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OPINIÓN

La arqueología no es para el verano

por Jaime Almansa


Proyectos como Eurovegas sepultarán yacimientos arqueológicos, como ya ocurrió con el Parque Warner y la Terminal 4, pero esta vez sin que se llegue a conocer su existencia por culpa de una nueva ley en Madrid

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Tradicionalmente hemos entendido la arqueología como eso que hacen unos chavales con sombrero y pincel durante el verano. He de decir que yo nunca he usado pincel y hace mucho que no me pongo un sombrero, pero las que se conocen como “excavaciones programadas” cumplían en buena medida con lo de la estación estival. Supongo que por dos razones: el buen tiempo y las vacaciones. ¿Por qué? Normalmente estas intervenciones surgen de proyectos de investigación universitarios con una financiación muy limitada. Los profesores y los alumnos están ocupados durante el periodo lectivo y aprovechan los meses de verano para seguir trabajando, normalmente sin sueldo, por el bien de la investigación.

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, en el Museo Arqueológico RegionalAmpliar

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, en el Museo Arqueológico Regional / CAM

Lo primero que debemos tener en cuenta es que desde finales de la década de 1980 esta situación comenzó a complementarse en nuestro país con otro tipo de intervenciones de un carácter totalmente distinto. Ya no eran un profesor y sus estudiantes dentro de largos proyectos, sino profesionales liberales contratados para cumplir una norma que terminó hinchando otra burbuja junto a la de la construcción.

Se le han dado muchos adjetivos: arqueología de contrato, comercial, de urgencia, de salvamento, de obra, etcétera, cada uno utilizado para resaltar alguna de sus características. El objetivo era poder documentar yacimientos arqueológicos antes de que una obra acabara con ellos. Con el tiempo, la gestión evolucionó hacia lo que se conoce como arqueología preventiva y trató de adelantarse a estos procesos con controles previos y medidas correctoras. Nunca terminó de funcionar muy bien, pero fue un paso adelante importante en la protección e investigación del patrimonio arqueológico.

Esta arqueología, como decía, tiene poco que ver con la programada. Para empezar, no se hacía sólo en verano, porque la construcción no paraba con el mal tiempo. Además, la universidad nunca se terminó de integrar en un proceso que siempre encontró sucio. La financiación respondía a la máxima medioambiental del polluter pays (el que contamina paga) y eran promotoras y constructoras las que debían hacerse cargo de los costos como parte de las obras. España no suele ser pionera en muchas cosas, pero en esto lo fue.

Las recién creadas comunidades autónomas no podían asumir la gestión de un ingente patrimonio que crecía con cada seña de progreso. Se quería construir todo tipo de infraestructuras y eso requería demasiados arqueólogos. Por supuesto, ninguna de las administraciones se planteó asumirlos en sus plantillas, por lo que se decidió subcontratar el servicio. Así surgimos muchos de los profesionales que hoy nos dedicamos a esto, como parte de un triángulo amoroso en el que no salíamos bien parados. Contratados por promotores que no nos querían ahí, pero controlados por una administración que se había quedado a medias.

Precarios y odiados

Así llegamos a la crisis, precarios, odiados y al servicio de un sistema que nos convertía en un mero trámite administrativo. Pero, al menos, teníamos la oportunidad de documentar un patrimonio arqueológico que de otro modo estaba condenado a la destrucción, en lo que ha sido siempre una profesión vocacional. Porque, a pesar de que muchos de los yacimientos documentados en los últimos 20 años terminaron igualmente enterrados bajo toneladas de hormigón o directamente destruidos, lo importante, la información que hoy nos hace replantear muchos de los supuestos de la historia tal y como la entendíamos, fue recuperada. Este verano todo puede cambiar.

Muchos de los yacimientos documentados en los últimos 20 años terminaron enterrados bajo toneladas de hormigón

Y es que las leyes de patrimonio también tienen predilección por la temporada estival. Desde que un 7 de julio de 1911 se promulgó la primera ley que regulaba las excavaciones arqueológicas, la protección fue creciendo hasta convertir a la arqueología en un trámite molesto. Los profesionales de la arqueología llevábamos tiempo pidiendo una regulación más clara de las intervenciones, que incluyera una verdadera arqueología preventiva y estipulara unos mínimos que acabaran con la precariedad del trabajo, no en los sueldos, que eso es otra historia, sino en las condiciones.

Incluso encontramos una brecha en la omnipresente ley Ómnibus que podía ser de utilidad. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando lo que nos encontramos fue un borrador de anteproyecto que, en vez de fomentar la arqueología preventiva, prevenía a promotores y constructores de la arqueología. Hoy ese borrador es un proyecto firme en la Asamblea de Madrid y otras comunidades comienzan a mover ficha.

