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CIENCIA DE LA SEMANA 10 - 16 de marzo

Un esqueleto de tres millones de años se postula como posible ancestro humano

Los expertos en evolución humana miran a Sudáfrica en una semana también marcada por el anuncio de que el CSIC ha elaborado un pan con trigo transgénico apto para celíacos, mientras Francia prohíbe el cultivo de maíz modificado genéticamente

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La cuna de la humanidad podría estar en Sudáfrica. El famoso esqueleto fósil conocido como Little Foot, extraordinariamente bien conservado y perteneciente a un ejemplar de Australopithecus, tiene al menos tres millones de años, más de 500.000 años más de lo que se pensaba, según sugiere un nuevo estudio geológico de Sterkfontein, el sistema de cuevas sudafricanas donde se halló en la década de 1990. El cambio de edad, en discusión dentro de la comunidad científica, sería trascendental, ya que entonces “Little Foot podría ser un ancestro humano”, como ha titulado la revista Science. Los primeros miembros del género Homo tienen unos 2,5 millones de años. “Si se confirman los datos, significaría que Little Foot es suficientemente viejo como para para ser un ancestro directo de los humanos de hoy en día y podría poner a Sudáfrica en la vanguardia de la evolución humana”, escribe Science.

Cráneo de ‘Little Foot’ en las cuevas de Sterkfontein (Sudáfrica)Ampliar

Cráneo de 'Little Foot' en las cuevas de Sterkfontein (Sudáfrica) / Ron Clarke/Science

En una conferencia de prensa en París celebrada el viernes, el geólogo Laurent Bruxelles, coautor del estudio, afirmó que Little Foot había sido descartado debido a su joven edad por muchos investigadores como candidato a ancestro del género Homo. La investigación en busca del origen humano se desplazó al oriente de África, sobre todo a Kenia y a Etiopía, cuna de Lucy, el esqueleto fosilizado de una hembra de Australopithecus afarensis que vivió hace 3,2 millones de años. Sin embargo, a juicio de Bruxelles, de la Universidad de Toulouse (Francia), los nuevos datos colocan a Sudáfrica como posible cuna de la humanidad.

El envejecimiento de Little Foot ha sido una de las noticias científicas de la semana, también marcada por avances biotecnológicos. El CSIC anunció el jueves que uno de sus grupos de investigación ha desarrollado un pan de trigo transgénico potencialmente apto para la mayoría de los celíacos, como ya adelantó Materia hace casi un año. El pan se elabora con harinas de trigo modificado para presentar menos gliadinas, las proteínas del gluten responsables de la celiaquía. “Aunque la modificación de estas variedades de trigo supone una reducción de sus proteínas, sus propiedades nutritivas son similares a las del trigo común. Las versiones transgénicas compensan el déficit de gliadinas aumentando su contenido en otras proteínas presentes en el grano, no relacionadas con la celiaquía, y ricas en lisina, un aminoácido esencial para los humanos y que ha de incluirse en la dieta ya que el organismo no lo genera de forma natural”, ha explicado en un comunicado el investigador Francisco Barro, del Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC.

El maíz transgénico, prohibido en Francia

Mientras, al otro lado de los Pirineos, el Gobierno francés prohibió el sábado por decreto “la comercialización, la utilización y el cultivo” del maíz MON810 de la multinacional estadounidense Monsanto. Es el único transgénico aprobado para cultivo en la UE y en España se planta en unas 137.000 hectáreas por su resistencia a la plaga de un insecto conocido como taladro. El Ministerio de Agricultura francés ha invocado el “principio de precaución” para prohibir su cultivo con “urgencia”.

“Según datos científicos fiables y muy recientes investigaciones internacionales, el cultivo de semillas de maíz MON 810 (…) presentaría graves riesgos para el medio ambiente así como un riesgo de propagación de organismos dañinos convertidos en resistentes”, indica el decreto, según refleja la agencia France-Presse.

Esta semana también ha servido para constatar que los activistas radicales de los derechos de los animales han cambiado de táctica en los últimos años, centrando sus ataques en científicos concretos, en lugar de apuntar a sus centros de investigación, según el informe La amenaza del extremismo para la investigación médica de la Federación de Sociedades de Biología Experimental de EEUU. El estudio analiza 220 incidentes ocurridos entre 1990 y 2012 en el país. Entre 1990 y 1999, las universidades sufrieron el 61% de los ataques, frente al 9% dirigido a investigadores. Entre 2000 y 2012, sin embargo, sólo el 13% de los incidentes implicó a universidades. El 46% de los ataques fue directamente contra los científicos. En 2009, por ejemplo, un grupo de radicales quemó el coche de un neurocientífico de la Universidad de California en Los Ángeles que trabajaba con monos y ratas.

Recreación del tiranosaurio pigmeo ‘Nanuqsaurus hoglundi’Ampliar

Recreación del tiranosaurio pigmeo 'Nanuqsaurus hoglundi' / Karen Carr

La investigación con animales sigue siendo esencial, como han demostrado esta semana científicos de España, EEUU y Canadá, que han descubierto una especie de gen de la obesidad, el IRX3. “Nuestro estudio sugiere que podemos ser más resistentes a los efectos de la comida basura si tenemos menos actividad de IRX3”, ha explicado a Materia Chi-Chung Hui, investigador del Hospital para Niños Enfermos de Toronto y coautor del trabajo. Desactivar el gen en ratones hace que sigan delgados y sanos pese a alimentarse con una dieta rica en grasas.

En Alaska, un equipo de paleontólogos ha desenterrado los restos fósiles de algo así como un tiranosaurio pigmeo, que vivió hace 70 millones de años. La nueva especie, bautizada Nanuqsaurus hoglundi, presentaba un tamaño pequeño como adaptación a la variable disponibilidad de recursos en la región ártica, según sus descubridores, Anthony Fiorillo y Ronald S. Tykoski, del Museo Perot de Naturaleza y Ciencia, en Dallas (EEUU). El cráneo del dinosaurio medía poco más de 60 centímetros, frente al metro y medio de su célebre primo, el T. rex.

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