supervivencia como especie y el bienestar de la humanidad”.

La ciencia no representa una realidad exterior a ella; simplemente produce unos hechos y no otros

Esa concepción es, como mínimo, discutible. No sólo hay diferentes filosofías de la ciencia con sus respectivas versiones de lo que es el “método científico”, sino que algunas de ellas, así como numerosos trabajos de historia y sociología de la ciencia, directamente cuestionan que exista un método universal que garantice la construcción de conocimiento objetivo. Los métodos de cada disciplina son inseparables de sus contenidos, y tienen más de artesanía y bricolaje que de aplicación de unas reglas lógicas que vayan paso a paso confirmando o desmintiendo hipótesis. No existe una herramienta de descubrimiento de verdades aplicable a cualquier dominio de la realidad y capaz de protegernos de la contaminación de lo subjetivo. La propia proliferación contemporánea de disciplinas, subdisciplinas, teorías y especialidades, incluyendo las de las ciencias sociales, echa por tierra la pretensión decimonónica de un saber unificado gracias al ejercicio metódico de la razón y capaz de abarcar la totalidad de lo real proporcionando criterios para organizar nuestra vida con arreglo a evidencias empíricas. Aunque algunos procedimientos sean compartidos por varias disciplinas, cada una de ellas tiene sus métodos de trabajo (tinciones, filtrados, simulaciones informáticas, excavaciones, etc.) y produce sus propias realidades (áreas cerebrales, células, fuerzas, especies, etc.).

La ciencia se mezcla con sistemas de financiación basados en decisiones políticas o empresariales, explotación de recursos, marketing, etc.

Por otro lado, visibilizar ciertos hechos mediante la movilización de determinados instrumentos, conceptos y alianzas, exige necesariamente invisibilizar otros hechos posibles, pues supone elegir qué se investiga y cómo. La ciencia no representa una realidad exterior a ella; simplemente produce unos hechos y no otros. Un objeto científico como el que corresponde al concepto moderno de gen, por ejemplo, existe sólo porque hay una teoría de la herencia basada en el ADN, una red de conceptos como el de proteína, aminoácido, célula o mutación, y complejas mediaciones sociotécnicas que incluyen aparatos, procedimientos, negociaciones y formas institucionalizadas de organización y difusión del trabajo en biología.

Tampoco se puede dar por supuesta la distinción entre ciencia, tecnología y sociedad. Es simplista el esquema según el cual existe una investigación básica o pura de la que derivan aplicaciones que redundan en beneficio de la sociedad. Cualquier investigación implica elecciones teóricas y metodológicas sociopolíticamente situadas, aparte de que requiere instrumentos, infraestructuras y medios de difusión. Las investigaciones científicas forman parte de un flujo del que también forman parte, en pie de igualdad, demandas tecnológicas, sistemas de financiación basados en decisiones políticas o empresariales, explotación de recursos materiales, humanos y animales, marketing, relaciones de poder, colaboración y competencia entre grupos, etc. Esta complejidad, además, pone en tela de juicio la distinción entre razones e intereses o hechos y valores. Fuera de un circuito sociotecnocientífico concreto, nada es en sí mismo un “hecho” y nada es en sí mismo “racional”. Los factores sociales y técnicos son consustanciales a las ciencias. Si se eliminaran no nos quedaríamos con una ciencia más pura: nos quedaríamos sin ciencia.

No se trata de someter a referéndum el darwinismo o el número pi, sino de que todo el mundo participe en las discusiones políticas para decidir qué ciencia se produce

Las técnicas que se emplean en los laboratorios, sin las cuales es imposible obtener hechos, dependen en sí mismas de conocimientos científicos procedentes de ámbitos diversos (óptica, física, química, ergonomía, matemáticas…) y se basan en dispositivos que se diseñan y mantienen gracias a todo un entramado en el que, aparte de los científicos, participan desde técnicos de laboratorio hasta empresas, pasando por burócratas, políticos o cobayas. Volviendo al ejemplo de antes, ¿qué sentido tiene decir que un gen existe ahí afuera, en una realidad independiente de las prácticas de la citometría o la espectrometría, las subvenciones a proyectos de investigación, las negociaciones a la hora de diseñar experimentos e interpretar sus resultados, la competencia entre grupos de investigación, la política editorial de las revistas de genética y biología molecular, etc.?

