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OPINIÓN

De política y ciencia: la racionalidad constreñida

por Juan Ignacio Pérez Iglesias


El autor defiende “la racionalidad como un ingrediente fundamental de la acción política, de manera que no se apoyen posturas basadas en supuestos irracionales”, tras el debate suscitado por el eurodiputado de Podemos Pablo Echenique

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El científico del CSIC Pablo Echenique, europarlamentario electo de Podemos, ha expuesto aquí sus ideas acerca de la relación entre ciencia y política, y ha manifestado que se propone apoyar propuestas de su candidatura injustificadas desde el punto de vista científico, incluso aunque no las comparta o no esté de acuerdo con sus fundamentos. Me refiero a las relativas a los “químicos de síntesis” (sic), transgénicos o a la experimentación animal, por ejemplo. Dada su condición de científico su postura ha suscitado un intenso debate en las redes sociales y medios de internet, debate en el que el propio Echenique ha participado de forma activa.

El investigador -ahora eurodiputado electo- señala que deben diferenciarse las que él llama “verdades” científicas y la política relacionada con esas verdades. Y dado que las decisiones políticas han de ser, en última instancia, resultado del acuerdo de la mayoría, en ellas deben tenerse en cuenta consideraciones de naturaleza extracientífica. Es difícil objetar a esa distinción. Pero precisamente por esa razón, creo que el debate no va por ahí porque, por obvio, difícilmente va a cuestionarse su planteamiento.

Yo pienso que el contraste se produce entre las siguientes dos posturas. Una sería la defendida por Echenique, según la cual, aunque una propuesta sea contraria a las pruebas científicas, ha de ser defendida si así lo quiere la mayoría de la gente a la que se representa. La otra postura consistiría en defender la racionalidad como un ingrediente fundamental de la acción política, de manera que no se apoyen posturas basadas en supuestos irracionales. Es cierto que las cosas no suelen estar tan claras y por esa razón se puede argumentar que las contrapartidas derivadas de no actuar de acuerdo con criterios de racionalidad científica pueden compensar con creces los perjuicios que ello causa. Por lo tanto, el núcleo de la controversia es si conviene o no dejar a un lado criterios racionales en determinados casos porque la voluntad de una mayoría así lo determina. En mi opinión la respuesta es que no, porque una vez se sobrepasa esa línea, en lo sucesivo es muy difícil actuar de manera coherente y recurrir a la racionalidad cuando ésta convenga a los intereses de la mayoría o se acomode mejor a sus deseos.

El núcleo de la controversia es si conviene o no dejar a un lado criterios racionales en determinados casos porque la voluntad de una mayoría así lo determina

La Ilustración fue el movimiento intelectual que promovió los valores fundamentales que compartimos las sociedades modernas. El deseo de un mundo mejor para toda la humanidad, la noción de la dignidad e igualdad esencial de todos los seres humanos, la libertad a que todos tenemos derecho, la solidaridad, todas ellas son aspiraciones que se basan en la razón, la misma razón, por cierto, que alumbró el nacimiento de la ciencia moderna. Y aunque en nombre de esos valores se han cometido gravísimos crímenes, los principios que inspiraron a los pensadores ilustrados han llegado hasta nosotros y son el fundamento de la convivencia en nuestras sociedades.

A lo largo de las décadas transcurridas desde el siglo XVIII han sido numerosos los intentos de acabar con ellos, de instaurar otros valores, de dar marcha atrás, incluso, al reloj de la historia. En el último cuarto del siglo XX floreció uno de esos intentos, el movimiento posmoderno. De raíces románticas y heterogéneo en sus manifestaciones, lo que se conoce como posmodernismo ha dado cobertura ideológica a todo tipo de actitudes anticientíficas. Basándose en la pretensión de que la ciencia no es sino una construcción social, algunos teóricos han llegado a negar la existencia de una realidad objetiva. Obviamente, el pensamiento posmoderno ataca de manera frontal a la racionalidad. Y el problema es que, dado el ascendiente que ha tenido sobre los movimientos sociales alternativos, ha ejercido notable influencia sobre una parte de la izquierda. De hecho, las propuestas de contenido anticientífico del programa de Podemos tienen una indudable componente posmoderna.

 Si se abandona la racionalidad, ¿con qué argumentos se podría defender la necesidad de vacunar a la población? ¿Se suprimiría la enseñanza de la evolución de las escuelas si la mayoría así lo determinase?

