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El ‘café para todos’ en ciencia puede ser más eficaz que dar el dinero a los mejores

Un artículo sugiere que financiar muchos proyectos de calidad media da mejores resultados que concentrar el dinero en unos pocos excelentes

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El buque oceanográfico Hespérides ha sido fundamental en muchas investigaciones del máximo nivel / Ministerio de Economía y Competitividad

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“A todo el que tiene le será dado, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”, escribía el evangelista Mateo en su parábola de los talentos. Y también se encuentran frases similares en los textos bíblicos de Lucas y Marcos. Estos tres influyentes escritores son una muestra de que la idea de apostar por la excelencia no es nueva. Más recientemente, Carmen Vela, secretaria de Estado de I+D+i, transmitía en un artículo de Nature una idea similar: “Queremos apoyar solo los proyectos realmente competitivos que están dando fruto o que muestran el potencial para hacerlo a través de resultados recientes, y que aspiran a mejorar la vida diaria de nuestros ciudadanos”. Un Premio Nacional de Investigación, como Jordi Bascompte, o un Príncipe de Asturias de Investigación, como José María Bermúdez de Castro, también han arremetido contra el ‘café para todos’.

Pese a lo intutitivo y lo extendido de la idea es posible que apostar por los mejores y abandonar a los no tan buenos sea un planteamiento erróneo. Eso es lo que afirman en un reciente artículo publicado en la revista PLOS Jean-Michel Fortin y David Currie, dos investigadores de la Universidad de Ottawa. “Sugerimos que es probable que las estrategias de financiación que se enfocan en la diversidad más que en la excelencia sean más productivas”, señalan.

Para llegar a esta conclusión, los autores tomaron como referencia cuatro formas de medir el impacto científico de un trabajo: el número de artículos publicados, el numero de citas que tuvieron esos artículos, el artículo más citado y el número de artículos citados con mucha frecuencia, todo durante un periodo de cuatro años y centrándose en tres disciplinas: biología animal integradora, química orgánica e inorgánica y evolución y ecología. Después, cruzaron esa información con la cantidad de dinero que recibieron de la NSERC, una agencia que financia la investigación en Canadá.

La guerra contra el cáncer muestra la dificultad de dirigir la financiación en ciencia para lograr objetivos concretos

Sus resultados muestran que los investigadores que recibieron fondos adicionales de una segunda agencia, el CIHR, no fueron más productivos de media que los que solo fueron financiados por el primer organismo. El impacto por dólar fue inferior para los que obtuvieron subvenciones grandes, algo que, indican, “es inconsistente con la hipótesis de que las ayudas mayores producirán descubrimientos más grandes”. “Además, el impacto de los investigadores que vieron su financiación incrementada no aumentaron como sería previsible”, añaden.

Lo que hay detrás de los resultados de los científicos canadienses es la dificultad para predecir de dónde llegará un gran descubrimiento o cómo dirigir la financiación para que dé unos resultados concretos. Un ejemplo claro es la guerra contra el cáncer lanzada en EEUU hace ya cuarenta años. Pese a la concentración de financiación y esfuerzos, la capacidad para mejorar la efectividad de las terapias contra la enfermedad ha sido muy limitada.

«El 'café para todos' ha sido una manera para intentar romper la oligarquía científica en algunas disciplinas»


Alberto Corsín
Director de la comisión de Humanidades y Ciencias Sociales de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva

El impacto se incrementa con la financiación, y los autores calcularon que el mejor artículo del científico con mayores ayudas atraerá un 58% más de citas. Sin embargo, explican los autores, como la relación entre financiación y publicaciones de alto impacto es muy variable, si se toman al azar dos investigadores con el mismo nivel de financiación, es muy probable que uno tenga publicaciones de mucho más impacto que el otro y eso hace que con frecuencia los investigadores con una financiación menor tengan mejores resultados que los ricos.

