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Europa declina estrellar su telescopio de 1.000 millones contra la Luna

El telescopio espacial europeo Herschel será inservible en marzo. Un grupo de astrónomos había propuesto a la ESA usarlo como proyectil para descubrir nuevas reservas de agua en la Luna

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Recreación del lanzamiento de un proyectil contra la Luna en 2009 por la misión LCROSS / NASA

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Desde hace semanas, un equipo de astrónomos europeos planea cómo estrellar contra la Luna el mayor telescopio espacial que se ha construido. Su objetivo es abrir un cráter de más de 20 metros de diámetro cerca del polo sur del satélite al reventar el instrumento, que costó más de 1.000 millones de euros. No se han vuelto locos y la Agencia Espacial Europea (ESA), dueña del artefacto, ha considerando seriamente su propuesta… hasta hoy.

El objetivo de los astrónomos era abrir un cráter de 20 metros de diámetro cerca del polo sur de la Luna

“Acabo de saber de la ESA que no seguirán adelante con el plan de terminar la vida útil de Herschel con un impacto lunar, aunque no me han dado más detalles”, explica a Materia Neil Bowles, astrónomo de la Universidad de Oxford.

Herschel es un telescopio del tamaño de una furgoneta (más de siete metros de largo) que la ESA lanzó al espacio en 2009. El ingenio tiene un espejo de 3,5 metros que ha observado cientos de galaxias que eran invisibles para otros instrumentos. También ha detectado nuevos pasos en el nacimiento de las estrellas y demostrado que la mayoría del agua de la Tierra llegó a este planeta a bordo de cometas que impactaron con ella. Pero este es un telescopio de rayos infrarrojos y para ver correctamente las galaxias necesita que su maquinaria esté a unos 230 grados bajo cero. La ESA calcula que en marzo se le acabará el depósito de helio líquido que mantiene el gélido termostato. Una vez agotado, los instrumentos del telescopio espacial más grande del mundo serán inservibles.

Un misil útil

“El impacto contra la Luna era la única forma de hacer un poco más de ciencia con el telescopio Herschel”, resalta Bowles, que lideraba el plan del impacto lunar apoyado por una treintena de astrónomos.

Bien dirigido, Herschel podía convertirse en uno de los misiles más caros y útiles del mundo para hacer aflorar agua y nuevas materias primas de la superficie de la Luna, según Bowles. La misión produciría conocimientos claves para misiones tripuladas al satélite y el uso de esos recursos para elaborar combustible y adentrarse aún más en el espacio.

EEUU lanzó en 2009 un proyectil contra la Luna a casi 10.000 kilómetros por hora

EEUU ya llevó a cabo un impacto similar con su misión LCROSS, que en 2009 lanzó un proyectil contra los cráteres del polo sur del satélite a los que nunca llega el sol. Tras el impacto, a casi 10.000 kilómetros por hora, el equipo demostró que esos cráteres contienen abundante agua helada. Armado con el Herschel, Bowles quería hacer el más difícil todavía.

“Podríamos hacer chocar el Herschel con un ángulo mucho mayor que el de LCROSS, lo que significaría levantar mucho más material de la superficie para ser analizado”, resume el astrónomo. Los cálculos iniciales señalaban que LCROSS abrió un cráter de unos 20 metros de largo y tres de profundidad. Pero lo más importante es que Bowles quería dirigir su disparo a zonas del polo sur a las que sí llega el sol y en las que el agua puede estar a una profundidad de metros o incluso centímetros bajo la superficie.

Un telescopio zombi

La única otra opción considerada por la ESA era llevar el Herschel a una órbita cercana al Sol que no estorbe a la Tierra y los miles de satélites que la orbitan. Era la opción planeada desde el diseño de la misión y una que no dará ya ningún resultado científico. A partir de marzo, cuando se acabe su refrigerante, el telescopio se convertirá en un zombi que vagará por el espacio durante siglos.

“El factor económico desempeña un papel muy importante”, advertía esta mañana Göran Pilbratt, el científico jefe del proyecto Herschel. Pilbratt se encargó de dirigir la propuesta de Bowles a los responsables de la ESA que debían tomar la decisión sobre qué hacer con la nave. Al menos un comité de expertos dio su visto bueno y otro opinó de forma positiva sobre él, según Pilbratt. La decisión final era responsabilidad del español Álvaro Giménez-Cañete, director de ciencia y misiones robóticas de la ESA.

El coste adicional de estrellar el telescopio era de alrededor de un millón de euros

Pero la opción del impacto lunar era más cara, algo determinante en tiempos de crisis. Requería redirigir el Herschel desde su punto actual, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, y organizar un equipo de científicos que siguiese su trayectoria desde tierra y con sondas como la LRO de la NASA. “El coste adicional era de en torno a un millón de euros”, explicó Pilbratt, quien señaló que entre los responsables de Herschel había diferentes opiniones sobre el asunto, pero que tenía la sensación de que la mayoría estaba a favor del impacto.

¿Hubieran entendido los ciudadanos que el impacto fuese aprobado y se destrozase un instrumento pagado con dinero público? Pilbratt ofrece una anécdota reciente: “Un astrónomo amigo mío comentó hace poco la posibilidad de estrellar Herschel contra la Luna en una conferencia a la que asistían varios cientos de personas que no eran especialistas en ciencia. Mi amigo pidió que alzasen la mano aquellos que estuviesen a favor de esa opción. El 90% del auditorio levantó la mano”.

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