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Los neandertales aprendieron de los sapiens cómo matar a distancia

La especie aprendió a hacer colgantes y puntas de lanza más manejables por imitación de los ‘Homo sapiens’, que ya habían llegado a Europa, según un nuevo estudio

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Colgantes tallados en dientes encontrados en la cueva de Renne (Francia) / Vanhaeren-Julien

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Las armas y los adornos eran los máximos exponentes de la civilización en la Europa de hace 40.000 años. Aquella etapa fue la última en que dos especies humanas diferentes habitaron el continente. De un lado estaban los neandertales, la especie local que llevaba más de 200.000 años habitando Europa y que conocía bien los cazaderos y los refugios en los que pasar los  inviernos, cada vez más duros debido a la glaciación. Eran mucho más robustos y musculosos que sus primos Homo sapiens, que habían llegado desde África. Ambos tenían sus propias armas hechas de piedra y hueso y también adornos, colgantes de dientes cuyo significado se ha perdido en la noche de los tiempos.

Una de las mayores incógnitas sobre aquellos días es si ambas especies desarrollaron sus armas y sus adornos por sí mismos o si unos copiaron a otros. Es una cuestión peliaguda para muchos científicos ya que optar por una u otra opción puede implicar que la mente neandertal, después de todo, no eran tan compleja, cultural y simbólica como la de los sapiens. Esa menor complejidad pudo ser la causa última de que los neandertales se extinguiesen y los sapiens heredasen Europa y el resto del mundo.

Un nuevo estudio publicado hoy aporta nuevos datos que indican que los neandertales copiaron algunas de sus armas, herramientas y adornos de los sapiens. El equipo ha analizado los restos hallados en la gruta de Renne y Saint Cesaire, que se han convertido en un auténtico campo de batalla científico. En ambos lugares se han encontrado herramientas atribuidas a los neandertales que son únicas, ya que presentan un nivel de sofisticación superior al de otras herramientas anteriores hechas por la misma especie. Destacan las puntas afiladas hechas de hueso y también otras más pequeñas y estrechas pulidas en piedra.

“Estas se montaban en un nuevo tipo de armas más ligeras que permitían matar a la presa a distancia”, explica Jean-Jacques Hublin, investigador del Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck de Alemania y coautor del nuevo trabajo, publicado hoy en PNAS. En los yacimientos también hay numerosos dientes perforados y tallados que se usaban como colgantes. En su conjunto, estos objetos se atribuyen a un cultura en transición y hablan, según los expertos, de un momento de evolución tecnológica y cognitiva conocida como el chatelperroniense (por la localidad francesa cercana de Chatelperron).

“Lanzarle un arma a otro es también una forma de intercambiar tecnología”

Hublin ha vuelto a datar las herramientas de Renne y el fósil de un neandertal chatelperroniense de Saint Cesaire. Ha usado una nueva técnica para rescatar carbono de los huesos que reduce la posibilidad de contaminación. El resultado es que los restos tienen entre 44.500 y 41.000 años. Lo más importante, según Hublin, es que estas fechas son posteriores a la llegada de los Homo sapiens, que trajeron consigo su propia tecnología (conocida como Auriñaciense) con armas y adornos muy parecidos a los de los neandertales, pero no iguales.

“Los neandertales que tallaron las herramientas y los adornos chatelperronienses hicieron objetos totalmente inusuales para su especie, demasiado avanzados”, apunta Hublin. El investigador cree que sus nuevos datos prueban que los neandertales “tomaron prestado el concepto” de las armas y los adornos sapiens y “los desarrollaron usando sus propias técnicas”. Es un proceso de difusión cultural del que poco más se sabe, pero que abre la puerta a jugosas especulaciones.

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Útiles de hueso de la cueva de Renne / Vanhaeren, d'Errico, Julien

“Uno puede imaginar muchos tipos de contacto, desde encuentros amistosos ocasionales, intercambio, guerra, secuestro…”, comenta Hublin. “Lanzarle un arma a otro es también una forma de intercambiar tecnología, del mismo modo que la violación ha sido siempre una forma común de intercambiar genes”, resalta el investigador. Dada la falta de datos, la interpretación final de aquellos contactos dependerá “de cómo sea uno de idealista o pesimista sobre la naturaleza humana”, añade Hublin.