Echenique se refiere a las plantas transgénicas y a la investigación con animales. Pero en el programa hay otras propuestas con arreglo al mismo patrón. Además, esas no son las únicas áreas que podrían verse afectadas por el mismo déficit de fundamento científico. Si se abandona la racionalidad, ¿con qué argumentos se podría defender la necesidad de vacunar a la población? ¿Se suprimiría la enseñanza de la evolución de las escuelas si la mayoría así lo determinase? ¿Se aceptaría avalar el carácter terapéutico de los tratamientos alternativos? ¿Se prohibirían los fertilizantes de síntesis? La lista posible es muy larga y podría alcanzar a cuestiones sin implicaciones científicas y en todas ellas podría aplicarse la lógica expuesta por el eurodiputado: en caso de que otros factores de carácter extracientífico conduzcan a la mayoría a inclinarse por las posturas irracionales, aceptaría defender esas posturas.

Aboga Echenique por la tríada formada por investigación de calidad, persuasión mediante pedagogía y divulgación, y democracia informada. Pero esa tríada ve socavadas sus bases desde el mismo momento en que se renuncia a primar la racionalidad a la hora de hacer propuestas políticas. ¿O acaso no hay contradicción en la pretensión de impulsar la investigación científica a la vez que se renuncia a utilizar los resultados de esa investigación como criterio en la toma de decisiones? La pedagogía es necesaria, por supuesto, pero si se renuncia a aplicar los criterios científicos ¿con qué autoridad intelectual se puede hacer, a la vez, pedagogía a favor de la ciencia?

La pretensión de poder ejercer una democracia informada bajo esos condicionantes no deja de ser un desiderátum un tanto naif

Es más, sabido es que la opinión de la ciudadanía se ve muy afectada por los mensajes de los líderes y por las decisiones de las autoridades. Un ejemplo: antes de la despenalización del aborto en la década de los ochenta la opinión pública española no era proclive a la misma; sin embargo, tras el cambio legal, y por su efecto, la opinión a favor pasó a ser muy mayoritaria. Porque las leyes no sólo tienen efectos normativos, también los tienen formativos. Pues bien, la regla de la voluntad de la mayoría echaría por tierra las posibilidades que conlleva ese efecto. Y por todo lo anterior, la pretensión de poder ejercer una democracia informada bajo esos condicionantes no deja de ser un desiderátum un tanto naif.

No discuto la idea de que hay que tratar de atraer a la gente al terreno de la racionalidad y de la ciencia. Es más, esa tarea es parte importante de mi labor profesional. Tampoco cuestiono el principio democrático a la hora de tomar decisiones en los órganos legislativos o en referéndums. Pero también pienso que no se debe prescindir, siquiera de forma parcial, de una de las herramientas más poderosas con que contamos para lograr la emancipación de los seres humanos de las servidumbres de toda condición, tanto de las impuestas por los poderosos como por la naturaleza. La ciencia es una fenomenal herramienta para garantizar nuestra supervivencia como especie y el bienestar de la humanidad. Porque como dice otro Echenique, Pedro Miguel, aunque no es la solución a los problemas de la humanidad, sin la ciencia no encontraremos esa solución.

— Juan Ignacio Pérez Iglesias, (@Uhandrea) Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco.

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COMENTARIOS

  • Manel

    Lo extracientífico no es necesariamente irracional. Que conste.

    • eliel

      Cierto, pero siendo pragmáticos, en los temas aquí citados, como los transgénicos o la experimentación con animales de laboratorio, sí que es conveniente ceñirse al positivismo científico para legislar.

  • http://www.pabloechenique.com Pablo Echenique

    Estoy de acuerdo con mucho de lo que aquí se dice, pero el autor deja sin contestar algunas preguntas importantísimas:

    Cuando la mayoría “se equivoca”, ¿quién decide por ella?, ¿con qué legitimidad?, de hecho, ¿quién decide qué es una equivocación y qué no lo es?, ¿con qué legitimidad?

    Yo soy científico y ya estoy convencido de que el postmodernismo es veneno epistemológico, que la homeopatía es agua, que la astrología es un timo y etcetera. ¿Eso me otorga automáticamente la potestad de imponer mis decisiones sobre aquellos que aún no están convencidos? ¿De dónde vendría esa legitimidad? ¿Me la doy yo a mí mismo? ¿Venía con mi doctorado?

    Me temo que no lo veo. Si las decisiones importantes no son por mayoría es muy complicado entender de dónde proviene su legitimidad política, por muy ilustradas, rigurosas y “correctas” que sean. Este problema, que es el problema central, no se resuelve en este artículo y sí se intenta, al menos se intenta, resolver con mi naif triada.

    Un fuerte abrazo.

    • Oskar Fdez-Capetillo

      Pablo, esto no es nada nuevo, estas recorriendo el camino que muchos otros han hecho antes que tu, eres un científico político. Hasta la fecha, la gran mayoría acaban o convirtiéndose en políticos puros (ergo, a seguir órdenes del partido aunque el partido diga que los pedos suenan a -10 Kelvin), o abandonando la política por principios. Espero que cuando te veas envuelto en estos debates internos, acabe ganando el Pablo científico. Porque Pablos políticos, seguro que tenemos a cientos.

