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¿El futuro del sexo?

por Emily Anthes

Aunque su ‘sex appeal’ se haya equiparado al de una medusa, y su aspecto al de una bolsa de plástico, el condón femenino va camino de transformarse en la gran novedad del sexo seguro. Casi dos décadas después de su presentación en sociedad y con solo el 1,6% del mercado, un puñado de investigadores, ingenieros y empresarios va a presentar un amplio repertorio de condones vaginales rediseñados y reinventados

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Condones femeninos de la empresa estadounidense Origami. Ampliar

Condones femeninos de la empresa estadounidense Origami. /

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Este reportaje fue publicado originalmente bajo licencia CC-BY en Mosaic, una iniciativa de la Wellcome Trust. Ha sido traducido por Diego Zaitegui.

1. Excitación

En 1987, la ejecutiva farmacéutica americana Mary Ann Leeper viajó a Copenhague para conocer de primera mano lo que creyó que podría ser la siguiente gran novedad sanitaria mundial. Lo que no esperaba era encontrarla escondida en el interior de una vieja caja de puros. El médico e inventor Lasse Hessel la recibió, puro en boca, en la granja de su propiedad, y acto seguido le hizo entrega de la caja: “Un cajón de sastre con todo tipo de plásticos y objetos metálicos”, recuerda Leeper. “Así que respiré profundamente y me dije ‘¿en qué diantres te has metido?’”. De alguna forma, todos aquellos cachivaches, una vez unidos, formaban un artilugio que podría servir a las mujeres para prevenir embarazos y evitar enfermedades de transmisión sexual. Se trataba del primer condón vaginal.

La presentación fue de todo menos convencional, pero Leeper y sus colegas de Wisconsin Pharmacal tenían puestas grandes esperanzas en el invento de Hesse. “En Estados Unidos se empezaba a reconocer la verdadera magnitud de la crisis del sida y teníamos claro que ofrecer a las mujeres un producto con el que protegerse tendría un impacto positivo”, dice Leeper.

Desde luego, cuando Wisconsin Pharmacal lo introdujo finalmente en EEUU, en 1993, los expertos en salud pública lo recibieron como un verdadero factor de cambio. El condón, una funda de poliuretano a introducir en la vagina antes del coito, iba a proteger a las mujeres de posibles infecciones de transmisión sexual aunque sus parejas masculinas se negaran a utilizar preservativos.

El condón femenino reduce el riesgo de la mujer de contraer el VIH entre un 94% y un 97% en cada intercambio sexual

Técnicamente, el condón femenino funciona. Se calcula que, utilizado correctamente, reduce el riesgo para la mujer de contraer el VIH entre un 94% y un 97% en cada intercambio sexual. Los estudios demuestran que la presencia del preservativo femenino junto a su versión masculina aumenta el porcentaje de relaciones sexuales seguras y reduce la prevalencia de infecciones de transmisión sexual. Y, aún así, dos décadas tras su aclamada presentación, el condón vaginal sigue sin hacer honor a su potencial. Lastrado por un modo de empleo menos intuitivo y familiar que el masculino, no llegó a despegar. Fue ridiculizado por los medios, ignorado por los médicos y rechazado por las mujeres, que lo encontraron antiestético y difícil de usar. A día de hoy, sólo el 1,6% de los condones distribuidos a nivel global son vaginales.

Pero el destino del preservativo femenino podría no estar sellado. Durante años, un puñado de investigadores, ingenieros y empresarios ha estado trasteando discretamente con el ingenio. Sus esfuerzos empiezan a dar fruto, y un amplio repertorio de condones vaginales rediseñados y reinventados comienza a abrirse paso en el mercado. La llegada de productos novedosos y de fácil manejo, unida a los renovados esfuerzos por promover la tecnología a nivel mundial, podría estar colocando finalmente al preservativo femenino en posición de provocar al fin un verdadero cambio.

