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Una errata reproducida durante siglos cambia la censura de la Iglesia a Galileo

En 1616 once consejeros de la Inquisición concluyeron que era “estúpido y absurdo” pensar que la Tierra gira en torno al Sol. Un nuevo análisis basado en el documento original desvela ahora un cambio importante en la histórica condena

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Fragmento del documento original conservado en los archivos del Vaticano y con el punto y coma destacado / Archivio Segreto Vaticano

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A principios del siglo XVII, un grupo de consejeros de la Inquisición en Roma publicaba una de las condenas más famosas de la historia de la ciencia. La teoría de que la Tierra gira alrededor del Sol era “estúpida y absurda en su filosofía, y herética en su forma”, concluyeron. Los expertos habían sido consultados como parte del juicio que la Iglesia había abierto al astrónomo italiano Galileo Galilei por ser un defensor del heliocentrismo. Como es bien sabido, él acabó renegando de su teoría para salvarse de la hoguera inquisitorial. Aquel texto requerido por la Iglesia se escribió el 24 de febrero de 1616, hace exactamente 398 años y cuatro días. Ahora, casi 400 años después, un análisis del documento original acaba de destapar un error reproducido durante siglos que puede cambiar el significado de aquellas históricas palabras.

Así lo explica un nuevo estudio del manuscrito original firmado por los once consejeros de la Inquisición que se conserva en el Archivo Secreto Vaticano. ”Hasta donde yo sé, esta es la primera vez que se publica una imagen del documento original de los consejeros”, explica a Materia Christopher Graney, un profesor de Física del Jefferson Community & Technical College (EEUU) autor del nuevo estudio. También son, resalta, las primeras imágenes accesibles en internet. Y obtenerlas no fue difícil. El profesor sólo tuvo que enviar un correo electrónico al Archivo Secreto Vaticano y este respondió poco después.

La imagen en alta resolución facilitada por la institución ha permitido comprobar que, durante siglos, muchas traducciones han recogido y reproducido un error de puntuación en aquella frase de condena tan decisiva. Donde muchos señalaban una coma, hay en realidad un punto y coma, resalta el nuevo estudio, publicado en la web Arxiv.org. En concreto, la frase sobre la teoría del heliocentrismo que pasó a muchos libros fue “estúpida y absurda en su filosofía, y herética en su forma”. Pero, en realidad, la frase es: “estúpida y absurda en su filosofía; y herética en su forma”. Ese punto y coma, dice Graney, demuestra que los consejeros sí tuvieron en cuenta cuestiones y datos científicos para desbancar el heliocentrismo, y no solo religiosas.

El primero en revelar esta errata, reconoce el estudio, fue Maurice Finocchiaro, un historiador de la Universidad de Nevada, en un libro de 1989. Ahora, el análisis de la imagen en alta resolución permite confirmar el error, perpetuado por los sucesivos traductores del documento original, señala Graney.

¿Qué pasaba por las mentes de aquellos once consejeros inquisitoriales? ¿Qué quisieron decir realmente con aquella frase? Con la primera parte (“tonta y absurda en su filosofía”), los consejeros quieren decir que el heliocentrismo es “científicamente insostenible”, apunta Graney.

El valor de un punto y coma

El heliocentrismo estaba sustentado con importantes pruebas y datos y, por lo tanto, criticar su validez científica tendría poco sentido. Tal vez por esto, apunta Graney, las sucesivas traducciones primarias, secundarias o terciarias que se hicieron desde entonces prefirieron poner una coma para unir en uno los dos argumentos.

Graney recuerda que en aquellos días de febrero de 1616, la polémica entre los defensores y detractores del heliocentrismo se había recrudecido. Todo había comenzado con el trabajo de otro gigante de la física, Tycho Brahe, que había realizado las medidas del diámetro de las estrellas más precisas hasta el momento. Según ese estudio, si la Tierra y el resto de planetas girasen en torno al Sol, habría estrellas descomunales, tan grandes como un pomelo comparado con el punto al final de esta frase, dice Graney. Por el contrario, un modelo geocéntrico hacía que el rango de tamaños fuese “consistente” siendo la Luna el cuerpo celeste más pequeño y el Sol la mayor de las estrellas observables.

A pesar de tener razón, los defensores del heliocentrismo no tenían pruebas para refutar a sus detractores, incluida la Iglesia. Algunos acabaron recurriendo a justificaciones que harían sonrojar a cualquier buen científico actual, como por ejemplo decir que un Dios omnipotente podría crear estrellas gigantes. De cualquier forma, a la luz de aquel debate científico, la frase de los consejeros de la Inquisición con ese punto y coma separando las razones científicas de las religiosas, tiene más sentido, concluye el estudio.

“La postura del autor es correcta, incluso relativamente bien conocida”, opina el propio Maurice Finocchiaro, profesor emérito de Filosofía en la Universidad de Nevada en Las Vegas. En 1989, Finocchiaro ya llamó la atención sobre la errata en cuestión dentro de su libro The Galileo Affair: A Documentary History. A pesar de ser ciertas algunas interpretaciones de Graney tienden a estar “exageradas”, advierte el experto.

Sea como sea, los heliocéntricos, incluidos los que se aferraron a Dios, tenían razón, aunque Dios no hiciese falta para demostrarlo. Hoy sabemos que hay estrellas incluso más grandes de lo que predecía el modelo basado en las observaciones de Brahe.


REFERENCIA

'The Inquisition's Semicolon: Punctuation, Translation, and Science in the 1616 Condemnation of the Copernican System'


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