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ENTREVISTA | Susana Martínez-Conde, Directora del Laboratorio de Neurociencia Visual del Barrow Neurological Institute

“Nuestro cerebro no nos permite ver la realidad tal como es”

La vista y la memoria nos engañan, pero, dadas las circunstancias, esa distorsión de la realidad es beneficiosa, según la neurocientífica gallega

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Susana Martínez-Conde durante su conferencia en la Universidad Europea de Madrid /

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Para mucha gente, Juan Tamariz es poco más que un mago de aspecto estrafalario y más o menos gracioso que aparece de vez en cuando en televisión. Las apariencias, ya se sabe, engañan. Tamariz es uno de los ilusionistas más respetados del mundo y un auténtico erudito de la magia; ha hecho carrera con su capacidad para explotar la tendencia de nuestros ojos y nuestro cerebro a distorsionar la realidad y su labor, como la de otros profesionales del engaño piadoso, tiene un gran interés para la neurociencia.

III Susana Martínez-Conde

Susana Martínez-Conde nació en La Coruña. Realizó el doctorado en la Universidad de Santiago de Compostela, seguidos de una estancia postdoctoral en el laboratorio del Premio Nobel David Hubel en la Universidad de Harvard. Actualmente es directora del Laboratorio de Neurociencia Visual del Barrow Neurological Institute (Phoenix, Arizona). Antes, dirigió laboratorios en University College London (Reino Unido).

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Susana Martínez-Conde, directora del Laboratorio de Neurociencia Visual del Instituto Barrow (Phoenix, EEUU), explicaba ayer en una conferencia en la Universidad Europea de Madrid cómo algunos de los magos más célebres del mundo le habían recomendado que si quería aprender de veras sobre la teoría de la magia entrevistase a un tal “Tamaris”. Martínez-Conde había acabado hablando con ellos en su búsqueda de los fundamentos neuronales de la forma en que nuestro cerebro recrea la realidad que percibimos. Recrea, porque lo que creemos que percibimos es solo una aproximación a la realidad. Sus conclusiones quedaron plasmadas en el libro Los engaños de la mente, que firma junto a su marido, el también neurocientífico Stephen Macnick, y resultan inquietantes para quienes necesitan creer, al menos, lo que ven con sus propios ojos.

¿A qué se refiere cuando dice que la mente nos engaña?

El engaño se refiere a que no vemos, o no percibimos, porque esto no solo sucede con la vista, la realidad tal como es. El cerebro nos está dando una imagen que, si hablamos del sentido de la vista, no es una imagen fidedigna y a veces es claramente distinta de la realidad.

¿Hay alguna posibilidad de evitar ese engaño?

No es posible tener una representación fidedigna de la realidad con los recursos neurales que tenemos. El cerebro tiene un tamaño que es bastante reducido, y se ve forzado a tener, en el caso del sistema visual, solo el millón de fibras, que son los axones, que componen el nervio óptico. Eso sería el equivalente a un millón de pixels. Esto, que sería muy poco en una cámara, le llega en general al cerebro porque toma muestras de la parte que puede tener mayor información y después rellena los huecos. Pero a veces se rellena de una manera que es incorrecta.

Por mucho que entrenes, no vas a superarlo porque tienes una limitación física del cerebro. Se puede maximizar lo que tienes, pero más allá no vas a poder ir. Quizá en el futuro, en un escenario de ciencia ficción, si tienes una prótesis neural que sea capaz de aumentarte estas capacidades, podría ser una vía, pero basándonos en nuestra biología, no.

“No es posible tener una representación fidedigna de la realidad con los recursos neurales que tenemos”

En caso de que fuese posible hacerlo, ¿sería deseable?

Tampoco sería interesante, porque el hecho de estar seleccionando la información que vamos a procesar nos libera de procesar información que no necesitamos y que puede interferir con el resto. Lo que hace el cerebro con el rellenado de huecos es una estrategia mucho más eficaz en términos de recursos neurales y de velocidad de procesamiento que procesar toda la información.

¿Desde el punto de vista evolutivo, nos pudo dar alguna ventaja para la supervivencia que el cerebro nos engañe?

