Materia, la web de noticias de ciencia

Lee, piensa, comparte

La ciencia intenta ganar dinero sin especular

Investigadores metidos a empresarios analizan en Valencia las trabas burocráticas y las oportunidades de negocio que ofrece España para crear empresas basadas en la ciencia. Hoy crearán la Asociación Española de Emprendedores Científicos

Más noticias de: I+D, innovación, política científica


LEER
IMPRIMIR

La crisis está sacando a los científicos españoles de sus  laboratorios. Algunos han salido para protestar contra los continuados recortes del presupuesto público dedicado a ciencia desde hace cinco años. Otros se han puesto una corbata y han comenzado a hacer negocios. Se trata de investigadores emprendedores que quieren fundar una empresa y hacer dinero con sus descubrimientos científicos. Durante décadas han sido una especie rara que, tal vez debido a la crisis, ha comenzado a crecer en número o al menos a hacer más ruido.

DASAmpliar

Una de las antenas del radiotelescopio ALMA, en Chile. Uno de sus componetes claves han sido fabricadas por la compañía española DAS, surgida en el Centro de Tecnología Nanofotónica de la Universidad Politécnica (UPV). /

“La crisis está funcionando como un detonante para los emprendedores científicos”, explica Manuel Pérez-Alonso, profesor de la Universidad de Valencia y empresario de biotecnología. Pérez-Alonso comenzó a abrir empresas basadas en adelantos de secuenciación genética hace 15 años y desde entonces no ha cejado en su empeño de seguir emprendiendo, a pesar de que el entorno económico y presupuestario no sea el más propicio. “No sé si los recortes son evitables, pero ante ellos podemos hacer dos cosas, o nos quejamos o damos el salto para engranar la ciencia con aplicaciones prácticas”, opina Pérez-Alonso.

Este año el profesor ha organizado el I Congreso Nacional de Científicos Emprendedores, que se celebra en Valencia hasta mañana y que ha reunido a 300 participantes y unas 50 empresas. Aquí hay de todo, desde estudiantes que aún sopesan si su idea es lo suficientemente buena como para montar una empresa a científicos veteranos que han hipotecado su casa para seguir adelante con sus compañías, pasando por investigadores de centros públicos que fundaron su empresa con 3.000 euros y que ahora piensan si salir a Bolsa.  En conjunto, y ante un panorama económico muy adverso, este colectivo respira inquietud más que derrotismo.

“Si Julio Iglesias ha podido ganar tanto dinero cantando, nosotros, con buenas ideas, no podemos ser menos”, ha bromeado hoy ante la audiencia Pablo Escribá, catedrático de la Universidad de Islas Baleares y principal accionista de la empresa Lipopharma. Fundada en 2002, la firma desarrolla fármacos contra el cáncer y el alzhéimer.

Durante las ponencias no han faltado referencias a la carrera de obstáculos a la que se enfrentan la mayoría de emprendedores del país. España está en el puesto 136 mundial de 185 en facilidad para comenzar un negocio, según datos del Banco Mundial. Gran parte del problema son las trabas burocráticas que hay que pasar para abrir cualquier compañía. La cosa se complica más aún cuando un científico quiere sacarle provecho económico a sus descubrimientos. En muchos casos se tratará de un investigador pagado con dinero público. El proceso para que la entidad (una universidad, por ejemplo) transfiera la tecnología al emprendedor puede ser rocambolesco.

“A nosotros la universidad nos pidió 12 millones de euros para dejarnos desarrollar nuestra patente”, explica Escribá. Era algo inviable para una empresa que había sido creada con un capital de 4.000 euros y que aún no tenía ingresos. El trato se renegoció hasta hacerlo viable y hoy la entidad está “valorada en 30 millones de euros”, según Escribá. Pero el proceso de negociación les hizo perder unos unos cuatro años.

“Hace unos años hacer una spin-off era un calvario”, reconoció ayer Fernando Conesa, director del Centro de Transferencia de Tecnología de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV). Las spin-off son las empresas que surgen de centros académicos y en las que investigadores tienen que llegar a un acuerdo con sus centros de investigación para explotar comercialmente sus descubrimientos. Las cosas han mejorado un poco, aunque el proceso de creación de estas empresas sigue siendo “largo”, dijo Conesa. Por el momento, ninguna de las spin-off salidas de la UV da retornos económicos a la universidad, añadió.

