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Los siete macroproyectos que amenazan el corazón del Amazonas

por Por Carlos Juliano Barros para Agencia Publica

Hidroeléctricas, agronegocio y minería: grandes obras se ciernen sobre la región que alberga uno de los más bellos ríos del Amazonas. Los proyectos afectan a más de dos millones de personas de 32 poblaciones, y a una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta

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Niños munduruku de la aldea Sawré Muybuy, afectada por la construcción de una presa. Ampliar

Niños munduruku de la aldea Sawré Muybuy, afectada por la construcción de una presa. / Fernanda Ligabue - Agência Pública

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Este reportaje fue publicado originalmente en Agencia Pública y se republica en español gracias a un acuerdo con ‘Materia’

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Quien sube a un barco y navega los 851 kilómetros de aguas verdosas del Tapajós, que atraviesa de arriba a abajo el oeste del Estado de Pará (Brasil), no es raro que se encuentre con marsopas y aves buceando, además de un paisaje natural que quita el aliento, cubierto por un mosaico compuesto por reservas forestales y tierras indígenas. Sin embargo, un amplio abanico de obras – que van desde hidroeléctricas, carreteras, hidrovías o puertos fluviales hasta proyectos de minería – puede rediseñar en un corto espacio de tiempo los rasgos de uno de los más bellos ríos del Amazonas.

Incluso para los ricos parámetros de la región, el valle del río Tapajós es un área de extrema diversidad biológica. De las 1.837 de especies de aves encontradas en Brasil, 613 vienen del Tapajós. Una de ellas, un pájaro llamado ermitaño del Tapajós (Phaethornis aethopyga), fue catalogada sólo en 2009. Muchos de los pájaros presentan baja densidad poblacional, lo que los hace vulnerables a los cambios ambientales. La presencia del río es una de las razones para tamaña diversidad. El río actúa, según los biólogos, como una barrera contra la dispersión. Eso explica también la riqueza de mamíferos: 161 especies se pueden encontrar en la región. El total en Europa es de 222.

“El Tapajós, aquí en el oeste del Pará, es un verdadero El Dorado”, define el padre Edilberto Sena, representante del Movimiento Tapajós Vivo, que reúne una serie de organizaciones de defensa del medio ambiente y de derechos humanos. “Tenemos mucha agua, madera y diversos tipo de minerales. Toda esa riqueza ha atraído la atención de muchas empresas. Pero es el propio Gobierno federal quien protagoniza la devastación”.

“Toda la riqueza ha atraído la atención de muchas empresas. Pero es el propio Gobierno federal quien protagoniza la devastación”

Sin ninguna duda, el proyecto con potencial de provocar los mayores impactos sociales y ambientales es el llamado Complejo Hidroeléctrico de Tapajós, un conjunto de siete presas que pueden generar hasta 14.000 megavatios, la misma capacidad de la faraónica presa binacional de Itaipu, erguida durante la dictadura militar en la frontera de Brasil con Paraguay. Los estudios de viabilidad conducidos por la estatal Eletrobras para otorgar las licencias de dos de ellas – Jatobá y Sao Luiz do Tapajós – ya están en marcha. Por ahora, el costo para erguir las dos represas está estimado en 23.000 millones de reales (unos 7.000 millones de euros). Y el gobierno federal no esconde su apuro: en 2014, espera licitar por lo menos la construcción de San Luiz del Tapajós y prevé que las dos usinas estén en funcionamiento hasta 2019.

Al menos 2,3 millones de personas de 32 comunidades ribereñas se verán directamente afectadas si los siete emprendimientos son llevados a cabo. Otras 16 aldeas indígenas de la etnia Munduruku también tendrán parte de sus territorios inundados por los reservatorios que serán formados por las represas. Los datos son de la Eletronorte, subsidiaria de la Eletrobras. Los estudios para la construcción de las fábricas han sido realizados sin consultar a las poblaciones afectadas, lo que provocó una disputa judicial que parece no tener fecha para terminar.

La energía de esas nuevas hidroeléctricas tiene por lo menos un objetivo claro: grandes proyectos de explotación de minerales en el Pará, como oro y bauxita, la materia prima del aluminio. La compañía estadounidense Alcoa, por ejemplo, inició hace tres años la operación de un yacimiento de bauxita en el municipio de Juruti, en el extremo oeste del Pará, y ya tiene planes de construir una planta de aprovechamiento que va a necesitar de bastante electricidad. Votorantim está levantando una industria del mismo tipo en el municipio de Rondon de Pará. La noruega Hydro también extrae bauxita al este del estado.

