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El cerebro de este chico podría descifrar el autismo

por Maia Szalavitz para 'Matter'

El autismo cambió la vida de la familia de Henry Markram, uno de los neurocientíficos más reconocidos del mundo. Ahora, su ‘teoría del mundo intenso’ podría modificar nuestras ideas preconcebidas sobre esta condición y los estereotipos vinculados a quienes la sufren

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Los Markram estudian ahora la influencia que un ambiente sosegado y predecible puede tener sobre las ratas expuestas al AVP; si reducir la sobrecarga sensorial es capaz de atenuar los problemas de interacción social, al tiempo que estimula su apetito de aprendizaje. Las últimas investigaciones sugieren que el autismo puede ser detectado en bebés de tan solo dos meses, lo que abre vías de tratamiento muy prometedoras. Hasta ahora, dice Kamila, los resultados son favorables; las ratas reciben mal las novedades inesperadas, mientras que la introducción prudente de nuevos materiales, la repetición y los patrones, parecen ser causa de mejoría.

En el caso de seres humanos, lo ideal sería velar por la calma en los circuitos cerebrales durante las fases de crecimiento más vulnerables; fases tan críticas como la de bebé, o la más tierna infancia. “Con la intensidad actual, los circuitos se bloquean y se vuelven rígidos”, asegura Markram. “Convendría evitarlo de raíz, porque es muy difícil desandar ese camino”. Una actuación a tiempo podría traducirse en un mejor aprendizaje del idioma y las aptitudes sociales de los niños autistas. Aunque parece demostrado que una intervención temprana reduce las discapacidades autistas, rara vez se consideran las tesis planteadas por el mundo intenso. El enfoque conductista más popular, el análisis de conducta aplicado, busca “la normalidad” y no la comprensión del comportamiento autista, o atajar sus discapacidades de raíz.

Si tanto educadores como padres dan con la fórmula, Markram concluye: “Creo que podrían ser genios”

Las investigaciones muestran, de hecho, que todos aprendemos mejor cuanto más justa es nuestra ración de desafío: lo suficiente para evitar el aburrimiento, pero no tanto que nos resulte abrumador. No es cuestión de hacernos sentir como en casa, pero tampoco de provocarnos un ataque de pánico. Ese “punto justo” podría ser diferente en el autismo. Pero según los Markram lo sería en grado, no en clase. Markram sugiere la creación de entornos agradables y predecibles: “Una especie de cuarto trimestre”. “Sería aconsejable asegurar el entorno en cuanto sea posible, para prevenir que un bloqueo de circuitos induzca patrones de conducta o estados de miedo permanentes”, explica Markram. “Creo que si lo logramos, los circuitos acabarían mostrando la flexibilidad que acompaña al sentimiento de seguridad”.

En la creación de esta especie de crisálida se podrían utilizar herramientas como auriculares de cancelación de sonido, para graduar el nivel de exposición al ruido, y dentro de lo posible, evitar el factor sorpresa mediante rutinas. Si tanto educadores como padres dan con la fórmula, concluye: “Creo que podrían ser genios”. El sesgo confirmatorio es el enemigo invisible de la ciencia. Tener un boleto en el sorteo siempre invita a inclinar, deliberada o inconscientemente, la balanza a nuestro favor. Estamos hechos así, con una cierta predisposición a ignorar las verdades que no nos convienen. Es para descartar nuestros prejuicios por lo que se inventó el método científico. Los ensayos aleatorios controlados, o de doble ciego, están ahí para evitar el espejismo de la mejoría, el favorito entre pacientes y médicos por igual.

Kai, con su padre, Henry Markram

Kai, con su padre, Henry Markram. / Darrin Vanselow para MATTER

De igual forma, la pasión que impulsa a los mejores científicos no puede ser sino profundamente personal. Los Markram son muy explícitos a la hora de reconocer que su experiencia subjetiva con Kai influye en su trabajo. Esto no significa que desprecien el método científico. La pareja podría barrer de un plumazo la mayoría de las críticas a su teoría con argumentar que solo es aplicable a ciertos casos de autismo. Así sería mucho más difícil de rebatir, pero no han escogido ese camino. Su informe de 2010 incluye una lista de los posibles hallazgos que contradicen su teoría; casos humanos donde los circuitos cerebrales relevantes no son hiperreactivos, o en los que dicha hiperreactividad no conlleva problemas emocionales, de memoria, o de percepción. Hasta ahora, no obstante, los datos respaldan su teoría.

Al margen de que la teoría del mundo intenso sea capaz o no de explicar todos o casi todos los casos de autismo, ya ha conseguido poner en duda la tendencia a entenderlo como un trastorno de las dotes sociales, o como una falta de empatía. La teoría del mundo intenso planta cara a los estereotipos estigmatizadores que han tomado por defectos las virtudes autistas, o que las consideran irrelevantes en comparación con los problemas asociados.

Henry Markram ha intentado ver el mundo desde la perspectiva de su hijo Kai y ha descubierto lo mucho que se reconoce en ella. Al hacerlo, ha prestado un gran servicio al colectivo autista, demostrando la compasión que los afectados por el espectro se supone que no pueden sentir. Si su teoría llegara a demostrarse cierta, no sólo tendremos que repensar nuestra actitud ante el autismo, sino también ante la reacción de la gente corriente frente al exceso informativo endémico de la vida moderna.

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MÁS INFO
» 'The Intense World Syndrome – an Alternative Hypothesis for Autism' ('Frontiers in Neuroscience')
» Entrevista con Henry y Kamila Markram ('Wrong Planet')
» 'The autistic brain', podcast ('Brain Science Pdocast')

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COMENTARIOS

  • Laura Fernández

    Soy
    alumna de primero de la ESO y mi hermano pequeño tiene autismo, la verdad es que al leer el comportamiento de este chico, Kai, lo he relacionado mucho con el de mi
    hermano y tengo que decir que el autismo es una enfermedad de la que se sabe
    muy poco y que la gente que no tiene a alguien con este problema no sabe
    verdaderamente como es (pero eso ocurre con todos los problemas y enfermedades
    la verdad)
    También querría decir que apoyo mucho la causa
    de este hombre, Henry Markram , y espero que se descubra de donde viene de
    verdad este problema.
    Por último querría darle un gran saludo a mi hermano, la personita a la que más
    quiero en este mundo y terminar con una frase relacionada con todo esto:
    El autismo no es la tragedia, la tragedia es la ignorancia.

  • carmen

    en conclusion con estos descubrimiento mencionados como lo aplicamos en nuestros hijos ?