La cuestión, entonces, es hacerse cargo de la complejidad de las ciencias reales y dejar de hablar de unas ciencias del siglo XXI con conceptos del siglo XIX. El problema no es cómo preservar una ciencia pura o desinteresada, según pretenden quienes se empeñan en separar ciencia y política o naturaleza y sociedad. En cierto modo debería ser al contrario: el problema es cómo hacer que las ciencias nos interesen, sean interesantes y, sobre todo, incluyan todos los intereses posibles, ya que vivimos en sociedades plurales. Otro modo de decirlo es que quizá deberíamos democratizar las ciencias, incluso politizarlas. La producción científica y tecnológica depende inherentemente —no accidentalmente— de decisiones políticas y de dispositivos que ya se hallan politizados porque llevan consigo elecciones metodológicas, teóricas y hasta éticas. Por tanto, es preferible que todo el juego de gestiones burocráticas y directrices políticas que hacen posible la actividad científica sea regido por unas reglas explícitas, transparentes y máximamente consensuadas. No se trata de que sometamos a referéndum el darwinismo o el número pi, sino de que quienes nos veamos afectados por la ciencia —es decir, directa o indirectamente todo el mundo— participemos en unas discusiones que no pueden estar reservadas a especialistas.

— José Carlos Loredo-Narciandi, profesor del Departamento de Psicología Básica I de la UNED

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COMENTARIOS

  • Theogonist

    Cualquier argumento sobre filosofía de la ciencia que incluya a Feyerabend es ampuloso, dudoso y probablemente basado en una falacia de la autoridad (Como por ejemplo: “numerosos trabajos de historia y sociología de la ciencia cuestionan que…”).

    Los “estudiosos” de lo que se ha llamado en llamar “Ciencia, tencología y sociedad” se limitan a decir que la visión de la ciencia por parte de los científicos es decimonónica, sin llegar a argumentar de manera convincente que exista una visión más acertada.

    Ningún científico en sus cabales niega la influencia de la política en la investigación, pero de ahí a dudar de la existencia misma de los “hechos” (Como se hace en este texto) lleva a una postura injustficable y con la que no se puede argumentar: El solipsismo.

    Estimados lectores: Nunca, nunca, nunca discutan con un solipsista. Su postura no tiene base ninguna para argumentar nada, y discuten por el simple placer de discutir.

    • Probeta Guerrilla

      Y dónde se dice semejante cosa de que no hay hechos? Lo que se dice es que los hechos no son sólo naturales. El autor dice: “Los factores sociales y técnicos son consustanciales a las ciencias. Si
      se eliminaran no nos quedaríamos con una ciencia más pura: nos
      quedaríamos sin ciencia.”

      • Theogonist

        “Fuera de un circuito sociotecnocientífico concreto, nada es en sí mismo un “hecho””

        Eso quiere decir que sin personas (sin un contexto cultural), no existen los hechos.

        • James Doppelganger

          Theogonist, ¿de dónde crees que ha salido el concepto de “hecho”? ¿De las tablas de la Ley? ¿Acaso no el concepto de hecho no es él mismo perteneciente a una cultura determinada, la cultura empirista emergida a lo largo de la Edad Media y sobre la cual se asienta nuestra visión del mundo? Por otra parte: decimos que es un hecho que esto ha sido penalty porque estamos en un partido de fútbol, penalty es lo que ocurre cuando un futbolista derriba a otro de una manera determinada, el penalty viene acompañado del pitido arbitral, el equipo castigado protesta porque el penalti es una amenaza contra él, etc. Estamos en un ámbito donde los hechos son constituidos tanto por imágenes de lo real como por conceptos, situaciones y relaciones creadas que constituyen y encuadran esa realidad. Negar esto, en efecto, constituye un ejercicio de irracionalidad y de reduccionismo.

          • Theogonist

            O sea, que los sucesos, los hechos, la realidad en general, no existen sin el ser humano.

            Solipsismo.

            Muchas gracias por participar.

          • Probeta Guerrilla

            Decir que los hechos existen al margen del ser humano viene a ser una postura sobre el conocimiento como de antes del siglo XVI… Ni siquiera los miembros del Círculo de Viena hubieran sostenido semejante planteamiento

          • Francisco Javier Martín

            No hay que confundir el concepto de “hecho” con los hechos. Estos últimos existen con independencia de la ciencia o de la filosofía. Hablar de los hechos y referirse al concepto es confundir los términos.