Fue ridiculizado por los medios, ignorado por los médicos y rechazado por las mujeres que lo encontraron antiestético y difícil de usar

2. Meseta

El proyecto del condón femenino fue difícil desde el principio; mucho más de lo que Leeper hubiera anticipado. Tras la compra de los derechos tecnológicos, Leeper y sus colegas de Wisconsin Pharmacal necesitaban convertir el prototipo de Hessel en un producto comercializable. Después de algunos cambios, obtuvieron una bolsita de poliuretano fino con anillos flexibles en los extremos. Para introducirlo, habría que comprimir el anillo en el extremo cerrado y empujarlo hacia el interior de la vagina. Una vez desplegado, ese anillo interno se encargaría de mantenerlo fijo en su sitio. El anillo opuesto, más ancho, quedaría en el exterior de la vagina, protegiendo la vulva. Tras la eyaculación, el semen queda atrapado en la bolsita interior, evitando embarazos e infecciones de transmisión sexual.

Un condón con aplicador PATH.Ampliar

Un condón con aplicador PATH. /

Pero antes de poder sacar el condón a la venta, Wisconsin Pharmacal necesitaba la aprobación de la Oficina Reguladora de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés). Al tratarse de un producto totalmente novedoso, la FDA calificó al condón vaginal como aparato médico de clase III, una categoría normalmente reservada a equipamientos médicos de alto riesgo –como marcapasos o cierto tipo de láseres—. La clase III está sujeta al escrutinio regulador más estricto. Los condones masculinos, por el contrario, son de clase II y pueden comercializarse sin autorización, estando sujetos a controles mucho menos rigurosos.

“Hicimos todo lo que se supone que hay que hacer y aún así nos dimos de bruces”

Tardaron seis años en conseguir atravesar el complejo sistema regulatorio y, cuando el gobierno les dio finalmente el visto bueno, en 1993, Leeper respiró con alivio: “Creía que la parte más dura sería conseguir la aprobación de la FDA. Era muy complicado; no dejaban de modificar las especificaciones técnicas o de cambiar los requisitos y los ensayos clínicos”. Pero se equivocaba. Lo más difícil estaba aún por llegar.

Para la comercialización estadounidense del preservativo femenino Reality (en el exterior sería bautizado con diferentes nombres) Wisconsin Pharmacal planificó un lanzamiento de manual: reclutaron visitadores médicos y una gran agencia publicitaria para vender el producto directamente a los consumidores: “Hicimos todo lo que se supone que hay que hacer”, asegura Leeper, “y aún así nos dimos de bruces”.

En parte fue culpa del momento y del rechazo público hacia los productos de índole sexual. “Por aquel entonces no se decía condón en voz alta”, recuerda Leeper. “La gente llamaba gomas a los condones masculinos, y su nombre se susurraba en el mostrador de las farmacias”. Y aunque la crisis del sida estaba en su apogeo, para muchas mujeres americanas el riesgo de contraer el VIH era algo abstracto, algo que les ocurría a los demás pero nunca les pasaría a ellas. Mientras que las mujeres que formaban parte de los grupos de discusión decían estar a favor del condón como concepto, según Leeper, “una vez en la cama, a la hora de la verdad, dejaban el preservativo femenino en el salón”.

El artilugio con el que se encuentra uno al abrir el envase, grande, extraño y parecido a una bolsa de plástico, disuadía tanto a hombres como a mujeres

Por supuesto, no eran los únicos problemas. Los condones llegaban a costar hasta cinco dólares cada uno, en comparación al dólar o menos que costaban los masculinos. Krissy Ferris recuerda haber oído hablar del condón femenino cuando era estudiante en el Oberlin College de Ohio, y que el precio era desalentador. “No llegué a probarlos hasta que conseguí muestras gratuitas”, recuerda Ferris, que ahora trabaja en una consulta médica de Cleveland, Ohio. “¿Iba yo a gastarme dólares en condones para practicar sexo un par de veces? Pues, seguramente, no. Cuando tienes 20 años te ofrecen condones masculinos gratuitos en todas partes”.

Para ser sinceros, el condón femenino no dejaba de ser un tanto peculiar. Al contrario que el masculino, que viene ya enrollado y comprimido, el preservativo femenino se entrega completamente desplegado. El artilugio con el que se encuentra uno al abrir el envase, grande, extraño y parecido a una bolsa de plástico, disuadía tanto a hombres como a mujeres. Y aunque algunas llegaron a cogerle afecto con el tiempo, el período de adaptación era inevitable, y entre un tercio y la mitad de las usuarias encontraban complejo el modo de inserción. Además, una vez colocado el condón tendía a crujir y chirriar durante el coito.

