Materia, la web de noticias de ciencia

Lee, piensa, comparte

ENTREVISTA | María Teresa Miras, presidenta del comité para la reforma universitaria

“No quiero profesores herrumbrosos en la universidad”

La mujer que pilotó a los asesores del Gobierno de Mariano Rajoy para la reforma de la universidad española carga contra el recorte de las becas y el apoltronamiento de algunos profesores

Más noticias de: bioquímica, educación, neurociencia, recortes, universidad

María Teresa Miras, en su despacho de la Facultad de Veterinaria de la UCM Ampliar

María Teresa Miras, en su despacho de la Facultad de Veterinaria de la UCM / M. A.

LEER
IMPRIMIR

(Esta entrevista se publica originalmente en la revista Estratos)

María Teresa Miras reconoce que fue “nombrada a dedo” por el ministro de Educación, José Ignacio Wert, para presidir la comisión de expertos que ha redactado una propuesta de reforma de la universidad española. Pero Miras, nacida en O Carballiño (Ourense) en 1948, podría haber ganado la plaza en una oposición.

Doctora en Farmacia y especialista en neurociencia, lleva 42 años investigando y 38 dando clase, ahora como catedrática de Bioquímica en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. En 2007, se convirtió en la primera mujer que presidía una Real Academia, la de Farmacia, desde el nacimiento de estas instituciones en el siglo XVIII. Su primera petición a Wert -que precisamente hoy comparece en el Congreso para explicar su política de becas- fue “no recibir ni un céntimo” por su trabajo. Y, para ser nombrada a dedo, como ella dice, es muy atípica: “Los miembros de la comisión éramos espíritus libres que siempre habíamos trabajado en la universidad. Nuestro único interés era la universidad, no hacer algo para el señor ministro. Yo no me callo jamás”.

Su informe sobre la reforma universitaria aporta algunos datos demoledores: sólo un premio Nobel de ciencias para España en toda la historia, frente a los 32 del Trinity College de la Universidad británica de Cambridge; ninguna universidad española entre las 200 primeras del mundo según el ranking de Shanghái, 401 patentes en 2010 frente a las 811 que tiene un solo profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts… ¿A qué achaca estos datos tan desastrosos?

En esos países, en general en la Europa culta, civilizada, que hemos admirado en la ciencia y el pensamiento, y también en EEUU, tú te encuentras con que la ciencia no es una discontinuidad. Es algo normal, que forma parte de la vida cotidiana, porque saben que da unos resultados de los que se va a beneficiar todo el país. Pero tú nunca sabes dónde está la patente, o dónde está el conocimiento que generas, que va a ser al final esencial. Por eso se respeta absolutamente el conocimiento. Pero en España, esa continuidad en la financiación y en las ideas no se da, todo parece interruptus. De repente parece que todo entra, pero en un momento todo va para abajo de golpe. España se había asimilado en estos últimos años muy bien a Europa. ¿Qué ha pasado? Que ha venido la penuria y en la penuria lo primero que cae es lo que se considera superfluo. ¿Y qué se considera superfluo? La investigación.

“Es trágico que el 57,6% de los profesores universitarios no investigue”

Últimamente se ha hablado en la prensa de la científica despedida en el ERE del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia que se fue a EEUU y allí ha participado en el estudio de la clonación humana. También se ha hablado del treintañero español que el mismo día que ganaba el premio al mejor joven físico de partículas del año era rechazado en un programa de recuperación de cerebros en España. Sin embargo, según publicaron varios periódicos, 68 asesores de Mariano Rajoy no tienen ni el graduado escolar. ¿Qué se le dice a un chaval de 17 años que no sabe si estudiar y ve todo esto?

Lo primero que hay que decirle es que esta situación tiene que ser, por narices, extraordinariamente transitoria. Yo espero que con el entendimiento que parece ser que se empieza a esbozar entre los dos grandes partidos, PP y PSOE, porque ven que se hunden, la situación empiece a cambiar para los jóvenes. A mí los que realmente me preocupan son los jóvenes. Y me preocupan porque la innovación surge de los cerebros jóvenes. Si cortamos de raíz a los jóvenes, estamos cortando la evolución lógica en el pensamiento, en la ciencia, en la adaptación industrial, en todo. Y, desgraciadamente, estamos enviando a mucha gente fuera. Les estamos diciendo “miren, váyanse porque aquí no hay sitio para ustedes”. ¿Pero cómo puede decir un país eso? ¡Y además a sus jóvenes mejor formados!