          • James Doppelganger

            Buena puntualización, Francisco. Me da ocasión para responder que a lo que nos referimos nosotros por ”hechos”, otras culturas se habían referido mediante otros conceptos. En particular, no todas las culturas tienen el concepto atómico de ”hecho”. Porque ”hecho” es un concepto atómico. El hecho ocurre en el tiempo, pero es, por ejemplo, teóricamente instantáneo, una fotografía. El hecho tiene ya una carga epistemológica representacional muy concreta, para hablar en plata. Y que hagamos este análisis, pertinente sin duda, no significa que nos deban insultar llamándonos solipsistas. Realmente, Theogonist no sabe muy bien qué quiere decir, ahora mismo está, como diría Damasio, completamente bajo el control de un marcador somático -aquel que dictamina que todo lo que diga Feyerabend o alguien del supuesto club postmoderno, es un enemigo a combatir. Pero explorar y analizar nuestros hechos rigurosamente, determinar cómo los conocemos sin dejarnos nada atrás, no puede nunca ser un acto de solipsismo si reconocemos que siempre nos referimos a algo, que siempre hay una ‘ocasión’ empírica muy específica que da sentido a toda teoría. Sin ese algo, llámesele ”realidad” o ”conjunto de hechos”, no ha lugar a ciencia y ni aun a conversación ni a vida humana.

          • James Doppelganger

            Me han borrado un comentario. Espero que no sea por que ofendiera a alguien. Se acusa de solipsismo sin argumentos. Tiene razón Francisco al decir que el concepto de hecho no es el hecho mismo. Desde luego. Ahora bien -el concepto de hecho determina la consideración del hecho como tal. Otras culturas se han referido a los eventos del mundo, o a la realidad, de otras maneras. Por ejemplo, el hecho es atómico, ocurre en el tiempo, pero él mismo es instantáneo, algo así como una fotografía. Inscribir el hecho en un conjunto de hechos regulado por ley, por otro lado, es inscribir esos hechos en una estructura numérica concreta. Al mismo tiempo, participan del hecho nuestra estructura perceptual, guiada por emociones y verbalizable en un lenguaje concreto. Decir que un hecho se inscribe en una estructura tal, y que las dependencias de los hechos y las representaciones científicas a que dan lugar se remontan a un conjunto aún mayor en el que hay aparatos de medición y otras cosas, me parece una tesis moderada y de sentido común. Acusar de solipsismo en estas circunstancias, eso no es de sentido común. Nuestras palabras y nuestros números refieren, hay una ocasión empírica e independiente de nosotros que da lugar a la determinación de los hechos. Hay un mundo, independiente de nosotros. Pero los hechos determinados, los eventos medidos, los objetos nombrados, no existen CON INDEPENDENCIA DE los humanos y sus inscripciones y prácticas. Lo que nosotros hacemos son cortes en esa realidad, cortes que incorporamos a modelos estructurales. Por lo demás, no sabemos lo que existe fuera de estas estructuras nuestras. Por ejemplo, no podemos garantizar que no existe aquello que no podemos percibir. Necesariamente decimos que existe algo porque podemos percibirlo. Cuando digamos que X existe y que forma parte de un hecho, será porque hemos percibido X y le hemos atribuido un lugar y un rol en nuestro sistema de inscripciones. Mientras tanto, no es que exista independientemente de nosotros o no, es que no tiene sentido hablar en tales términos.

    • Probeta Guerrilla

      Disculpe, ¿dónde se dice tal cosa como que “no hay hechos”? En el texto, tal y como lo he entendido, se dicen dos cosas que me permito volver a recalcarle:

      “Esta complejidad, además, pone en tela de juicio la distinción entre
      razones e intereses o hechos y valores. Fuera de un circuito
      sociotecnocientífico concreto, nada es en sí mismo un ‘hecho’ y nada es
      en sí mismo ‘racional’”

      “[…] Los factores sociales y técnicos son consustanciales a las ciencias. Si
      se eliminaran no nos quedaríamos con una ciencia más pura: nos
      quedaríamos sin ciencia.”

      Eso no es que no existan hechos, sino que los hechos son hechos y que no hay posibilidad de que un hecho científico no sea social al mismo tiempo que natural…

      • Theogonist

        Viva el solipsismo posmoderno.

        Muchas gracias por participar.

        • Probeta Guerrilla

          Disculpe, pero el posmodernismo no sé de dónde se lo saca. Además, si me permite, su expresión “solipsismo posmoderno” es un total oxímoron: cómo puede acusar de solipsistas a tradiciones que plantean la dialogicidad de la construcción de los saberes… En todo caso serán “socioconstruccionistas” (algo que no toda la sociología de la ciencia ni siquiera comparte, y que autores como el propio Latour critican)

          • Gerard B.