Los medios de comunicación tomaron esas quejas y las utilizaron para hacerlo trizas. Se dedicaron a ridiculizar su aspecto con fuentes aparentemente inagotables de ingenio. Tal y como cuenta la socióloga Amy Kale en su informe de 2004 sobre la presentación del preservativo, los periodistas compararon el producto con “una medusa, un cono de viento, una manguera contra incendios, una bolsa para colostomía, una bolsa plástica hermética, unas botas de goma, una concertina, una bolsa de congelados, algo con lo que forrar el muelle interno de Boston, un cruce entre probeta y guante de goma, El grito de Eduard Munch, un diseño para elefantes hembra, algo sacado de la serie de animación Los Supersónicos, un chubasquero para muelles de juguete, o bien un artefacto para castigar vírgenes caídas en la Edad de las tinieblas”.

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Entre 2007 y 2010, el número de condones femeninos duplicó su distribución de 25 a 50 millones.

A pesar del duro trato recibido por los medios, los periodistas “no hacían más que reflejar problemas genuinos en el diseño de la primera versión del condón femenino”, dice Kaler, profesora adjunta en la Universidad de Alberta, Canadá. “No era la cosa más bella del mundo; mofarse resultaba sencillo. Podría decirse que se burlaron hasta hacerlo desaparecer, antes incluso de darle ocasión de despegar”.

Aún así, Wisconsin Pharmacal percibió muestras de tener algo entre manos. En 1995, dos años tras sacar el condón al mercado, Leeper recibió la llamada de un funcionario del Ministerio de Sanidad y Cuidado Infantil de Zimbabue. El trabajador sanitario había recibido una petición para que el gobierno de Zimbabue introdujese el condón femenino en el país. Venía firmada por 30,000 mujeres. Aunque Leeper tenía en principio pensado vender el condón femenino al sector privado estadounidense, la llamada de Zimbabue, unida a los pobres resultados en EEUU motivaron un cambio de rumbo en la empresa.

Las organizaciones internaciones sin ánimo de lucro y las agencias de cooperación internacional han sido desde siempre grandes compradores de condones masculinos. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés), la Agencia Norteamericana de Desarrollo Internacional, Population Service International y otros, adquieren con frecuencia condones al por mayor para luego donarlos –o venderlos a un precio altamente subvencionado—a clínicas y proyectos que presten servicio a poblaciones de alto riesgo.

 El condón femenino resultó especialmente relevante en algunos países del África subsahariana

En 1996, Wisconsin Pharmacal fue rebautizada como Female Health Company, y comenzó a centrar su actividad en este sector público global, trabajando con gobiernos, organizaciones internacionales de salud y agencias de cooperación, para poner preservativos en manos de mujeres en países subdesarrollados y grupos de alto riesgo. El condón femenino resultó especialmente relevante en algunos países del África subsahariana, donde a principios de los 2000, el 60% de los casos de VIH eran diagnosticados a mujeres expuestas al virus por sus parejas estables.

Patience Kunaka daba clases de enfermería y asistencia al parto en Zimbabue cuando supo de la existencia del condón femenino. Dos de sus primas habían muerto por complicaciones asociadas al sida, y otros tres familiares estaban infectados por VIH, así que los riesgos le eran bien conocidos. Como tantas otras mujeres, su primer encuentro con el condón femenino no fue prometedor: “La primera vez que lo vi, mi reacción inmediata fue ‘¡vaya!, ¿cómo hace para quedarse en su sitio con el pene en movimiento?’”, recuerda. “¡Pensaba que estaría todo el rato saliéndose y que sería un engorro! También pensé que el plástico se me arrugaría dentro y que resultaría incómodo”.

Pero por aquel entonces, Kunaka sospechaba que su pareja le era infiel y estaba, en sus propias palabras, “obsesionada con la higiene sexual”, así que decidió darle una oportunidad al condón vaginal. Al principio no fue bien. “Tenía problemas para insertarlo y el anillo interno me provocaba molestias”, asegura. Con calma y algo de práctica consiguió dominar la técnica. Kunaka terminó por cogerle cariño al artefacto, y en particular “a no tener que suplicarle a mi pareja que se pusiera un preservativo”.