    • Juan Ignacio Pérez

      En ningún momento he hablado de imposiciones, Pablo. De hecho, dejo bien claro al final que no cuestiono el principio democrático. En otras palabras, en lo relativo a las decisiones que deben adoptar los órganos legislativos, el pueblo es soberano. Sus representantes decidirán de acuerdo con criterios científicas y con criterios de otra naturaleza. Y quienes no estemos de acuerdo, nos aguantamos. Pero para mí, la cuestión no es esa, sino el papel que debe jugar un electo de una formación cuando ha de pronunciarse, en tanto que tal electo, con relación a esas cuestiones a las que aludes o a otras. Es ahí donde yo veo una contradicción flagrante entre la defensa genérica de la racionalidad y la actuación concreta contraria a la misma. Y por supuesto, la postura de Podemos es la que es y allá sus integrantes y sus votantes, pero para quienes pensamos que hay que promover la ciencia y la racionalidad también en la acción política, los contenidos anticientíficos constituyen un poderoso elemento en contra de que optemos por esa alternativa.
      Por lo tanto, si nos referimos al conjunto del cuerpo social, la mayoría tiene todo el derecho del mundo a equivocarse (de acuerdo con nuestro criterio). Tú y yo, entre otros, trataremos de que no lo haga. Ahí no veo ningún problema ni creo que estemos en desacuerdo. Donde no comparto tu postura es en la decisión de anteponer otros criterios y valores a los que aconseja la racionalidad, en el ejercicio de tu acción política y representativa (por que ahora eres representante del pueblo europeo o algo así).
      Para acabar, confieso que he asistido al debate con agrado por el tono “tranquilo” y mesurado que has dado a tus intervenciones. Te lo agradezco de verdad, así como tu disposición para intercambiar puntos de vista.

      Un fuerte abrazo también para ti.

    • Hadriano

      Pero realmente ese problema no existe. El problema de la falta de información de los votantes lo tenéis que resolver vosotros. Las mismas personas que piden homeopatía, quieren un sistema nacional de salud eficiente y eficaz y ambas cosas no son compatibles. Las mismas personas que están en contra de los transgénicos quieren un sector agrícola boyante. Hay quien no quiere “químicos de síntesis”, pero no renunciar al ibuprofeno o a los antibióticos. Los votantes no tienen tiempo ni recursos como para informarse adecuadamente sobre una multitud de temas, los políticos, entonces, tienen que tomar decisiones atendiendo a lo que consideran prioritario por parte de sus votantes. Y para ello cuentan con en asesoramiento de expertos propios o de lobbies (como Greenpeace, las petroleras, la PAH o los bancos) y con su propio criterio. Y tendrán que elegir, por que a veces EL PUEBLO (TM) pide sorber y soplar a la vez, y no se puede.

    • V.H.

      No creo que la solución al problema cardinal del que usted habla esté en la filosofía de la democracia. Lo digo desde una posición muy lega, pero me parece que la legitimación de las cosas es cultural antes que democrática; la elección democrática es subsecuente. Olviden, por tanto, la cuestión democrática; céntrense en lo cultural. ¿Cuál es el clima cultural?, el que homologa la ciencia al mito, el que propone que, como la subjetividad y el individualismo son el no va más, no me vacuno porque yo lo valgo; y, aunque no tenga ni idea, voto para que la homeopatía tenga rango de medicamento, porque a mí me gusta y porque los sacerdotes de la posmodernidad han concluido que la realidad es lo que la realidad sea para mí. ¿Se puede resolver algo importante así?

      Lo relevante aquí de la cuestión de la posmodernidad (el constructivismo, el estructuralismo y todos esos ismos de reciente cuño) no es tanto el disparate epistemológico que se defiende desde esos círculos (que es su forma más específica de ataque a la ciencia, y de lo que deben ocuparse los especialistas) como su hegemonía cultural.

      Sus colegas, sr. Echenique, a pesar de quejarse tanto de la cuestión de la hegemonía, son, ellos mismos, hegemónicos, porque hegemónica ya es su opción cultural: el potaje intelectual del postmarxismo, un entretenimiento cultural inútil (puedo demostrarlo) que se ha venido inventando desde Mayo del 68. Que un grupo no tenga la preponderancia política no significa que no participe en la hegemonía cultural de su tiempo. La hegemonía es política y cultural a la vez.

      A mí no me preocupa la ciencia, sino la cultura. La crítica desde las opciones racionalistas es natural. Yo quiero que el cambio social sea efectivo, más que nadie, pero he advertido el aroma a Mayo del 68 de las nuevas vanguardias políticas. Conocemos la historia y queremos que aquel desastre cultural y social no se repita.

