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Siete nuevos cráneos de Atapuerca muestran “en directo” la aparición del rostro neandertal

Un nuevo estudio asegura que los homínidos de la Sima de los Huesos han sido erróneamente identificados. Se trataría de los “primos abuelos” de los neandertales y ya tenían esas cejas prominentes y caras triangulares que caracterizaron a la especie

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Uno de los cráneos de la Sima de los Huesos Ampliar

Uno de los cráneos de la Sima de los Huesos / Science

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Diecisiete cráneos de homínidos, siete de ellos nuevos para la ciencia, acaban de aclarar cómo y cuándo comenzaron a surgir los rasgos característicos del rostro de los neandertales, esos primos de los humanos modernos que se extinguieron hace unos 30.000 años. Los restos se han hallado en la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos), el mayor yacimiento de fósiles de homínidos de todo el mundo. Además muestra que los homínidos de la Sima de los Huesos, cuyos fósiles han sido datados de nuevo en unos 430.000 años, no pertenecen a la especie que se creía (Homo heidelbergensis) ni tampoco a la neandertal. Son una especie de punto medio entre ambos, aún sin nombre y que supone un nuevo revolcón para las teorías vigentes sobre evolución humana.

“Estos datos vuelven a poner patas arriba el origen de los neandertales”, explica a Materia Ignacio Martínez, coautor del estudio sobre los cráneos de la Sima que hoy publica la revista Science. “Si fueras un neandertal, los humanos de la Sima serían como tus tíos abuelos, hermanos de tu abuelo”, detalla Martínez.

El estudio muestra que los rasgos neandertales comenzaron a aparecer progresivamente y que los primeros cambios se dieron en la cara y las mandíbulas. Solo hace falta palparse la cara para reconocer algunos de ellos, señala Martínez. Los neandertales tenían el arco de las cejas muy pronunciado y este no se hundía al pasar sobre la nariz, como sí nos pasa a los Homo sapiens. También, en nuestra especie, los pómulos se proyectan hacia afuera. Los de los neandertales estaban inclinados hacia la nariz, lo que les hacía tener una cara más triangular. Además su mandíbula tenía un encaje diferente con el cráneo. Todos estos rasgos estaban ya presentes en los homínidos de la Sima. Sin embargo, ellos no tenían los rasgos craneales característicos de neandertales propiamente dichos. En otras palabras,”en la Sima estamos viendo en directo la aparición del característico rostro neandertal”, apunta Martínez, que trabaja en el Centro de Investigación sobre la Evolución y Comportamiento Humanos de Madrid.

“Estos datos vuelven a poner patas arriba el origen de los neandertales”, explica uno de los autores

Y ese rostro tenía mucho que ver con cómo masticaban los neandertales. Esta especie muestra un extraordinario desgaste de los incisivos que se ha atribuido a que usaban los dientes como una tercera mano, para sujetar cosas o incluso curtir pieles como siguen haciendo hoy algunos pueblos esquimales. Los homínidos de la Sima tienen el mismo rasgo de desgaste. “Lo más neandertal de ellos era la dentición, es como un catálogo de cómo tiene que ser un neandertal”, explica María Martinón-Torres, otra de las coautoras del trabajo e investigadora del CENIEH. Con todo esto, el estudio afirma que los neandertales no aparecieron por un proceso lineal y con un solo grupo, sino en una serie de cambios que se produjeron en diferentes lugares y grupos, formando una especie de mosaico por toda Europa.

Décadas de trabajo

El estudio actual es fruto de décadas de trabajo. Desde principios de los 90 de la Sima de los Huesos se han sacado más de 7.000 fósiles humanos. Los investigadores han tenido que ir recomponiéndolos trabajosamente hasta saber, por ejemplo, que en esta acumulación de cadáveres había al menos 28 individuos. Y, por ahora, 17 cráneos, incluidos los siete nuevos que se describen en el estudio. Aún es cuestión polémica si la Sima fue un enterramiento ritual o todos esos huesos llegaron allí por movimiento de aguas o tierra, aunque el equipo de Atapuerca se inclina por lo primero.

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Ignacio Martínez, tercero por la izquierda, Juan Luis Arsuaga y otros miembros del equipo de Atapuerca / Science

No es la única polémica. Hace dos años, el paleontólogo británico Chris Stringer publicó un estudio en el que decía que los fósiles de la Sima no eran de Homo heidelbergensis, sino neandertales. También decía que las dataciones iniciales que situaban el yacimiento en unos 600.000 años eran erróneas y que los fósiles eran mucho más recientes. El estudio actual acerca en parte las posturas. “Ahora están de acuerdo en que los fósiles son del linaje neandertal y no de la especie heidelbergensis”, explica Stringer en un correo. “También han revisado la datación de los fósiles”, señala, “lo que supone un acercamiento sustancial de nuestras visiones”, resalta.

El equipo de Atapuerca aduce que en 1993, con muchos menos fósiles, atribuyeron a los homínidos de la Sima a heidelbergensis por falta de más datos. El Homo heidelbergensis es una especie descrita en 1907 en base a una mandíbula hallada en Alemania, con rasgos más primitivos que los de los homínidos de la Sima y que tiene unos 600.000 años. Con el paso de los años en Atapuerca se dieron cuenta de que los fósiles de la Sima no encajaban con los de heidelbergensis, pero ha tenido que pasar todo este tiempo hasta hacer una declaración “oficial y conjunta” con este estudio, reconoce Martinón-Torres. Ahora el trabajo parece limar muchas asperezas y polémicas recientes.

Solo hace falta palparse la cara para notar nuestras diferencias con los neandertales

“Este estudio ratifica ideas que defendemos desde hace mucho tiempo”, explica Antonio Rosas, un experto en neandertales del CSIC que no ha participado en el estudio y que resalta su valía. “La colección de fósiles de la Sima no tiene igual y esto lo demuestra”.

Pero aún queda sitio para la polémica en el árbol genealógico de los humanos. Para Stringer, por ejemplo, heidelbergensis es nuestro ancestro, además de los neandertales. “Considero que heidelbergensis fue una especie con una gran expansión”, señala. “En África dio lugar a los Homo sapiens y en Europa y Asia dio lugar a los neandertales y sus parientes los denisovanos”, comenta.

En Atapuerca las cosas se ven diferentes. Dicen que fue el Homo antecessor, que vivió hace unos 1,3 millones de años en el mismo rincón de la sierra Burgalesa, el ancestro común entre sapiens y neandertales.

Y para el futuro próximo queda otra asignatura pendiente que puede levantar ampollas: ponerle nombre de especie, o no, a los homínidos de la Sima de los Huesos. “Si fueran fósiles de ratones o bisontes no habría duda de que esto es una nueva especie, pero al ser humanos hay mucha más atención y es necesario aportar muchos más datos”, concluye Martínez.


REFERENCIA

'Neandertal roots: Cranial and chronological evidence from Sima de los Huesos' doi:


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