«Dentro de mi contexto africano, donde un hombre es libre de tener todas las parejas que pueda, me brinda el poder de negociar un sexo más seguro»


Patience Kunaka
Gerente de formación y preservativos en el Population Service International de Zimbabue

Se había convertido al condón femenino: “Dentro de mi contexto africano, donde un hombre es libre de tener todas las parejas que pueda, me brinda el poder de negociar un sexo más seguro”. Terminó siendo gerente de formación y preservativos en el Population Service International de Zimbabue, y ahora dedica sus días a predicar las virtudes del condón femenino a hombres y mujeres por todo el país.

La recepción del condón femenino fue mejor en África que en EEUU, pero al buscar Female Health Company un impacto global, aún le hicieron alguna mejoras. El condón de poliuretano fue sustituido por uno de nitrilo, el material del que están hechos los guantes sanitarios. El condón de nitrilo, denominado FC2, es notablemente más barato que su predecesor de poliuretano, el FC1, y también mucho más silencioso durante el coito. En 2007, la UNFPA pre-aprobó el FC2, permitiendo su venta al por mayor a agencias del sector público. Entre 2007 y 2010, el número de condones femeninos duplicó su distribución de 25 a 50 millones.

El FC2 está prelubricado.Ampliar

El FC2 está prelubricado. / BBC

No está mal para un anticonceptivo que ha sido comparado con El grito, pero es insignificante equiparado al condón masculino. Por cada condón femenino adquirido por una agencia donante se obtienen 71 condones masculinos. Y aunque el precio del condón femenino se ha abaratado sigue siendo un factor disuasorio. Una agencia de cooperación gastará entre 0,55 y 0,88 dólares en cada FC2 al por mayor, pero puede conseguir condones masculinos a unos míseros 0,02 dólares.

La disponibilidad de condones femeninos en clínicas de países subdesarrollados puede ser irregular y la situación no cambia mucho en el sector privado. Mientras los estantes de las farmacias están repletos de condones masculinos de todo tipo imaginable –con puntos, estrías, ultrafinos, efecto calor, efecto frescor, fosforitos, que brillan en la oscuridad, con sabor a chicle—puede ser difícil localizar un condón femenino a la venta.

En algunos lugares los condones han sido estigmatizados, porque tanto los ensayos clínicos iniciales como los primeros programas de distribución se centraron en profesionales del sexo. En el resto todavía arrastran la mala reputación adquirida durante su primera y fallida presentación. En marzo de 2013, por ejemplo, una de las escritoras de Jezebel, un conocido blog feminista, publicó un artículo titulado Dejad ya de insistir con el condón femenino, expresando escepticismo “a que las mujeres cambiaran de opinión acerca de la colocación de bolsas de basura en sus vaginas”. El artículo cerraba con la frase “los condones femeninos son, sencillamente, repulsivos”.

Han pasado ya más de dos décadas desde el alumbramiento del primer condón femenino, y esta no era la revolución que los expertos en salud pública tenían en mente.

3. Orgasmo

Durante casi 40 años, PATH, una organización sanitaria internacional sin ánimo de lucro con base en Seattle (EEUU) ha estado reinventando de forma radical las tecnologías médicas más básicas. Sus ingenieros y diseñadores inventaron, por ejemplo, el Uniject: la vacuna de un sólo uso en jeringuilla desechable. También un diafragma de talla única que acaba con la necesidad de ir al médico cada vez que una mujer necesita colocarse uno a medida. Otra de sus invenciones es una báscula portátil que el personal sanitario puede llevar consigo para asistir en partos domiciliarios. La báscula no necesita electricidad, se puede leer a oscuras y su lectura es tan sencilla que la podría descifrar un asistente con bajo nivel de alfabetización; esto hace mucho más sencilla la identificación de bebés con bajo peso al nacer.

A finales de los noventa, PATH volvió su atención hacia el condón femenino. “Female Health Company hizo un trabajo increíble”, asegura la representante de programa en PATH, Maggie Kilbourne-Brook. “Fabricaron un producto de la nada, y consiguieron que fuera aprobado, registrado y comercializado en más de cien países. Lograron cambiar la noción general de lo que ha de ser un anticonceptivo de barrera”. Pero como el éxito de los condones seguía sin hacer honor al potencial, algunos expertos pensaron que le vendría bien un cambio de imagen radical. “En desarrollo de producto”, cuenta Kilbourne-Brook, “siempre esperamos que la primera versión de un dispositivo necesite mejoras”.