    • José Ignacio Sendón García

      Me parece que la legitimidad te la da el conocimiento. Si yo llevo mi coche al taller y el mecánico me dice que debo cambiar la correa de transmisión, yo no discuto su autoridad basada en el conocimiento que él tiene, y a mí me falta, del funcionamiento del motor. No voto. No opino. Acepto su autoridad y me pongo en sus manos. Los remedios homeopáticos son agua. Indiscutiblemente. Los necios pueden opinar lo que les de la gana, pero una persona con formación no puede negar su conocimiento y apoyar posturas basadas en la necedad. Ni aunque hayan sido adoptadas por mayorías democráticas. En cuanto a la pedagogía, me parece necesaria, pero no suficiente, para convencer a los talibanes. Y el radicalismo anticientífico está mucho más extendido de lo que podríamos pensar.

  • Marmo Esbardalle

    En el caso concreto de la experimentación en animales, existe un conflicto entre razón y ética. Quizás, aunque sea un camino más largo o más caro, se pueda encontrar una forma alternativa de investigar o de tratar de minimizar los daños. Hay muchos matices. No es lo mismo experimentar la cura del cáncer que maquillaje. También influye la manera en la que se trata al animal sobre el que se experimenta. Puede haber más conflictos entre razón y ética, y añado algunos ejemplos: la energía nuclear, la clonación de seres vivos, la modificación genética para beneficios económicos, el impacto medioambiental que provocan determinadas tecnologías (como los ordenadores, móviles…) etc.

    • http://gallir.wordpress.com Ricardo Galli

      No existe tal conflicto entre razón y ética. De hecho la ética (filosófica) está basada en la lógica. Quizás te confundas con la “moral”, en el sentido de “creencias o costumbres aceptadas popularmente como correctas”. Pero por este camino justificarás todo, hasta los toros. Sobre el tema, dos lecturas recomendadas:

      Un libro largo y duro: The Moral Landscape: How Science Can Determine Human Values ( http://www.amazon.com/gp/product/B003V1WT72/ )

      Una lectura quizás demasiado simplista pero rápida y a la diana: El desastre posmoderno ( http://vonneumannmachine.wordpress.com/2011/10/22/el-desastre-posmoderno/ )

      Quizás el error, también académico, es pensar que hasta la vida (o el sufrimiento) tiene valores binarios: es vida o no es vida, sufre o no sufre. Y este tipo de error se ve, por ejemplo, en el debate del aborto y sobre “la vida del feto”. Pero estos temas se están discutiendo en la comunidad científica (una visión más continua y menos binaria), aunque faltarán décadas para que sea un debate público.

      Como dijo Juan Ignacio, las leyes tienen valores formativos, como ocurrió precisamente con la ley del aborto. Pero ello exige que los legisladores tengan la vista puesta más adelante (i.e. progresista de verdad) que la “masa”. Porque al fin y al cabo, esa visión posmoderna plasmada en mucho puntos del programa de Podemos no es nada progresista, ni conservadora, es peor, reaccionaria: nos lleva el debate a los niveles intelectuales y de conocimientos casi de la edad media. Y los decidió la “masa”.

  • Autumn Prelude

    ¿Es onda o partícula? ¿somos racionales o irracionales? ¿Cómo suena una palmada ejecutada con una sola mano?

  • Jesus

    Hay que distinguir los hechos científicos de aquellos que no lo son. Por mucho que la gente vote y esté de acuerdo en que la Tierra no es redonda, el hecho no será verdad, y nos alejaremos de progresar y de mejorar.

    No se puede eliminar la religión, pero creer en la astrología.

    La gente tiene que aprender.

  • Diego Gwango ZanWango

    Creo que, con todo lo necesario que me parece este debate, las críticas a Echenique tienen un enfoque demasiado estrecho , condicionado casi siempre por la imposibilidad de aceptar que Pablo vaya a votar en contra de sus propias y fundadas opiniones en pro de la linea del partido.

    Soy una persona de izquierdas que se mueve a diario en medios y redes afines a mi posicionamiento político, y asisto a diario a exhibiciones de retórica desinformada sobre los más diversos temas científicos (de hecho, como persona sin formación científica que soy, he sido muy vulnerable a todo ello). En vez de inferir que mis ideas políticas están equivocadas por discrepar de este tema concreto, me declaro izquierdista pro-ciencia, obligándome a discrepar más a menudo de lo cómodamente deseable. En este punto, la aparición de Pablo en Podemos es, para los que nos vemos en esta situación, un rayo de esperanza y ha alumbrado el hecho reconfortante de que somos muchos los que pensamos así desde nuestra posición ideológica (hasta el punto de que se ha impulsado la creación de un círculo de ciencia en Izquierda Unida, lo cual me parece magnífico).

