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ENTREVISTA | Carlos López-Otín, Codirector del proyecto para secuenciar el genoma de la leucemia linfática crónica

“Los principales peligros no vienen del conocimiento sino de la ignorancia”

El investigador habla sobre los últimos avances en la lucha contra el cáncer, el potencial transformador de la biología en la sociedad y la necesidad de que en tiempos de crisis se respeten la ciencia y la educación

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Carlos López-Otín durante la entrevista en El Escorial / Fundación Lilly

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“El cáncer es inherente a la biología de organismos pluricelulares como el nuestro, nos ha acompañado desde nuestros orígenes y antes que a nosotros también afectó a los dinosaurios o a las plantas”. Carlos López-Otín, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo, sabe que combatir contra el cáncer es luchar contra una versión deformada de nosotros mismos y conoce la dificultad de enfrentarse a un enemigo tan bien infiltrado entre los humanos. Por eso es cauto. Pero no cree que la complejidad de la batalla deba desanimarnos. “El envejecimiento de nuestras sociedades nos aboca a que haya más tumores, pero la ciencia también ha avanzado y se logra un cierto equilibrio; hoy más de la mitad de los tumores se curan, y creo que eso es algo extraordinario”, afirma.

III Carlos López-Otín

Es catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo y codirige el proyecto del Consorcio Español del Genoma de la Leucemia Linfática Crónica, inscrito en el Proyecto Internacional del Genoma del Cáncer. También ha realizado importantes investigaciones sobre enfermedades raras. Ha recibido reconocimientos como el Premio Rey Jaime I y es miembro de la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO)

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Junto a Elías Campo, del Hospital Clinic de Barcelona, López-Otín codirige el proyecto español para secuenciar el genoma de la leucemia linfática crónica, un cáncer de los glóbulos blancos de la sangre. Su objetivo es secuenciar y comparar los genomas de personas con este mal con otros sanos para detectar qué genes presentan las mutaciones más frecuentes y pueden ser clave para el desarrollo de la enfermedad. De momento, ya han identificado 80 entre los que se buscarán dianas para fármacos con los que atacar a la leucemia. La semana pasada, en El Escorial,  participó en el 21º Simposio Científico “Genomas del cáncer. Implicaciones clínicas y terapéuticas” organizado por la Fundación Lilly. Allí respondió a las preguntas de Materia.

“Hoy más de la mitad de los tumores se curan, y creo que eso es algo extraordinario”

¿Cuáles son las principales enseñanzas del estudio de los genomas del cáncer?

Hemos aprendido que el cáncer es mucho más complejo de lo que pensábamos. Antes se trataba de buscar aquello que fuera más frecuente en el cáncer y se encontraron algunas de las mutaciones de los genes más característicos para la enfermedad. Pero ahora, analizando todo el genoma de un tumor y comparándolo con muchos tumores de ese mismo tipo, hemos encontrado que no hay dos iguales. Las alteraciones que han generado un tumor son únicas para ese tumor y ese paciente, y aunque hay algunas comunes, otras son completamente distintas. Y otra cosa más que se ha aprendido este año es que no solo cada tumor es diferente sino que dentro de un mismo tumor hay diferencias. Uno puede tomar una muestra, hacer el genoma de esa parte y tener una información y unas mutaciones, pero tomas una muestra unos milímetros más allá y puedes tener unas mutaciones distintas.

Entonces, ese mismo tumor de la misma persona, ¿reaccionaría de distinta manera ante el mismo tratamiento?

Exactamente. A lo mejor, se hace una biopsia y eso es lo que determina el tratamiento. Pero si se hubiera tomado la biopsia de otra zona del tumor tal vez hubiera salido un perfil genético de mutaciones distinto y se habría optado por otro tratamiento. Esto nos obliga a ser conscientes de la complejidad del cáncer, pero al mismo tiempo nos permite ser optimistas porque la ciencia ha encontrado una tecnología, la de los genomas del cáncer, para abordar por primera vez esta complejidad en toda su profundidad. Eso no garantiza que se vayan a curar los tumores, pero sí que se va a tener más información que nunca para tomar decisiones.