Según los cálculos que exponen en su artículo, uno de los investigadores con más fondos recibirá, de media, un 14% menos de citas que el mejor artículo de cualquier par de investigadores tomados al azar que entre los dos sumen la misma financiación que el anterior. Además, continúan, “dos ayudas pequeñas produjeron un 20% más de artículos de elevado impacto que una ayuda grande”. Por lo tanto, concluyen, si se trata de maximizar el impacto, como predecir si una investigación llegará o no a lograr sus objetivos tiene algo de lotería, sería más eficiente repartir las ayudas entre más grupos para que existan más posibilidades de que uno de ellos consiga un gran descubrimiento.

Diversificar para salvar a los jóvenes

“Este tipo de estudios es interesante porque uno de los problemas en muchos sistemas de financiación de la ciencia es que no hay un seguimientos para ver qué tipo de política ha tenido más éxito”, afirma Peter Klatt, investigador del CSIC con experiencia de gestión en el Gobierno y el CNIO. “El enfoque de los autores, que ven los resultados de la investigación como fruto del azar, es un poco extremo, porque yo confío en que grupos que tienen un cierto nivel de producción tienden a mantenerlo, al menos hasta que el grupo se desgasta o se pierde movilidad”, apunta. “Pero es verdad que para los gestores del Plan Nacional [que financia la ciencia en España] es difícil identificar talento y tratar de maximizar el número de grupos que puedes financiar para que haya más posibilidades de tener un gran éxito es un sistema que en España ha dado buen resultado” afirma Klatt. Sin embargo, reconoce, “para el siguiente salto hacen falta cantidades de dinero mayores, porque la investigación en biomedicina, por ejemplo, se ha vuelto tan cara que si no tienes financiación no puedes competir”, añade.

Si se reduce el número de grupos que se financian, se puede dejar fuera a jóvenes con potencial

Para Klatt, que puntualiza que ninguno de los dos extremos es bueno, en una situación de escasez de fondos como la actual, es peligroso optar por concentrar la financiación en los grupos que ya tienen éxito. “Igual es verdad que hasta ahora ha habido demasiados grupos, pero si reduces mucho el número de grupos que financias, va a haber gente joven que no tiene antecedentes y no va a tener posibilidades de investigar”, asevera. “A largo plazo, si no tienes una base amplia de gente preparada que además trabaje en temas variados, no vas a poder sustituir a los consolidados dentro de cinco o diez años cuando la gente se empiece a retirar”, agrega. “Además, los mejores grupos se financian sobre todo con proyectos internacionales. Si les quitas un 5% de lo que tengan de proyectos nacionales, les dolerá, pero podrán sobrevivir, algo que no pasará con los más jóvenes”.

“El sistema actual de medir la ciencia se está cayendo”

Alberto Corsín, investigador del CSIC y director de la comisión de Humanidades y Ciencias Sociales de la ANEP (Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva), afirma que “casi por defecto” siente “adhesión por el argumento central del artículo” respecto a la diversificación de la inversión en ciencia. Sin embargo, considera que la investigación “metodológicamente, hace aguas”. Por un lado “medir el impacto en cuatro años es insuficiente, porque en materias como las matemáticas el tiempo medio en que una publicación hace visible su calado son doce años, y en humanidades, aún más”, asegura.

También considera errónea la asunción de que una evaluación se basa solo en el nivel de impacto de las publicaciones que se puedan esperar de un trabajo. “Un panel no se basa ni remotamente solo en el nivel de impacto, se discuten muchos otros factores como la interdisciplinariedad, cuántos jóvenes y cuántos mayores hay en un grupo, la internacionalización o la relevancia de la propuesta”, explica. “En las ciencias sociales, por ejemplo, al hilo del 15-M y las revoluciones digitales se puede considerar que es un tema candente que sería interesante que alguien estudiase ahora”, ejemplifica.

El mayor desafío al que se enfrenta la ciencia en los próximos años es el del ‘open science’

Sobre el debate en torno a la distribución de la inversión o la apuesta por la excelencia, Corsín afirma que cada país tiene su propia historia que explica distintas decisiones. “En España la estructura social de la comunidad científica tiene una serie de herencias y vicios del pasado que hay que corregir de a poco”, apunta. “En algunas disciplinas, el control está centralizado en muy pocos grupos de investigación; es una oligarquía que hace muy difícil la entrada de jóvenes con nuevas ideas y el ‘café para todos’ ha sido una manera para intentar romper esa oligarquía”, añade. “Pero ni el café para todos ni el café para tres funciona, porque hay que analizar dónde están las capacidades en cada disciplina y las capacidades del sistema”, concluye.

