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El hambre y el caos político diezman los tesoros naturales de Madagascar

La biodiversidad endémica de la isla, de las más valiosas del mundo, sufre por culpa de la inestabilidad política que ha llevado a la ruina al país

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Los lémures son los primates más amenazados del planeta. / Cristina Mittermeier

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Madagascar es uno de los pocos países del mundo considerados “megadiversos” por contar con una de las mayores concentraciones de biodiversidad del planeta. Siendo algo más grande que España, allí se encuentran el 5% de las especies de animales y plantas que se conocen. Más de 200.000 de estas especies son endémicas; si desaparecen allí, desaparecen de la Tierra. Y en esto llegó la política, con sus luchas de poder, para arruinar un ecosistema tan precioso como frágil.

“La inestabilidad política es sin duda una de nuestras principales preocupaciones. Hemos visto un aumento en la corrupción y la explotación ilegal de los bosques, por lo general en áreas protegidas. A esto se suman otros crímenes contra la vida salvaje, como la caza furtiva de lémures y la tala de palmeras en peligro de extinción”, explica William Baker, uno de los mayores especialistas en la botánica de la isla. Como responsable de este área de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) acaba de publicar un estudio que señala que corren peligro de extinción el 83% de las 192 especies endémicas de palmeras que pueblan Madagascar.

En la isla se encuentran el 5% de las especies de animales y plantas que se conocen

Los lémures, una familia de primates exclusiva de la isla, están incluso más amenazados que las palmeras: el 91% de las 103 especies y subespecies de lémur están a escasos pasos de desaparecer para siempre del planeta. Uno de los primatólogos más importantes del mundo, Russ Mittermeier, resume su diagnóstico: “Obviamente, el caos político está en el origen de esta gran pérdida de la biodiversidad. Las mayores amenazas para los lémures son la continua pérdida de sus hábitats y el aumento de la caza furtiva ante la desaparición de los controles gubernamentales. Desde el golpe de Estado, el Gobierno está haciendo poco o nada para defender los ecosistemas, también debido a que algunas personas de su entorno se benefician de esta invasión de algunas áreas protegidas para talar de forma ilegal a maderas valiosas”, asegura Mittermeier por email.

Madagascar lleva una década sumida en continuas crisis políticas que no permiten prestar la debida atención a sus problemas ecológicos, precisamente en el momento en que más falta hace. Tal es la inestabilidad de la política malgache que el joven presidente del Gobierno de la isla, Andry Rajoelina, colocado allí tras el golpe militar de marzo de 2009, ostenta el cargo de presidente de la Transición. Al no contar con legitimidad por parte de la comunidad internacional, tampoco cuenta con su financiación, que proporcionaban en torno a la mitad del presupuesto del país. Sin dinero y sin voluntad política, los tesoros naturales no han tardado en arruinarse; en algunos casos, para siempre.

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El presidente malgache, Andry Rajoelina, dándose un baño de multitudes / Gobierno de Madagascar

La isla se desgajó de la India hace entre 65 y 80 millones de años, después de haberse separado de África por su otro costado. La mayoría de las especies llegaron allí a nado, como mostró una investigación participada por el CSIC, pero no pueden huir del mismo modo para su desgracia. Entre 1950 y 2000, se perdió el 40% de la superficie forestal del país. En los cinco años siguientes, se perdieron otras 50.000 hectáreas de bosque. Un ritmo infernal que se acelera cada año: “La principal amenaza para las palmeras es la destrucción de los bosques tropicales, en buena medida debido a la agricultura de tala y quema. Estos bosques ya se han reducido a menos de la cuarta parte de su extensión original y siguen disminuyendo. Las palmeras están llegando a un punto crítico, como otras especies de plantas y de animales”, alerta Baker.

Tanto palmeras como lémures se enfrentan a una amenaza mayor: el hambre de una población cada vez más empobrecida por culpa de la falta de recursos económicos provocada por la crisis política. “Ambos son fuentes de alimento para los seres humanos”, resume Baker. Según explica este investigador, las palmeras están arruinadas incluso allí donde la deforestación todavía no es un problema, porque la población local extrae los palmitos para comerlos, “y matan a la planta”. “Se ha llegado a un punto en el que las comunidades rurales muy pobres dependen de las palmeras para su subsistencia; a medida que los bosques decrecen y su explotación aumenta, el futuro del ecosistema es insostenible”, razona.

Lejos de los objetivos deseados

Mucho menos crítico con el Gobierno se muestra el responsable de los planes de conservación de especies de WWF en Madagascar, Tiana Ramahaleo, quien representó a su país en Durban durante la última cumbre internacional sobre el cambio climático. “Sí, admitimos que algunas especies se han visto afectadas por la campaña de la tala ilegal de 2009, pero no creo que la situación haya cambiado drásticamente: en algunos casos, lo único que ha cambiado es que los datos son cada vez más precisos sobre algunas especies”, afirma Ramahaleo.

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Ejemplar de palmera suicida, especie endémica de Madagascar. / Kew

Este conservacionista reconoce que “debido al hecho de que el actual Gobierno es de transición, la normativa sobre entornos naturales y áreas protegidas tienen que esperar al regreso de la normalidad, pero eso no ha afectado a nuestro trabajo en el campo”. En 2003, el Gobierno se comprometió a establecer un área protegida de 6 millones de hectáreas, un compromiso que no se ha cumplido pero que todos tienen como objetivo. Para Ramahaleo, el principal impacto de la crisis es la ausencia de fondos destinados al medio ambiente, ya que los mermadísimos recursos se han dirigido a atender a los ciudadanos más vulnerables.

Ante la ausencia de apoyo gubernamental, todos los expertos consultados coinciden en que deben ganarse el apoyo popular para frenar el deterioro natural. “La clave ahora es trabajar estrechamente con las comunidades locales. Necesitamos un cambio urgente mientras logramos que lleguen fondos para continuar el trabajo de conservación”, afirma Mittermeier, quien adelanta que en este momento están cerrando un plan de acción para salvar a los lémures que cuenta con cinco millones de dólares de financiación.

Baker pone como ejemplo un caso de éxito: su organización, el Real Jardín Botánico de Kew se sirvió de su grupo de trabajo en la isla para organizar una colecta que permitiera distribuir semillas de palmera suicida. “Ahora, la palmera es cultivada ampliamente en jardines botánicos y por cultivadores aficionados. El dinero fluyó de nuevo hasta las comunidades locales, que lo utilizaron para reparar la escuela local y para hacer más eficientes sus cultivos. Así, vieron el beneficio real y tangible que supone apoyar el proceso de conservación”, sentencia.

MÁS INFO
» Las palmeras de Madagascar corren peligro de extinción (UICN)
» Primates en peligro (Conservation.org)

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