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ENTREVISTA | Chris Field, ecólogo del IPCC

“Recortar las ayudas a las renovables es miope”

Uno de los científicos líderes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas carga contra la eliminación de subsidios a las renovables proyectada por el Gobierno de Mariano Rajoy y apoya el gas obtenido por ‘fracking’ para sustituir al carbón

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El biólogo Christopher Field, premio Fronteras del Conocimiento Ampliar

El biólogo Christopher Field, premio Fronteras del Conocimiento / Fundación BBVA

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En la batalla entre científicos y políticos, Chris Field está en la primerísima línea de fuego, allí donde las decisiones implican miles de millones de euros y hay que desplegar toda la artillería de la ciencia para avanzar un palmo de terreno en las políticas. Field, un ecólogo californiano de 61 años, es copresidente de uno de los tres grupos de trabajo del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC, por sus siglas en inglés), el organismo formado por unos 2.000 científicos que se ocupa de vigilar el calentamiento global causado por el hombre. En marzo, Field presentó en Yokohama (Japón) el quinto informe de su grupo desde 1990, en el que los autores alertaban de que “el mundo, en muchos casos, está poco preparado para los riesgos del cambio climático”, como mostró en 2012 el huracán Sandy, que mató a casi 300 personas en siete países americanos, dejando daños por valor de decenas de miles de millones de euros. El ecólogo, de visita en Madrid para recoger el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, dotado con 400.000 euros, recuerda que el planeta es ahora casi un grado de media más caluroso que antes de la Revolución Industrial y que los impactos de este calentamiento ya se observan en todo el mundo y se agravarán en el futuro.

III Chris Field

El ecólogo californiano Chris Field, nacido en 1953, copreside el Grupo de Trabajo 2 del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, dedicado a estudiar los impactos, la adaptación y la vulnerabilidad frente al cambio climático. Field, además, dirige el Departamento de Ecología Global del Instituto Carnegie para la Ciencia, en Stanford (California, EEUU).

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Usted es autor de más de 200 publicaciones científicas, muchas de ellas sobre cambio climático. ¿Qué siente cuando se encuentra con una persona que piensa que el calentamiento global es un timo?

Pues siento que tengo una oportunidad para ayudar a alguien a entender una parte importante de la vida. No creo que la gente que está desinformada sobre el cambio climático esté intentando crear un mundo peor. Creo que en general la gente es bienintencionada, aunque no siempre sea el caso. Muchas de las personas que están preocupadas por el cambio climático también están preocupadas porque creen que no podemos enfrentarnos a este problema sin desestabilizar su sistema. Y creo que necesitamos comunicar bien que el cambio climático es un problema real y serio, pero también que podemos enfrentarnos a él sin arruinar la economía o cambiar de manera fundamental el orden social.

¿Y cuándo el escéptico que se encuentra es un político, como los republicanos de EEUU con George W. Bush a la cabeza?

Una de las verdaderas tragedias del mundo moderno es que en la política estadounidense, y creo que EEUU es prácticamente único en esto, tenemos uno de los principales partidos en el que para entrar es esencial pensar que la ciencia del cambio climático es un fraude. Pensar eso es casi un billete de entrada. Y esto ha sido bastante destructivo a la hora de progresar. Básicamente, ha puesto anteojeras en los ojos a mucha gente. Como consecuencia, hemos perdido oportunidades. Además, ha habido intentos orquestados de crear preocupación por el supuesto alto coste que supondría enfrentarse al cambio climático.

¿Ha sentido presiones al escribir los informes del IPCC?

No, el IPCC trabaja de manera realmente eficaz para permitir a los científicos decir qué sabemos y qué no sabemos. Si hay aspectos del cambio climático que desconocemos, también se dice. Ha habido inquietud por las influencias políticas en los informes del IPCC, pero no las ha habido en cuanto al cambio climático o a sus impactos. Básicamente, las inquietudes han estado relacionadas con qué países deben hacer contribuciones [de dinero y reducción de CO2] y cuáles no. Esencialmente, no hay evidencias de influencia política reciente en los hallazgos científicos de los informes.