No todo son sombras. Las características del sector científico español son propicias para hacer de la necesidad virtud. “Los salarios de los científicos en España son más competitivos que en el Reino Unido y aquí tenemos nichos para hacer buenos negocios en biotecnología”, resalta Escribá. Lo mejor sería regar ese potencial con ayudas estatales, añade. “En la Alemania de hace 10 0 15 años, con el boom de las empresas de biotecnología, el Estado invertía el equivalente de siete euros por cada euro que ponía el emprendedor”, comenta Escribá. Hoy esto es una quimera en un país como España, pero el investigador propone que el Estado entre en el accionariado de nuevas empresas en lugar de dar subvenciones a fondo perdido. Otra traba para el desarrollo del sector es su escaso atractivo fiscal, que no es comparable al de países europeos líderes en innovación. “En Reino Unido las exenciones fiscales para las inversiones en I+D+i son mucho mayores”, destaca Escribá.

Negocio sin especuladores

Los propios científicos son parte del problema. Durante décadas, muchos han sido reacios a entrar en el mundo del capital o a intentar sacar provecho económico de sus descubrimientos. “Un científico es todo lo opuesto a lo que se necesita para hacer un negocio, pero sin embargo son necesarios”, espetó durante su ponencia José María Lagarón, científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Lagarón fundó en 2005 una empresa poniendo de su bolsillo los 3.100 euros necesarios. Su objetivo era fabricar nuevos nanomateriales basados en arcilla de forma que, tras el proceso de elaboración, el valor de la materia prima se revalorizase unas mil veces. Podría parecer alquimia, pero se llama nanotecnología. Hoy la compañía, Nanobiomatters, exporta materiales que se usan en la industria textil y de los muebles, ha recibido una inversión de 13 millones de euros y se plantea salir a bolsa, según explicó Lagarón durante el congreso.

Congreso ValenciaAmpliar

Carmen Vela, con Esteban Morcillo, rector de la Universidad de Valencia, y la consellera d’Educació, Formació i Ocupació, Mª Jose Catalá. / UPV

“Para el científico hacer negocio era como mancharse”, coincide Pérez-Alonso. “Es un término que produce rechazo, pero que en realidad sólo supone generar ingresos y, en cierta medida, reducir costes. Al final no nos metemos en esto por el dinero sino por desarrollar nuestros conocimientos”, añade.

Cuando un científico se lanza a fundar una empresa entra en un mundo empresarial que “se parece a un programa de [Félix] Rodríguez de la Fuente”, bromea de nuevo Escribá, porque “hay víboras, buitres, leones y panteras”, añade.

Uno de los objetivos de Pérez-Alonso con este congreso, que han financiado principalmente la Generalitat de Valencia y la Universidad de Valencia, es que la ciencia no caiga en la especulación. “En su raíz, una casa es la esencia de la humanidad, algo que te protege de las inclemencias del tiempo. Pero con la entrada de especuladores construir casas se ha convertido en algo que ha hundido al país”, señala. La idea es evitar la “rapiña continua” que ha caracterizado otros sectores, dice, y proteger a los emprendedores ante posibles jugarretas legales. “Hay indicios de que los especuladores vienen ahora detrás de empresas con base científica, por lo que no se trata de crear y crear compañías sin sentido, sino de respaldar al emprendedor”, añade.

Pérez-Alonso ha puesto en marcha un código de buenas prácticas para empresas científicas. “La base es la transparencia en la creación y los negocios y el respeto al emprendedor”, explica el científico. Este código pasará a formar parte de los estatutos de la Asociación Española de Emprendedores Científico-Tecnológicos, que se creará hoy durante el congreso.


Nadie sabe cuántas empresas científicas hay en España

El Congreso de Emprendedores Científicos fue inaugurado ayer por la secretaria de Estado de I+D+i, Carmen Vela, quien anunció que “en un periodo no superior a dos semanas” estará lista la nueva Estrategia Estatal de Innovación, el documento maestro del Gobierno para fomentar el “cambio de modelo productivo” hacia una economía más basada en el conocimiento científico y la tecnología.

Uno de sus objetivos es que en 2015 haya 40.000 empresas más que hagan innovación, lo que supondría doblar su número respecto a 2010. Pero los gestores que tengan que comprobar si se ha cumplido ese objetivo lo van a tener difícil. “En España no hay ningún censo de empresas con base científica, por lo que no sabemos cuántas hay”, explica Manuel Pérez-Alonso. El organizador del congreso dice que le transmitió a Vela este problema y que ambos trataron de buscar nuevas formas para cambiar el registro actual de empresas, que no incluye un código específico para las compañías de este tipo.


Archivado en: I+D, innovación, política científica




COMENTARIOS