            Definición de postmodernismo:

            «Básicamente, el postmodernismo considera que la ciencia es una “narrativa” más, una serie de historias que nuestra civilización se ha creado, con base en los valores y prejuicios de su propia cultura, para explicarse (o construirse) el mundo que la rodea, y por lo tanto no es diferente a los relatos mitológicos de otros pueblos, ni es más válida que éstos. La ciencia no hace descubrimientos, sino que inventa mitos adecuados para la cultura de la que surge. En realidad, dice el postmodernismo, no existe la “realidad” externa a las preconcepciones humanas y las construcciones culturales, y si esta realidad existe, no podemos aprehenderla. La “verdad” no es sino lo que es considerado como tal como un grupo más o menos extenso de personas. Por tanto, todas las narrativas que diferentes culturas han construido son igualmente verdaderas, aunque sean contradictorias. A esta postura se le llama “relativismo epistémico”.»

            Encaja perfectamente con lo citado en su comentario anterior:

            «[…] Los factores sociales y técnicos son consustanciales a las ciencias. Si se eliminaran no nos quedaríamos con una ciencia más pura: nos quedaríamos sin ciencia.»

  • Luis Fernando Areán

    Lamentable, tremendamente lamentable que Materia se preste a publicar a alguien que cita a Feyerabend como autoridad sobre la ciencia. Los posmos ya tienen suficientes espacios para verter su ignorancia y sus hombres de paja (que me cite UN científico que considera la ciencia como una religión). Materia no debería ser uno de ellos. Me habéis decepcionado muy profundamente.

  • Andaya

    Eso es un error y de bulto además. No se puede decidir que ciencia se va a hacer, la ciencia sale por donde menos se la espera. Las relaciones entre los distintos campos son complejas y es totalmente impredecible el lugar en el que se va a producir el descubrimiento. Intentar controlar la producción científica se ha demostrado, una y otra y otra vez, la empresa de los estúpidos. Se invierte en ciencia y a largo place se sabe que compensa, pero dónde y cómo va a compensar es impredecible. Si lo fuese, la industria invertiría varios órdenes de magnitud más en ciencia, sin embargo enfoca su inversión en temas puramente tecnológicos (es decir, cogen la ciencia que ya hay y estudian cómo explotarla en su beneficio).

  • DemloC

    Madre mía, pero ¿esto que es? no salgo de mi asombro con esta opinión en este medio.

    “¿qué sentido tiene decir que un gen existe ahí afuera, en una realidad
    independiente de las prácticas de la citometría o la espectrometría, las
    subvenciones a proyectos de investigación, las negociaciones a la hora
    de diseñar experimentos e interpretar sus resultados, la competencia
    entre grupos de investigación, la política editorial de las revistas de
    genética y biología molecular, etc.?”

    Porque el gen existía en una realidad independiente antes de la citometría o la espectometría o las subvenciones o incluso antes de la especie sapiens sapiens que creo todo eso para obtener el conocimiento sobre el gen.

    Vaya Mumbo Jumbo posmoderno que se marca el autor, y flaco favor que hace a los movimientos por la racionalidad o el escepticismo, todo el texto es una falacia de falsa equidistancia, por muy buena intención que parezca tener al final, su conclusión es completamente inconexa a los argumentos esgrimidos al principio.

    Tratar de confundir los resultados de una investigación o las teorías científicas que se comprueban empíricamente, con los medios proporcionados para realizar dichas comprobaciones, es miope si se hace sin intención, e increiblemente malintencionado si se hace con conocimiento. Da la sensación de que el autor dice de soslayo que si fueran otros los medios proporcionados los resultados de las investigaciones serían distintos, lo que es una tremenda insensatez.

    Si se quiere participar como sociedad en las discursiones científicas, habrá que formarse en ciencias y eso no lo menta el autor en ningún sitio. Si las discursiones estan reservadas a especialistas es porque determinados individuos decidieron especializarse, no se materializaron de repente en la tierra y se pusieron a discutir sobre energía oscura. Si se quiere llevar el debate a la población general, esa población deberá formarse por motu propio, eso si queremos un debate que sea fructifero y no una pérdida de tiempo y recursos. Si lo que queremos es dormirnos en los laureles en abstraciones posmodernas y discursiones bizantinas cargadas de falacias donde a un lado están individuos formados con conocimientos específicos y conocimiento de causa y al otro gente que opina en igualdad de condiciones pero sin tener unas mínimas bases para saber de que se está hablando, mal vamos. Esto ya ocurre en algunos estados de USA y como resultado se enseña el creacionismo al lado de la evolución en los libros de texto de los niños pequeños.

    Vergüenza debería darle.

