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La dieta mediterránea reduce el riesgo de infartos cerebrales

Un gran ensayo clínico realizado en España demuestra que una dieta rica en aceite de oliva virgen tiene beneficios moderados contra el ictus y otras dolencias cardiovasculares

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La dieta mediterránea reduce el riesgo de infarto cerebral, según el estudio Predimed /

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El mayor estudio español sobre la dieta mediterránea ha confirmado que esta reduce el riesgo de sufrir infartos cerebrales y otras enfermedades cardiovasculares en comparación con otras dietas. En concreto, seguir una dieta basada en el consumo de verduras, frutas, cereales, legumbres, pescado y aceite de oliva virgen extra reduce hasta un 49% el riesgo relativo de sufrir un infarto cerebral o ictus, comparado con personas que siguen una dieta de reducción de grasas. Así lo confirman los datos del estudio Predimed, un gran ensayo clínico que ha seguido a 7.447 personas de entre 55 y 80 años y con predisposición a enfermedades cardiovasculares durante casi cinco años.

“Este es el mayor estudio español e incluso europeo que se realiza sobre los beneficios de la dieta mediterránea”, ha explicado hoy durante una rueda de prensa Ramón Estruch, médico del Hospital Clínic de Barcelona y coordinador del estudio, en el que han participado 19 grupos científicos de Andalucía, Baleares, Canarias, Cataluña, Navarra, País Vasco y Valencia.

El trabajo asignó a los participantes a tres tipos de dietas. Una mediterránea con alto consumo en aceite de oliva virgen extra, otra igual pero con suplementos diarios de frutos secos y una dieta de control basada en la reducción del consumo de grasas (tanto animales como vegetales). El trabajo, publicado en el New England Journal of Medicine, muestra que las dos primeras dietas reducen en un 30% el riesgo relativo de ictus, infarto de miocardio y muerte cardiovascular. Es importante matizar que esa es la reducción relativa. En términos absolutos, los beneficios de una y otra dieta son menores.

Los resultados sugieren que se debería dejar de recomendar una dieta baja en grasas

En concreto, el trabajo muestra que ocho personas de cada mil tendrán a lo largo del año uno de los tres problemas de salud analizados si realizan una dieta mediterránea rica en aceite de oliva, mientras que en el grupo de la dieta baja en grasas serán 11 personas de cada mil (tres más). Si se toman los datos sobre ictus, cuatro de cada mil personas que tomen la dieta mediterránea desarrollarán la enfermedad señalada al año, mientras que casi seis de cada mil lo harán entre el grupo que consuma una dieta baja en grasas. Los beneficios pues, son moderados, pero significativos, según los responsables del estudio.

“Antes pensábamos que la influencia de la dieta en la salud no era tan importante, pero ahora hemos visto que el estilo de vida ejerce una importante función”, ha explicado Estruch después de la presentación del estudio. Estruch ha resaltado que “hay muchos fármacos” que no consiguen los beneficios observados con la dieta mediterránea y ha señalado que estudios como este, que confirman los datos de trabajos similares realizados con anterioridad, deberían influir en las recomendaciones sobre dieta que hacen los médicos a sus pacientes. En la actualidad, la dieta baja en grasas es la más recomendada, pero tal vez no la más beneficiosa, a juzgar por el trabajo. “Tendrían que cambiarse las recomendaciones médicas a nivel general”, ha opinado Estruch.

En cierta forma este estudio murió de éxito. Los ensayos duraron 4,8 años, aunque deberían haber continuado dos más. El ensayo fue detenido por orden del Comité Científico Externo, un grupo de especialistas supervisores, que obligaron a detener el trabajo al observar que las personas asignadas a la dieta de reducción de grasas no se estaban beneficiando de la intervención y tenían un riesgo mayor de ictus que los otros dos grupos. Los procedimientos internacionales obligan a detener un estudio así si hay un grupo que está saliendo perjudicado comparativamente, explicaron los responsables del trabajo.

Posible a pesar de los recortes

El estudio Predimed es el mayor estudio clínico de este tipo realizado en España y ha tenido una financiación total de ocho millones de euros. De ellos 6,9 millones salieron de las arcas del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), dependiente de la Secretaría de Estado de I+D+i. “Pocos trabajos pueden tener un impacto tan directo como este”, ha dicho Carmen Vela, secretaria de Estado de I+D+I, durante la presentación de los resultados. La responsable de ciencia del Gobierno ha dicho que, a pesar de los recortes impuestos a la investigación, estudios como este “serían posibles en la actualidad”.

