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OPINIÓN

Las verdades del cerebro

por Javier Salas


El libro de Xurxo Mariño es una lectura idónea para acercarse a las verdades del cerebro y entender todo el conocimiento consolidado hasta hoy por la neurociencia

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Los tunicados son unos animales muy peculiares. Para sobrevivir no necesitan moverse, y permanecen anclados a una roca desde la que se alimentan filtrando el agua de su entorno. Pero esto no es así siempre. Al comienzo de su vida, mientras son larvas, se sirven de un sistema nervioso y un limitado cerebro que les ayuda a mover sus músculos para nadar hasta la poltrona idónea. Y en cuanto agarran un buen sitio, se comen su propio cerebro —que no les servirá de nada el resto de su existencia— y se convierten en un animal sésil.

Esta metáfora de los vicios de la política es una imagen que usan los neurocientíficos para ilustrar cuál es la primigenia función del cerebro: “Estos animales, a medio camino entre el movimiento y la quietud, muestran de una manera sorprendente la relación que hay entre la existencia de sistema nervioso y la necesidad de movimiento”, explica Xurxo Mariño en su reciente Neurociencia para Julia, una lectura idónea para acercarse a las verdades del cerebro, no a las especulaciones, y entender todo el conocimiento consolidado hasta hoy por la neurociencia.

Neurociencia para todos


Título: Neurociencia para Julia

Autor: Xurxo Mariño

Páginas: 224

Precio: 17 euros

“Quería escribir un libro sobre lo que sabemos seguro del cerebro, con solidez; es muy fácil escribir de cosas de las que no se sabe mucho, como dónde está el amor en el cerebro y cosas así”, explica el autor, investigador de la Universidad de la Coruña. Mariño pasó aproximadamente un mes escribiéndolo, aislado de todo junto a un lago italiano, después de dos años recopilando y consolidando todo lo que se ha publicado sobre este órgano decisivo para nuestra especie pero semidesconocido en buena medida.

Que Mariño, divulgador incansable, escriba solo de cosas que se dan por seguras ayuda a leer su libro confiado: no hay especulaciones, ni tampoco retórica confusa sobre los misterios de la mente humana. Escritura sencilla, directa, que no necesita de fuegos de artificio porque los propios datos que ofrece son los que deslumbran al lector: nuestros encéfalos están poblados con 86.000 millones de neuronas, que se conectan con otras en unas 10.000 sinapsis, hasta generar cientos de billones de conexiones. En el cerebro, como demuestra el ser humano, importa más la cantidad que el tamaño.

En su caso, y por fortuna, es riguroso pero la lectura se hace agradable gracias a numerosos detalles que muestran una profunda belleza. Según las últimas investigaciones, el mismo hecho de recordar modifica el recuerdo y la mejor manera de mantener la memoria de un hecho intacta sería, precisamente, no hurgando entre las conexiones neuronales que la consolidaron. También seduce cuando nos explica las razones que llevaron al neurocientífico Rodolfo Llinás a decir: “Los humanos nos hemos puesto de acuerdo en una especie de alucinación colectiva estándar y vemos más o menos lo mismo”. Y nos lleva por pasajes tan atractivos hasta explicarnos cómo actúan en nuestras neuronas una borrachera, la cocaína y neurotoxinas como la del pez globo o el celebérrimo botox.

El libro arranca con una páginas casi de manual de instituto pero no se asusten, se trata de una serie de conceptos básicos que serán de gran utilidad para entender las ideas que se presentan más adelante. En ese paseo por las verdades del cerebro, Xurxo Mariño arranca con las nociones más básicas y poco a poco nos va adentrando en detalles más ricos y complejos, a través de los hitos de la investigación, los científicos pioneros y los mártires de la neurociencia. Personajes como Henry Molaison, cuya memoria se estancó para siempre cuando se le extrajo el hipocampo a los 27 años, o el joven sin brazo al que estudió Vilayanur Ramachandran para completar el rompecabezas de las sensaciones cerebrales.

“Por primera vez en la historia, se está dando respuesta a preguntas clásicas de la filosofía gracias a la investigación del cerebro”, asegura Mariño. Y añade: “Descartes habría dado diez años de vida por venirse diez minutos a nuestra época sólo para que le contáramos lo que sabemos de la percepción”. No es de extrañar, ya que este es el año de la neurociencia después de que tanto EEUU como la UE se hayan lanzado a descubrir todos sus secretos en sendos proyectos monumentales.

Dos iniciativas sobre las que Xurxo Mariño se muestra escéptico:  ”Me preocupa que no haya hipótesis de partida. No es como el LHC, en el que se invierte mucho dinero en un experimento gigantesco para comprobar una hipótesis. Se corre el riesgo de que no conduzca a casi nada”, lamenta. Lo sabremos, quizá con su ayuda, dentro de una década.

— Javier Salas, Redactor de Materia

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