    Podría, Pablo, haber decidido que la mejor manera de aportar sus conocimientos y tener influencia hubiera sido crear una formación política distinta, o haberse adscrito a otra formación con la que sintiera menos afinidad política pero total concordancia con su perspectiva científica (y no olvidemos que no solo va a Europa para opinar sobre ciencia), pero eso entra dentro de las decisiones personales y no hay método científico que pueda medir la idoneidad de las posibles alternativas. No se si el asunto “voto de partido” está ya claro y cerrado en podemos o se estudia la posibilidad del voto individual; siendo lo último lo deseable por el que escribe, me parece que, hasta el momento, a Pablo no se le puede tachar de incoherente.

  • http://entropicai.blogspot.com Sergio HC

    En democracia, si la mayoría prefiere algo que no es “racional”, nadie puede pretender que lo “democrata” sea no hacerles ni caso. Despotismo ilustrado se llamaba eso?

  • Jon

    El artículo es impecable, tal com nos tiene acostumbrado el autor. Pero, al final me ha asaltado una duda. Habría que prohibir fumar? Sólo se podrían llevar a cabo políticas educativas o económicas más aceptadas por los investigadores de esas áreas?

    • Juan Ignacio Pérez

      No. En absoluto. La gente, mediante el voto y la acción política, deben tener la decisión. La ciencia sólo ha de aportar criterio. Mi crítica a Pablo y a Podemos no va en esa dirección. Lo que me parece criticable es que como opción política, Podemos incluya propuestas de neto contenido anticientífico, y que Pablo, siendo científico, esté dispuesto a apoyar medidas sin base racional alguna por el hecho de que la mayoría de sus compañeros las apoyan.

      • Jose Cervera

        Fíjate en el dilema de la última frase: o Pablo Echenique-Robba fuerza de alguna manera a su formación política a aceptar las posturas racionales, o ¿qué? ¿Cuál es la alternativa a no ‘apoyar medidas sin base racional alguna porque la mayoría de sus compañeros las apoyan’? ¿Abandonar la política? ¿No es esto plantear un ultimátum? O pureza científica, o nada.

        Se parece muchísimo a un puritanismo racionalista extremo. Y como todo puritanismo aplicado a la política da mucho yuyu, por más que yo personalmente pueda coincidir con la postura que defiende. De hecho da un poco de miedo, y genera automático rechazo, lo cual es exactamente lo contrario de lo que se pretende conseguir. Evoca, de nuevo, a Phil Plait y su afamada charla ‘Don’t be a dick’. La mejor forma de extender el racionalismo no es espantar o insultar a los Creyentes, sino seducirlos.

        Como he tuiteado hace poco, el racionalismo y el amor no se pueden imponer, porque si se intenta se percibe como acoso. La letra (el conocimiento) con sangre NO entra, real o metafórica.

        Un saludo.

        PP

        • Juan Ignacio Pérez

          “O pureza científica, o nada”. “Puritanismo racionalista extremo”. “No espantar o insultar a los Creyentes”. Creo, Pepe, que esas tres afirmaciones no se sostienen sobre lo escrito por mí, ni en el texto ni en los comentarios, y que, de hecho, has creado un hombre de paja.

          Creo que he dejado bien claro que, por encima de cualquier otra consideración, para mí está la voluntad de la mayoría que se expresa en elecciones o mediante referéndums; por lo tanto, no cabe hablar de pureza científica.

          Creo que lo irracional no sólo es inevitable, sino que no debe ser evitado…. depende de para qué. En nuestras decisiones inciden multitud de elementos irracionales y no sólo no pasa nada por ello, sino que hasta es bueno. Aunque también pienso que en las decisiones políticas hay que tratar de minimizar su incidencia.

          Y dede luego, me tomaré como una licencia expresiva lo de “insultar a los Creyentes”. Puedes buscar en mis textos o tuits y no encontrarás ni un solo insulto ni falta de respeto a creyentes (y creo que a nadie).

          Yo no quiero imponer nada (valoro la libertad ante todo). Ni mucho menos pretendo que Pablo o su formación hagan un programa electoral a la medida de mis intereses o apetencias. Pero cuando valoro propuestas políticas no me es indiferente el que haya elementos con una componente anticientífica muy fuerte, elementos, además, con claras resonancias posmodernas. Eso me parece grave, no sólo por esos elementos aislados en sí, que también, sino por lo que significan, porque tengo la profunda convicción de que el rechazo a la racionalidad que impregna el discurso posmoderno y el relativismo cultural que lo soporta son grandes enemigos de los valores de la Ilustración a los que me he referido en el texto y a los que tanto aprecio y respeto tengo.

          Y por último, no puedo dejar de pensar que la comprensión que dispensáis (o dispensan) algunos a las posturas que critico, no las tenéis (tienen) con otros “pecados” (estos sí, pecados) anticientíficos como el creacionismo o el negacionismo del cambio climático. La diferencia es sólo que unos son “los nuestros” y los otros son “los adversarios”.

          Perdón, Pepe, por la extensión de esta respuesta, pero tu comentario me ha resultado “estimulante”.