“No hay evidencias de influencia política en los hallazgos científicos de los informes del IPCC”

¿Usted nunca ha recibido una llamada, por ejemplo, de la petrolera ExxonMobil o de un gobierno, para concertar una cita y hablar?

Me encantaría tener la oportunidad de hablar con ExxonMobil o recibir una llamada de Peabody [la mayor empresa privada de carbón del mundo]. Tenemos colaboradores del IPCC que trabajan para ExxonMobil y otras empresas de energía, también otros que proceden de compañías aseguradoras, y también tenemos colaboradores que trabajan para organizaciones conservacionistas. Intentamos captar todo el abanico de información científica legítima.

El diario británico The Guardian afirmó que el último informe del IPCC se edulcoró bajo presiones políticas para proteger los intereses de los productores de combustibles fósiles, procedentes de Arabia Saudí, China, Brasil y EEUU.

Personalmente, no vi ningún indicio de eso. Sí se borró material del informe del Grupo de Trabajo 3, pero era sobre cómo se debían agrupar los países. El objetivo del IPCC es dar sustancia a políticas relevantes, pero no prescribir políticas. La cuestión de cómo se agrupaban los países es el ejemplo más claro de que existe un desacuerdo entre los científicos y los países sobre qué tenía que figurar en el informe. Los científicos dijeron: “Nosotros pensamos que agrupar a los países basándose en sus ingresos es una manera útil de entender sus emisiones históricas”. Yo estoy de acuerdo con ello. Los países dijeron: “Creemos que agrupar a los países por sus ingresos es una decisión política”. Por ejemplo, a lo mejor España se tendría que meter en el mismo grupo que India. Es una de las cosas más políticas que puede hacer un país: decidir con quién se asocia o quién es su enemigo. Así que entiendo que haya una postura científica y una postura política. Pero no veo ningún indicio de que un hallazgo científico sobre el impacto del cambio climático haya sido alterado de ninguna manera por presiones de los gobiernos.

¿Ni siquiera en los resúmenes del informe científico que se reparten a políticos y periodistas?

No veo indicios de eliminaciones.

“Hay una historia deplorable de esfuerzos nacionales para proteger los intereses económicos de empresas”

Siempre hablamos de los países que más CO2 emiten, EEUU y China, pero se menciona mucho menos a las empresas que más emiten, como ExxonMobil, BP o Shell. ¿Por qué?

Cuando se observa la industria de los combustibles fósiles, se puede analizar a través de diferentes prismas. La energía de bajo coste ha sacado a millones de personas de la pobreza. Ha creado un vasto abanico de ventajas. Pero también ha creado algunos problemas verdaderamente serios. Creo que el asunto de la responsabilidad histórica a nivel de país es realmente importante. Pero tengo menos claro el valor de asignar una responsabilidad histórica a empresas concretas. Hay una historia deplorable de esfuerzos nacionales para evitar acciones y proteger los intereses económicos de empresas por encima del bienestar del planeta. Por otro lado, si me pregunto qué compañías tienen la posibilidad de ejecutar proyectos a escala gigantesca, como secuestrar grandes cantidades de CO2, serían las empresas de energías fósiles, como BP o ExxonMobil. Creo que hay oportunidades en el sector empresarial para participar en soluciones. Y creo que la verdaderamente reprobable inversión en desinformar tiene que acabar. Es perfectamente legítimo estar furioso por el comportamiento de las empresas que propagan la desinformación, pero también creo que debemos estar abiertos a la posibilidad de que haya contribuciones constructivas para resolver el problema que provengan una amplia gama de industrias, incluyendo estas compañías energéticas.

¿Cree que estas empresas han hecho poco para reducir las emisiones de CO2?