    • James Doppelganger

      Es que una cuestión es decir que el gen no existe, y otra muy distinta decir que es independiente de todo lo que el autor mencionado. En particular, el nombre ”gen” identifica a una entidad específica, y al mismo tiempo se relaciona con otros conceptos que remiten a otras entidades, todo ello en el contexto de las prácticas sociotécnicas e intelectuales que el autor menciona, y las cuales están sujetas a cambio. Es una tesis razonable. Cualquier linguista -sin tener por qué ser postmoderno- estaría de acuerdo con ello. Ya la linguística de Saussure menciona cómo los conceptos adquieren significado tanto en vinculación con un objeto como en oposición a otros conceptos y géneros conceptuales. Suma a eso la inscripción del concepto en un régimen de acciones y experiencias regladas, incluyendo mediciones, procedimientos preliminares, etc. No podremos decir que el gen será independiente de este superconstructo en que se inscribe. Sí podemos decir que el término gen refiere a un objeto y no otro dentro de este superconstructo. Eso sí -dentro de él, y no con independencia del mismo. El decir ”dentro” no implica solipsismo, a menos que nuestra mentalidad analógica sea tan fructífera como los que ven ETA en cualquier manifestación dudosa. Implica que, si el gen no estuviera inscrito en este sistema, no hablaríamos de genes, sino de ONIS -o sea, objetos no identificados-. Y aún ni siquiera eso. Tendríamos que explicar qué entendemos como objeto, en qué términos estamos justificados a atribuir carácter de objeto a algo. Una cantidad de energía no es un objeto, por ejemplo. Lo que sea una cantidad de energía remite tanto a algo que los científicos experimentan, como a un sistema de cualificación, ordenamiento y cuantificación de cantidades. Por ejemplo, la medida de la energía remite a la estructura de los números reales, que la inventaron los árabes y la pulieron Newton y Leibniz, entre otros, mucho más tarde.

  • cubeleg

    Un completo desproposito. llega a una conclusion acertada (todo el mundo deberia discutir y participar en la Ciencia), pero tal y como llega parece que todo el mundo deberiamos participar como iguales. Tacha a los cientificos (“cientifistas”) de autoritarios: “hemos de ajustar nuestro comportamiento y nuestra organización social a la información que nos proporcionan los especialistas.” . Ya se ha dicho, pero esperaba mas de esta revista… y no solo que publiquen profesores universitarios.

  • Probeta Guerrilla

    Además de Feyerabend aparecen en la noticia algunas cuantas personas que no se caracterizan precisamente por su irracionalismo a la hora de tratar qué es un “hecho” científico.

    Por cierto, decir que los hechos existen antes de encontrar procedimientos y métodos para darles nombre y entidad a los fenómenos, perdónemne, pero no es epistemologia ni neopositivismo sino, directamente, teología…

    Creo que esta manera de plantear la tarea y el interés de la actividad científica no puede ser más poco consciente de la irrelevancia en la que se puede caer en un momento actual en el que las ciencias están siendo asediadas por formatos de economía del conocimiento que puede que las hagan inviables y que, por el momento, corrompen sobre qué y de qué modo se puede investigar… Si no se quiere ver esto, o bien la actividad científica en nuestro país es irrelevante (algo hay) o nos hundiremos como el Titanic…

  • Ijon

    No se si lo he entendido: pero entonces el gen no existe en realidad?…. Mmmm vaya que es riguroso postular que el mundo puede desaparecer cuando cierro los ojos, no?

  • Verdades

    La ciencia es aquello que puede ser medido, todo lo demás es filosofia, sociología, psicología, política, etc… Si está sujeto a opiniones no es ciencia. Confunde usted ciencia establecida y proceso de descubrimiento científico.
    Claro que la ciencia se renueva, no es dogmática, pero los hechos no son opinables.

    • unnombrealazar

      Por curiosidad, ¿de dónde saca usted que en sociología, psicología o política no se puede medir?

    • adanes

      De las que citas, salvo la filosofía, todas son ciencias sociales, tan válidas como las naturales. Típico comentario de cientifista.

  • Elrohir Ancalin

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  • Capitan

    Que Newton fuera un católico convencido, se codease con la alquímia, tuviera mal carácter y (según parece) no fuera muy de fiar, no hace que sus teorías sean incorrectas.

    Que el método científico sea difícil de delimitar, que la ciencia como concepto sea filosóficamente escurridiza, que el criterio de demarcación no acabe de convencer a unos y a otros… ¿qué más da?. Da igual cómo definamos y conceptualicemos el proceso de la ciencia o que los laboratorios estén sometidos a decisiones políticas.