          Y reciba usted un fuerte abrazo. :-)

          • Jose Cervera

            Estimular discusión era la idea. Sobre algo que no has dicho, pero que es la conclusión lógica de la línea de pensamiento expresada en esa última frase, donde me parece que hay una clara contradicción lógica entre ser científico y servir como político en un partido que expresa posturas antirracionales. ¿Cuál es la opción buena? Sólo hay dos: renunciar a la representatividad o renunciar a participar. En un caso sonará a ‘votad lo que queráis, que yo haré lo que me plazca’; en el otro, a ‘yo no me rebajo a mezclarme con éstos’. Las dos opciones muy antipáticas y que generan rechazo.

            Coincido plenamente con la necesidad de que la política esté basada en principios racionales. Pero se trata de un proceso: no podemos exigir como condición previa para echar a andar haber alcanzado ya el destino. La política también es educación y liderazgo; no se puede educar y liderar sin participar, y no se puede participar en un diálogo exigiendo de antemano que el otro acepte nuestro punto de vista para hablar. Hace falta un poco de flexibilidad.

            Por eso no me parece sensato que cuando un científico se incorpora a una opción que huele a magufismo nos dediquemos a atacarle por no ser lo bastante científico (o lo bastante firme), en lugar de apoyarlo y de reforzar su postura dentro del partido para que éste cambie su punto de vista. Creo que lo que necesita Pablo Echenique-Robba (y lo más sensato para todos) es respaldo de la comunidad escéptica si es cierto que su empeño es convencer y liderar a su organización hacia posturas más racionales. Y no sólo él; que irracionalidad hay en muchos partidos, y gente intentando combatirla desde dentro también. Todos ellos necesitan el respaldo de la comunidad racionalista. Para que todos los partidos, a ser posible, abandonen la irracionalidad.

            Para convencer hay que dialogar. Y dialogar implica entrar en relación con principios que no son los nuestros, y con los que no estamos de acuerdo, sin exigencias previas. Otra cosa no es diálogo, ni es útil. Hablar, y seducir es el camino.

            Creo que no soy sospechoso de aquiescencia con posturas irracionales y anticientíficas, de modo que no me siento en absoluto aludido por la referencia a mayor comprensión con estas creencias. No tengas dudas: la discusión no es sobre si las ideas irracionales expresadas en el programa de Podemos son aceptables (que no lo son): es sobre el mejor modo de combatirlas. Cuando se atacan las creencias a cara de perro, la gente se enroca. Hablar, participar, convencer, seducir son mejores formas de luchar contra la irracionalidad que la confrontación y el trazado de murallas.

            Por eso creo que de momento Pablo debe ser apoyado, de modo crítico por supuesto, pero decidido. Y se le debe dar la ayuda que solicite para convencer a su partido de que cambie sus puntos de vista. No considerar que de alguna manera está manchado simplemente porque tiene el valor de implicarse en el proceso.

            Un abrazo, siempre. Y más cañas para hablar de estas cosas que nos apasionan.

            PP

  • José C. Perales

    Como científico, no estoy de acuerdo en partes esenciales del artículo, pero tampoco con la postura que ha adoptado el
    señor Echenique.

    A un nivel ético individual, ningún partido puede estar por encima de la
    libertad de conciencia y, como ocurre en otros sistemas de larga tradición democrática, los diputados
    deben tener la libertad de votar sobre la base de sus convicciones, no
    sobre la de la obediencia. O, en su defecto, nadie debería representar a un partido que defiende ideas que difieren en aspectos esenciales de las suyas.

    A nivel colectivo, cualquiera
    que esté familiarizado con el análisis de riesgos sabe que es casi
    imposible calcular los riesgos remotos de las decisiones, porque en estos riesgos participan demasiadas variables. En general, la evidencia parece indicar que no se deben dejar las decisiones políticas
    en manos de ‘expertos’, por mucho que éstos sean científicos.
    Una sociedad de individuos educados en una sociedad plural, bien
    informados e independientes es capaz hacer predicciones en general más
    acertadas que cualquier experto. Es lo que Surowiecki llama la
    ‘sabiduría de las masas’ y lo que vienen desmostrando desde hace años los llamados mercados experimentales de predicción. También lo demuestra el hecho de que las sociedades que cumplen esas condiciones acaban siendo las más desarrolladas social y científicamente.

    La ciencia debe procurar que se den
    esas condiciones de información, pluralidad e independencia, y combatir con todas sus fuerzas la desinformación y la superchería pero no
    puede ni debe pretender imponerse sobre la expresión democrática. Pena que, como dice el principio de asimetría de la basura, “la cantidad de energía necesaria para refutar la basura es un orden de magnitud superior a la que se necesita para producirla”…

    • Luckytrast

      La cuestión es que Pablo ha elegido una forma de hacer política diferente, donde los políticos son meros portavoces de sus votantes y no una elite que les representa. Como todo tiene sus pros y sus contras, tendrá que tragar o abandonar, en la democracia directa no hay sitio para la libertad de conciencia para los representantes, ya que aceptan la premisa de que no están ahi para decidir por sus representados, únicamente para hacer de portavoz de sus decisiones.