“Piensan que van a intimidarnos, pero nunca van a conseguirlo. Estamos luchando por nuestro pueblo, por nuestros niños, por nuestra naturaleza”

Además de ser considerada la última gran frontera energética y mineral del Amazonas, la región bañada por el río Tapajós tiene otro considerable atractivo económico: es un corredor estratégico para la salida de la producción de soja en el Mato Grosso, el principal productor de granos del país.

En la aldea Boca das Tropas, localizada a 40 minutos de barco de la ciudad paranaense de Jacareacanga, Rosenilda, una líder munduruku, está preocupada por el futuro. “Cada día más policías llegan, más gente armada. Piensan que van a intimidarnos, pero nunca van a conseguirlo. Estamos luchando por nuestro pueblo, por nuestros niños, por nuestra naturaleza. Necesitamos salvar todo esto”, afirma. Cerca de ahí, en la aldea Restinga, el líder Lamberto Painha también teme por lo que está por venir. “Estamos sufriendo desde hace más de 500 años”, dice. “El gobierno quiere acabar con todos nosotros. Una gran destrucción ocurrirá. Van a acabar con todo. Aquella isla se va para el fondo del río. Monos, pájaros y nosotros, indios, vamos a perder nuestras casas. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a sobrevivir en ciudades? En las ciudades las personas no comparten nada. Sólo si uno tiene dinero. ¿Cómo vamos a conseguir banana, papas, ananá, caña? Vamos a morir de hambre”.

Munduruku, cazadores de cabezas

Los munduruku, pueblo que domina la cuenca del Tapajós, fueron conocidos, durante el periodo colonial, como cazadores de cabezas. Algunos pueblos precolombinos dominaban complejas técnicas para confeccionar miniaturas del cráneo y del rostro de los adversarios muertos en combate, y los munduruku figuran en ese selecto grupo de artesanos que hacían de las cabezas reducidas de sus enemigos una especie de trofeo de batalla.

A diferencia de lo que ocurre en el tramo paranaense de la cuenca del río Xingu, habitada por diversos pueblos indígenas directamente afectados por la construcción de la usina de Belo Monte, en el Tapajós, las hidroeléctricas previstas deben inundar sólo territorios de los munduruku. Sin embargo, algunas de las áreas donde actualmente viven esos indígenas aún no están demarcadas por el gobierno federal.

La hidroléctrica de São Luiz do Tapajós afectaría a un área equivalente a 60.000 campos de fútbol

Es el caso de la aldea Sawré Muyubu. Para llegar hasta ella, es necesario salir del centro de la ciudad de Itaituba y atravesar en automóvil, durante dos horas, el Parque Nacional del Amazonas. Después, el viaje sigue una hora más en lancha. Los indígenas de la Sawré Muybu están acorralados. De un lado, la amenaza viene del Chapéu do Sol, uno de los mayores yacimientos de oro y diamantes de la región, que vierte una cantidad significativa de mercurio en las aguas del río. Del otro lado, la preocupación es con el lago de 722 kilómetros cuadrados – área correspondiente a casi 60.000 campos de fútbol – que será formado con la construcción de la hidroeléctrica de São Luiz do Tapajós. “Si la usina se construye, nuestra tierra no va a ser totalmente inundada, pero nos vamos a quedar aislados, sin la caza y sin la pesca”, afirma Juárez, cacique de la aldea.

Al largo de 2012, técnicos de las empresas que hacen los estudios de viabilidad de la hidroeléctrica entraron en diversas ocasiones, y sin cualquier tipo de comunicación previa, en el área de la aldea, abriendo senderos y señalizando puntos en la selva. La postura invasiva y la falta de diálogo rebelaron a los munduruku. “No vamos a permitir que nadie más entre en nuestra casa”, avisa Juárez. La tensión es tanta que, en una reunión realizada en octubre de 2012, una representante de la Fundación Nacional del Indio (Funai) de Brasilia amenazó convocar a la Fuerza Nacional para escoltar a los técnicos, si los munduruku no se lo permiten.

Los indígenas reclaman, sobre todo, más agilidad en la demarcación de la Sawré Muybu. En 2007, la Funai creó un grupo de trabajo para identificar y delimitar el área que podrá ser transformada en tierra indígena. Pero los trabajos, que estaban paralizados hace años, sólo fueron retomados en noviembre de 2012, en virtud de la prisa del gobierno en resolver el estancamiento e intentar concluir lo más rápido posible las licencias de la usina de São Luiz do Tapajós.