Retornando al valor del artículo de los investigadores canadienses, Corsín cree que tiene un problema de enfoque. “El mayor desafío al que se enfrenta la ciencia en los próximos años es el del open science: el conocimiento abierto”, explica. “En los próximos años vamos a ver que las métricas y la forma de la valorar la ciencia va a cambiar. Los grandes grupos industriales editoriales están siendo desplazados por otras publicaciones como PLoS ONE que están diseñando nuevas formas de valorar la ciencia, nuevos sistemas de circulación de la información, nuevos protocolos de generación de confianza, credibilidad y evidencias”, afirma. “En definitiva, estos investigadores, incluso aunque no tengamos en cuenta los errores del artículo, están dando una solución a un problema antiguo. Están dando ideas a los gestores con base en un sistema que se está cayendo”, concluye.

“Los grandes proyectos limitan la creatividad”

“Hay una deriva en la política científica en Europa de dar financiación a pocos proyectos muy grandes, que se ha copiado en España, y que ha sido muy negativa”, opina Luis Santamaría, investigador del CSIC y presidente de la Asociación para el Avance de la Ciencia y la Tecnología en España. Esas políticas, han reducido, según Santamaría, “la creatividad y el impacto a base de concentrar la financiación en proyectos que tienen mucha burocracia y en los que los evaluadores pueden no ser más creativos que los que proponen los proyectos”.

Lo mejor sería buscar un umbral mínimo y a partir de ahí diversificar la inversión

Desde el punto de vista del investigador, no obstante, también habría que evitar el café para todos porque hay un número muy elevado de profesores de universidad que no hacen ningún tipo de investigación. Lo ideal sería según él buscar un umbral mínimo y a partir de ahí diversificar la inversión. En este sentido, recuerda que el artículo de PLoS menciona el límite de 25.000 euros anuales como un límite inferior para poder obtener resultados y en los últimos tiempos hay programas del Plan Nacional de I+D que pueden no alcanzar ese mínimo.

Por último, Santamaría enfatiza la necesidad de hacer este tipo de estudios, “comparados en el tiempo y entre países y regiones con distintas filosofías” para poder valorar. “En el mundo de la gestión hay una resistencia a aceptar que las políticas son también un experimento y que no se puede predecir qué va a pasar. Se toma una decisión, influenciada por la ideología y luego se adaptan los datos a esa decisión”, concluye.

“Ya no es el momento del café para todos”

Carlos Muñoz, director del Instituto de Física Teórica, un centro galardonado con el distintivo de excelencia Severo Ochoa, plantea que “quizás estos estudios sirvan para países con larga tradición científica, que una vez establecida se estén centrando en optimizar los fondos, pero creo que el caso de España no encaja ahí”. España, continúa, “ha conseguido con mucho esfuerzo un razonable nivel científico, pero le falta dar un salto de calidad, la verdad es que no solo en ciencia sino en todo”. “Le faltan centros y proyectos de excelencia, como se pone de manifiesto en todas las estadísticas que se hacen por ejemplo de universidades, y le falta saber quienes son los mejores científicos y en que áreas están situados y a partir de ahí apoyarlos”, añade.

Respecto a la conclusión del artículo afirma que “ya no es el momento del café para todos. Eso estaba bien para alcanzar un nivel razonable científico, pero para pasar a otra etapa hace falta algo más”. No obstante, puntualiza que no se debe “descuidar la otra ciencia, porque no puede haber centros o investigadores muy buenos si no hay una masa crítica de científicos que los originen”.