Las usuarias pedían un producto fácil de utilizar, fácil de introducir y estable durante el uso

En PATH están orgullosos de su proceso de diseño enfocado al usuario. Fue esto lo que les llevó, con la vista puesta en lograr un condón femenino atractivo, a hacer algo tan radical como evidente: consultar con mujeres de carne y hueso. En 1998 PATH empezó a formar grupos de discusión en cuatro países diferentes: Sudáfrica, Tailandia, México y EEUU.. En ellos se les pedía su opinión acerca del condón femenino y lo que querrían que hiciera por ellas.

De Durban a Seattle los resultados demostraron ser bastante homogéneos: “Un producto fácil de utilizar, fácil de introducir y estable durante el uso”, cuenta Kilbourne-Brook, y, “si fuera posible, algo agradable a la vista”.

Estas peticiones fueron la hoja de ruta de los diseñadores e ingenieros del laboratorio de desarrollo de producto de PATH en Seattle. El equipo realizó un proceso de diseño gradual e iterativo, fabricando en el laboratorio los posibles prototipos del nuevo condón para después ponerlos en manos de los voluntarios heterosexuales de cada uno de los cuatro países. Estos individuos, a su vez, manipularían y analizarían cada modelo compartiendo sus impresiones con los investigadores. Mientras, las parejas recibirían los prototipos más avanzados a poner a prueba en sus dormitorios. Los diseñadores de producto utilizaron el feedback para refinar –y algunas veces redefinir por completo—sus diseños. Los nuevos modelos, mejorados, se reenviaban para llevar a cabo nuevas pruebas.

Las primeras versiones del condón femenino habían apostado por el diseño a base de anillos. Uno de los primeros prototipos de PATH siguió el mismo camino; una funda de poliuretano entre dos anillos fijos. Pero algunas mujeres advertían de dificultades con la introducción del anillo interno en la vagina –la misma queja interpuesta tanto al FC1 como al FC2—y de molestias una vez dentro. “El aparato es estable pero incómodo”, informó una probadora mexicana. Así que PATH decidió pasar por completo de los anillos, y testaron fugazmente un prototipo que se insertaba mediante un aplicador de tampón, pero que no conseguía desplegar el condón con seguridad.

“Si tienes problemas para ponértelo una vez, es probable que no vuelvas a usarlo nunca”

Dedicaron mucho tiempo a debatir el método de inserción. “Desde el punto de vista del usuario, sabíamos que si tienes problemas para ponértelo una vez, es probable que no vuelvas a usarlo nunca”, dice Kilbourne-Brook. “No sólo queríamos que fuera fácil de usar, sino que lo fuera para alguien que no lo ha usado jamás”.

Según Kilbourne-Brook, el avance definitivo provino de los comentarios de los probadores e investigadores tailandeses, al sugerir: “¿No sería fantástico tener un dispositivo de inserción que ayudará al principio pero luego se quitara de en medio?”.

Para 2003 ya habían dado con la solución: un aplicador soluble. Los ingenieros crearon un condón con aspecto de embudo; una fina película de poliuretano que se iba estrechando para acabar en punta. El receptáculo principal se encontraría en esa punta, comprimido en el interior de una cápsula soluble. Para introducir el condón sólo habría que empujar la cápsula hacia el interior, tal y como se haría con un tampón. Una vez en contacto con la humedad de la vagina la cápsula se disolvería –normalmente en un plazo de 30 a 60 segundos—desplegando la funda del condón por completo.

Los diseñadores añadieron estabilidad al producto colocando cuatro puntos de espuma de poliuretano absorbente en el exterior. Una vez desplegado, esta se adhiere a las paredes vaginales con suavidad y mantiene el condón en su sitio. En el exterior, como en el resto de preservativos femeninos, el segundo anillo protege los genitales externos.

El Woman’s Condom, “sencillamente un diseño genial”, podría ser aprobado en 2014

Entre noviembre de 2003 y enero de 2004 sesenta parejas recibieron muestras del prototipo a probar en sus domicilios. Quedaron impresionadas. Al 88% de las mujeres les resultó fácil de insertar, y el 97% aseguró que la funda era estable durante el coito. La gran mayoría de los hombres y mujeres encuestados dijo encontrarlo cómodo, y el 98% de las mujeres y el 100% de los hombres confirmaron sensaciones satisfactorias durante la relación sexual. Había costado seis años y más de 300 prototipos originales, pero para principios de 2004, PATH había dado con su condón femenino.