  • Luckytrast

    Se me ocurre una fórmula que podría llevar a la formación de Pablo ha recapacitar a la hora de hacer programa en las cuestiones puramente científicas. Es bien sabido que Podemos aboga por tener un sistema educativo público fuerte, pues bien, úsenlo en su beneficio. Proponga Pablo a su partido escuchar lo que tienen que decir los magníficos profesores e investigadores de la universidad pública, que no son susceptibles de ser influidos por los intereses privados por su condición de empleados públicos, deleguen en ellos, al igual que delegamos en los médicos nuestra salud, ya que nos es imposible tener conocimiento de todo.

    Un saludo.

  • http://filosofiavegana.blogspot.com.es/ Luis Tovar

    No puede haber nada de racional en discriminar a otros animales de la comunidad moral y tratarlos como seres que sólo tienen valor instrumental en beneficio de los humanos. No es racional ignorar su valor moral intrínseco como seres sintientes que son. Postular la supervivencia de los seres humanos a costa de la libertad y las vidas de otros animales es idéntico a postular la superviencia y bienestar de la raza blanca a costa de la libertad y la vida de otras razas. Es el mismo criterio de exclusión que se basa en características moralmente irrelevantes. Todos los animales que tenemos capacidad de sentir – sin importar la especie – somos seres conscientes y tenemos los mismos intereses básicos; deseamos proteger nuestra vida y disfrutar de ella libremente, y evitar lo que nos daña. La razón nos obliga, por pura lógica, a respetar esos intereses básicos con la misma consideración, puesto que son esencialmente los mismos intereses. Cualquier otra postura, basada en discriminar por raza, sexo o especie, es irracional y anti-ética.

    • eliel

      Me parece que estás confundiendo entre sí el significado de las palabras sentimientos, consciencia y moral.
      Para empezar, la sensación viene porque, efectivamente como animales (con un sistema nervioso más o menos complejo) existe un conjunto de receptores nerviosos de dolor que se activan ante determinados estímulos. Esto no quiere decir que dicho animal que sufre tenga una consciencia del propio dolor (en muchos animales no sabemos aún si eso ocurre), ni muchísimo menos, que forme parte de una ‘comunidad moral’ como tú lo llamas, más que nada porque ésa es una palabra inventada para designar al conjunto de normas socialmente aceptadas como correctas en una sociedad humana.

      • http://filosofiavegana.blogspot.com.es/ Luis Tovar

        No, no estoy confundiendo el significado de ninguna palabra. En cambio, veo que tú si confundes varios conceptos.

        Para empezar, la sensación no se limita al dolor sino que se refiere a cualquier percepción subjetiva (imagen, sonido, hambre, placer,…).

        Por otro lado, es lógicamente absurdo afirmar que un animal (humano o nohumano) puede sentir dolor pero no ser consciente de que siente dolor. Por definición, una sensación no puede darse en un “vacío” impersonal, sino que tiene que referirse necesariamente a un sujeto que la experimenta. Todo ser que siente es consciente de que siente.

        Quizás estés confundiendo la conciencia sensitiva que es la sensación con la conciencia abstracta que pertenece al ámbito del pensamiento.

        La comunidad moral se refiere a la moral, no a la sociedad. La moral se refiere al hecho de respetar unas normas objetivas de conducta basadas en la razón. Por tanto, estarías confundiendo sociedad con comunidad moral. Lo que una sociedad dicte como norma de conducta no significa necesariamente que sea moral, y de hecho muchas sociedades tienen normas (leyes) claramente inmorales.

  • Manel
  • Luis Olivencia

    Dice el autor:”La ciencia es una fenomenal herramienta para garantizar nuestra supervivencia como especie y el bienestar de la humanidad. ” Totalmente de acuerdo con esta síntesis del papel de la ciencia. ¿Porqué, entonces, no plantear la discusión “Ciencia y Política” desde la óptica concreta de: ciencia al servicio de los gobiernos y las industrias que están contra la evolución o ciencias y gobiernos a favor de la evolución? Creo que, de esta forma, responsabilidades en el cambio climático se verían mucho más claramente.
    Para terminar.
    ¿Se podría poner a votación democrática la derogatoria de la ley de la gravedad? Absurdo. ¿Verdad? Ese no es el fondo de la discusión. La cuestión de fondo es si la ciencia se pone, o no, del lado de las posiciones políticas del momento. Sean las que sean. Cuando la ciencia hace eso perdió su carácter de ciencia para ser solo un apéndice del sistema gobernante. ese es el gran problema de la ciencia actual ya que mayoritariamente depende de los grandes capitales para desarrollar sus investigaciones. Es un obstáculo para la evolución de la especie humana. Sus conquistas solo sirven para incrementar las ganancias de sus patrones.