El que el cerebro nos engañe es un efecto secundario de los mecanismos que necesita implementar con sus limitaciones para que nosotros podamos sobrevivir en el mundo y transmitir la herencia genética a la siguiente generación. El hecho del engaño no es una ventaja evolutiva, pero los mecanismos que el cerebro ha implementado para acelerar la velocidad y la capacidad de procesamiento con estos recursos limitados dan lugar al engaño. Pero en la mayor parte de los casos este engaño es inocuo porque el cerebro, aunque no percibe la realidad tal como es, sí realiza una simulación bastante aproximada.

¿Tienen alguna relación estas ilusiones visuales con otras recreaciones de la realidad que hace nuestro cerebro como los falsos recuerdos?

En la memoria también existe una discrepancia. No nos debemos fiar de nuestras memorias. De hecho, se han hecho una serie de trabajos que demuestran que la memoria se puede alterar. Incluso la manera de hacer una pregunta puede variar la memoria de una persona. Esto es algo que también utilizan los magos. Por ejemplo, Elizabeth Loftus, en uno de sus trabajos clásicos, que también mencionamos en el libro, hace que una serie de observadores vean un vídeo de un coche que choca con otro. Después de verlo, a parte de estas personas se les pregunta qué velocidad creían que llevaba el coche rojo cuando chocó contra el coche azul, y a otras se les pregunta cuál era la velocidad del coche rojo cuando se estrelló contra el azul. En el segundo caso dicen que la velocidad es mucho mayor.

Las memorias no son fidedignas y desde la neurociencia se está argumentando que debería dejarse de utilizar el testimonio de testigos, porque prácticamente no tienen valor; no representan la realidad tal como ocurrió. Y sucede lo mismo con la memoria autobiográfica, con cosas que nos pasaron a nosotros. Por la neurociencia hoy sabemos que lo que estamos haciendo al acceder a estas memorias que están almacenadas a largo plazo, es accederlas, recordarlas y volverlas a almacenar, y que este acto de retirarlas del almacenamiento y volverlas a almacenar las cambia. Cada vez que accedemos a una memoria la estamos cambiando, a veces de manera ínfima, pero a veces de manera muy sustancial.

¿Las implicaciones de la manipulación de nuestras percepciones en la magia, funcionan igual en la política o la publicidad?

No lo hemos trabajado, pero son técnicas que no solo los magos utilizan. Las utilizamos nosotros unos con otros constantemente. Los magos no es que tengan acceso a unos circuitos del cerebro que nadie utiliza, los explotan y los han refinado de una manera que es espectacular, pero también se hace en otros campos como la publicidad, el márketing, la política… De hecho, en el primer artículo que publicamos sobre la magia para Scientific American, llegó una carta de un lector diciendo que le había gustado mucho el artículo, pero que tenía un fallo, y es que cada vez que poníamos magos, teníamos que poner políticos.

“Desde la neurociencia se está argumentando que debería dejarse de utilizar el testimonio de testigos, porque prácticamente no tienen valor”

Si tanto la vista como los recuerdos nos engañan, ¿no dificulta esto los acuerdos entre distintas personas sobre la realidad?

El hecho de que el cerebro nos engañe no quiere decir que nos engañe a cada uno de una manera diferente. Existen diferencias individuales, pero la circuitería básica es común a todos. Todos somos engañados, pero todos experimentamos un engaño similar. El acuerdo es posible; es un acuerdo erróneo, pero es posible.

¿Qué aplicaciones a este tipo de estudios?

Estamos colaborando con el Instituto Kingston de Resucitación de Canadá, con médicos que se están formando en técnicas de resucitación para acelerar su entrenamiento y que sean capaces de sobreponerse un poco a este efecto túnel cuando se enfrentan con una situación de resucitación de emergencia. Los novatos tienden a centrarse en la cara del paciente e ignorar otros recursos o instrumentos, mientras que los médicos que tienen más experiencia pueden relajar más el foco de atención. Creemos que podemos llegar a implementar un método de formación que acelere esta transición de principiante a experto basándose en la neurociencia de la atención.

