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ENTREVISTA | Miguel Beato, Investigador del Centro de Regulación Genómica

“Producimos mejor ciencia que antes de la crisis”

Beato coordinará a partir del año que viene un proyecto europeo de 12,2 millones de euros para conocer la estructura tridimensional del genoma. Ha sido fundador del CRG, uno de los centros más potentes del mundo en su campo y en el que sigue investigando con 74 años, y cree que, si hubiese voluntad, el ejemplo de éxito de este centro podría trasladarse al resto de España

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En 2000 se obtuvo el primer borrador del genoma humano. La lectura del libro de instrucciones de la vida prometía entonces abrir de par en par las puertas de la medicina personalizada y facilitar la comprensión de nuestra biología más fundamental. Los genes de la violencia, de la homosexualidad o de todo tipo de enfermedades se anunciaban azuzando el anhelo humano por comprender y la esperanza en curas posibles para casi todo. Con los años, aquellas ilusiones se fueron desgastando mientras los investigadores se enmarañaban en una complejidad genética que les impedía responder a las expectativas creadas en su público y en ellos mismos.

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El investigador Miguel Beato en la sede del Centro de Regulación Genómica de Barcelona / CRG

III Miguel Beato

Miguel Beato (Salamanca, 1939), se licenció en Medicina por la Universidad de Barcelona en 1962 y se doctoró por la Universidad de Gotinga (Alemania) en 1967. Desarrolló gran parte de su carrera como investigador en la Universidad de Marburgo (Alemania), donde fue director del Instituto de Biología Molecular e Investigación de Tumores. En 2001 puso en marcha en Barcelona el Centro de Regulación Genómica, que dirigió hasta 2011. Desde entonces ha continuado su labor como investigador en ese mismo centro.

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Con los años, el avance en la investigación y sobre todo la aparición de nuevas tecnologías para escudriñar los lugares más recónditos de la célula han permitido idear nuevas estrategias para tratar de comprender el funcionamiento del genoma y su manifestación en nuestro comportamiento, nuestro aspecto o nuestro estado de salud. Ahora se sabe que el genoma es tridimensional y que la forma en la que se colocan sus componentes dentro de la célula influye en cómo se relacionan entre sí los genes, en si producen una proteína que causa una enfermedad o la evita y en general en su función. Después, cuando se obtenga ese conocimiento, será posible conseguir una verdadera medicina personalizada que supere el actual enfoque que, aunque empírico, tiene mucho de palos de ciego.

Miguel Beato (Salamanca, 1939), investigador del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, coordinará un proyecto de 12,2 millones de euros para tratar de aportar respuestas a este rompecabezas. Esta Synergy Grant del ERC (Consejo Europeo de Investigación) comenzará el año que viene, cuando Beato ya habrá cumplido 75 años, y acabará cuando tenga 80, una edad poco frecuente para trabajar en la frontera de la ciencia. El investigador, no obstante, parece preocuparse poco por su edad y afirma que está “produciendo científicamente como nunca, igual que cuando tenía cuarenta”.

Hace tres años había cedido su puesto como director del CRG, después de fundarlo, ponerlo en marcha y dejarlo situado entre los mejores del mundo en solo una década. “Pensaba que después de dejar de ser director estaría uno o dos años más y terminaría”, explica. Sin embargo, cuando se vio libre de la abrumadora labor administrativa de crear y dirigir un centro de ese nivel se le “abrieron nuevos horizontes”. Beato, que se licenció en Medicina el mismo año que Watson, Crick y Wilkins recibieron el Nobel por sus descubrimientos sobre la estructura del ADN, puede acabar su larga carrera científica en la primera línea de combate de una nueva revolución de la genética.

¿En qué consiste el proyecto?

Cada vez hay más información que hace pensar que la estructura del genoma dentro del núcleo celular no es arbitraria sino que tiene peculiaridades en su estructura que permiten entender cómo funcionan los genes. No se trata solo de ver cómo funcionan los genes individualmente sino de cómo interaccionan unos con otros para cumplir sus funciones, que siempre son coordinadas. Cualquier respuesta celular a un estímulo o cualquier programa que la célula pone en marcha implica siempre a múltiples genes, en muchos casos miles, que tienen que coordinarse de algún modo. Siempre se pensó que eso se hacía a través de moléculas que encontraban genes que tenían ciertas características comunes, ciertas secuencias de información y así disparaban la actividad génica o la bloqueaban de modo coordinado. Ahora se está empezando a ver que el modo en que los genes se coordinan tiene que ver con su disposición tridimensional en el núcleo.

