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ENTREVISTA | Iván Calvo, Mejor Investigador Novel en Física Teórica 2013 por la Real Sociedad Española de Física y la Fundación BBVA

“Las preguntas sobre aplicaciones de la ciencia se deben responder democráticamente”

Iván Calvo trabaja en la comprensión de los endiablados movimientos de las partículas a elevadísima temperatura y presión dentro de una cárcel magnética para poder ponerlas al servicio de la humanidad en la producción de electricidad. Por ese trabajo ha sido reconocido como el mejor físico novel de España, un premio que dedicó a los afectados por los desahucios

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Ivan Calvo, investigador del CIEMAT y premio de la Real Sociedad Española de Física al mejor investigador joven de 2014 / CIEMAT

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Hace unos años, en una recepción en el Palacio Real con motivo de los Premios Nacionales de Investigación, un físico, un biólogo y un periodista charlaban sobre ciencia. De repente, con esa naturalidad que da una preparación de años y quizá algo de predisposición genética, la reina Doña Sofía pedía permiso para introducirse en la conversación: “¿Dejaréis que una simple mortal hable un poco con vosotros?”.

III Iván Calvo

Iván Calvo se licenció en Ciencias Físicas en la Universidad de Zaragoza con Matrícula de Honor en todas las asignaturas y fue Primer Premio Nacional Fin de Carrera. Obtuvo su doctorado en la misma universidad con Premio Extraordinario y posteriormente fue contratado en el Laboratorio Nacional de Fusión, Asociación EURATOM-CIEMAT, donde trabaja en la Unidad de Teoría desde 2006. Ha realizado estancias de investigación en el Laboratorio Nacional de Oak Ridge y en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, entre otros centros.

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La reina comenzó entonces a interesarse por el trabajo de los tres jóvenes, pero pronto captó su atención la labor del físico: “Trabajo en fusión nuclear”. “¿Pero es fu o fi? Siempre lo confundo”, añadió la soberana. El físico se lanzó a explicar lo mejor que pudo las diferencias entre fusión nuclear (unir átomos ligeros para producir energía), de momento un campo experimental, y la fisión (dividir átomos pesados para producir energía), que ya genera buena parte de la energía mundial. Pronto se dio cuenta de que no estaba preparado para ofrecer una explicación tan sintética como la que le reclamaban. Tras varias preguntas más de la reina y otros tantos intentos del joven, Doña Sofía creyó que tenía una metáfora de lo que sucedía en el extraño mundo de la física atómica: “Entonces, lo de la fisión es como lo que pasa con las autonomías en España”.

Aquel físico que trataba de divulgar su ciencia ante las más altas instancias era Iván Calvo y el pasado 20 de mayo recibió el premio de la Real Sociedad Española de Física y la Fundación BBVA al mejor investigador joven. Su trabajo en el ámbito teórico trata de comprender el demencial comportamiento de las partículas en el interior de un reactor de fusión nuclear. Conseguirlo es fundamental para contar con una fuente de energía abundante y más segura y limpia que la energía nuclear actual, basada en la fisión.

Además de preocuparse por la ciencia, es una persona comprometida, como demostró dedicando a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca parte de su premio, recibido en la sede de la Fundación BBVA, y sigue convencido, es posible que más después de sus esfuerzos de divulgación real, de que los científicos deben involucrarse en acercar su conocimiento a la ciudadanía para que, en democracia, esta pueda decidir con criterio sobre las aplicaciones de la ciencia.

¿Podrías explicar, de una forma más o menos simple, en qué consiste la investigación por la que te han premiado?

Aunque no se cita un trabajo concretamente, en los últimos ocho años he estado investigando en física de plasmas de fusión. En fusión termonuclear, la parte de la física nuclear es bien conocida. La idea es unir núcleos ligeros para obtener como resultado otros más pesados y estables, y liberar energía en el proceso. Lo difícil es cómo contener la materia que sirve de combustible (ciertos isótopos de hidrógeno) en unas condiciones de presión y temperatura y durante un tiempo suficiente como para que las reacciones de fusión sean lo bastante frecuentes. Si eso se logra, se puede producir energía neta y convertir la fusión en una fuente de energía utilizable para producir electricidad.

En las extremas condiciones de presión y temperatura (cientos de millones de grados) relevantes para la fusión termonuclear, la materia se encuentra en un estado conocido como plasma, de modo que se comporta como un fluido globalmente neutro pero cuyas partículas constituyentes (núcleos atómicos y electrones) están cargadas. ¿Y cómo confinamos un combustible tan increíblemente caliente? Lo hacemos utilizando campos magnéticos en contenedores con forma de rosquilla (con forma de toroide, decimos nosotros). Las partículas cargadas son sensibles a campos magnéticos, y con un campo suficientemente intenso en principio se pueden mantener las partículas muy pegadas a las líneas de campo magnético y, por tanto, confinadas. Yo trato de entender las propiedades matemáticas de las ecuaciones que gobiernan el comportamiento del plasma en topologías toroidales.

