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Viejos fármacos para nuevos tratamientos

El reposicionamiento de medicamentos está permitiendo obtener nuevos productos con moléculas pensadas para otros fines o que incluso eran dañinas

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La píldora de viagra surgió de un fármaco pensado para tratar la hipertensión / matsuyuki

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A mediados de los noventa, en el Reino Unido, empezaron los ensayos clínicos para probar la eficacia del sildenafilo frente a la angina de pecho y la hipertensión pulmonar. En aquellas primeras pruebas los científicos no observaron grandes mejoras en la angina de los pacientes, pero se percataron de que producía erecciones notables. En 1998, dos años después de patentar el fármaco, bautizado como Viagra, Pfizer ya ganaba mil millones de dólares anuales por aquel descubrimiento de chiripa.

El hallazgo de la viagra, más o menos casual, es una muestra del potencial desconocido de muchos fármacos y de todo lo que se ignora sobre los mecanismos de funcionamiento de gran parte de los tratamientos que utilizamos. A esas lagunas de conocimiento se han acercado desde hace un tiempo varias compañías farmacéuticas y biotecnológicas para pescar nuevos medicamentos que comercializar y nuevas soluciones que ofrecer a muchos enfermos. La idea: reposicionar fármacos que ya están en uso para que curen enfermedades contra las que aún no se utilizan.

El reciclaje de fármacos ya en el mercado puede ser una solución para enfermedades olvidas o raras

Las dificultades para descubrir nuevos medicamentos ha obligado a las grandes farmacéuticas a utilizar esta herramienta o colaborar con pequeñas compañías más innovadoras para reciclar sus productos. En los últimos años, la inversión de tiempo y dinero necesaria para sacar un nuevo fármaco al mercado se ha multiplicado y ronda los 14 años y los mil millones de euros. “Trabajar con un medicamento ya existente, del que se conocen los efectos adversos, la toxicidad o la eficacia clínica abarata mucho el proceso, entre otras cosas porque ya se ha hecho antes una parte importante de la labor que requieren las agencias reguladoras para aprobar un fármaco”, explica Mabel Loza, coordinadora del grupo de investigación BioFarma de la Universidad de Santiago de Compostela.

Loza cuenta que este enfoque ha proporcionado resultados prometedores, por ejemplo, en la lucha contra la malaria. Un grupo de investigadores de la Universidad Johns Hopkins (EEUU) creó un catálogo de 2.687 fármacos entre los que buscó inhibidores del parásito que provoca la malaria, el Plasmodium falciparum. Finalmente, lo encontraron en el astemizol, un medicamento antihistamínico empleado para combatir las alergias. La utilización de estos catálogos es una forma de acelerar y abaratar el proceso de búsqueda de fármacos, algo especialmente útil en enfermedades que sufren los países subdesarrollados como la malaria, o de las enfermedades raras.

«Hay muchas enfermedades neurológicas que se producen por mecanismos básicos comunes aunque luego acaben produciendo resultados distintos»


Mabel Loza
Coordinadora del grupo de investigación BioFarma de la Universidad de Santiago de Compostela

Precisamente este año, el Instituto de Salud Carlos III aprobó un proyecto de reposicionamiento de fármacos para tratar enfermedades raras. Este plan, coordinado desde el Parque Científico de Barcelona y en el que también participará el Instituto Municipal de Investigación Médica de Barcelona y el equipo de Loza, permitirá elaborar una base de datos de interacciones de fármacos que se utilizan frente a otras dolencias con proteínas relacionadas con enfermedades raras.

Otro de los caminos para encontrar nuevos usos a viejos medicamentos consiste en revisar sus efectos adversos. Un ejemplo simple de este enfoque convertiría en un candidato para tratar la diabetes a fármacos que, como efecto indeseado, causan hipoglucemia. Un estudio publicado por investigadores de la farmacéutica GlaxoSmithKline animaba a prestar más atención a “los efectos secundarios en los ensayos clínicos y no solo a evaluar sus efectos dañinos”, con el fin de explorar el potencial reposicionamiento.