Cada compañía es diferente. BP tuvo un periodo, con John Browne [máximo ejecutivo de la compañía hasta 2007], que pensó con fuerza  en su propia huella de carbono y en desarrollar sus propias fuentes alternativas de energía. Creo que las principales compañías de petróleo y gas pueden hacer mucho más de lo que están haciendo. Por otro lado, el marco regulatorio no anima a hacerlo, en parte porque las empresas han presionado a los gobiernos para evitar poner un precio al CO2.

Hablamos de empresas como ExxonMobil y BP, pero ¿cuál es el papel de los bancos? Se acusa al Bank of America, por ejemplo, de financiar muchos proyectos petrolíferos y de carbón.

Sí, es muy difícil para las principales instituciones financieras decir que no van a dar los créditos que les generan el mayor retorno. El sector económico debe ser responsable y hacer inversiones éticas, y también creo que el sistema mundial tiene una oportunidad para producir algunos de los mejores retornos resolviendo el problema energético. Me parece que lo que tienen que hacer los bancos es buscar de verdad oportunidades para ganar dinero con las renovables y la eficiencia energética. Pero también se necesita una combinación adecuada de regulación y el precio del CO2, para que estas inversiones sean atractivas. Necesitamos empresas que asuman el liderazgo y presionen para forzar cambios positivos en el marco regulatario, en vez de presionar contra estos cambios.

“El fracking tiene potencial para ayudarnos a dejar atrás el carbón”

¿Qué opina de recortar las ayudas a las energías renovables, como ha hecho el Gobierno español?

Es muy importante asegurarse de que se eliminan los subsidios a los combustibles fósiles, y reconocer que hay que dar subsidios a las renovables para hacerlas competitivas. Recortar las ayudas a las renovables es una respuesta comprensible frente a los desafíos de financiación a los que se enfrenta España, pero es una respuesta miope. En todo el mundo, las grandes sociedades del siglo XXI serán aquellas que busquen con fuerza soluciones al cambio climático.

En Europa tenemos incluso subsidios para el gas de esquisto, que se extrae con la polémica técnica del fracking.

El gas es un asunto complicado. Las emisiones de CO2 por cada unidad de electricidad producida son menores con el gas de esquisto y con el gas natural que con el carbón. Pero el fracking es una técnica complicada que tiene el potencial de generar verdaderos problemas ambientales, como la contaminación de los acuíferos. Pero también tiene potencial para ayudarnos a dejar atrás el carbón. Personalmente, no me opongo al uso de gas natural para la producción eléctrica, siempre que entendamos que es un paso hacia las renovables.

Un estudio acaba de afirmar que el porcentaje de carbón en la tarta energética está en su nivel más alto desde 1970, un 30%. Parece un gran fracaso.

Hay un renacimiento del carbón. La demanda mundial de energía está creciendo increíblemente rápido y el combustible más barato es el carbón. Una de las razones por las que no me opongo al uso de gas procedente del fracking es que de alguna manera necesitamos productos comparables al carbón.

¿Qué opina de la energía nuclear?

Diré dos cosas. Cuando nos enfrentamos al desafío de satisfacer las necesidades mundiales de energía, con fuentes que no emitan CO2, no creo que debamos descartar por completo ninguna de ellas. Por otro lado, no sé si podemos asegurarnos de su seguridad. Creo que la nuclear merece consideraciones muy cuidadosas, mejores diseños para las nuevas centrales nucleares y evaluaciones de la seguridad de las ya existentes. ¿Tienen una seguridad aceptable? Dado el desafío que supone evaluar la seguridad de las nucleares, me parece difícil que supongan una porción grande del pastel energético en este siglo.

¿Ha podido hablar con altos cargos de la Administración Obama?

Sí.

¿Qué haría usted si fuera Obama ante el desafío del cambio climático?

El reciente anuncio de recortar las emisiones del sector energético es un buen primer paso, pero es muy importante reconocer que es sólo un paso. También es importante que se demuestre que se puede desplegar este marco regulatorio sin causar daños económicos. Los siguientes pasos tienen que ser regulatorios, en el precio del CO2 y en los subsidios a las renovables.