La idea general es relativamente simple, pero los detalles para conseguir esto que he explicado son infernales. Por ejemplo, si el toroide no es perfectamente simétrico (o sea, si es un stellarator, por oposición a los dispositivos simétricos, llamados tokamaks), en general las trayectorias de las partículas tienen derivas que hacen que escapen del contenedor. Y todavía peor, uno siempre tiene que convivir con turbulencia de pequeña escala que degrada el confinamiento. Así que nosotros estamos estudiando las trayectorias de las partículas en dispositivos de tipo stellarator y las propiedades de la microturbulencia, que por ahora limitan el tiempo de confinamiento.

Una broma recurrente sobre la fusión nuclear dice que siempre va a estar lista dentro de 50 años. ¿Crees que ahora es distinto y que por fin se va a conseguir hacer que sea viable?

Poner la mano en el fuego es complicado, pero supongo que en cierto modo estamos pagando que en los primeros momentos de la investigación en fusión, por los años 50, se subestimó el problema. Entonces parecía, con lo que se sabía, que era abordable, pero en cada pasito se ha ido descubriendo que el plasma se comporta de forma demoníaca y siempre aparece algo que hace difícil conseguir los parámetros adecuados para la fusión. Yo creo que el sentir de la comunidad actualmente es que con altísima probabilidad el reactor experimental ITER, que empezará a operar alrededor de 2019, va a demostrar que la fusión es viable, que la humanidad es capaz de obtener energía de la fusión nuclear.

Ese sería el primer objetivo científico. No voy a negar que desde ahí a construir plantas que produzcan electricidad con fusión hay aún un trecho. Entre otras cosas, hay un problema grande de materiales. El producto de la fusión son neutrones muy rápidos y los neutrones muy rápidos son los que llevan la energía y a través del frenado de estos neutrones es como se consigue mover una turbina y producir electricidad. Pero estos neutrones están chocando todo el rato con las paredes del reactor y hace falta construirlas con un material que soporte esa radiación neutrónica y eso aún es un problema complicado. En cualquier caso, creo que el objetivo de demostrar que la fusión nuclear es una fuente energética viable está relativamente próximo, pero la posibilidad de conectar nuestros aparatos eléctricos a una red alimentada con fusión no llegará antes de mediados de este siglo.

Si se consiguiesen construir centrales de fusión, ¿sería la solución definitiva para nuestros problemas energéticos?

Yo en general estoy en contra del pensamiento de que existen soluciones milagrosas para los problemas, pero creo que no nos podemos permitir la posibilidad de no investigar la posibilidad de lograr energía con la fusión nuclear. Una vez consigamos construir reactores de fusión, habrá que ver si económicamente compiten bien con otras fuentes de energía. El papel que podrían tener, eso sí, es bastante interesante. Si uno admite que por los problemas de los residuos radiactivos y los peligros de accidentes uno no admite la fisión y se quieren eliminar las emisiones de CO2, realmente la fusión se plantea como la única fuente que podría producir una energía base constante. Y sobre ella usar las energías renovables, de las que yo soy un gran defensor.

Visto lo que dijiste cuando recogiste el premio a mejor investigador joven de la Real Sociedad Española de Física, dedicando parte a la PAH, está claro que tienes inquietudes sociales. ¿Tuvieron algo que ver estas inquietudes a la hora de elegir el área en la que investigarías?

Puede parecer feo que lo diga, pero ya que me lo preguntas, creo que es hasta pedagógico decirlo. Yo hasta 2008 o 2009 era idiota completamente, y solo pensaba en devorar libros de física y divertirme en mi tiempo libre. Pero a partir de ese año he interaccionado con gente que me ha abierto los ojos a las cosas importantes. Así que sería bonito decir que fue porque la parte social era fundamental, pero, aunque era importante, no era lo principal.

“Hasta 2009 era idiota y solo pensaba en devorar libros de física y divertirme. Pero a partir de ese año he interaccionado con gente que me ha abierto los ojos a las cosas importantes”

¿Qué te parece esta idea que existe entre algunas personas que ven la ciencia como una amenaza al servicio de los intereses de los poderosos más que de la gente común?

Esa percepción de la ciencia como parte del establishment, como un arma política de las élites para controlar al pueblo, para mí es falsa. Como todo, tiene algo de verdad. Siempre hay ámbitos, como en el de las farmacéuticas, los transgénicos o la energía, en los que se ve mayor influencia de los intereses económicos. Pero ver eso como una amenaza genérica y que eso provoque una desconfianza hacia los científicos me parece una locura.

También hay gente que habla de una mercantilización de la ciencia en España cuando muchas veces el problema de la ciencia en este país es que es muy difícil de mercantilizar

Estoy de acuerdo en que aquí el problema es más triste que la mercantilización. La ciencia no le interesa ni al gobierno, por supuesto no al Gobierno actual, ni a las empresas.