En áreas como la secuenciación o las altas energías, la secuenciación no funcionaría

Por su parte, Emilio Muñoz, ex presidente del CSIC y uno de los diseñadores de las políticas científicas de los primeros años de la democracia, considera que este tipo de estudios son muy necesarios, aunque cree que, en parte, los dos investigadores “han analizado los datos de manera que defienden la inversión diversificada en sus áreas, y ahí tiene pleno sentido”. Sin embargo, “en áreas como la secuenciación o las altas energías esto no funcionaría”. Sobre la forma de equilibrar el apoyo a la investigación diversa y a la excelencia, Muñoz recuerda que en los ochenta ya dividieron la financiación con dos grandes objetivos, uno el apoyo a la investigación fundamental, más amplio, y otro centrado en cumplir objetivos estratégicos.

Aunque las opiniones son muy diversas, se alcanza un cierto consenso sobre la necesidad de estudios que traten de valorar qué estrategias de financiación funcionan mejor. El elevado coste de las evaluaciones de los resultados de las investigaciones una vez que se han finalizado hace que muchas veces los encargados de realizar la política científica actúen, en buena medida, a ciegas. La falta de financiación, agravada por los últimos años de recortes, dificultará aún más el objetivo de aplicar, como dicen los investigadores canadienses, el método científico al propio trabajo de los profesionales de la ciencia.

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COMENTARIOS

  • Asociando

    El modelo educativo que el gobierno implantará este octubre (LOMCE) se basa en potenciar lo que para ellos son talentos, por tal de alcanzar la excelencia (una excelencia enfocada en la competencia en el mercado. Está claro en la introducción de la ley). Y se hará justo lo que dijo Mateo: a las escuelas con mejores resultados se las ayudará más desde el gobierno económicmente. Asimismo, a los alumnos con mejores notas se los separará de aquellos con no tan buenas ya en segundo de la ESO. Un poco pronto par determinar el futuro de un estudiante, ¿no? Este estudio no está tan enfocado en la sociedad y en los estudiantes, pero quizá Wert habría de mirárselo.

  • Pasaba por aquí

    No sé yo… Las universidades que producen más premios Nobel del mundo son las más ricas, no creo que sea casualidad…
    Entiendo que no es progre reclamar una aristocracia intelectual y cultural, pero no seamos «moñas», en esto Nietzsche tenía razón: existen superhombres (“übermenschen”, no superhéroes, evidentemente) y existe «el rebaño». No podemos apostar los pocos recursos que tenemos a los caballos perdedores.
    Es cierto que los criterios de excelencia del PP son falsos, que no se apoya realmente al más brillante sino al más “productivo”. Es un apoyo totalmente mercantilista, pero en sí, la idea de dar al que sabe más, es más inteligente y creativo, más apoyo que al mediocre es de sentido común.

    En el estudio este no se explica qué criterios “de excelencia” observaron los canadienses para financiar más a tal o cuál proyecto. Tengo mis dudas de que realmente fuesen los llevados a cabo por la gente de más talento, y aunque así fuera habría que ver si se financiaron hasta el final o tras un par de años se redujo la financiación,como ocurre tan a menudo; o si, como también ocurre quizá aún más a menudo, se agota una línea de investigación que parecía prometedora pero que acaba demostrándose que no era para tanto, y no es culpa del científico que apuesta por ella, por muy listo o muy tonto que sea (alguien recuerda qué pasó con los prometedores anticuerpos monoclonales que se suponía que iban a ser la purga de Benito).

    En el mundo cultural humanístico (la ciencia es parte fundamental del mundo cultural, intentemos evitar hablar de «Ciencia» y «Cultura» como cosas independientes) el café para todos ha sido un verdadero fracaso: se financian más o menos por igual festivales de rock, rap, grafitti, y demás “arte” urbano, que certámentes de pintura, escultura, videoarte, etc, contemporánea; la música contemporánea y música artística “clásica” en general recibe incluso menos financiación que estos eventos de música de masas. En resumen: café cultural para todos. ¿El resultado? El más absoluto analfabetismo artístico en una época en la que se suponía que la técnica podría elevar el nivel cultural de toda la humanidad. El ciudadano medio cree que Paulo Coelho es literatura (y no sabe ni quién es Thomas Mann, por ejemplo); que horteradas pretenciosas como los chalés neoclásicopastichedevayaustedasaberqué de lujo que se ven en zonas como La Moraleja en Madrid y similares en otras ciudades, son arquitectura de calidad; que el equivalente a los Bach, Beethoven o Stravinski son los grupos pop/rock regetoneros o raperos; que el breakdance, streetdance y demás monerías similares son comparables a la danza contemporánea, el ballet clásico, la danza española; o que cualquier memo con un boli y una cámara puede escribir y rodar una película comparable a Ladrón de bicicletas o El último año en Marienbad.