    La ciencia, por definirla de alguna forma, es “el saco” dónde luchan diariamente los conocimientos. Asi de fácil. Y para delimitar los que van ganando, todo lo anterior importa un carajo: simplemente van ganando los que, a día de hoy, se adaptan mejor a la realidad, los más explicativos y los que tienen mayor apoyo empírico.
    En esa lucha participamos todos (ya sea directamente, o indirectamente utilizando tecnología derivada de ese conocimiento). Por eso la ciencia, como la Gravitación Universal, es inmune a intereses, politiqueos y creencias.
    Los que no somos inmunes somos nosotros como individuos; y eso nos afecta más en la “lectura”, cuando obtenemos conocimiento evaluando el interior de ese saco; porque ese sí es un acto que suele ser individual. Ahí es cuando a veces creemos que el saco está mal, cuando lo que pasa es que no leemos bien (o incluso estamos mirando el saco equivocado).

  • James Doppelganger

    En otros comentarios y respuestas a comentarios me he mostrado de acuerdo con muchas de las tesis del autor. Ahora, sin embargo, pienso que utiliza algunas expresiones confundentes, y por tanto desafortunadas. Me refiero, en particular, a la expresión del gen, donde se sugiere que no tiene sentido afirmar que ”el gen existe ahí fuera”. Pero hay otras. El artículo ofrece un tratamiento insuficiente de este tema tan rico y que admite unas precisiones tan sutiles. Estas precisiones son cruciales cuando se trata de desentrañar las cuestiones en juego. Claro que existe el gen ahí fuera, hay muchas cosas ahí fuera, coño, no somos subnormales. Ahora bien, se pueden poner sobre la mesa complejas cuestiones nominales acerca de qué es ”existir un X”, ”estar un X ahí fuera”, ”haber una cosa”… las precisiones y sutilezas en la teoría de la designación o de la referencia pueden multiplicarse, pero el sentido común, que es con el que el científico trabaja y con el que nosotros vivimos, tiene todo el derecho a afirmar que ”el gen existe ahí fuera”. La cosa se complica cuando decimos ”independientemente de nuestras mentes”, porque, para empezar, hay que decir qué se entiende por mente. En todo caso, algo equivalente o muy similar a lo que nosotros nos hemos referido alguna vez como ”gen” persistirá después de la extinción de la humanidad, o bien no tenemos ninguna justificación para afirmar lo contrario. Esta discusión no invalida los comentarios que hice antes. Simplemente, se trata de clarificar un punto que me parecía impreciso. Es cierto que un artículo polémico debe ser muy fino con las palabras, o abocará sus lectores a un desprecio justo, cuando no a interminables discusiones nominales. Y si ésta era la idea, el autor podría haberse ahorrado el artículo. De todos modos, después de haberlo leído dos veces, creo que el artículo está escrito de mala fe. Es posible que el objetivo de esta publicación sea reproducir una asquerosa situación como las del caso Sokal, y tampoco le veo la utilidad a esto, a menos que se quiera provocar un clima de confrontación similar a aquel en que viven muchos científicos americanos contra los creacionistas y otros religiosos radicales. Si éste era el objetivo de Esmateria o del autor, podrían haberse ahorrado la publicación. Estas cosas no educan. Pero si el objetivo era prolongar la parodia del hoax con un experimento de psicología de masas o sociología del conocimiento, tampoco era necesario armar toda esta parafernalia sólo para crear animadversiones.

  • Theogonist

    Como dije desde el principio, no discuto con solipsistas. Discuten por deporte y su postura filosófica es endeble e incompatible con todo razonamiento más allá del “cogito ergo sum”.

  • Anakron

    Resumen del artículo:

    1.- La ciencia es una mentira porque lo dice la gente a la que he leído y lo reafirma gente que ha leído lo mismo.
    2.- Los que se dedican profesionalmente a la ciencia son unos ignorantes con ideas del siglo XVI y no saben de lo que hablan (Porque se contradicen con la gente que lleva 40 años escribiendo diatribas autorreferentes).
    3.- Por tanto, se debería de poder votar entre todos si los genes existen y si merece la pena financiarlos, en vez de financiarme a mi, que me dedico a cosas mucho más útiles y con más sentido.

  • Gerard B.

    Artículo magufo. Dice que es discutible que la ciencia haya mejorado la calidad de nuestras vidas. ¿Perdona? En 1870 el índice de vida estaba en los 30-40 años y empezó a subir correlativamente gracias al avance médico y tecnológico (pura ciencia), hasta hoy que pasamos de los 80 años de media en España. Muchos de los que estamos aquí y muchos de los que escriben artículos magufos como el presente quizá no estaríamos aquí si no fuera por los avances médicos.

    Otra gran barbaridad que dice el artículo es que los científicos creen en un mundo real y objetivo. ¿Perdona? ¿Es que estamos en matrix? ¡Cómo no nos dimos cuenta antes! El mundo real existe, y los científicos son los primeros en negar la objetividad. Una cosa es la realidad y la otra su observación y su descripción. Es un matiz importante, porque los científicos son totalmente conscientes de que no pueden alcanzar una precisión infinita, y saben perfectamente que el conocimiento que tenemos se ha construido con un lenguaje subjetivo y desde la inter-subjetividad. Y nada de dogmas como si fuera una religión, pues a diferencia de esta, los científicos son los primeros en celebrar un cambio de paradigma.

