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¿Dónde se meten las aves cuando no se las ve?

Un proyecto de la organización SEO/Birdlife desvela las verdaderas rutas por el mundo que siguen 18 especies, gracias a mochilas con GPS acopladas a las aves

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El milano real marcado ayer con un emisor en la Sierra Norte de Madrid / M. A.

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Ayer, a primera hora de la mañana, un enorme búho real esperaba atemorizado en una zona de fresnos, robles y encinas de la Sierra Norte de Madrid. Sobre su cabeza daba vueltas un majestuoso milano real de 1,60 metros de envergadura. Las dos especies son viejas enemigas: los búhos atacan los nidos de otras rapaces para comerse sus pollos. Así que el milano real se lanzó sobre el búho para saldar una cuenta milenaria. Y cuando iba a destrozarlo con sus garras, ¡zas!, una red atrapó al desconcertado milano.

El búho era el cebo de una trampa tendida por biólogos de la ONG conservacionista SEO/Birdlife para capturar a la otra rapaz, considerada “casi amenazada” en la Lista Roja por el rápido declive de su población a causa de los venenos y los pesticidas. En apenas media hora, los técnicos colocaron en su espalda una mochila de apenas 25 gramos, similar en aspecto a un coche de choque en miniatura, y volvieron a liberar al animal.

El milano real de la Sierra Norte de Madrid es desde ayer una de las aves espiadas para averiguar dónde se meten cuando no sobrevuelan nuestras cabezas. El programa Migra, desarrollado por SEO/Birdlife desde 2011, pretende marcar con emisores vía satélite una quincena de ejemplares por especie para conocer, por primera vez al detalle gracias a los avances tecnológicos, sus verdaderos movimientos por el mundo. Su web ya recoge 230.000 localizaciones de 142 aves de 18 especies diferentes marcadas con transmisores. En muchos casos, sus rutas por el planeta son espectaculares.

Transportadoras de virus

El proyecto tiene implicaciones de calado. Desde hace más de un siglo se han marcado cientos de miles de aves con simples anillas en sus patas, pero el problema de este método es que sólo da información de en qué lugar se anilla al ejemplar y dónde se vuelve a ver. Entre medias, nada. Aún así, por ejemplo, gracias a las anillas se ha podido estudiar el papel de las aves en la propagación de virus peligrosos, como la gripe aviar y el virus del Nilo Occidental, a lo largo de sus rutas migratorias.

Ruta de 15.000 kilómetros por África de una carraca marcada en Lleida en 2012Ampliar

Ruta de 15.000 kilómetros por África de una carraca marcada en Lleida en 2012 / SEO/Birdlife

Ahora, gracias a los nuevos emisores que comunican la localización de un ave casi en tiempo real, se puede saber dónde y durante cuánto tiempo crían, dónde pasan exactamente el invierno, a qué velocidad y altura migran, cuáles son las paradas obligatorias en su periplo por el planeta y otros factores clave para proteger a muchas especies de aves.

“Hasta ahora se suponían demasiadas cosas”, explica el biólogo Juan Carlos del Moral mientras coloca la mochila con GPS al milano real de la Sierra Norte de Madrid. Del Moral, coordinador del Área de Estudio y Seguimiento de Aves de SEO/Birdlife, recuerda que la comunidad científica se está llevando muchas sorpresas gracias a estos nuevos emisores.

Durante esta primavera, la organización ha espiado las rutas migratorias de ocho milanos reales, tres carracas europeas, siete águilas calzadas y dos cigüeñas blancas. Estas últimas regresaron en febrero a sus zonas de cría habituales tras llevar vidas muy diferentes. Una de ellas viajó más de 3.000 kilómetros para pasar el invierno en Senegal. La otra apenas se movió 70 kilómetros en línea recta desde su nido.

Un viaje desconocido

La carraca, una vistosa ave de color azul pálido-verde y un tamaño de 30 centímetros, ha perdido un 40% de su población en los últimos 15 años. Conocer sus rutas migratorias es fundamental para asegurar su conservación. “Las carracas han hecho una migración muy espectacular. Hemos visto que pasan un mes en el lago Chad y luego viajan a Namibia y Botsuana”, detalla Del Moral.

El cambio climático es uno de los factores que hacen que las aves dejen de pasar el invierno en África

Una carraca marcada en 2012 en Lleida cruzó hace dos semanas el desierto del Sáhara en apenas cuatro días, entre el 24 y el 28 de abril, tras recorrer unos 15.000 kilómetros por África con su mochila-emisor satélite de cinco gramos a la espalda. Su viaje era completamente desconocido para los científicos.

La ONG recuerda que, como en el caso de la cigüeña blanca que decidió no moverse de su nido, muchas especies están cambiando sus hábitos migratorios y ya no pasan el invierno en África. También ocurre con las cigüeñas negras y las aguilillas calzadas, que se empiezan a quedar en la costa del Mediterráneo.

Los expertos creen que detrás de estos cambios se encuentra, en cierta medida, el cambio climático, responsable de inviernos menos fríos en sus zonas de cría. “Por ello, también es importante conocer cuanto antes el comportamiento migrador de cada especie, pues sin esa información perderemos el registro de lo que ha existido y no se dispondrá de la información básica para comprender la evolución de su biología”, advierte SEO/Birdlife.

Frenar la extinción

El seguimiento en tiempo real de las aves también permitirá detectar las zonas imprescindibles para su supervivencia. El secretario general de la ONG, Juan Varela, recuerda el caso de la laguna de Zóñar (Córdoba), cuya protección permitió salvar al pato malvasía. En 1977, sólo sobrevivían 22 ejemplares en Europa occidental, todos en Zóñar. Un cuarto de siglo después llegaban a 4.500 individuos.

«Gracias a los nuevos emisores se ha multiplicado por mil la información de la que disponemos»


Juan José Negro
Director de la Estación Biológica de Doñana

El director de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), Juan José Negro, aplaude los objetivos del programa Migra. “Gracias a los nuevos emisores se ha multiplicado por mil la información de la que disponemos”, subraya. El equipo de Negro va un paso más allá, al haber empleado las coordenadas geográficas registradas en cernícalos para programar aviones no tripulados capaces de reconstruir sus rutas de vuelo fotografiando el terreno.

Su centro, que no colabora directamente con el proyecto de SEO/Birdlife, es pionero en el uso de los últimos avances tecnológicos. Los investigadores del CSIC llevan a cabo seguimientos de quebrantahuesos, alimoches, cigüeñas blancas, águilas reales y perdiceras, cernícalos, milanos reales y negros, entre otras especies.

Cada emisor vía satélite cuesta unos 3.000 euros, que en el caso del programa Migra pone la Fundación Iberdrola. Ayer, su director, Rafael Landín, bromeó con las plumas de la carraca: “Es un ave preciosa, con los colores de Iberdrola”.

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