Contradicciones

No faltan estudios que contradicen a este investigador. El propio autor reconoce que las puntas arrojadizas se han hallado en otros yacimientos en los que no hay indicios de contacto entre una especie y otra. También hay pruebas de que los neandertales usaban adornos simbólicos en zonas donde no hubo contacto, como en Murcia, por ejemplo. Pero Hublin se aferra a la abundancia de adornos hallada en Renne, que es sobresaliente, y el hecho de que los sapiens llevasen miles de años componiendo adornos. “Los adornos de conchas hechos por sapiens se conocen en África y Turquía desde hace unos 80.000 años. Cuando llegaron a Europa simplemente cambiaron el material e hicieron los adornos de hueso”, apunta Hublin. Sin embargo, añade, no se conocen adornos neandertales de etapas previas a la llegada de los sapiens a Europa.

Su trabajo contradice otro publicado en 2010 y que poco menos que inutilizaba el yacimiento de Renne. Lo dirigía Tom Higham, investigador de la Universidad de Oxford (Reino Unido) y creador de la ultrafiltración, la nueva técnica de datación usada por Hublin. El veredicto de Higham sobre Renne fue que los diferentes niveles estaban mezclados, por lo que no era posible adscribir las armas y los adornos con los restos óseos de neandertales hallados en la cueva. “Nuestro trabajo muestra que no hay mezcla de capas”, asegura ahora Hublin.

La imagen de fondo que se desprende del estudio es compleja. La desaparición de los neandertales (hace unos 30.000 años) y la permanencia de los sapiens fue diferente en cada lugar. En unas zonas hubo un reemplazo total y en otras hubo una coexistencia lo suficientemente fructífera como para modificar el comportamiento de los neandertales tras contactar con los sapiens, propone Hublin. En otros lugares esa coexistencia se tradujo en cruces entre neandertales y sapiens, que tuvieron descendencia fértil. Lo que queda claro es que solo una especie sobrevivió a aquella Europa fría y hambrienta. En ningún yacimiento hay restos sapiens por debajo de los neandertales. Los restos de esta especie siempre son más antiguos, indicando que una especie reemplazó a otra para siempre.

“Es un buen trabajo, muy bien construido”, opina Javier Baena, arqueólogo de la Universidad Autónoma de Madrid experto en neandertales. “Con las cronologías que presenta, lo más plausible es la aculturación [que los neandertales aprendiesen de los sapiens]“, comenta.



La propuesta es "sencillamente falsa"

La cueva de Renne es uno de los yacimientos más polémicos de su época. Primero hay autores que atribuyen los avanzados adornos y armas allí encontrados a los humanos modernos. Esto restaría importantes pruebas a los que argumentan que los neandertales tenían una mente compleja capaz de elaborar símbolos, como los colgantes hallados en Renne. El estudio de Hublin parece ganar esa batalla asegurando que los adornos y lanzas del yacimiento francés son neandertales, pero abre otra aún mayor al decir que son fruto de la imitación de los sapiens, que ya habían llegado a Europa.”Eso es sencillamente falso”, espeta Joao Zilhao, profesor de investigación de la Universidad de Barcelona y acérrimo defensor de que los neandertales desarrollaron pensamiento simbólico por sí mismos. Zilhao conoce bien la cueva de Renne, de la que ha publicado varios estudios defendiendo su visión. El experto argumenta que “los niveles de base del chatelperroniense [los adornos y las armas neandertales más antiguos] de la cueva de Renne datan de hace 44.000 o 45.000 años y los más antiguos restos del hombre moderno en Europa son los de Oase, en Rumania, y tienen apenas 40.000 años”.

Zilhao cuestiona la validez de otras pruebas presentadas por Hublin para sostener su hipótesis del aprendizaje neandertal. En concreto dice que los restos de humanos modernos hallados en Geißenklösterle (Alemania), la cueva de Cavallo  (Italia) y la de Kent’s (Inglaterra) no son válidos por falta de datos, niveles removidos o dataciones erróneas. “Aunque fuera cierto que el hombre moderno llegó a Europa hace unos 43.000 años (las cronologías propuestas para Kent’s y Cavallo son de ese orden de magnitud, no de 44.000 ni 45.000 años), la afirmación de Hublin seguiría siendo falsa”, alerta el investigador. Zilhao además protesta porque el equipo de Hublin ha ignorado otro de sus trabajos que tiraría por la borda las hipótesis del equipo del Max Planck: su hallazgo de adornos neandertales hechos con conchas hace 50.000 años en la cueva de los Aviones (Murcia).




REFERENCIA

doi/10.1073/pnas.1212924109


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