    Y como dijo Einstein: «Algo he aprendido en mi larga vida: que toda nuestra ciencia,
    contrastada con la realidad, es primitiva y pueril; y, sin embargo, es
    lo más valioso que tenemos.»

    Por cierto, cuando los científicos acusan a los charlatanes y detectan falacias en pseudo-argumentos, no lo hacen por amor a la ciencia ni para defender a ultranza lo que se ha aceptado como fiable usando el método científico, no. Lo hacen para hacer un favor a la sociedad: ¿Cuánta gente enferma invierte sus pocos recursos en falsos tratamientos? Por ejemplo, el Reiki, en el que te dicen que tienes que tener fe para que te cure. Yo cuando voy al médico, nunca me dice que tenga que tener fe para curarme. Si hay cura gracias a la ciencia, me curan. Y si no, tengo que fastidiarme por no tener una mejor ciencia que pueda curarme.

    Por lo tanto, la medicina (ciencia) nos alarga la vida, y que yo sepa no hay forma de ser feliz estando muertos. Ala, buenos días!

    PD: Otra cosa más. Parece que el autor no sabe que SÍ se sometió a votación el valor del número Pi. Fue en 1987 en el Estado de Indiana (EUA) y fue uno de los intentos más famosos por establecer una verdad científica mediante un acto legislativo.

  • felixfotovoltaico

    No creo que sea justo criticar a Materia por la publicación de este texto. Y si no vean la discusión tan interesante que se ha generado.
    Por lo demás, el texto empieza poniendo en píe de igualdad el ámbito científico y el ámbito magufo, como sin darse cuenta. Como si hubiera punto medio entre la actividad cientifica y un Iker jimenez o un Enrique de Vicente. El resto se sigue de ahí.
    Si un cientifico es pillado tiene que retirar su artículo. Un magufo gana galones cuanto mayor es la barbaridad que excreta por la boca.
    Como decía otra persona es una pena que para llegar a una afirmación razonable, el derecho de la sociedad a participar en la ciencia, entiendo que para decidir colectivamente que ciencia se hace, el autor recurra a los resabios de la teología postmoderna.

  • José Carlos

    Buenos días. Mi única intención con este artículo es abrir el debate y plantear cuestiones que nos permitan discutir sobre la gobernanza de la ciencia sin dar por supuesta una determinada concepción de lo que es el trabajo científico. No defiendo la irracionalidad ni las pseudociencias. Tampoco defiendo -léase el inicio del tercer párrafo- un término medio entre cientifistas y magufos. Creo que honra a una web como Materia el haber facilitado la apertura del debate. Por lo demás, nada de lo que digo es inédito; hay un montón de bibliografía sobre el tema que quien lo desee puede consultar. Un saludo.

    • Theogonist

      Buenos días,

      La cantidad de bibliografía sobre un tema no le confiere más validez. A la rama del conocimiento conocida generalmente como “Estudios de ciencia, tecnología y sociedad” le sucede algo muy parecido a lo que criticó Sokal en su ya mencionado trabajo resumido en “imposturas intelectuales”: Muchas referencias cruzadas entre autores que están encantados de conocerse, mucha provocación contra el “establishment cientificista” y poco más.

      “sin dar por supuesta una determinada concepción de lo que es el trabajo científico”

      Perdóneme que le discuta ese punto, pero me parece que ud. parte de un prejuicio de base: Que la ciencia es un relato SIEMPRE subjetivo no más válido que otros métodos de alcanzar conocimiento (Muy Feyerabend todo).

      Tiene ud. razón en una cosa, eso sí: Lo que ha dicho no es inédito. Igual que tampoco lo son los argumentos que estoy usando yo contra ud.
      Esta discusión es estéril y sólo tiene validez para los que se dedican profesionalmente a la críica de la ciencia desde una posición más “leída” que la de los magufos.

      Lo que ud dice llevan muchos años repitiéndolo “intelectuales” trasnochados con ganas de provocar y así sentir que su rama es tan necesaria para la sociedad como la de las ciencias fácticas.

      Pero eso no hace que sea cierto. Ni siquiera interesante.

      Saludos.

      PD: Lo malo es que sé dónde me estoy metiendo al discutir con un solipsista…

    • Gerard B.