El producto final, que PATH bautizó como Woman’s Condom, es “sencillamente un diseño genial”, afirma Kaler, quien no tomó parte en su creación. “A primera vista no es muy grande. Está claro cómo tienes que usarlo, y su diseño formal, con estos parches de espuma, consigue mantenerlo en su sitio”.

Una batería adicional de ensayos clínicos más amplios –llevada a cabo en México, Sudáfrica, Tailandia, China y EEUU— ha corroborado los descubrimientos de PATH en sus pruebas iniciales: los usuarios confirman que el Woman’s Condom es cómodo, estable y fácil de insertar. Diversos estudios informan que el Woman’s Condom gusta más que el FC1 y el FC2 tanto a hombres como a mujeres. La queja más frecuente es que no viene pre-lubricado, como sí hace el FC2. En su lugar, cada condón viene acompañado de un sobre con lubricante que los usuarios pueden aplicar ellos mismos.

En 2011, el Woman’s Condom recibió el visto bueno de la Administración de Productos Alimentarios y Farmacéuticos de Shanghai, y espera actualmente la revisión de la UNFPA; esperan que sea aprobado en 2014. Mientras tanto, pueden encontrarse cantidades limitadas a la venta en China y Sudáfrica.

Los Panty Condom son unas braguitas reutilizables con un condón adherido a la zona vaginal

El Woman’s Condom no es el único nuevo condón femenino. En 2012, la UNFPA preaprobó el Cupid, fabricado por una compañía de preservativos india. El Cupid utiliza una esponja de espuma en forma de anillo que, colocada en el extremo interno de su funda, lo mantiene estable. Al fabricarse con látex natural el Cupid podría ser el condón femenino más asequible, y ya está disponible tanto para el sector público como para el privado.

Hay más condones, todos con pequeños cambios de diseño, esperando la aprobación de la UNFPA. El Phoenurse, por ejemplo, a la venta en China, viene con un palito aplicador opcional. Y luego están los Panty Condom, unas braguitas reutilizables con un condón adherido a la zona vaginal. Antes del coito la mujer puede empujar el condón hacia el interior con su dedo –o directamente un hombre con el pene—sin necesidad siquiera de quitarse la ropa interior.

Y aún hay más modelos en sus primeras fases de desarrollo: Origami Condoms, con base en Los Ángeles, California, ha concebido un condón femenino de silicona que se expande como un acordeón al introducirlo en la vagina. Han completado recientemente un pequeño estudio de aceptabilidad de Fase I –por lo general, los participantes se han decantado a favor del Origami frente al FC2, aunque reconocieron que el FC2 es más estable durante el coito. La empresa tiene pensado realizar un ensayo clínico más amplio este mismo año.

No todos los productos complacen a cada mujer o pareja por igual, pero esa es justo la idea. “En los ensayos realizados hemos descubierto que algunas mujeres dicen: ‘éste me gusta mucho, y este otro nada’”, asegura Mags Beksinska, directora de investigación en la división de salud infantil, materna y adolescente de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica. “Hay detalles distintos que agradan a mujeres distintas en cada diseño individual. Así que estará bien que haya una gran variedad”.

Krissy Ferris, que inicialmente sintió rechazo ante el coste de los condones femeninos, ha terminado por reconocer sus ventajas tras salir con un hombre al que le costaba mantener la erección al usar condones masculinos. “Constituía sin duda una razón de peso contra el condón masculino, pero yo no estaba dispuesta a pasar sin un método anticonceptivo de barrera”, asegura. El condón femenino resultó ser la solución menos “agobiante”.

La Fundación Gates ha otorgado becas de 100.000 dólares para crear una nueva generación de preservativos

Ferris ha tenido ocasión de probar diferentes productos a lo largo de los años: el FC1, el FC2, y el VA w.o.w., que utiliza una esponja interna, como el Cupid, para mantener el condón en su sitio. Ferris prefiere el VA w.o.w porque la esponja hace que se sienta más segura durante el coito. “Si las seguridad es tu principal preocupación, son ese tipo de detalles los que me convencen a mí”, asegura, pero reconoce que el FC1 y el FC2 ofrecen una sensación más “natural” y que eso puede primar más para algunas mujeres.