Otra posibilidad es la utilización de los análisis de movimientos oculares como herramienta de apoyo diagnóstico a la enfermedad de Alzheimer y del deterioro cognitivo leve. A nivel cerebral existe un gran solapamiento de los sistemas neurales que controlan la posición de los movimientos de los ojos y los sistemas que controlan la concentración del foco de atención. Es básicamente el mismo sistema neural. En patologías como el alzhéimer, en las que existe un deterioro de la atención, hemos visto que los movimientos oculares están afectados de una manera característica. Y no solo en pacientes de alzhéimer sino también en otros con deterioro cognitivo leve, que no tienen alzhéimer todavía, pero que están en una situación de riesgo de desarrollarlo. Tenemos la esperanza de que esto pueda ayudar como marcador de diagnóstico temprano.

Lleva más de 15 años trabajando fuera de España. ¿Cómo ve desde esa posición la situación de la ciencia aquí? ¿Los problemas son solo de financiación o también de cultura a la hora de trabajar?

Yo no creo que la diferencia cultural sea tan importante. Llevo fuera de España 17 años y cuando me fui la situación en investigación estaba un poco complicada. De hecho, cuando yo llevaba cuatro o cinco años en EEUU, tuve la oportunidad de volver y me dio miedo. Al final pensé que la incertidumbre para volver en esas condiciones era demasiada y acabé aceptando una oferta en Londres, en University College London, que fue donde tuve mi primer laboratorio.

“España va a perder una generación de investigadores”

Pero luego, a los pocos años de irme a Londres y después de unos años en Arizona, la situación se había puesto bastante bien, más competitiva, y en ese momento me estaba planteando si algún día no estaría bien volver. Veía que había una inversión grande a nivel del Gobierno, formándose centros, atrayendo a investigadores. Incluso lo notaba en la gente. En mi laboratorio siempre suele haber algunos españoles. Ahora mismo, entre mi laboratorio y el de Steve, mi marido y principal colaborador, tenemos cuatro españoles. Y lo notas en la cantidad de gente que se pone en contacto conmigo para venirse a mi laboratorio desde España. Cuando las cosas van mal, hay muchos que quieren venirse, cuando van bien, hay menos. Y en esos momentos había menos.

La verdad es que se avanzó mucho, pero con la crisis y los recortes los avances que se hicieron en ese momento se perderán y no se recuperarán en décadas. Y no solo eso. España va a perder una generación de investigadores y eso no solo en la gente que está en investigación hoy, que es gente que no se va a dedicar a la investigación porque ven que no hay futuro. Yo esto lo he visto incluso donde hice el bachillerato, en Coruña. Me pidieron que diese una conferencia, y lo que vi hablando con los alumnos es que con 15 o 16 años ya están desilusionados. Yo con esa edad no pensaba en cómo estaría el mercado laboral o si voy a poder sacar adelante una familia… Son prácticamente niños y ya están desilusionados con su futuro, y para ser investigador tienes que tener ilusión.

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COMENTARIOS

  • Skeptic

    ¿La habían recomendado? Todavía me duelen los riñones de ese laismo.

    • http://esmateria.com/ Materia

      Gracias por avisar.

  • Juan R

    Qué manía de algunos científicos y periodistas en mantener la palabra “engaño” cuando hablan del cerebro. El cerebro recibe información, la procesa, selecciona e interpreta en función de la experiencia previa y los datos actuales que tenga. ¿dónde está el engaño?. Si el cerebro nos engaña,¿ vivimos engañados?
    La realidad de cada persona es cómo se interpreta el entorno por su encéfalo no el entorno. El encéfalo no engaña, realiza su función fisiológica para la que está adaptada nuestra especie y gracias a ello estamos en el nivel cultural, tecnológico que estamos y no así otras especies.
    Creo que el engaño viene del vecino, del político, del mago, es decir el cerebro que nos engaña es otro cerebro. Pero un cerebro no se autoengaña.
    Sin embargo, qué difícil será eliminar esta idea de “el cerebro nos engaña” cuando es tan rentable para neurocientíficos que escriben libros y periodistas.
    saludos.