      Buenos días, José Carlos. A mi me dejó atónito cuando leí que es discutible que la ciencia mejore en algo nuestra calidad de vida. ¿No es cierto que ha incrementado la esperanza de vida? Pues que yo sepa, estando muertos no hay forma de ser felices.

      Durante casi nueve siglos la Santa Inquisición prohibió el avance médico. En ese período, fueron los árabes los que hicieron más avances en medicina. Y no fue hasta mediados del siglo XIX que se empezó el estudio de la anatomía debidamente utilizando métodos cada vez más fiables para dar cabida a las bases de la medicina actual.

      Le voy a poner un ejemplo de la importancia del pensamiento crítico y de la necesidad de ser lo más precisos posibles en las mediciones —aún sabiendo que no se puede alcanzar una precisión infinita (objetividad):

      En los años 50 del siglo pasado salieron los primeros estudios que decían que el tabaco produce cáncer, por el alquitrán. ¿Qué hizo la industria tabacalera? Se sacó una falacia de la manga: dijo que esto no era cierto, que lo que ocurría era que las personas que habían heredado genéticamente una mayor predisposición a padecer cáncer eran también más propensas a fumar tabaco, dando a entender que el hecho de que el fumar y el cáncer estuvieran correlacionados, el tabaco no era causante de tal enfermedad. Muchos se lo creyeron. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que la credulidad mata.

      Otro ejemplo (este es personal): mi abuela se encontraba mal y en lugar de ir al médico se fue al podólogo. El podólogo le hizo un masaje curativo en los pies y le recomendó comer más naranjas. A los cuatro días, mi abuela fallecía por una insuficiencia renal. ¿Qué habría ocurrido si, en lugar de postergar su tratamiento, hubiese acudido directamente a un médico? Nunca lo sabremos, lo que sí sabemos es que esta enfermedad se puede tratar si se diagnostica a tiempo.

      ¿Qué importancia tiene, pues, aceptar y priorizar los datos que son contrastados por los métodos que nos dan una mayor fiabilidad? Mucha. ¿Eso quiere decir que estos métodos sean perfectos y que nos ayudan a describir el mundo real tal y como es? No, pero de momento son el modo más efectivo y fiable que tenemos.

      La ciencia es cada vez más precisa. Eso no quiere decir que sea perfecta ni 100% exacta, pero es el conocimiento más valioso que tenemos.

    • Luis Lluen

      Buenos días José Carlos. El mayor valor de tu artículo, en mi opinión, se encuentra en esa intención de abrir debate. Considero de gran importancia discutir acerca de esa “desinteresada” búsqueda de la verdad y muy relevante tu actitud de “reflexionar sobre algo que llama la atención cuando se contempla la pelea a cierta distancia”.

      En cuanto al progreso de la humanidad a través de la tecnología (para lo cual te permites realizar una breve conceptualización:”entendida como la aplicación de los descubrimientos científicos a la mejora de nuestra vida”), es necesario reconocer el carácter comercial que puede asumir la actividad tecnológica, “más orientada a satisfacer los deseos de los más prósperos que las necesidades esenciales de los más necesitados, lo que tiende además a hacer un uso no sostenible del medio ambiente” , lo que nos lleva además a debatir sobre qué es el progreso de la humanidad.

      Es interesante tu postura de que “no existe una herramienta de descubrimiento de verdades aplicable a cualquier dominio de la realidad y capaz de protegernos de la contaminación de lo subjetivo” y parafraseando a Mario Bunge – sobre la imperfección del conocimiento de la realidad -, la incompletitud de nuestro conocimiento de la realidad radica en que ese conocimiento siempre se construye sobre aspectos seleccionados de los hechos de interés (las variables que se tienen en cuenta para describir un hecho son solo algunas de las muchas posibles, más precisamente aquellas que se consideran pertinentes para la descripción general, explicación y predicción del hecho dado)

      Concuerdo contigo en que “es simplista el esquema según el cual existe una investigación básica o pura de la que derivan aplicaciones que redundan en beneficio de la sociedad”.

      Finalizando, considero oportuno precisar que una importante parte de la realidad estudiada por las ciencias es inobservable y que opino que el principal valor del cientifismo radica en la consideración de que la estrategia más eficaz para explorar el mundo es el método científico.

      Un saludo.

  • ThotBrontes

    Creo que se debería ser un poco más exigente con los artículos de opinión…

    Como se puede afirmar: “Los métodos de cada disciplina son inseparables de sus contenidos, y tienen más de artesanía y bricolaje que de aplicación de unas reglas lógicas que vayan paso a paso confirmando o desmintiendo hipótesis.”, y quedarse tan tranquilo.

    Artesanía y bricolaje frente a lógica hablando de ciencia…sin comentarios