La segunda parte de este trabajo, Predimed 2 , ya ha comenzado, aunque con muchos menos fondos. Sus responsables quieren centrarse ahora en el estudio de la dieta mediterránea para reducir la obesidad y el cáncer, algo en lo que ya ha comenzado a mostrar beneficios aunque aún no hay resultados publicados, según apuntó Estruch tras la presentación. “Cada grupo tenemos una financiación inicial de unos 50.000 euros al año [lo que multiplicado por 19 grupos no llega al millón de euros]”, ha explicado a Materia, Dolores Corella, coautora del estudio e investigadora de la Universidad de Valencia.

En la primera parte del estudio, aportaron apoyo financiero, además del ISCIII, el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, la Fundación Mapfre, así como los gobiernos regionales de Andalucía, Cataluña, Valencia y Navarra.



¿Cuánto aceite es demasiado?

Aunque la dieta mediterránea se ha consumido en lo que hoy es España, Grecia, Italia y otros países “durante miles de años”, mucha gente no sabe bien lo que es, alertan los responsables del estudio. La dieta tradicional mediterránea probada en el estudio se basa en el consumo diario de frutas y verduras, cereales, frutos secos y aceite de oliva virgen extra. Además se prima el consumo habitual de pescado y carnes blancas sobre las carnes rojas, menos saludables, y vino con moderación en las comidas. Los beneficios observados en el estudio se basan en esta dieta mediterránea suplementada “con 40 mililitros de aceite de oliva virgen extra al día o 30 miligramos (dos puñados) de nueces y almendras mezcladas con avellanas al día”, explicó Estruch. Los participantes en el estudio eran personas de entre 55 y 80 años, algunos con problemas de salud como diabetes, hipertensión u obesidad.




REFERENCIA

'Primary Prevention of Cardiovascular Disease with a Mediterranean Diet' doi: 10.1056/NEJMoa1200303


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COMENTARIOS

  • enrique gavilán

    Nuño,

    Creo que enfocas bien este estudio, que todos estábamos esperando desde hace tiempo y que es interesante desgranar. Sin embargo, si me lo permites comparto contigo algunos comentarios.

    Los beneficios que muestra el estudio no solo sólo con ictus, sino también con eventos cardiovasculares mayores (incluye infarto, ictus y muerte por causa cardiovascular). La magnitud del efecto es mayor y con mayor precisión para el resultado de ictus, pero esa no era la variable principal, sino una variable secundaria, como, por cierto, también lo eran la mortalidad cardiovascular y la global (el estudio no ha demostrado que haya beneficio a este respecto).

    Como bien apuntas, los resultados que reflejan el estudio están expresados en términos relativos y no absolutos. Si no ha calculado mal, en función de lo recogido en el estudio original, me da que solo uno de cada 95 de los que sigan “a-rajatabla” una dieta a base de nueces durante casi 5 años evitará un evento (infarto/ictus/muerte por causa CV) (1 de cada 150 para el caso del aceite de oliva). O sea, que la relevancia clínica no es muy allá, pero hay que recalcar que para ese mismo objetivo, un reciente metanálisis demuestra que las estatinas conseguirían un resultado similar (http://summaries.cochrane.org/CD004816/statins-for-the-primary-prevention-of-cardiovascular-disease), como bien apuntan los autores. La clave está en que la prevalencia de eventos cardiovasculares en este grupo, a pesar de ser de moderado-alto riesgo cardiovascular, es baja, bastante menor de lo esperado (una demostración empírica más de la llamada “paradoja mediterránea”).

    De todas formas, yendo un poco más allá. Reducir la discusión a porcentajes y cantidades de tal o cual ácido graso que debe contener la dieta que consumimos es un mal enfoque. Si por algo en nuestro contexto geográfico tenemos mejores resultados que los anglosajones en términos de mortalidad por problemas cardiovascular (de 2-5 veces menos, según estudios) no es solo por que comamos más de ésto o menos de lo otros, sino por otra serie de elementos de contexto cultural que en este tipo de debates se omite: solemos dedicarle tiempo a comer, sentados, conversando, en familia. Comer es una actividad social, y no solo nutrirse. Así lo entendemos en la cultura mediterránea, y por eso, también, nos va mejor (solo en esto, en otras cosas no tanto…).

    Un abrazo