En el informe ustedes señalan que más de la mitad, el 57,6%, del personal docente y de investigación ni investiga ni nada que se le parezca. Parece una barbaridad.

Es excesivo. El sistema no ha motivado a estos profesores y los ha seleccionado mal, sin currículum científico de ninguna clase. También está el currículum docente, pero ¿qué valor tiene el que se hayan organizado cursillos como si fueran cursillos de cristiandad a los que vas y te dan un escapulario? Eso no puede ser. Lo que habrá que valorar de un profesor es lo que ha aportado a las asignaturas que ha dado, algo personal y original, y no un montón de hojarasca de cursillos de cristiandad. Ese 57,6% es trágico en la universidad española.

¿Qué hace un profesor durante su jornada si no investiga nunca?

No lo sé, pero me lo imagino. Tienen tiempo para todo, sobre todo para la maledicencia.

¿Qué le respondía el ministro de Educación, José Ignacio Wert, cuando usted le decía estas cosas?

Yo creo que Wert es una persona muy inteligente y ve las cosas. El problema es que pueda solucionar todo lo que tiene encima.

“No me gusta en absoluto que en las universidades privadas se salten a la torera los criterios de selección”

El número de estudiantes de la rama de ciencias ha caído casi un 30% en el decenio 2001-2011. ¿Este desinterés cómo se arregla?

Es absolutamente demoledor, porque además nos hemos llevado a estos estudiantes a materias que no tienen empleo, que presentan un excedente impresionante y que además se imparten en todas las nuevas universidades. Una universidad nueva empieza ofreciendo las titulaciones que menos profesorado formado requieren, y lo más escaso es la ciencia, lo que puede dar un valor añadido. Las futuras empresas se harán a base de ciencia. Por eso creo que el objetivo de Wert de hacer hincapié en matemáticas, física, lenguaje, está muy bien. Otros aspectos no, pero ese sí.

¿Qué opina de las universidades privadas?

Yo quisiera que se les obligara a cumplir con unos mínimos, o más bien unos máximos, porque si no proliferarán universidades que dan títulos con igualdad de derechos pero sin igualdad de calidad. Hay que tenerlas controladas.

¿Cree que en España se compran títulos universitarios?

Quisiera pensar que no. Hay algunas universidades privadas muy buenas desde hace mucho tiempo, pero luego están todas las nuevas, con las que hay que ser extraordinariamente rigurosos. No puede ser que se añadan títulos en los que la gente entra saltándose todos los criterios de selección. Hoy en día, en la universidad pública es muy difícil entrar en Veterinaria, por ejemplo, o en Medicina. Hay muchachos que hacen un esfuerzo absoluto y muchos sacrificios para poder entrar. Saltarse a la torera estos criterios de selección no me gusta en absoluto.

“Lo que no puede ser es que un señor repita y repita y repita mientras está jugando a las cartas en la cafetería”

El ministro Wert aseguró en 2012 que la subida de tasas universitarias (hasta 540 euros más por la primera matrícula según algunos cálculos) “no genera desigualdad social”. ¿Usted qué cree?

La subida de la primera matrícula era aproximadamente un 20%. Las matrículas no se habían actualizado en toda la época de bonanza, que era cuando tenían que haber sido actualizadas, pero tanta era la bonanza que no se prestó atención a que la situación no se podía mantener. A mí la subida de las tasas de las primeras matrículas es lo que más me duele. Me duele porque hay gente que ha sido muy competitiva para poder entrar y si no consigue beca —y las becas se han reducido y eso me preocupa todavía más— pues dificultamos que esa gente valiosa entre en la universidad en carreras que son muy necesarias para el desarrollo de la sociedad y tienen poca demanda. Me preocupa y me molesta. En otro tipo de carreras no sólo no me preocupa, sino que tampoco me molesta. Hay carreras en todos los sitios cuya necesidad no está en relación con el número de licenciados que producimos. Y tampoco van a beneficiar a una sociedad que, desde luego, no les va a dar empleo. Y la propia carrera tampoco les va a aportar valor añadido como personas. Hay cosas de cultura que uno adquiere, pues eso, por cultura. Ningún médico ha dejado de leer a los clásicos. Por otro lado, lo que no puede ser es que tengamos alumnos que están en sexta convocatoria de asignaturas de primero. Eso no es racional.