Hay evidencias que sugieren que cuanto mayor es la oferta de anticonceptivos de barrera, más propensas se muestran las mujeres a mantener relaciones sexuales seguras, reduciendo la probabilidad de embarazo y las enfermedades de transmisión sexual. Ofertar un surtido de condones femeninos más amplio podría aumentar la probabilidad de que se decanten por al menos alguno de ellos.

Mientras esto ocurre, los condones masculinos también tendrán su renovación. En noviembre de 2013, la Fundación Gates otorgó varias becas de 100.000 dólares a diseñadores, ingenieros y científicos con ideas para una “nueva generación de preservativos” —tanto masculinos como femeninos— que ofrezcan mayor sensibilidad y facilidad de uso. Entre las propuestas ganadoras podemos encontrar un condón masculino con aplicador que permite extraer el preservativo de su envoltorio y colocarlo en un solo movimiento, y un condón de talla única que se ajusta durante el coito.

4. Resolución

Naturalmente, actualizar el producto no es más que un primer paso. Mientras que el FC1 adolecía de fallos evidentes, no eran estos los únicos culpables del fracaso del concepto. “Algunas tecnologías requieren un mayor esfuerzo que otras”, dice Laura Frost, socia de Global Health Insights, una empresa de consultoría e investigación. “En comparación con otros productos, donde sólo existe un gran problema, como la asequibilidad o la percepción social, en este caso los obstáculos estaban presentes en cada nivel del proceso”.

Esa es la razón por la que sus defensores, si de verdad quieren asegurar el éxito del condón femenino, deberían invertir en campañas de marketing y educación exhaustivas a todos los niveles, tanto internacionales, como nacionales y locales. “No basta con colocarlo en el estante”, asegura Sussie Hoffman, profesora adjunta de epidemiología en la Columbia University de Nueva York.

Los condones femeninos siguen sin ser tan intuitivos como los masculinos

Los condones femeninos siguen sin ser tan intuitivos como los masculinos y si hay una lección que aprender de pasadas décadas es que las mujeres necesitan con frecuencia una cierta cantidad de práctica para dominar su funcionamiento. Esto implica que tanto médicos como terapeutas tendrán que hacer algo más que informar a las pacientes de su existencia, habría que facilitar la ocasión de practicar su inserción, bien en un modelo pélvico o en ellas mismas.

A su vez, a las mujeres les vendría bien una mano a la hora de abordar el tema con sus parejas, porque aunque los condones hayan sido elogiados por permitir que sean ellas quienes tomen la iniciativa, eso no los hace invisibles, y su uso será evidente para la mayoría de los hombres. “En muchos casos, sería aconsejable que se mencionara el tema antes del coito; lo de estar a punto de probar un producto novedoso”, dice Hoffman. “Lo ideal sería tener algún tipo de conversación al respecto. Las mujeres podrían necesitar ayuda a la hora de plantearse cómo hacerlo”.

Los hombres también son un mercado potencial. “Es probable que al llamarlo ‘condón femenino’ sientan que no tiene nada que ver con ellos”, dice Mags Beksinska. Pero “no hay ninguna razón por la que no pueda ser el hombre quien lo traiga a casa y se lo presente a su compañera”. De hecho, añade, a menudo, cuando se han acostumbrado a ellos, los hombres prefieren el condón femenino por ser menos estrecho que la versión masculina. Algunas personas incluso lo consideran estimulante, ya que el anillo externo puede utilizarse para estimular el clítoris, mientras que el anillo interno de algunos modelos incide en el glande de forma agradable”.

Los hombres también son un mercado potencial para los condones femeninos

El condón femenino puede seguir resultando un artículo de venta difícil, pero la buenas noticia, según los expertos, es que ahora hay muchas más organizaciones dispuestas a ayudar con su relanzamiento. “Estamos viendo una alianza de apoyos mucho más amplia, que es justo lo que hacía falta”, afirma Frost. Algunas de las agencias existentes, principalmente la UNFPA, han dado un paso al frente, mientras que sus valedores han creado todo tipo de grupos de apoyo y reivindicación, como la Coalición Nacional del Condón Femenino de EE.UU. y el Programa Conjunto para el Acceso Universal al Condón Femenino, con base en Holanda.