Aunque el mecanismo por el que un medicamento cura sea desconocido o aún no se entienda bien, eso no significa que sea algo aleatorio. La viagra, por ejemplo, desarrollada originalmente para tratar la hipertensión, es un inhibidor de la enzima fosfodiesterasa 5. En su nuevo uso para tratar la disfunción eréctil, esa misma enzima es también la diana molecular responsable de su efectividad. Por ese motivo, tiene una gran importancia la investigación básica, para lograr que, además de producir fármacos que funcionen, se conozcan los mecanismos fundamentales que los hacen eficaces.

Medicamentos reciclados


Sildenafil (Viagra) Pasó de ser un candidato para tratar la hipertensión a ser un fármaco para la disfunción eréctil
Gemcitabina (Gemzar) Pasó de ser un posible antiviral a utilizarse frente a algunos tipos de cáncer
Finasteride Utilizado para tratar el cáncer de próstata (Proscar) se reposicionó para tratar la alopecia (Propecia)
Raloxifeno (Evista) Utilizado como anticonceptivo, se reutilizó para controlar la osteoporosis
Minoxidil (Rogaine) Pasó de ser un posible tratamiento para la hipertensión a un fármaco contra la caída del pelo
Talidomida Reposicionado de antiemético a tratamiento frente al cáncer

Esta es una de las posibilidades que puede ofrecer la convocatoria para 2013 de la IMI (Iniciativa de Medicinas Innovadoras), un consorcio publico-privado europeo con 2.000 millones de euros de presupuesto que ha incluido entre sus prioridades proyectos de reposicionamiento de fármacos en neurología. Esta iniciativa, financiada a medias por la UE y por la industria farmacéutica, trata de eliminar los obstáculos para el descubrimiento de nuevos medicamentos y el ámbito neurológico puede tener un especial interés. “Hay muchas enfermedades neurológicas que se producen por mecanismos básicos comunes aunque luego acaben produciendo resultados distintos”, explica Lozano. “Parece que hay una base genética común, que hay algo común en los elementos fisiopatológicos”, añade.

Si la viagra es un ejemplo del potencial comercial del reposicionamiento, el de la talidomida puede ser una muestra aún más radical de las posibilidades de este enfoque. Este fármaco, vendido entre 1958 y 1963 como sedante o para calmar las náuseas del embarazo, produjo graves malformaciones en miles de bebés durante aquellos años. Aquel caso endureció los controles de seguridad necesarios para sacar una molécula al mercado y es posible que, en parte, el desarrollo de un nuevo medicamento sea hoy tan difícil por lo que sucedió entonces. Medio siglo después, la talidomida se emplea para combatir varias enfermedades, desde el cáncer a la lepra. Eso sí, con nuevas precauciones para evitar que ninguna embarazada vuelva a tomar el medicamento.



"El sistema público de salud y sus médicos ofrecen ventajas frente a EEUU"

En España, además de la investigación que se está llevando en el ámbito académico, también hay compañías que ya están trabajando para sacar al mercado nuevos fármacos. Un ejemplo es Vivia Biotech, que tiene previsto empezar a probar en pacientes el año que viene un medicamento contra un tipo de cáncer hematológico. Esta molécula se obtuvo gracias a una plataforma que permite estudiar el efecto de miles de fármacos en una muestra del paciente enfermo para ver cuál es el más efectivo contra la enfermedad sin ser al mismo tiempo tóxico.

“Yo llevaba 16 años en EEUU y creé mi propia empresa biotecnológica en EEUU a partir de esta plataforma”, explica Joan Ballesteros, presidente de Vivia Biotech. Esta nueva tecnología se obtuvo reinventando ” una máquina que está en el hospital para mirar la sangre y saber si los glóbulos blancos están altos o bajos, y automatizándola para analizar los efectos miles de fármacos sobre la sangre”. Ballesteros se trajo la tecnología y a parte de su equipo estadounidense a España porque consideró que aquí tenía más posibilidades de éxito. “El sistema público de salud y sus médicos, que están mucho más predispuestos a colaborar, a ofrecerte muestras y tienen una visión más social, hace que para este tipo de trabajos tengamos ventajas sobre EEUU”, explica Ballesteros.



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