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Los bonobos prefieren rozarse con extraños

Un estudio muestra que los bonobos prefieren compartir comida con desconocidos antes que con miembros de su propio grupo

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Un bonobo comiéndose una papaya / Jingzhi Tan

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Si pudiese elegir, un bonobo preferiría compartir la cena con un extraño que con un familiar o un amigo. Aunque después de estas fechas haya humanos que puedan ver con buenos ojos la inclinación de los primates africanos, nuestra especie suele preferir compartir con los conocidos. Los bonobos, sin embargo, son capaces de invitar a un piscolabis a un desconocido mientras dejan a un miembro de su grupo mirando cómo disfrutan desde detrás de unos barrotes. Estos animales que parecen solucionarlo todo a base de retoce, tienen un interés exacerbado por incrementar su círculo social y prefieren hacer nuevas amistades aun a costa de descuidar las viejas.

Así lo ha mostrado un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Duke (EEUU), en el que pusieron a prueba la voluntad de compartir de los bonobos. Para hacerlo, tomaron a quince ejemplares huérfanos del santuario Lola Ya Bonobo en Kinshasa (República Democrática del Congo) y realizaron una serie de experimentos. En los primeros, había un bonobo en un habitáculo central con comida separado por rejas de dos habitáculos adyacentes. En uno de ellos había un bonobo del grupo del que tenía acceso a la comida y en el otro un individuo que no le conocía. El individuo que estaba en la habitación central podía comerse toda la comida solo o abrir una o ambas celdas para compartirla con sus congéneres.

«Los humanos dependen mucho de la tecnología y construir redes sociales con extraños facilita la transmisión de conocimiento»


Jingzhi Tan
Investigador de la Universidad de Duke

Nueve de los catorce animales que realizaron esta prueba decidieron abrir la puerta del desconocido en primer lugar, dos prefirieron a su compañero y tres no mostraron preferencia por uno u otro. Aunque el tercer individuo solía acabar por ser invitado a la fiesta, no era por iniciativa del bonobo que le conocía sino porque el desconocido le abría la puerta. Un chimpancé nunca lo habría hecho. Pese a la cercanía genética entre ambos primates, los primeros, como ha mostrado este estudio, se esfuerzan por complacer a los desconocidos, mientras los chimpancés son profundamente xenófobos, son agresivos con los miembros de otros grupos y pueden llegar a matarlos. Entre chimpancés, abrir la puerta a un desconocido en compañía de otro miembro de su grupo significaría ponerse en grave peligro.

Entre bonobos y chimpancés

En un punto intermedio, y de ahí buena parte del interés de estudiar a nuestros dos parientes más próximos en el mundo animal, se encuentran los humanos. Con un ancestro común con bonobos y chimpancés que vivió hace unos seis millones de años, nuestra especie tiene rasgos de estos dos primates africanos. Los humanos se pueden mostrar generosos con extraños hasta el extremo y hacer daño a desconocidos por el mero hecho de serlo. “Creemos que los humanos tienen tendencias mixtas, a veces actúan como los bonobos y a veces como los chimpancés, en función del contexto”, apunta Jingzhi Tan, uno de los autores del estudio. “Una de las razones por las que los humanos son amables con desconocidos es que nuestra especie depende mucho de la tecnología y construir redes sociales con extraños puede haber facilitado la transmisión de conocimiento”, añade.

Pese a la imagen altruista de los bonobos y a la ausencia total de violencia que mostraron durante los encuentros, estos animales no alcanzarían los niveles de generosidad que llegan a mostrar los humanos. En un segundo grupo de experimentos, los investigadores realizaron dos pruebas para comprobar cuáles podían ser los límites de la generosidad bonoba. En una primera prueba, colocaron al animal que controlaba el acceso a la comida en una situación en la que no le era posible alcanzarla, pero sí podía dejar que el otro bonobo disfrutase de ella. En nueve casos de diez, decidieron dejar que su congénere se alimentase.

Sin embargo, en el último caso, la bondad de los bonobos flaqueó. Se les colocó en una situación en la que podían acceder a la comida y compartirla con el otro bonobo, pero no obtendrían ningún contacto con él a cambio. En este caso, en el que había pérdida de comida pero no beneficio social, los bonobos dejaban de compartir. En humanos también se ha comprobado que si la donación es pública, la gente, para mejorar su imagen, se muestra más generosa que cuando es anónima, pero al menos algunos siguen siendo generosos aunque nadie se lo vaya a reconocer.


Vídeo | Vídeo de la Universidad de Duke mostrando el experimento /



REFERENCIA

'Bonobos Share with Strangers' DOI: 10.1371/journal.pone.0051922


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