Reunión de la comisión de expertos presidida por Miras y por WertAmpliar

Reunión de la comisión de expertos presidida por Miras y por Wert / MECD

Digamos que usted está de acuerdo con que se castigue a los que no estudian y se premie a los que estudian.

Castigar no es la palabra, pero llamarlos al orden, sí. Lo que no puede ser es que un señor repita y repita y repita sin que eso tenga una consecuencia, mientras está jugando a las cartas en la cafetería y tomando un carajillo. Otra cosa distinta es que tengan que trabajar. Entonces, en lugar de obligarles a que se matriculen de todo primero, que se matriculen de la mitad, porque no pueden hacer frente a todas las asignaturas. Y lo mismo digo para una joven que tenga hijos. Para mí eso es sagrado. Estamos maltratando a las mujeres de gran valía que tienen hijos.

En 2002, en una entrevista en El País, usted afirmó que “es muchísimo más difícil hacer ciencia siendo mujer”. ¿Lo sigue siendo?

Ahora yo creo que todavía más, porque las mujeres ven esto como una locura. Dicen: “¿Cómo me voy a meter yo en esta locura?”.

“Quiero una universidad donde las diferencias las haga la capacidad de la persona, no sus medios económicos”

¿Sólo por la maternidad o también por un problema de machismo?

Los chicos, por definición, gritan más. Rápidamente alzan la voz. Las mujeres somos más reflexivas. Y yo creo que a veces ese aspecto reflexivo se interpreta como una carencia de opinión y de liderazgo. Estamos seleccionando supuestos líderes que son los más agresivos, pero no los más reflexivos. En ciencia tiene que primar la reflexión, y no digo que sea una exclusiva femenina.

Para terminar, ¿cómo le gustaría que fuera la universidad española del futuro?

Quiero que sea, lo primero de todo, una universidad de igualdad de oportunidades, donde las diferencias las haga la capacidad de la persona, no sus medios económicos. Una universidad que sea capaz de formar a la gente para los retos de la sociedad del presente y que le dé la visión del futuro. Por lo tanto, no quiero profesores herrumbrosos. Quiero una universidad que dé valor a la creatividad. Y para eso hace falta estimular la creatividad de los profesores y de los alumnos. Para ello, no entiendo la docencia sin un fuerte respaldo de la investigación. Si no es así, ni conoceremos el presente, ni entenderemos el futuro, ni seremos capaces de transmitir las posibilidades que tiene una universidad para una sociedad que está en continuo progreso. Nosotros no podemos perder ese tren.



“En la universidad puedes no trabajar y estar como un gran señor”

María Teresa Miras lleva 38 años ejerciendo de profesora, pero no olvida su etapa de alumna de Farmacia en las universidades de Santiago de Compostela y la Complutense de Madrid. “Recuerdo cuando criticaba a mis profesores antiguos, porque daba la sensación de que se habían cansado. Y ahora me doy cuenta de que a los profesores de universidad que de verdad tienen vocación se la acaban quitando y los acaban maltratando”, lamenta. Miras tiene 127 alumnos en clase, pese a que el Proceso de Bolonia buscaba reducir el número de estudiantes por aula para favorecer una atención más personalizada. A su juicio, los culpables de esta desidia son la burocracia y el propio sistema. “No hay aliciente ninguno, ni hay incentivos, ni hay nada para los que trabajan. En la universidad tú puedes no trabajar nada y estar igual, como un gran señor”, denuncia. En su laboratorio, los investigadores tienen que pelear para conseguir material básico como agua destilada y hielo. “No hay becas, los proyectos son cada vez más miserables y más rácanos, así que estamos limitados a una estricta supervivencia”.



Archivado en: bioquímica, educación, neurociencia, recortes, universidad




COMENTARIOS