    ¿Dónde están los Eisenstein de hoy? ¿Los Picasso o los Rothko? ¿Los Borges o los Proust tal vez? ¿Han salido muchos Prokófiev o muchos Lutoslawski de este café para todos?

    Nunca se ha invertido tanto en proyectos más o menos culturales como en el último medio siglo, y sin embargo en la Florencia del Renacimiento unos pocos mecenas que patrocinaban a los mejores nos dieron a Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, Verrocchio, Botticelli, etc. En el mundo germánico la nobleza y la iglesia, patrocinando sólo a los mejores, nos dieron a Bach, Haydn, Mozart, Beethoven… En la España de principios del siglo XX la Residencia de Estudiantes reunió a los mejores y creo un caldo de cultivo intelectual del que salieron gente como Lorca, Buñuel, Picasso, Dalí, Alberti, etc… Concluyendo: sólo la concentración y el apoyo de pocos individuos pero de enorme talento ha dado frutos importantes.

    Evidentemente no se puede centrar todo el apoyo en esos individuos con talento y sumir al resto de la población en el analfabetismo literal, como ocurría en tiempos pasados. Sin duda hay que seguir invirtiendo en educación (de calidad, pero ese es otro tema), pero los niños y chicos que demuestren más capacidad de profundización y de esfuerzo deben ser premiados, y sobre todo apoyados, pero vamos, más que nunca, en esta sociedad en la que al estudioso se le llama despectivamente «empollón», al inteligente se le mira con desdén pero al inútil que sabe manejar una pelota extraordinariamente bien, ya sea con los pies, las manos o una raqueta, se le encumbra al olimpo de los seres míticos admirables por todo el mundo.

    No, no va a descubrir la cura contra el cáncer ningún mediocre, por muy buenas intenciones que tenga y por mucho que se esfuerce. Tampoco la va a descubrir un vago indisciplinado, por muy inteligente que sea. Sólo los mejores han dado, y darán, con las mejores soluciones y las mejores respuestas; tema aparte, muy, pero que muy aparte, es que el PP (o el PSOE, que mismos perros con distintos collares son) realmente aplique criterios de excelencia y no criterios de eficacia y utilidad empresarial.

    Saludos, y perdón por el ladrillo.

    • Asociando

      Me ha gustado mucho tu comentario, y lo suscribo. Pero no estoy tan seguro de que el hecho de que el gobierno aplique criterios de eficacia y utilidad empresarial y no criterios de excelencia sea un tema tan, pero que tan aparte. Fíjate, que si el sistema educativo está enfocado el mercado, ¿dónde queda la excelencia? ¿Se la atiende tanto como defiendes que ha de atenderse, o por contra (porque no lo veo compatible con lo primero) se busca gente para el mercado?

  • Jose Luis

    Si nos ponemos estupendos, excelentes quiero decir. En el IFT, por ejemplo, se financiarian las investigaciones de E. Alvarez, B. Gavela, L. Ibañez y alguno mas. Sin olvidar a A. de Rujula si no prefiere seguir en el CERN.

    El resto, incluido el director y siguiendo su propio (y excelente) criterio, tendran que conformarse con las monedas que puedan encontrar entre los cojines de los asientos.

    Cuidado con lo que deseamos porque pueden concedernoslo.

  • Verdades

    El problema es que aquellos que ponen los criterios de eficacia NUNCA han inventado nada. En el mejor de los casos tienen un buen expediente o ni eso, ahí acaba su experiencia científica.