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Hacer dinero con la ciencia, fútbol es fútbol y otros misterios

Cuatro gurús de la ciencia y la innovación ofrecen algunas recetas para tratar de lograr crear riqueza a partir de la I+D

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El Gran Telescopio de Canarias ha permitido el desarrollo de algunas industrias relacionadas con la producción de tecnología aplicada a la astronomía / Pachango

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El fútbol que estos días lo impregna todo es una fuente inagotable de tópicos. “El fútbol son once contra once”, “no hay enemigo pequeño”, “los penaltis son una lotería”, “lo importante es el equipo”. Escuchando a sabios de la materia, como Luis Aragonés, que decía que ese deporte era “ganar, ganar y volver a ganar”, o a otro entrenador mítico como Vujadin Boskov, que resumía este culto en un lacónico “fútbol es fútbol”, parece que se trata de una práctica misteriosa que, cuando se trata de explicar con palabras, no permite decir mucho más que obviedades.

La semana pasada cuatro gurús de la innovación se reunieron para hablar sobre “La oportunidad de convertir la ciencia en riqueza”, otro tema que en ocasiones parece tan misterioso como el fútbol y que suele ser fértil para los lugares comunes. “Hay que acabar con la endogamia en la universidad”, “hace falta especialización”, “la inversión en I+D es insuficiente”, “los países y las empresas que invierten en I+D resisten mejor la crisis”. Parece que los tópicos dan un cierto confort cuando se tratan temas complejos e importantes, que ofrecen la sensación de que se tiene un cierto control sobre un ámbito que a veces puede parecer inabarcable. Sin embargo, como en el caso de Aragonés y Boskov, el palmarés de esos gurús, que participaron en un evento organizado por la Fundación Botín y El País, manifestaba que conocen el juego y en ocasiones lograron ir un poco más allá de los planteamientos más frecuentes.

La primera intervención le correspondió a Guillermo Dorronsoro, decano de la Deusto Business School y experimentado gestor de la innovación tanto desde lo público como desde lo privado. Para arrancar, echó mano de un tópico frecuente, mostrando gráficas que relacionan una mayor inversión en I+D con una mayor prosperidad del país y una menor vulnerabilidad ante la crisis. “En España -diría después- tenemos una inversión del 1,3% del PIB frente al 3% que tienen países que han soportado mejor la crisis, como Alemania, pero para cambiar eso no nos envían a la troika”. Otra de las recetas ofrecidas por Dorronsoro fue la necesidad de tener agentes competentes en toda la cadena de creación de conocimiento, desde la investigación básica a lo más aplicado, que haya una financiación adecuada de todo el proceso y que al final exista un tejido industrial capaz de absorber los frutos de ese proceso y convertirlos en riqueza.

«En España no viene la troika a decirnos que invirtamos en I+D tanto como Alemania»


Guillermo Dorronsoro
Decano de la Deusto Business School

Sobre la relación entre inversión en I+D y prosperidad, Carlos Henrique de Brito Cruz, director científico de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo, daba hace unos meses una explicación en una entrevista publicada en Materia sobre por qué, aunque en algunos casos parece que la inversión en ciencia y tecnología por parte de empresas y gobiernos es garantía de éxito, no siempre se realiza: “Es una consecuencia del ambiente de la economía. Las industrias hacen aquello que deben hacer para sobrevivir y prosperar. Si las reglas del ambiente económico dicen que puede prosperar sin I+D, lo harán. Brasil tiene una economía que es muy cerrada y ahí la competición es menor. En países donde hay una economía que incentiva a su industria a ir al mundo, estas industrias invertirán más en I+D”, decía.

Cristina Garmendia, emprendedora y ex ministra de ciencia e innovación, señaló a continuación que, pese a reconocer las carencias españolas a la hora de crear riqueza a partir de la ciencia, “hay que recordar de dónde venimos”. “Hace 15 años, invertir en biotecnología era casi un acto heroico. Había buena ciencia, pero nada más”, afirmaba. “Ahora tenemos ciencia de calidad y cantidad, parques tecnológicos, y hay equipos gestores”, añadía. “Antes pasabas de la experiencia científica a la empresa sin conocimientos suficientes de desarrollo de negocio o gestión”.  Entre las carencias, Garmendia mencionó la ausencia un entorno financiero adecuado, con fondos de capital semilla o capital riesgo, capaces de entender las peculiaridades de las empresas más innovadoras y de satisfacer las necesidades de financiación de unas compañías de muy rápido crecimiento.

Se han invertido cientos de millones en investigación en alzhéimer con muy pocos resultados

Otro de los cambios mencionados por Garmendia en el ámbito de la innovación es que el modelo de innovación lineal, en el que se empezaba con la inversión en investigación básica, se pasaba a una investigación más aplicada y finalmente se llegaba a la empresa, ya no es así. En este sentido, habló de la innovación en abierto y de cambios como los de las grandes empresas farmacéuticas que han pasado de pensar “el laboratorio es mi mundo a el mundo es mi laboratorio”. Ahora, hay que ir a trabajar con el talento allá donde se encuentre y no solo confiar en la innovación que se pueda llevar a cabo en la propia institución.