“Queda un mundo por entender en el genoma”

Nuestro proyecto se enfoca en dos sistemas muy definidos que tenemos en el CRG en los cuales las células responden a un estímulo externo de un modo deficiente pero muy global o de un modo más estable. Las células pasan de ser una célula de tipo A a ser una célula de tipo B y permanecen en esa posición. O bien, las células responden a una hormona con un cambio dramático de la expresión génica, de miles de genes, pero luego retornan otra vez a su punto de partida. La idea era introducir el componente dinámico en esta estructura, y eso es lo realmente original de nuestra propuesta. Hay otros grupos por el mundo que estudian la estructura tridimensional del genoma, pero de un modo más estático. Quieren ver cómo cambia para poder entender la lógica de esa variación de conformación y poder interferir y ver hasta qué punto si interfieres con las modificaciones de la estructura tridimensional eso tiene consecuencias funcionales. Por ejemplo, si impides que un gen se mueva a otra región del núcleo, queremos ver si eso lleva a que la célula pierda funcionalidad o pierda su identidad.

Los avances en la secuenciación del genoma hace más de una década se vendieron en términos de avances en la medicina personalizada que en buena medida no se han cumplido. ¿Esta nueva visión del genoma podría por fin lograr avances tangibles en ese campo?

Yo creo que de la ciencia, cuando está en esta fase tan inicial de comprensión de los mecanismos, todavía no pueden extrapolarse conclusiones de tipo práctico, pero creo que hay una similitud con el problema que hubo con las proteínas cuando se descubrió la secuencia de aminoácidos. Cuando se determinó por primera vez la estructura primaria de las proteínas, por la que dieron el premio Nobel a Sanger, la gente pensó que sabiendo esa secuencia, podías predecir la función de la proteína y su actividad. Pero la realidad es que hasta hoy no se ha podido resolver ese asunto. La secuencia primaria de aminoácidos no te dice la función de una proteína, la función te la dice la estructura tridimensional de la proteína, cómo se pliega en el espacio para que ciertos aminoácidos estén cerca unos de otros y puedan fijarse a una molécula o catalizar una reacción química por proximidad.

Ahora la gente quiere hacer terapia génica, por poner un ejemplo, y se da cuenta de que quiere modificar una base que está mutada, pero nosotros no sabemos qué consecuencia tiene cambiar esa base sobre la estructura tridimensional del genoma. Solo sabemos que está mutada y que ahí se codifica un aminoácido, por ejemplo. Pero si la modificas para que se mejore la función, a lo mejor estás alterando toda la estructura tridimensional del genoma y eso puede tener consecuencias gravísimas.

Solo cuando entendamos la estructura tridimensional, nos pasará como con las proteínas y podremos empezar a predecir cuáles son las consecuencias de ciertas mutaciones o por qué pueden estar en sitios que ni codifican para aminoácidos, ni son aparentemente relevantes desde el punto de vista de la función de los genes, pero influyen en la estructura del genoma. Y yo creo que ahí es donde van a surgir visiones completamente nuevas que nos van a permitir movernos dentro del genoma con la misma precisión con que ahora lo hacemos con las proteínas.

 ”Hemos conseguido competir muy bien por recursos y aquí se sigue haciendo la investigación sin restricciones”

Queda un mundo por entender en el genoma y quizá por eso se explica que aunque llevamos diez años o un poco más desde que se secuenció el genoma humano las aplicaciones y la comprensión que se ha logrado no han sido lo que se esperaba. La secuencia lineal es como la proteína, no dice mucho de lo que hace el genoma. Ten en cuenta que el genoma codifica para 25.000 genes que hacen proteínas. Los genes que codifican proteínas son menos del 2%, así que hay mucho más genoma que no codifica para proteínas, pero que probablemente tiene una función relativa a cómo interaccionan los genes unos con otros y es lógico pensar que una parte importante de eso será la estructura tridimensional. Y eso no se ha investigado hasta ahora porque no había métodos para hacerlo, no había tecnología disponible, como algunas tecnologías de rayos X o la resonancia magnética nuclear.

Cuando se terminó el primer borrador del genoma humano en 2000, ¿se sospechaba que podía tener esta estructura y que esa estructura fuese tan relevante?

No. Se veía el genoma como una cosa lineal, como un plato de espaguetti, todo mezclado. Se tiraba de un extremo y se iba secuenciando, y lo que al final tuvimos fue una secuencia lineal. Cromosoma por cromosoma, pero lineal. Nunca hubo una visión tridimensional, aunque siempre hubo algún investigador, más bien biólogos moleculares, que decían el núcleo tiene estructura, que hay cromosomas que siempre están en la periferia y otros que están siempre en el centro, que hay interacciones con estructuras nucleares subyacentes… Pero nadie lo ha tomado muy en serio hasta que han llegado técnicas que permiten analizar la hipótesis y confrontarla con los datos

En 2010, cuando iba a dejar la dirección del CRG, hablaba de todo lo que se había construido, de infraestructuras como el sincrotrón Alba, y añoraba la vuelta de Mas-Colell, el arquitecto de este sistema de éxito científico con que ahora cuenta Barcelona. Hoy infraestructuras como el sincrotrón funcionan muy por debajo de sus posibilidades y la situación económica afecta cada vez más a la ciencia. ¿Sigue siendo tan optimista? ¿El regreso de Mas-Colell ha sido como pensaba?