“Tomar una biopsia del tumor en un punto o unos milimetros más allá puede suponer un tratamiento distinto”

Con la información que se ha obtenido y la que se espera obtener, ¿se puede diseñar un mapa de ruta para derrotar al cáncer?

El mapa de ruta tenía un primer hito: definir el paisaje genético de los 50 tumores más frecuentes analizando en cada uno de ellos 500 casos. Lo que hemos visto es que la diversidad es mayor de la anticipada, y ante esa diversidad, lo que constituirá el siguiente hito dentro de esta hoja de ruta es, a partir del desarrollo tecnológico y bioinformático, hacer realidad la posibilidad de realizar el análisis genómico y epigenómico de cada paciente. Ahora se trabaja para generar mucha información de manera colectiva y coordinada e integrarla con otras dimensiones moleculares como son el epigenoma o el transcriptoma, pero todo es una especie de preparación para llegar a un punto en el que la tecnología permita decidir en cada paciente cuáles son aquellas dianas terapéuticas que podrían ser de mayor relevancia clínica para cada caso particular.

La informática va a desempeñar un papel fundamental en este camino. ¿Cuáles son las limitaciones tecnológicas que hay que superar para entender y combatir mejor el cáncer?

Las limitaciones ya no tienen tanto que ver con el análisis, porque en los centros especializados es una tarea bien lograda. Lo que hay que hacer es generalizarlo. Hay muy pocos sitios en el mundo en los que sepan interpretar con precisión la información extraída de un genoma. Hoy un genoma humano se puede secuenciar en unas pocas horas, en menos de un día. Pero su análisis requiere no solo informáticos expertos sino también la mirada humana del científico, del biólogo molecular, que sea capaz de integrar esa información y trasladarla a propuestas de interés clínico para los pacientes. Y eso es una tarea pendiente porque hay pocos científicos formados en este campo. Todo es muy nuevo y cambia rápidamente, pero necesitamos que una vez secuenciado el genoma haya gente que lo analice y lo haga inteligible y práctico para la gente que está en la clínica.

“Los genomas no nos garantizan curar el cáncer, pero sí que tenemos más información que nunca para tratarlo”

Por otra parte, también hará falta que baje el coste de la secuenciación. Porque ahora se ha reducido de una manera extraordinaria tanto en el tiempo que requiere como en el dinero que cuesta, pero todavía no es algo universalmente accesible en un sistema de salud público. Ahora, tener información completa de un genoma de un paciente puede costar alrededor de 5.000 euros y esa cifra tendrá que rebajarse. Y va a suceder porque se están desarrollando nuevas tecnologías.

Entonces, además de abaratar la tecnología para hacerla más asequible, lo que hace falta para dar sentido a toda esa información es formar a personas.

Hace falta una formación amplia para que el lenguaje genómico no sea un lenguaje extraño sino que sea un lenguaje útil para la medicina. Nuestro objetivo es intentar trasladar la información a la práctica clínica y a veces parece que esto no pasa pese a que algunos de los trabajos de secuenciación tienen aplicación clínica directa. Por ejemplo, a través de proyectos de secuenciación de pacientes con enfermedades raras hemos identificado las causas que las producen y algunas de ellas son tan nuevas que han representado la definición de nuevas enfermedades, como el síndrome de Néstor y Guillermo, denominado así en honor de dos pacientes españoles que la padecen. El desciframiento de la causa genética de esa enfermedad ha permitido hacer un análisis genético en las familias que puede conducir a la erradicación de la enfermedad porque se puede anticipar su desarrollo. Esa es una aplicación clínica tan directa o más que un medicamento.

En ocasiones, parece que existe una dificultad de comunicación entre los investigadores básicos y los clínicos que trabajan con pacientes, ¿cómo se puede mejorar esa relación?

En nuestro proyecto no distinguimos entre investigación básica y clínica. Está perfectamente coordinada y nosotros desde la Universidad de Oviedo nos dedicamos más a los aspectos moleculares y desde el Hospital Clínico de los aspectos más clínicos, pero todo con un lenguaje compartido. No es fácil, pero también se está progresando en eso. A veces, todos nos exigimos mucho porque nos gustaría que los problemas se solucionaran ya, pero cuando te enfrentas a cuestiones científicas de esta complejidad, que es la que surge de nuestra propia idiosincrasia pluricelular y de los riesgos que tuvimos que asumir hace muchos miles de años para poder evolucionar, no caben soluciones sencillas.