Convertir ciencia en riqueza es un proceso ineficiente

La primera visión más crítica y menos optimista llegó con el director del Instituto de Biomedicina de Sevilla, José López Barneo. “Yo siempre he sido un convencido de que lo que se hace en el laboratorio ha de llegar a la sociedad, pero la ciencia no se convierte en riqueza con tanta facilidad”. Sin hacer referencia a las gráficas de Dorronsoro, en las que la correlación entre inversión y ciencia y desarrollo parece inapelable, López Barneo recordó la ineficiencia del proceso. “En alzhéimer se llevan alrededor de 1.000 millones de euros invertidos sin ningún resultado y las farmacéuticas están empezando a acabar con esas inversiones por falta de resultados”, ejemplificó.

El investigador mencionó además un punto en el que todos coinciden: la educación ha de ser un pilar fundamental sobre el que construir un sistema científico de calidad del que luego obtener productos que generen riqueza. En este ámbito, lamentó que “la competitividad se haya considerado como algo malo, en algunos casos incluso fascista”. Y añadió, en una crítica que comparte con el resto de los participantes en el diálogo, que el sistema universitario es demasiado uniforme.

La competitividad se ha visto como algo malo, incluso fascista

Ricardo Martí Fluxá, presidente de la empresa de ingeniería aeronáutica española, Industria de Turbo Propulsores (ITP), coincidió con el diagnóstico: “no podemos ser los mejores en todo”. Como clave del éxito de su empresa en la creación de tecnología, Martí Fluxá mencionó ser muy selectivos, invertir mucho en investigación básica (ITP es la empresa española que más invierte en I+D por cifra de negocio) y el apoyo de las instituciones públicas. En la parte de los comentarios más frecuentes en los foros para arreglar la ciencia española, el que fue secretario de Estado de Seguridad cuando era presidente José María Aznar, afirmó que “un país que no invierte en investigación básica está condenado” y, como López Barneo, consideró que es necesaria una educación de excelencia.

Sobre la necesidad de la especialización de la ciencia, Garmendia criticó a la institución que “como colectivo es totalmente inmovilista” y que muchas veces se escudan en las trabas de la regulación para justificar sus carencias. Sin embargo, afirmó la ex ministra, con la misma regulación hay unas diferencias enormes entre los resultados que ofrecen unas y otras universidades. La presidenta de Genetrix afirmó además que “los investigadores no se han llegado a comprometer con la sociedad” y no han tratado de dar respuesta a los retos sociales. En este sentido alabó los cambios de orientación en los programas europeos como una manera de obtener mejores resultados de la ciencia.

Con la misma regulación, hay universidades muy exitosas y otras mediocres

En la nueva clasificación de los programas de fomento de la ciencia de la Unión Europea, existe un primer apartado en el que se financia la ciencia por la ciencia, sin orientación alguna más allá de que sea de la máxima calidad. En segundo lugar, se incluye un apartado de ciencia para capacitar a la industria europea y en tercer lugar, una serie de convocatorias para financiar proyectos que respondan a los retos de la sociedad europea, desde la salud y el envejecimiento al medio ambiente.

Entre otras reclamaciones frecuentes, Martí Fluxá y Garmendia coincidieron también en la necesidad de una mayor concentración empresarial. “Tenemos aproximadamente la mitad de la media europea de grandes empresas y esas son las que invierten en I+D”, apuntó la ex ministra. Otra de las demandas mencionadas fue la necesidad de realizar evaluaciones a posteriori que vayan más allá de justificar los gastos. En este punto, tanto el nuevo Plan Nacional de I+D, que incluye por primera vez una mención a la evaluación a posteriori de los estudios, como el Horizonte 2020, el programa de la UE para fomentar la investigación y la innovación en Europa, que ha colocado la evaluación del impacto de la ciencia solo por detrás de la excelencia dentro de sus prioridades, dan pasos en esa dirección. Además, se mencionó la falta de cooperación entre Comunidades Autónomas, que con frecuencia tienen vínculos de colaboración más estrechos con el extranjero que con la autonomía vecina.

Por último, Dorronsoro recordó la importancia de la comunicación para lograr que la inversión en ciencia y la creación de unas políticas de Estado faciliten la creación de riqueza con la I+D. “La sociedad ha marcado unas líneas rojas respecto a la sanidad y la educación, consideran que son políticas que no se pueden tocar, pero no tienen interiorizada la importancia de la ciencia, y ese es un cambio fundamental”, remachaba el decano de la Deusto Business School.

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COMENTARIOS

  • Alberto Moll

    Sin duda son opiniones fundamentadas, aunque sean más o menos discrepantes. Pero lo que creo que queda claro es que no hay nada que hacer si no hay un plan a largo plazo y generoso por parte de un gobierno, dirigido, eso sí, inteligentemente hacia los campos en los que el país pueda progresar de verdad.

  • ateo666666

    Porque no lo olvidemos, es totalmente vergonzoso e inmoral que
    mientras se destruyen en el servicio público miles de puestos de trabajo que
    salvan vidas como las de científicos, médicos, enfermeros, asistentes sociales,
    etc. en este país de toros y pandereta se paguen cientos de millones de euros
    por un individuo que da patadas a un balón, ya que recordemos que estos absurdos
    fichajes se hacen con el dinero de todos los españoles puesto que los
    clubs de fútbol mantienen deudas con la Hacienda pública por valor de más
    de 660 millones de euros sin contar encima a los equipos más grandes: Real Madrid
    y Barcelona. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2013/09/absurdas-prioridades-en-espana.html