  • Marisa Castiñeira

    Soy profesora de biología en un instituto de secundaria y creo que la piedra angular está en la formación. La formación científica (cultura científica) escasea.(me incluyo) Es necesario conocer para decidir libremente. Muchos son los temas en los que tenemos que ponernos al día mis alumnos y yo para dar una opinión. Pero creo eso de ” La ciencia es una fenomenal herramienta para garantizar nuestra supervivencia como especie y el bienestar de la humanidad” y ” es una de las herramientas más poderosas con que contamos para lograr la emancipación de los seres humanos de la servidumbres de toda condición, tanto de las impuestas por los poderosos como por la naturaleza”

    • Juan Ignacio Pérez

      “…la piedra angular está en la formación.” Desde luego que sí. Nunca insistiremos lo suficiente.

  • Jose Carlos Cañizares

    La pregunta es, más bien: ¿es lógico pedir más democracia científicamente informada al mismo tiempo que se sigue innovando y produciendo conocimiento en una infinidad de frentes?

    Mi respuesta es que no. Un caudal creciente (y crecientemente creciente) de conocimiento sólo puede producir un caudal creciente (y crecientemente creciente) de desigualdad. Puesto que las capacidades y el esfuerzo de las personas no puede ser aumentado artificialmente, sino que un régimen de libertades mínimo exige que estas personas puedan decidir si quieren estudiar tal o cual cosa, y por tanto dejar de lado tantas otras. En consecuencia, todo programa político de carácter participativo y democrático está en lucha contra la cultura de los expertos, que es la cultura que genera dependencia y división del trabajo especializada hasta tal punto que muchos son incapaces de participar, entregándose, por esta causa, al consumo y a la vida fácil.

    Mi argumento, en el link bajo esta línea.

    http://sistemaencrisis.es/2014/06/01/cultura-engendro-y-supersticion-una-critica-a-la-industria-del-conocimiento/

  • http://regalodereyeslanovela.blogspot.com/ jesus zamora bonilla

    Si me permitís terciar… Creo que hay una confusión conceptual frecuente con el tema de “cómo de democrática debe ser la ciencia”. La gobernanza de la ciencia debe estar sujeta al control democrático, obviamente, tanto porque en gran parte se financia con dinero sacado del bolsillo de los ciudadanos, como por el hecho de que las consecuencias (positivas y negativas) de la investigación científica pueden afectar de manera diferencial a la gente. Pero creo también que cada uno de nosotros tiene DERECHO a que, cuando la sociedad se organiza de tal modo que tengamos que DELEGAR en el “conocimiento experto” de otros, estos “otros” hayan llegado a sus “conocimientos” utilizando aquellos métodos que garanticen con la mayor probabilidad posible que son conocimientos CORRECTOS. Dicho en plata, yo tengo derecho a que el médico se esfuerce en aprender qué tratamientos van a ser DE VERDAD más efectivos para mi enfermedad.
    Cuando las relaciones de dependencia cognitiva son “de libre mercado” (cada uno paga a quien quiere por el uso de sus conocimientos), en principio podríamos pensar que no habría nada que regular, pues, al fin y al cabo, si un experto no te gusta, te vas a otro. Pero obviamente hay muchas situaciones en las que no hay tal “libre mercado de conocimientos/expertos”, y además, la propia razón de la existencia de expertos es que cada uno no puede saberlo todo, y puesto que yo tengo MENOS conocimientos médicos que el médico, estoy en una situación de “indefensión”, por lo que es lógico que el uso de conocimientos expertos esté regulado socialmente. Y esta “regulación” tiene necesariamente que incluir la garantía de que se usan métodos correctos, es decir, más eficaces a la hora de llevarnos a “descubrir la verdad” (o al menos, una verdad aproximada y probable).

  • pharmakoi

    Llamadme loco, posmoderno o derechista, pero a veces es mejor un poco de efecto placebo que exponerse a los efectos secundarios de ciertos fármacos (más aún cuando algunos estudios dicen que el efecto placebo persiste incluso sabiendo que se trata de un placebo, siempre que se de en unas condiciones de apoyo social y comprensión).

    Aquí, aquí o aquí hay algunos ejemplos.

    O mejor, no publiqueis mi comentario.

  • pharmakoi

    Ya veo, no puedo decir tampoco que hasta el DSM II la homosexualidad era considerada una enfermedad mental, y si se retiró de la clasificación no fue por su validez ni porque los métodos de conformación de las categorías diagnóstcas mejorasen. Se retiró porque poder definir un rasgo de personalidad de modo operativo (ni siquiera tan operativo) no significa que ese rasgo sea patológico.