Materia, la web de noticias de ciencia

Lee, piensa, comparte

Los peces payaso riñen a voces para evitar agresiones físicas

Esos animales mantienen su estricto orden jerárquico y sexual con continuos ataques sonoros que utilizan para eludir una violencia real que podría afectar a la supervivencia del grupo

Más noticias de: comportamiento animal, evolución, fauna, fauna marina


Vídeo | /

LEER
IMPRIMIR

Los peces payaso son una de las especies más propicias para reinar en los acuarios: son vistosos, resistentes y más bien caseros, ya que adoran establecerse en pequeños entornos. Aunque los popularizó en 2003 un filme de animación de Pixar, el estudio de su comportamiento está mostrando que son animales que encajarían mejor en un reality como Gran Hermano o incluso en una película de Almodóvar. Agresivos, hermafroditas y con un sentido de pertenencia muy desarrollado, se enzarzan sin freno en violentas discusiones para defender a voces sus privilegios sexuales frente a sus rivales, según relata un estudio publicado en PLoS ONE.

Estos fotogénicos peces viven en pequeñas familias fuertemente jerarquizadas en función del tamaño. Sólo los dos más grandes tienen relaciones sexuales, mientras el resto espera su oportunidad sometidos a los gruñidos de los jefes. El mayor pez será la hembra, que se reproducirá con el macho que le siga en tamaño. Y ese macho cambiará de sexo en cuanto la hembra muera o desaparezca por cualquier motivo.

Peces payasoAmpliar

Los peces payaso emiten sonidos para ahuyentar a sus rivales en el apareamiento. / Loren Javier

Y la condición de macho reproductor se mantiene a voces, para que el pequeño no olvide su condición de subordinado. Con mucha regularidad, el pez grande agrede verbalmente a los pequeños, según recogen los investigadores de la Universidad de Lieja, que trabajaron con ejemplares recogidos en corales cercanos a Okinawa (Japón).

Los numerosos rapapolvos constan de dos partes: primero el ataque, una especie de acoso y derribo acompañado por chasquidos graves, firmes y prolongados, generados al golpear los dientes. Después, el pez pequeño responde con pequeñas voces, más cortas y agudas, que emite mientras agita la cabeza, todo en señal de sometimiento.

Estos dos tipos de sonidos muestran diferencias acústicas en función del tamaño del pez  (frecuencia y duración del chasquido), unas características que según el estudio servirían para identificar a cada individuo dentro del grupo. Otras investigaciones previas ya han señalado que se podría identificar fácilmente el tamaño del espécimen al escuchar el sonido que emite.

Peces ladradores, poco mordedores

A diferencia de otros peces, los sonidos que reproducen no se utilizan nunca para atraer a la pareja, que está garantizada por su condición. Es más bien una manera de mantener a raya a los demás miembros del grupo abroncándoles regularmente.

“Han evolucionado hacia un sistema ritualizado de amenazas que sirven para eludir lesiones físicas”

“Los peces payaso han evolucionado hacia un sistema ritualizado de amenazas y posturas sumisas que presumiblemente sirven para eludir lesiones físicas en peleas dentro del grupo”, explican los autores. Bravuconerías verbales todas, siempre para evitar las agresiones físicas reales que mermaran la fortaleza del grupo. ”Estas señales acústicas parecen ser una parte integral de su comportamiento diarios. Su uso en los enfrentamientos puede ser una estrategia eficiente de prevenir conflictos que podrían suponer graves resultados”, afirman.

En el caso del cortejo, el desove y la reproducción, los investigadores descubrieron que se realizan en silencio. El ritual consiste únicamente en que el pez macho se vuelve especialmente atento con la limpieza del hogar: adecenta una y otra vez el que será nido del desove para la hembra, que comprueba en repetidas ocasiones que esté como los chorros del oro antes de soltar sus huevos.

Los investigadores concluyen que estas broncas son resultado evolutivo de su peculiar modo de vida: estos peces forman pequeños grupos sociales que habitan en un territorio restringido, la anémona, pasando allí la mayor parte de su tiempo sin interactuar con otras especies del arrecife. Y como en un reality televisivo, el roce permanente provoca constantes riñas.


REFERENCIA

doi:10.1371/journal.pone.0049179


Archivado en: comportamiento animal, evolución, fauna, fauna marina




COMENTARIOS