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Células madre para curar la desesperanza

por Andrés Grippo (Buenos Aires)

Cientos de familias gastan cada año decenas de miles de dólares para viajar a clínicas chinas que ofrecen tratamientos con células madre contra enfermedades degenerativas no avalados científicamente. La familia del joven argentino Gabriel Omar Santoro es una de ellas. Esta es la estremecedora historia de la lucha de su madre, dispuesta a seguir pagando un tratamiento millonario porque “las células madre curan”, y de otras familias como la suya

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Durante 2012 se publicaron en medios nacionales, provinciales y locales argentinos más de cien noticias relacionadas con colectas para realizar tratamientos en China con implantes de células madre. En su gran mayoría se trataba de campañas destinadas a chicos y adolescentes de bajos recursos con terribles e irreversibles enfermedades degenerativas. Los títulos de las campañas eran siempre los mismos, sólo variaba el nombre propio: “Todos por Thiago”, “Todos por Santino”, “Todos por Chiara”, “Todos por Lola”. Sin embargo, y a juzgar por la condición irregular y costosa de los tratamientos, el título más adecuado sería “Todos por China”.

“El ministro de Salud chino dijo que iba a mandar a fusilar a todos los que hicieran tratamientos clandestinos y que le iba a cobrar la bala a la familia”

“Me dijeron ‘esto vale 30.000 dólares’ y casi me caigo muerta”, dice Alejandra. “Después de la primera impresión, terminás de leer y te dicen que tendría fecha para el mes que viene. ¿De dónde saco 30.000 dólares, más pasaje, más comida, más medicación, todo en un mes?”

La clínica Wu le ofrecía un plan de cuatro implantes de células madre, a razón de uno por semana. El servicio incluía hospedaje para el paciente y dos acompañantes, lavandería, enfermería, insumos descartables y la medicación que el paciente requiriera dentro del establecimiento. Antes de juntar un solo dólar, Alejandra sabía que debían ser dos viajes. Por lo tanto ya no eran 30.000 sino 60.000.

“Les expliqué que yo no tenía ese dinero, blanqueé desde el principio que yo iba a necesitar de la solidaridad de la gente. Creo que nunca entendieron lo que era. Cuando llegué y les mostré en la notebook cómo Gabriel llegó allá… la doctora lloraba. No les entraba en la cabeza que se hubiera hecho eso”.

El “eso” al que se refiere Alejandra es una recaudación de fondos en tiempo récord y que excedió sus expectativas. Comenzó pidiendo colaboraciones en el barrio, después organizó rifas y poco después ya estaba en el programa de televisión Intrusos de Jorge Rial.

“Al principio yo ponía la plata acá arriba de la mesa y empezaba a contar y habíamos juntado mil pesos [unos 125 euros]. Y te agarraba una desesperación terrible porque decías ‘no llego nunca más, no llego más’”. Alejandra tiene los ojos húmedos. Cuenta que la desesperación se convirtió en una idea. Juntar tapitas de plástico y venderlas. En ese momento les pagaban 2,5 dólares por cada kilo recolectado.

El taller del padre de Gabriel, lleno de botellas y tapitas donadas por la gente.

El taller del padre de Gabriel, lleno de botellas y tapitas donadas por la gente. /

Lo primero que hizo fue sacar fotocopias con la cara de su hijo y la leyenda “Gabriel te necesita, juntamos tapitas”. Puso una dirección de correo electrónico y las llevó a los colegios del barrio. Abrió una cuenta de Facebook a nombre de él y esperó.  Al poco tiempo, el taller mecánico estaba lleno de bolsones de tapitas. Se llevaban cinco o seis bolsones por semana. Les llegaron donaciones desde todas partes. Santiago del Estero, Caleta Olivia, Colombia.

Saca cientos de comprobantes de depósitos bancarios y lee los nombres, escritos con lápiz en el reverso, de por lo menos treinta. Muestra los balances que iba a pedir al Banco Provincia de San Justo donde la suma sube y sube hasta llegar al número mágico: 30.000 dólares. A fines de 2011 ya habían reunido 80.000.

Podían viajar.

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COMENTARIOS

  • Juan Broderman

    ¿En algún lado de la nota dice que el autor del artículo le hace la prensa al ministerio de ciencia de Argentina? ¿No tienen conflicto con esto? Si la respuesta es “no”, al menos debería figurar. Full disclosure

    • Andrés

      Hola Juan ¿por qué te parece que habría un conflicto? Saludos cordiales.