“Uno no puede pensar que secuenciando unos cuantos genomas va a encontrar las claves de la curación del cáncer”

No es posible que un problema muy complejo en el que decenas de genes son alterados en centenares de mutaciones, en el que las epimutaciones pueden llegar a ser millones en una célula tumoral, tenga una solución fácil. Uno no puede pensar que secuenciando unos cuantos genomas va a encontrar las claves de la curación del cáncer. Pero yo siempre tengo presente una idea que resume nuestro trabajo: conocer para curar. Hay más de 3.000 enfermedades hereditarias de las que aún no se conoce la causa y si no conseguimos conocerlas, difícilmente se podrán curar. Además, la ciencia siempre mira lejos y no se debe precipitar. Trata de asegurar sus pasos aunque a veces se pueda sucumbir a esa presión de los resultados como sea. Pero esa presión es mala consejera.

Los trabajos en biología han desvelado una tremenda complejidad en procesos como el cáncer. ¿Existen enfoques que traten de dar sentido a este aparente caos, enfoques como el de los físicos teóricos que ayudan a dar sentido a fenómenos que si no parecen aislados e incomprensibles?

Me gusta esa analogía porque el origen de la biología molecular no está ni en la biología ni en la química, sino en la física. El principal ideólogo que condujo al descubrimiento de la estructura en doble hélice del ADN, que es el icono de la ciencia biológica moderna y el motor de toda esta transformación, Francis Crick, era físico. Después de la segunda guerra mundial, muchos físicos intentaron que sus conocimiento se utilizaran en algo mucho más provechoso que en lo que se había utilizado hasta entonces y como son, en general, extraordinariamente inteligentes, porque tienen la mente educada para un pensamiento más abstracto que los demás, encontraron soluciones a problemas biológicos, incluyendo las claves de la vida que se encerraban en la estructura en doble hélice del ADN.

“El ideólogo del descubrimiento del ADN, el icono de la ciencia biológica moderna, era un físico”

Hoy la biología necesita avanzar integrando toda esta información y eso se llama biología de sistemas, que asume que la vida y las enfermedades son una propiedad emergente, de manera que el todo es más que la suma de las entidades que lo constituyen. Dicho de otra manera, la biología en todos estos años ha tratado de ser reduccionista. Ha pasado de los organismos a explicar la vida y las enfermedades en términos de las estructuras, funciones y transformaciones de una serie de macromoléculas, sobre todo del ADN. Ahora que este viaje ha terminado en buena medida con la capacidad humana de secuenciar genomas, hay que intentar integrar toda esa información y esa integración ya no es territorio exclusivo de los biólogos, y es posible que no sean siquiera los principales protagonistas.

Esta integración la tienen que hacer los matemáticos, los físicos, los químicos a través de la biología sintética, la informática… Un mundo multidisciplinar muy variado en el que fluya lo que llamaríamos la transciencia, esa ciencia capaz de mirar a la naturaleza y tratar de interpretarla con distintas disciplinas. Creo que estamos en ese momento y los progresos del futuro vendrán de estas intersecciones. En España, en el CRG, por ejemplo, hay un buen programa de biología de sistemas, pero incluso en mi propio laboratorio de la Universidad de Oviedo, el último estudiante incorporado para hacer su tesis es un ingeniero industrial. Hasta ahora había habido médicos, biólogos sobre todo, bioquímicos, farmacéuticos, químicos… Algo va a pasar, una transformación que va a avanzar hacia estos conceptos nuevos de transciencia va a suceder y hay que estar preparado para ello, para hablar nuevos lenguajes.

“Ahora hay que integrar la información que hemos acumulado sobre el cáncer y esa no es tarea exclusiva de los biólogos”

¿Qué es eso que va a pasar?