“Es falso que el calentamiento se haya detenido”

¿Es injusto poner a EEUU y a China en el mismo nivel en cuanto a su responsabilidad para reducir las emisiones?

Hay tres maneras de analizar las emisiones. Tenemos la contribución histórica, donde dominan Europa y EEUU. Luego están las emisiones actuales. Per cápita, EEUU cuadruplica las de China. Y, por último, tenemos las emisiones futuras, donde se espera que China crezca muy rápido. Buena parte del crecimiento de las emisiones en el futuro provendrá de los países con economías que crecen rápidamente, como China, India, África y Sudamérica. Personalmente, creo que necesitamos una gestión del CO2 que reconozca estos tres aspectos: histórico, presente y futuro. ¿Significa esto que China debe asumir los mismos recortes de sus emisiones que EEUU? No lo creo. No creo que China y EEUU deban compartir un calendario de reducción de emisiones. La capacidad económica de EEUU para reducir sus emisiones es muy importante. Por otro lado, el desafío que tiene China para satisfacer la demanda de energía de su población es muy importante, pero al mismo tiempo es una oportunidad fantástica para construir toda una infraestructura energética. Y creo que, en muchos aspectos, el problema al que se enfrenta China es mayor que el de EEUU, porque tienen menores ingresos per cápita. Pero por otra parte es más fácil, porque no tienen infraestructuras energéticas que reemplazar, sino que deben decidir qué clase de infraestructuras tendrán.

¿Hay una pausa en el cambio climático o es un espejismo porque estamos mirando los datos equivocados?

Si miras la trayectoria de la temperatura media del planeta en el último siglo, hay periodos en los que el incremento es rápido y otros en los que es más lento. Este es el caso. La tasa de aumento de la temperatura atmosférica ha sido un poco más lenta en los últimos 15 años, comparada con las décadas de 1980 y 1990, cuando el incremento era realmente rápido. Pero el calentamiento ha continuado. Lo que hemos visto en los últimos años es que el calentamiento se ha concentrado más en los océanos que en la atmósfera. Tenemos un buen conocimiento de por qué ocurre esto y cuándo va a parar. Así que no es correcto decir que el calentamiento se ha ralentizado y, desde luego, es falso que el calentamiento se haya detenido, ni siquiera en la atmósfera.

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COMENTARIOS

  • jororgil

    La producción eléctrica a partir de energía nuclear tiene en lugares como España una significativa huella de CO2 ya que importamos el uranio, por lo que su transporte genera huella de carbono. Asimismo, su extracción también tiene una huella de CO2. Todo esto sin entrar en el coste económico y ambiental de su almacenamiento.
    Entiendo que, hata que alcancemos una sociedad centrada en la eficiencia energética y la producción 100% basada en renovables, que podría ser realidad si hubiera voluntad política en unos 40 años, hay que seguir asumiendo una huella ambiental importante en la producción energética. Sn embargo, dejar el regalito de los residuos nucleares a nuestra descendencia por miles de años creo que es muy egoista.
    Algo parecido sucede con el gas de esquisto. A nivel de producción de CO2 puede ser menos agresivo que otras fuentes no renovables, pero la huella ecológica también incluye otros aspectos, como la contaminación química de las aguas.
    Es un tema complejo y en el que creo que son necesarias medidas drásticas y cambios importantes de hábitos.
    En todo caso, agradezco la entrevista, sin duda enriquecedora.

  • Alberto Moll

    Desde mi ignorancia de ciudadano de a pie (no científico de las ramas que intervienen en este tema), considero que el problema es de tan difícil solución, que hoy por hoy es prácticamente insoluble. Al menos a corto y medio plazo.
    No obstante, me permito opinar que todas aquellas mentalidades y posturas que se opongan obcecadamente al progreso de buscar soluciones científicas al mismo, basándose en espurios intereses puramente económicos, deben ser combatidas con la divulgación, la educación de la ciudadanía y la honradez de los políticos sensatos e inteligentes.