Los partidarios del condón, a la par, están dando rienda suelta a su creatividad promocional, inaugurando por ejemplo el Día Global del Condón Femenino –el 12 de septiembre de 2012 fue el primero— u organizando festivales de cine o pases de moda con el condón vaginal como motivo. Ciertas organizaciones han transformado barberías y peluquerías de Zimbabue, Malawi, Camerún y más sitios en centros de distribución de preservativos, dando formación a las peluqueras para la promoción y venta del producto a clientes de ambos sexos. Y los bombardeos mediáticos en África, con los condones anunciados en vallas publicitarias, televisión y radio, han propiciado una subida espectacular de la demanda.

“Creo que la gente había dado al condón femenino por perdido” dice Beth Skorochod, una veterana consultora técnica de Population Service International. “Pero ahora la gente empieza a decir: ‘Vale, gracias a la competencia y a los nuevos brotes de interés quizás valga la pena echarle otro vistazo’”.

Es posible que haya nuevas esperanzas incluso para mercados tan inasequibles como el sector privado de los países desarrollados. Tras la aprobación del FC2 por parte de la FDA en 2009, Female Heath Company relanzó el condón femenino en EEUU con campañas y programas a favor del condón vaginal en un puñado de grandes ciudades como Nueva York, San Francisco y Washington, DC.

Algunos grupos norteamericanos locales se dedican a sentar las bases para el futuro. Miembros de la Chicago Female Condom Campaign enseñan muestras de algunos de los productos más recientes, como el Cupid y el Woman’s Condom, en sus actuales sesiones de formación y concienciación. Su meta es familiarizar tanto a profesionales sanitarios como a consumidores con los productos que van apareciendo en el mercado estadounidense, aunque hay un valor añadido: “Lo cierto es que también se consiguen partidarios del condón femenino”, confirma Jessica Terlikowski, coordinadora de Chicago Female Condom Campaign y de la Coalición Nacional por el Condón Femenino. A la vista de los productos en oferta, lo lógico es que una mujer se haga las preguntas: “’¿Cómo puedo conseguirlo?’ ‘¿Por qué esto no está disponible aquí?’ Lo que la gente no puede hacer es preguntar por algo cuya existencia desconoce”.

La lucha contra el VIH requiere una batería de opciones que den cobertura a hombres y a mujeres

Pronto, las mujeres podrían disponer de opciones más allá del condón convencional. Hay científicos diseñando procedimientos realmente imperceptibles para las parejas del usuario: pastillas antiretrovirales y geles vaginales que previenen el VIH. A pesar del enorme entusiasmo que estos medicamentos suscitan, tampoco son fórmulas mágicas, y la comunidad médica tendrá que seguir gestionando asuntos tan peliagudos como el acceso, la formación y la fidelización. En 2013, por ejemplo, unos investigadores anunciaron el fracaso del ensayo clínico de dos pastillas de prevención del VIH y un gel vaginal testados en mujeres de tres países africanos, porque las pacientes no utilizaban los medicamentos con regularidad.

Estos resultados hacen dolorosamente obvio que la lucha global contra el VIH y otras infecciones de transmisión sexual no va a ser cosa de una única tecnología, al margen de lo elegante de su diseño. En su lugar será necesario todo un arsenal completo, una batería de opciones que den cobertura tanto a hombres como a mujeres. El condón femenino puede que no llegue nunca a ser tan asequible o popular como su versión masculina, lo cual no significa que no tenga un papel que desempeñar.

Una de las personas más optimistas acerca del futuro del condón femenino es Lasse Hessel, el médico danés que lo empezó todo. Los paladines del condón han metido la pata algunas veces a lo largo de los años, dice Hessel, pero se siente animado por el creciente interés y por los nuevos productos que van saliendo al mercado. Lo que a él le hubiera gustado es que aún más inventores se hubieran puesto a rediseñar su condón mucho antes, sobre todo por lo abundantes que son las posibilidades de mejora: “¿Cómo se podría empeorar mi versión del condón, tan fea y extraña?”, dice Hessel. “Lo único que puede hacer es mejorar”.

— Emily Anthes,

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