El problema ha sido la crisis global, del sistema financiero mundial, que ha llegado en un momento en el que menos mal que está Mas-Colell, que ha protegido centros como el CRG o el ICFO (Instituto de Ciencias Fotónicas). A pesar de la crisis, podemos decir que el CRG no ha crecido en los últimos años y el apoyo que hemos recibido de la Generalitat ha disminuido un poquito, pero hemos conseguido competir muy bien internacionalmente por recursos y aquí se sigue haciendo la investigación sin restricciones. Da un poco de vergüenza decirlo según está la situación, pero aquí a pesar de la crisis, se sigue produciendo a un nivel altísimo. Mejor que antes de la crisis, porque se va madurando, la gente que entra es cada vez mejor y vamos mejorando en los ranking mundiales. Parece extraño, pero aquí la crisis no nos ha afectado realmente.

“Barcelona se está transformando en un cluster científico de primer nivel. Y eso no se lo debemos al Gobierno central”

¿Qué le puede enseñar Cataluña al resto de España sobre el éxito de su sistema científico, y qué le debe Cataluña al resto de España?

Al resto de España no se le debe mucho porque esto ha sido una idea de una persona como Mas-Colell. La situación es tan buena que ahora tiene su propia dinámica y ya es prácticamente imparable. Se ha ido creando un mecanismo en el que unos centros mejoran a los de alrededor, hay buenas infraestructuras y tecnología, buenos mitines, buenas colaboraciones entre hospitales y centros de investigación… Barcelona se está transformando en un cluster científico de primer nivel. Y eso, salvo alguna infraestructura como el sincrotrón y un poco el CNAG (Centro Nacional de Análisis Genómico) no se lo debemos al Gobierno central.

Lo que Barcelona le ha enseñado al resto de España, pero no quieren aprender, porque están anclados en el sistema fucionarial del CSIC y la Universidad, es que para mover las cosas hay que salirse del sistema, que es lo que se hizo aquí. Nosotros no tenemos ni un solo funcionario ni nadie del CSIC. Aquí se nos sacó del sistema y esto funciona con contratos privados, con un patronato que controla y un director ejecutivo. Nada más. Y muy poco dinero. Cuando pusimos en marcha el CRG, fuimos a Madrid a pedir más financiación, a pedir que nos hicieran centro nacional de genómica, pero no hubo manera.

¿Se puede trasplantar este modelo de éxito del CRG al resto de España?

No es posible que todos los centros sean de estas características, donde la gente no se puede quedar. Los chavales jóvenes que vienen aquí son realmente lo más importante que tenemos. Ellos llegan aquí con su primer grupo y lo monta y a los cuatro años y medio les evalúan y se puede quedar cuatro años más, pero después se tienen que ir. No puede haber un centro de este nivel por ciudad, pero quizá sí uno por gran autonomía. Y no cuestan más dinero que los normales. Sería buenísimo si el ejemplo de los centros catalanes se siguiese en otras regiones de España. Porque se puede. Que yo sepa sólo los vascos han tratado de hacer algo parecido.

Es una de las ventajas de que el sistema nacional de investigación en Cataluña estaba muy subdesarrollado. Como casi todo se va a Madrid, allí hay muchos institutos del CSIC, que tienen su modo de operar relativamente razonable y no necesitan intentar nada nuevo, pero aquí no había gran cosa. Pero en Barcelona había muy pocos institutos del CSIC y había que crear algo más rápido y eso permitió montar este sistema.

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COMENTARIOS

  • iker

    Esta muy bien. Los centros no son para quedarse fijos… excepto para el, que solo tiene 80

  • Carlos Santos

    Es muy fácil hablar desde arriba y desde su posición. La ciencia del CNS y de los estudios a gran escala que después sólo sirven para escribir dos papers está próxima a acabar. El señor Beato ha hecho ciencia de forma tradicional pero al final ha sido iluminado por quien lleva a Cataluña al pozo.
    La crisis ha empeorado todo, diga lo que diga. Claro, a la familia de Rajoy la crisis ni le ha tocado ni le tocará, pase lo que pase. Igual pasa con la ciencia, para algunos pase lo que pase seguirán recibiendo euros a manta.
    Y yo con 46 años, dando clase en la universidad y sin becarios estoy volviendo a hacer experimentos. Y reto al señor Beato a que diga que la ciencia que hace él es mejor que la mía.

    Saludos