  • Juan R

    Hay otro detalle interesante en la entrevista. Habla de que los recuerdos son dudosos para fiarse de ellos o la memoria no es fidedigna. Así que cuando cuenta cómo decidió volver o no volver a España (dice que tuvo miedo por la incertidumbre), es posible que eso sea una construcción de su memoria. Quizás, tuvo la oportunidad de reincorporarse al grupo en el que hizo la tesis (como sucede con muchos investigadores españoles, cosa muy normal), pero eso supondría estar bajo la dirección o el criterio de otro investigador o en colaboración con otros investigadores del grupo. O bien no se planteó reincorporarse de forma más independiente por contratos Cajal, Servet o presentarse a una plaza CSIC (todas estas opciones muy dignas y con posibilidad de futuro, igual de duro para todos) porque no respondía ninguna opción a sus expectativas de investigación independiente. Pero, hay que tener en cuenta que en el laboratorio donde ella hizo la tesis la hicieron otros buenos neurocientíficos españoles (todos muy conocidos por aquí en materia), la mayoría volvieron en esos años a los que hace referencia, unos a la universidad, otros al CSIC; todos con sus grupos de investigación y con sus líneas de trabajo productivas. Entonces, no era tan difícil, era una cuestión de arriesgar, de la misma forma que ella arriesgó, con muy buen criterio y éxito sin dudas, al irse a UCL o a Phoenix.
    Quizás su memoria de ese tiempo está algo modificada por su experiencia posterior y como toda memoria (como ella explica) ha sido modificada cada vez que ha accedido a ella para explicar esta cuestión, que seguro no es la primera vez que le preguntan sobre ello.
    Y es que el investigador que nos explica cómo funciona el cerebro, está igualmente afectado por los “errores” y “ventajas” que nos explica sobre nuestro cerebro.
    Saludos.

  • Pacracio

    Qué chungos los positivistas, ¿no?

    Sospecho que cuando entiendan las diferencias sustanciales que hay entre cerebro y mente, y dejen de colapsar ambos términos, se sentirán mejor, también con ellos mismos.

  • Yo, o eso creo

    “Nuestro cerebro no nos permite ver la realidad tal como es” : ¿Qué realidad?

  • Ynma Nieto

    ¿Y que pasa con el cerebro de los neurocientíficos? ja ja… seguimos a vueltas con “el genio maligno”

  • Antonio

    Es cierto que la vista nos engaña, pues sólo analizamos parte de la información visual necesaria para la supervivencia de la especie. ¿Qué es lo que hace que todos consideremos verde el mismo color? Pues que nos hemos puesto de acuerdo en que la misma frecuencia (los colores no son otra cosa que distintas frecuencias de luz) le llamamos verde, o rojo o naranja. Los daltónicos son incapaces de diferenciar algunas frecuencias, por ejemplo la frecuencia del rojo y el verde. Lo perciben como una escala de grises, por eso los confunden aunque con entreno los pueden diferenciar.

    El tema de la memoria. La memoria del ser humano no es como un disco duro USB en el que guardas una foto y 20 años después pinchas el disco y ahí está la misma foto. Los recuerdos en el cerebro humano almacenan codificados. En esa codificación van unidas emociones. Los recuerdos que se codifican con emociones fuertes suelen ser más persistentes en el tiempo. Cuando estamos de buen humor, tenemos más facilidad para evocar recuerdos positivos de nuestra memoria mientras que si estamos de mal humor lo más normal es que vengan a nuestra cabeza pensamientos negativos sin control. ¿Se podría hacer al revés?

    Los datos se almacenan de una forma dinàmica, es decir, que se pueden cambiar aspectos de nuestros recuerdos sin ser conscientes de ello. Sin ir más lejos, yo estoy convencido que el día que conocí a mi mujer, ella llevaba el pelo suelto, pero ella está convencida de que llevaba coleta. Uno de los dos hemos sufrido una modificación inconsciente de nuestro recuerdo. (aunque seguro que ha sido ella ;-)

  • Irina

    Artículo interesante, pero siento mucho que esté tan mal escrito, si me permite, da la sensación de que está traducido del inglés y que ud. se pegó demasiado al texto, dando lugar a construcciones sintácticas muy raras y a algunos vocablos que uno no sabe de dónde salen. En todo caso, no querría quitarle el mérito de habernos transmitido este documento.
    Atentamente