Últimamente se ha reavivado un debate sobre cómo se han de tomar las decisiones en torno a las aplicaciones de la ciencia, poniendo en un lado la autoridad de los científicos y al otro la posibilidad de que los ciudadanos decidan democráticamente sobre temas que no entienden, ¿cómo crees que se pueden conciliar esas posturas?

Obviamente, en ningún caso defiendo que una pregunta de carácter estrictamente científico haya de ser respondida democráticamente. Sería ridículo decidir democráticamente cuál es el valor de pi o si el bosón de Higgs existe. Otra cosa es cómo decidir sobre cuestiones relacionadas con la aplicación de un descubrimiento científico o con la utilización de una cierta tecnología. Son estas preguntas las que en último término creo que han de ser respondidas democráticamente: ¿Hay que usar centrales de fisión para producir electricidad?, ¿En qué medida hay que permitir o prohibir los transgénicos?, ¿En qué casos admitimos la experimentación con animales? Por mucho que algunos se empeñen en lo contrario, es fácil notar que la naturaleza de esas preguntas es muy diferente a la naturaleza de la pregunta sobre el valor de pi o sobre la existencia del bosón de Higgs. Aquellas, a diferencia de estas, son preguntas muy cercanas a la ciencia pero no son preguntas estrictamente científicas. Puesto que solo una democracia informada es una auténtica democracia, los poderes públicos han de asegurarse de que la ciudadanía puede acceder a toda la información que necesite (y en los asuntos que nos ocupan los científicos deberían tener un papel importante en la labor informativa). Pero una vez informada, la democracia es la única forma razonable que se me ocurre para responder a preguntas del estilo de las que he comentado.

¿Y cuál crees que es el papel de los científicos a la hora de conseguir una sociedad más informada?

Está claro que tenemos que ser capaces de dar la información rigurosa y veraz, pero que sea entendible por todo el mundo en la medida de lo posible.

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COMENTARIOS

  • Guest

    En desacuerdo con algunas cosas.

    El anticientifismo está de moda, se predica desde los círculos intelectuales, de la universidad y de la cultura. Heidegger, el de “la ciencia no piensa” (y autor de otras frases célebres como “la nada nadea”) es un filósofo de referencia. La doctrina del constructivismo, para validar al zeitgeist de nuestro tiempo, la posmodernidad, tiene que homologar la ciencia con el mito. Tal cual. Para estos relativistas, la realidad que se propone estudiar la ciencia o no existe o no importa, lo que existe es una realidad socialmente construida. La ciencia, como cosmovisión, sería tan válida como la mitología griega, la biblia, el taoísmo… Resumiendo: todo vale. Este pensamiento pide la muerte del absolutismo científico y de la racionalidad, del proyecto de la modernidad. Denuncia que la ciencia, injustamente, tiene un papel preponderante en la sociedad. Pues bien, es al contrario. El cambio climático es una cuestión científica, con gran consenso, pero ¿han podido los científicos influir políticamente al respecto? No, porque la hegemonía política y cultural la tiene el pensamiento irracional. Así es como interesa que sean las cosas. Se dice también que la ciencia está al servicio de los opresores, pero si las clases dominantes pueden explotar el conocimiento científico a su favor se debe al privilegio socioeconómico, no a que la ciencia sea una cosa perversa. Este pensamiento, que se propone transformar a la sociedad patrocinando la muerte de la razón, si la transforma, es para mal. Para resolver un problema, como la cuestión de la pobreza, primero hay que conocerlo. Estos filósofos advierten a sus pupilos de que el lenguaje claro es malo; el obscurantismo es mejor para comprender. Al final, claro, no comprenden nada. Cabe preguntarse quién sirve más a los intereses de los opresores, si la ciencia o la caterva posmoderna.

    En cuanto a la experimentación con animales, todos los bandos de la contienda, científicos y no científicos, ganarían algo si se empezaran a percatar de que el debate es ideológico, no científico. Los animalistas, que han adoptado la monserga posmoderna, no recuerdan cómo se hace eso de debatir en términos científicos o ideológicos. Debaten armados con falacias, que es lo que les han enseñado. Los científicos, en cualquier caso, salvo célebres excepciones (Alan Sokal, Mario Bunge…), tampoco es que conozcan muy bien qué ideología y qué filosofía deben defender para ser consecuentes. La ideología ha muerto para todos.

    El problema original no es si se nos permite o no elegir democráticamente en cuestiones científicas. Ahí de lo que se habla es de la ciencia que, mediante la técnica, está ligada a la economía, y ¿se nos permite elegir democráticamente en cuestiones económicas? Los economistas serios, científicos, van directos al paredón. Lo auspician los poderosos, las bestias de la cultura, con su discreto encanto, lo justifican y nosotros disparamos.

    La cultura apesta. Si, encima, las vanguardias políticas van portando la bandera del irracionalismo y del anticientifismo, si no aprenden de la historia, del desastre cultural de Mayo del 68, volveremos a caer en el precipicio, una y otra vez. Eso sí, con ilusión y celebrando habernos librado del yugo opresor de la razón, mientras los poderes económicos, que lo promocionan, lo celebran. Así de claro.