Balsa de residuos de bauxita de la mina de Alcoa en Juriti (Pará).Ampliar

Balsa de residuos de bauxita de la mina de Alcoa en Juriti (Pará). / Fernanda Ligabue - Agência Pública

Las obras de las hidroeléctricas se mueven en un escenario tan sensible que, a petición del Ministerio Público Federal (MPF), la Justicia Federal suspendió, en primera instancia, el proceso de licencias de la usina de São Luiz do Tapajós, en noviembre del 2012. La decisión considera que las comunidades munduruku que tendrán sus territorios directamente afectados necesitan ser debidamente consultadas e informadas sobre el proyecto, como reza la Constitución de 1988 y la Convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ratificada por Brasil en 2003. La sentencia también ordenó que fuera realizada una evaluación integral de los impactos ambientales provocados por las siete presas previstas para la cuenca hidrográfica del Tapajós. Pero la medida no frenó al gobierno federal, que buscó apoyo de otras instancias de la Justicia para proseguir los estudios ambientales en el área. Nuevas decisiones provisorias de la Justicia Federal, en Santarém, del Tribunal Regional Federal de la 1ª Región y del Superior Tribunal de Justicia (STJ), en Brasilia, permitieron que los investigadores continuaran trabajando el terreno hasta que la cuestión fuera juzgada definitivamente. El MPF apelo y la pelea está lejos de finalizar.

“Al construir un complejo con varias usinas, se crean diversas barreras para la circulación de animales. Y no se está haciendo eso en cualquier lugar, sino en centros calientes de biodiversidad”, explica el geólogo Juan Doblas, de la ONG Instituto Socio ambiental (ISA). “El tema es muy serio. Sin embargo, son difíciles de cuantificar los impactos ambientales. Y existe de hecho una biodiversidad muy grande en esa región, pero aún es desconocida porque no fue debidamente estudiada.”

 Garimpos y la fiebre del oro

Cuando la fiebre del oro de Serra Pelada, localizado en el sudeste del Pará, comenzó a declinar, a principios de los 80, los aventureros dispuestos a enfrentar el barro y la malaria apostaron que el nuevo El Dorado se encontraba en el Tapajós. Y tenían razón. Después de tres décadas, se calcula que existen hoy nada menos que 2.000 puntos de extracción alrededor del río. Llegar hasta las llamadas “currutelas”, pueblos que funcionan como una especie de base central para los casi 50.000 hombres decididos a desafiar la selva, sólo es posible alquilando un pequeño avión o viajando días arriba de una lancha, a partir de Itaituba.

“Cerca de 98% de los garimpos (minas de oro) de la región son irregulares”, asegura Oldair Lamarque, ingeniero encargado la oficina del Departamento Nacional de Producción Mineral (DNPM) en Itaituba. No es muy difícil entender por qué la mayoría está en la clandestinidad. Para obtener la licencia ambiental de una pequeña labra, del tamaño de hasta 50 campos de fútbol, es preciso viajar hasta la capital, Belén, además de pagar cerca de 16.000 reales (unos 5.000 euros) en impuestos.

Los rápidos del río Tapajós, en el Parque Nacional del Amazonas, que se inundarán con la construcción de la central hidroeléctrica de São Luiz do TapajósAmpliar

Los rápidos del río Tapajós, en el Parque Nacional del Amazonas, que se inundarán con la construcción de la central hidroeléctrica de São Luiz do Tapajós / Fernanda Ligabue - Agência Pública

Sin cualquier tipo de fiscalización, los garimpos son uno de los principales vectores de degradación ambiental en la cuenca del Tapajós. Y los problemas no se limitan a la contaminación del agua . Nuevas técnicas han aumentado la productividad y potenciado los impactos sobre el medio ambiente. La utilización de retroexcavadoras llamadas de PCs, usadas para remover el suelo en busca del oro, es una de ellas. El trabajo que antes demoraba casi un mes para ser hecho hoy es realizado en sólo diez días. “Para desarticular garimpos grandes, como los que existen en Itaituba, es preciso armar prácticamente una operación de guerra”, afirma Nilton Rascon, analista ambiental del ICMBio.

Los indígenas intentan dialogar con representantes del poder público desde 2005, con el fin de crear proyectos de piscicultura, producción de miel y artesanía de forma a reducir la dependencia del garimpo. Pero, por el momento, nada se ha concretado.

¿Por qué no hay mineras?

