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El CSIC pide cultivar trigo transgénico para celíacos

Científicos del organismo solicitan permiso para cultivar un trigo transgénico apto para celíacos en una parcela de Córdoba. La cosecha, media tonelada de grano, servirá para elaborar galletas y llevar a cabo un ensayo clínico con pacientes. Los investigadores creen que el cereal podría llegar al mercado en cinco años

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La sofocante Colonia de Fuente Palmera, fundada en 1767 en Córdoba, fue un pretencioso experimento social: el intento de crear una sociedad modélica que reflejara los ideales de la Ilustración, sin desigualdades económicas. Nació con apenas una veintena de casas, a las que se mudaron colonos extranjeros y católicos con el objetivo de ser felices labrando tierras hasta entonces deshabitadas. Pero fracasaron. Muchos de los extranjeros murieron asfixiados por el calor del campo cordobés o sucumbieron a las fiebres de la malaria.

Arriba, trigo con gluten; abajo, sin glutenAmpliar

Arriba, trigo con gluten; abajo, sin gluten / CSIC

Casi 250 años después, Fuente Palmera puede ser la sede de otro experimento, esta vez más ambicioso. Científicos del CSIC han solicitado permiso para plantar allí, en una parcela de 1.000 metros cuadrados, trigo cuyos genes han sido modificados para que pueda ser consumido por personas con celiaquía, una enfermedad hoy incurable y de origen desconocido que afecta a alrededor del 1% de la población mundial.

Cuando los celíacos consumen gluten —una proteína presente en el trigo, la cebada y el centeno— las defensas de su organismo reaccionan y dañan las vellosidades de su intestino. Como resultado, se producen diarreas, vómitos y una pérdida de peso inexplicable hasta que se da con la causa. Su única alternativa hoy es comer alimentos sin gluten, más caros. Los celíacos gastan cada año en hacer la compra 1.600 euros más que el resto de personas. Sólo en EEUU, el mercado de alimentos sin gluten movió 4.200 millones de dólares en 2012.

Para remediarlo, un equipo del Instituto de Agricultura Sostenible de Córdoba, dirigido por el biólogo Francisco Barro, lleva desde 2004 investigando variedades transgénicas de trigo sin gluten. En 2011, los investigadores anunciaron que habían conseguido variedades capaces de producir “una reacción hasta un 95% menos tóxica que el trigo natural” en los celíacos, según sus estudios en laboratorio.

Volver a saborear el trigo

Ahora, Barro ha solicitado a la Comisión Nacional de Bioseguridad un permiso para cultivar por primera vez este trigo al aire libre. Su objetivo es cosechar media tonelada de grano para elaborar galletas que servirán para llevar a cabo un ensayo clínico con celíacos. La prueba, si todo sale según lo previsto, se realizará durante tres meses con entre 30 y 60 pacientes, que volverán a saborear el trigo, hasta ahora prohibido para ellos, en un ensayo coordinado por médicos del Hospital Reina Sofía de Córdoba. El biólogo cree que su cereal podría llegar al mercado en cinco años.

Barro es consciente de que su trigo transgénico “no tiene ninguna posibilidad en Europa”, el continente más reticente a los organismos modificados genéticamente. Cinco países —EEUU, Canadá, Argentina, Brasil e India— acaparan la producción mundial de transgénicos, con 152 millones de hectáreas cultivadas.

Europa sólo permite el cultivo de dos transgénicos: un maíz modificado por la compañía estadounidense Monsanto para ser resistente a una plaga de insectos y una patata de la química alemana BASF para obtener almidón para las industrias papelera y textil. Sin embargo, en una política hipócrita, Bruselas sí admite la importación de unos 40 productos transgénicos de otros países.

Cultivado en América o en China

El CSIC ya ha vendido la licencia para explotar la patente de su trigo transgénico a una empresa británica, Plant Bioscience Limited, con sede en Norwich. “Posiblemente, su estrategia será sembrar nuestro trigo en EEUU, en Argentina o en China, y ellos venderán en España la harina a precio de oro”, especula Barro.

«En el peor de los casos, un celíaco podrá comer cada día tres rebanadas de pan de molde»


Francisco Barro
Biólogo del CSIC

Según sus estudios preliminares, “en el peor de los casos, un celíaco podrá comer cada día tres rebanadas de pan de molde elaborado con el trigo modificado”. El equipo de Barro ha organizado una cata a ciegas con 11 catadores, que se mostraron incapaces de distinguir el pan de trigo normal del horneado con cereal transgénico.

Para evitar que el trigo modificado genéticamente escape de la parcela de Fuente Palmera y se asiente en la naturaleza, los científicos del CSIC impondrán una distancia de seguridad de 200 metros hasta cualquier otra parcela con cereal. Barro considera muy improbable que haya una fuga, ya que “el polen del trigo es muy pesado” y no viaja largas distancias con el viento.

Posibles fugas

El trigo apto para celíacos tiene sus genes modificados para suprimir las proteínas responsables de la respuesta alérgica de los celíacos, las gliadinas. “Sería sorprendente que este rasgo diera al trigo transgénico alguna ventaja competitiva sobre el trigo normal”, opina Barro.

La gerente de la Federación de Asociaciones de Celíacos de España es escéptica sobre la seguridad de los transgénicos

La posible fuga de material genético es una de las críticas esgrimidas por los colectivos antitransgénicos. En 2010, miembros de la Agencia de Protección Ambiental de EEUU anunciaron que habían detectado en plantas silvestres de Dakota del Norte genes de resistencia a los herbicidas procedentes de cultivos cercanos de colza transgénica. El fenómeno, también detectado en campos de maíz en Oaxaca (México), todavía es muy discutido por la comunidad científica.

“Hay ecologistas antitransgénicos, pero celíacos, que me han llamado para probar nuestro trigo”, afirma Barro. Sin embargo, la gerente de la Federación de Asociaciones de Celíacos de España, Marta Teruel, es escéptica. “Son productos muy nuevos y todavía no se sabe cuáles van a ser sus efectos a largo plazo, son necesarios más estudios”, opina.

Sólo el 35% de los españoles apoya el cultivo de plantas transgénicas, según el Eurobarómetro de 2010. En 2002, el porcentaje era del 61%. Sin embargo, según la misma encuesta, el 26% de los españoles no ha oído en su vida hablar de los transgénicos, frente al 5% de los alemanes. Y, pese a la oposición a su cultivo, un 70% de los españoles nunca ha buscado información sobre los alimentos transgénicos.


REFERENCIA

Wheat variety trial with a very low content of celiac-toxic epitopes


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