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Un laboratorio virtual para el desarrollo

Un profesor español del MIT idea un laboratorio a distancia que ya han usado más de 7.000 estudiantes de 12 países, entre ellos mil africanos, para hacer 100.000 experimentos

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Miles de estudiantes de decenas de países se han beneficiado ya de un experimento que un profesor español ideó como respuesta a una frustración. Jesús del Álamo enseña ingeniería electrónica en el MIT, donde trata de que sus alumnos aprendan todos los secretos sobre el funcionamiento de los transistores y qué funciones tienen los circuitos cuando los conectas de una determinada manera. El prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts, cuyo lema es “mens et manus“ (mente y manos), cuenta con laboratorios muy avanzados, pero Del Álamo quería lo que busca cualquier profesor en cualquier escuela del mundo: demostrar a sus estudiantes cómo funcionan realmente las cosas. Y quería hacerlo en su clase.

Estudiantes de la Universidad de Dar Es-Salaam (Tanzania) prueban un prototipo de iLab.Ampliar

Estudiantes de la Universidad de Dar Es-Salaam (Tanzania) prueban un prototipo de iLab. /

“Para mí era todo demasiado teórico, en una clase demasiado grande, con muchos estudiantes y, además, los equipos que se necesitan para tomar este tipo de medidas son muy caros y requieren de un aprendizaje relativamente sofisticado”, explica ahora Del Álamo en su despacho del MIT, con vistas al fabuloso campus de Cambridge (Boston, EEUU) por el que pasan unos 10.000 alumnos al año. Era el año 1998. En los orígenes de la red, Del Álamo pensó que podría crear un laboratorio que fuera accesible de manera remota, donde él pudiera configurar un experimento y los estudiantes pudieran acceder a ese sistema experimental, controlando el equipo como si estuvieran delante de él para tomar tomar medidas. Un laboratorio real, por tanto, con equipos reales, pero accesible de manera virtual para todos sus alumnos.

Así nació iLab, un proyecto de cuya envergadura real Del Álamo sólo comenzó a ser consciente un par de años después de ponerlo en marcha. “Me di cuenta de que era un concepto muy poderoso”, cuenta. La primera ventaja del iLab es su flexibilidad: se puede acceder al laboratorio desde cualquier lugar y a cualquier hora del día. Esto es especialmente importante cuando los alumnos tienen que realizar experimentos en lugares de difícil acceso, como el reactor nuclear experimental que existe en el campus del MIT. “Los estudiantes del departamento de Física hacen experimentos en ese reactor, y normalmente tiene que soportar medidas de seguridad muy estrictas. Es algo que odian”, cuenta Del Álamo. “Lo que hicimos fue crear un sistema para analizar rayos de neutrones, todo controlado de manera remota, con lo cual los estudiantes pueden usarlo sin necesidad de desplazarse. Es un ejemplo en el que el acceso a través de la red añade mucha flexibilidad y, además, ofrece acceso a todo el mundo a un laboratorio único”, añade.

Es un proyecto, además, exportable, que se puede usar en otras disciplinas más allá de la electrónica, como la química y la física. Y  es, en tercer lugar, escalable: permite que un número considerable de estudiantes compartan instalaciones caras y complejas, lo que reduce sustancialmente su coste. “Cada universidad en el mundo tiene duplicados laboratorios que podrían ser compartidos por todos, lo que significa que podrías tener menos laboratorios, mejor equipados, accesibles a todos los estudiantes y en los que, además, se pueden compartir también los resultados de los proyectos”, resume Del Álamo.

 Bill Gates visitó hace dos años el campus del MIT para interesarse por el iLab

Pero fue una cuarta razón la que realmente impulsó a este profesor español, que trabaja en el MIT desde 1988, a dedicar buena parte de su tiempo al iLab: la educación para el desarrollo. Durante una visita al MIT de los presidentes de varias universidades africanas, Del Álamo les explicó el proyecto. Ellos, entusiasmados, pidieron ayuda a la Fundación Carnegie. Y así llegó el iLab al corazón de África.

“Ellos han trabajado con nuestro laboratorio pero, además, hemos desarrollado proyectos con ellos. Por ejemplo la Universidad de Makelele, en Uganda, ha creados nuevos laboratorios en electrónica o energía solar”, explica Del Álamo. Además, muchos de esos alumnos han viajado al MIT y compartido sus experiencias. Más de mil estudiantes africanos han usado ya el sistema del profesor español, que también ha dado el salto a países como Italia. No ha llegado a España. “He dado alguna charla en España pero, sí, es un poco extraño, no sé porqué no hemos trabajado aún en este país”.

Un estudiante practica con un experimento en iLab.Ampliar

Un estudiante practica con un experimento en iLab. /

Gran parte de la explicación se debe a que el iLab es la pasión de Del Álamo, pero no es su principal campo de trabajo. El profesor investiga alternativas al silicio que le permitan burlar la ley de Moore; iLab fue solo la manera que ideó para compartir sus experimentos. Eso no significa, sin embargo, que no crea en el poder de la idea: “Creo que este concepto puede revolucionar la educación de la ciencia y la ingeniería en el futuro”, asegura.

Del Álamo necesita algo más que fe. El proyecto ha sido financiado hasta ahora por la Fundación Carnegie y Microsoft; el propio Bill Gates visitó el campus hace algo más de dos años  para interesarse por él. Pero el proyecto está maduro, y esa financiación ha concluido. “En este momento estamos buscando un modelo económico para poder seguir adelante”, explica Del Álamo. “Desde este año, a las universidades europeas les cargamos cierta cantidad, algo más típico de la red. Por eso, yo animaría a las universidades que quieran trabajar con nosotros a experimentar con el concepto, y a encontrar un patrocinador para financiarlo”.

«Creo que este concepto puede revolucionar la educación de la ciencia y la ingeniería en el futuro»


Jesús del Álamo
Profesor del MIT

El profesor trata, también, de convencer a sus colegas, en el MIT y en otras universidades, del poder educativo y científico de su idea, que permite compartir ideas, experimentos y proyectos, en cualquier momento, y permite a estudiantes sin recursos poder utilizar los laboratorios de una de las instituciones que más premios Nobel atesora en todo el mundo (un total de 78). “Necesitamos convencer a los colegas de que este proyecto tiene sentido, que experimenten con ello y que vean de qué manera puede enriquecer sus cursos. Pero para mí no hay ninguna duda de que va a salir adelante”, concluye Del Álamo.

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