Este año, el premio Nobel de medicina se ha concedido a John Gurdon y Shinya Yamanaka. Yamanaka, hace siete u ocho años, era un científico como muchos que trabajaban en áreas de biología molecular o celular, pero él fue capaz de, solo con cuatro proteínas que controlan los cambios epigenéticos que sufre una célula durante el desarrollo y el envejecimiento, hacer regresar a esa célula adulta en el tiempo hasta hacerle recuperar un pasado pleno de pluripotencia. Esto nos indica que algunos de los dogmas que aún quedaban en biología, como que una célula diferenciada adulta es una célula final que no se puede reprogramar, no son ciertos. No solo se puede sino que además es bastante sencillo. Esto nos muestra que en el amanecer de esta nueva era hay una serie de tecnologías no muy complejas, accesibles a casi cualquier laboratorio de biología molecular, que permiten incluso redefinir dónde consideraríamos que está el principio de la vida desde el punto de vista celular.

Todo esto hace que la ciencia biológica esté avanzando más rapidamente que los conceptos éticos por los que nos manejamos. Por eso es tan importante estar muy pendientes y muy atentos y divulgar todo este conocimiento para que la sociedad sea consciente de lo que se está haciendo.

“Hay tecnologías muy accesibles que permiten redefinir dónde consideramos que está el principio de la vida”

¿Cree que ese avance tan rápido puede provocar una reacción adversa en la sociedad por miedo a todas esas novedades?

Los principales peligros vienen no de la información o del progreso en el conocimiento sino de la ignorancia. La ignorancia, la incultura, el desconocimiento es lo que nos debería preocupar. Lo otro es cuestión de transmitirlo. Además, veo que, un poco recordando a Julio Verne, todo lo que un hombre imagina otro lo acabará haciendo. Yo creo que si ahora se puede secuenciar un genoma para intentar resolver una enfermedad, se hará y si lleva un poco más de tiempo y es caro, pues se superarán esas barreras. Y la población querrá saber, luego nuestra obligación es transmitir el conocimiento. No solo entre especialistas, sino entre todo el mundo, porque yo, que no soy biólogo, creo que la biología ahora es la disciplina que puede contribuir en mayor medida a cambiar la sociedad. Mucho más que cualquier otra. Porque está proyectando una mirada muy profunda sobre la vida, sobre las enfermedades, el envejecimiento y la muerte.

La crisis actual, ¿está poniendo en peligro estas aportaciones tan relevantes de la ciencia para la sociedad?

Lo verdaderamente crítico no son los grupos que ya estamos aquí y llevamos muchos años trabajando. Lo verdaderamente crítico ahora es el apoyo a las nuevas generaciones. No puede ser que después de toda la inversión que se ha hecho durante muchos años en jóvenes y ya no tan jóvenes, ahora los dejemos abandonados, que no encuentren ningún lugar donde trabajar en España. ¿Se quedarán sin trabajo? Probablemente no, porque en otros países no está pasando esto e incluso la inversión científica sigue aumentando. Y probablemente habrá un éxodo y el éxodo del talento es el que menos se puede permitir un país. Hemos tenido ejemplos en el pasado y luego cuesta mucho recuperar un retraso. Y cuando digo mucho, me refiero a 40 o 50 años. Yo intentaría, dentro de que todos reconocemos que la situación global de nuestro país es sorprendentemente desastrosa, después de habernos creído que vivíamos en un país del máximo esplendor, que consideremos que en el ámbito de la educación y la investigación haya unas líneas rojas que no se deben cruzar.

“El éxodo del talento es el que menos se puede permitir un país”

¿Piensa que aún no se han cruzado estas líneas?

Hace pocos días, algunos científicos escribimos algunos mensajes a las más altas instancias políticas y administrativas del país, alertando, con el máximo respeto y desde la comprensión de la situación actual, de que hay líneas rojas que no se deberían cruzar. Así que esperemos que no se crucen, en forma de convocatorias anuales de proyectos de investigación, becas para la formación de personal investigador y universitario, para estudiantes postdoctorales, las Ramón y Cajal o Miguel Servet… Todo esto es parte de un patrimonio de toda la sociedad en general que no se debe perder. Estamos a la expectativa. Creo que se está a tiempo todavía. Entendiendo que va a haber recortes, no se puede perder este ritmo que costó tantos años alcanzar.

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