Si el Tapajós es una de las mayores provincias minerales del mundo, ¿por qué aún no hay empresas mineras en la región? La respuesta se divide, básicamente, en dos. La primera es geológica. “Aquí no existen depósitos minerales grandes, como ocurre en Goiás o en Minas Gerais. Los depósitos son pequeños y esparcidos. Eso favorece la minería manual, y no a las grandes empresas mineras”, explica Lamarque, del DNPM. La segunda explicación es del orden estrictamente económica. “La falta de carreteras y de fuentes de energía no hace viables grandes proyectos de minería de oro”, completa.

La construcción de las hidroeléctricas y el asfaltado de la ruta BR-163 ya están despertando la codicia de las mineras. Por el momento, el oro del Tapajós aún no entró en la mira de las compañías consideradas majors, las mayores del mundo. Pero por lo menos cinco empresas identificadas como juniors ya están en etapas de investigación. El más adelantado de ellos es el Proyecto Tocantinzinho, en el municipio de Itaituba, que debe concretarse en el corto plazo. El emprendimiento es de una subsidiaria de Eldorado Gold, del Canadá.

Sin ningún tipo de autorización, la Anglo American ya usa máquinas para explorar el área

Y no es sólo el oro lo que llama atención de las mineras, en el Tapajós. La gigante Anglo American, una de las mayores del mundo en el sector, está estudiando el potencial de un deposito de cobre en la Floresta Nacional (Flona) del Jamanxim, la segunda mayor del país, con una área de 1,3 millón de hectáreas, casi diez veces superior a la ciudad de São Paulo. Sin ningún tipo de autorización, la Anglo American ya viene utilizando máquinas para explorar el área, desde julio de 2012, al menos.

Preguntada por Agencia Pública, la asesoría de prensa de la Anglo American niega que esté haciendo trabajos de exploración. “El equipo de campo promovió en el periodo únicamente contactos con propietarios, visando los fututos acuerdos, conforme esta previsto en el Código de Minería”, asegur la nota.

Los “propietarios” citados en la nota de la Anglo American son personas que reivindican la propiedad de tierras dentro de la Flona del Jamanxim. Cuando fue creada, en 2006, la unidad de conservación que lleva el nombre del río afluente del Tapajós ya estaba ocupada por diversas haciendas. La pecuaria, la minería y la extracción ilegal de madera hacen de esa la reserva la que más perdió flora autóctona en todo país, a lo largo del 2012. Curiosamente, la devastación crece a la misma velocidad que la intención del gobierno de reducir el área de la Flona del Jamanxim. Actualmente, un grupo de trabajo del ICMBio de Brasilia analiza la posibilidad de extirpar, como mínimo, 200 mil hectáreas del área actualmente protegida.

Según datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), que vigila la deforestación por satélite, la masa forestal perdió, en 2012, 30,7 kilómetros cuadrados. En 2011, ese número era considerablemente más pequeño: 12,9 kilómetros cuadrados. “El área donde la Anglo American está haciendo las investigaciones es una de las más preservadas de la Flora”, analiza Marques. No hay como negar que el Tapajós es la niña bonita en la expansión de la frontera amazónica, proceso que, históricamente, dejó heridas no cicatrizadas debido a la lógica depredatoria con que se instaló en otras partes de la floresta.



Una burbuja inmobiliaria en la selva

La construcción de las usinas también va a impactar considerablemente la zona urbana de Itaituba. Según la Eletrobras, sólo las obras de Jatobá y Son Luiz del Tapajós deben atraer por lo menos 50.000 personas en busca de trabajo. “Itaituba no está preparada para atender ni a las 100.000 personas que ya viven aquí”, admite la alcaldesa, Eliene Nunes.

Aun con fallos constantes en el suministro de electricidad y con la inexistencia de una red de saneamiento básico, el precio de los inmuebles aumentó. Una burbuja inmobiliaria ya da señales de vida aún antes de que las obras de las usinas sean iniciadas. En los últimos años, por lo menos cuatro nuevas agencias inmobiliarias surgieron en la ciudad. En ese periodo, el alquiler de un inmueble próximo a la orilla del Tapajós aumento más del doble. Empresas como la Sotreq, revendedora de tractores y máquinas pesadas de la multinacional norteamericana Caterpillar, también buscaban terrenos próximos a la carretera Transamazónica, que cruza Itaituba.

La alcaldesa Eliene también se queja de la escasez de informaciones más precisas sobre los emprendimientos y de la falta de diálogo con Eletrobras y con el gobierno federal. “Nosotros sabemos lo que todo el mundo sabe, lo que se publica en la prensa”, afirma. Cuando es consultada sobre el futuro de Itaituba, Eliene ríe, desconcertada: sabe que tiene en manos una verdadera bomba de tiempo que manejar.



— Por Carlos Juliano Barros para Agencia Publica,

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