A merced de los constructores

¿Cuál es la gravedad de este proyecto? De entrada, que incumple su primer artículo en el resto del texto: no protege, no conserva, no investiga, no difunde y no enriquece. Por no ser extremadamente duro, diré simplemente que todo queda en el aire a merced de la buena voluntad de los constructores, que nunca han tenido demasiado tacto, y la extrema efectividad de una administración que nunca ha sido demasiado eficiente. Más allá, es también grave que contradiga otras leyes de mayor rango, e incluso el informe jurídico que se hizo del texto.

En el proyecto de Ley de Patrimonio Histórico el patrimonio arqueológico es el peor parado

Casi todo el texto es mejorable y no sólo afecta al patrimonio arqueológico, seguramente el peor parado, sino también al otro hijo díscolo: los inmuebles protegidos. Por ello, desde la Asociación Madrileña de Trabajadores y Trabajadoras en Arqueología, la sección de Arqueología del CDL de Madrid y la asociación Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, llevamos meses trabajando para intentar modificar la ley en un sentido más positivo para la protección, investigación y difusión de un patrimonio que nos pertenece a todos. En ocasiones es preferible quedarse con una ley anticuada, que por cierto también se aprobó en verano, un 9 de julio de 1998.

El Grupo Popular de la Asamblea de Madrid rechazará esta noche las enmiendas a la totalidad que han presentado todos los grupos de la oposición. Desde luego, viendo sus enmiendas parciales es algo casi seguro y especialmente interesante siendo hoy el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, que se verían gravemente afectados por la nueva ley. Este día no se celebra en Madrid de forma oficial, o al menos no recuerdo más actividades que las que prevé el Ministerio de Cultura y las que hemos organizado desde Madrid, Ciudadanía y Patrimonio. Podría haber sido una forma interesante de promocionar el Plan de Yacimientos Visitables de nuestra región, en el que tanto se está invirtiendo, o de abrir al público otros monumentos representativos de Madrid, que hay muchos. En vez de eso, se ha programado un debate en la Asamblea que marca el principio del fin de la protección del patrimonio tal y como la conocemos.

Un atropello

Hace casi un siglo el conde de Romanones decía, “ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento”. Por desgracia, ni para bien ni para mal nos podremos hacer eco de esto hoy. Es por todos sabido que las leyes se interpretan y que rara vez se cumplen en toda su extensión. La ley de 1998 no era perfecta y permitió desmanes como el del Parque Warner o la Terminal 4, donde decenas de yacimientos quedaron enterrados bajo sendos proyectos de infraestructuras de mayor o menos éxito sin mayor trascendencia. El problema de la nueva ley es que la documentación de esos sitios no habría sido necesaria, como no lo será en el macroproyecto Eurovegas.

La documentación de yacimientos arqueológicos no será necesaria en Eurovegas

Dicen que simplifica las gestiones, pero no las de los profesionales del patrimonio, sino las de los promotores. Por eso, salvo que alguno de ellos quiera construir sobre un yacimiento ya catalogado (y la Dirección General de Patrimonio Histórico cumpla con los plazos de información), la única arqueología que veremos en Madrid a partir de ahora será durante el verano, siempre que alguien esté dispuesto a seguir financiándola.

Para cometer este atropello se han utilizado dos argumentos fácilmente desmontables: la burocracia y el desarrollo. En lo burocrático sólo hacen falta más recursos, o gestionar bien los que se tienen. Con respecto al desarrollo, la arqueología no es sólo una herramienta de conocimiento histórico, sino también un valor de cohesión social, de educación y de crecimiento. Haciendo bien las cosas, los proyectos constructivos no se detienen, como mucho se retrasan. Pero más allá de esa coyuntura, una buena gestión del patrimonio puede crear riqueza en sectores tan estratégicos en nuestro país como el turismo. ¿Os es que alguien va a Roma por algo que no sea su patrimonio? Los negocios se hacen en Milán. Egipto, Grecia, Perú, China, incluso capitales como París o Londres, son destinos turísticos basados en el patrimonio.

Eurovegas pasará con o sin nosotros, que nadie tema por el trabajo prometido. Sólo queremos que pase con nosotros, con la oportunidad de seguir conociendo nuestro pasado y enriqueciendo el patrimonio madrileño, en consonancia con la legislación nacional e internacional. Porque la arqueología no es sólo para el verano, ni se dedica sólo a parar obras y a excavar. La arqueología es otra de esas actividades de investigación que innova y que produce. No dejemos que nos engañen.

— Jaime Almansa, arqueólogo y miembro de AMTTA

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