Materia, la web de noticias de ciencia

Lee, piensa, comparte

El futuro de la ciencia española está en el extranjero

Los recortes en I+D se ceban con los programas dedicados a investigadores jóvenes. Muchos encuentran plazas fijas en países líderes en ciencia como EEUU o Alemania

Más noticias de: I+D, política científica, recortes


LEER
IMPRIMIR

En unos años, científicos españoles podrían ser los descubridores del primer planeta gemelo de la Tierra o los responsables de patentar un nuevo sistema para detectar compuestos cancerígenos en el agua potable. No será España, sin embargo, la que pueda apuntarse esos valiosos logros, ya que, con casi toda seguridad, esos científicos españoles estarán trabajando en el extranjero.

nasaAmpliar

El Gobierno ha reducido las becas y contratos para investigadores jóvenes. / NASA

Los continuados recortes en los presupuestos de I+D que experimenta este país desde hace cinco años están poniendo la ciencia española al borde del colapso. En los últimos cuatro años se ha cercenado casi un tercio de los fondos que se dedicaban a investigación y las perspectivas de que cambie la situación a corto plazo son casi nulas. Especialmente graves han sido los recientes hachazos en becas, contratos y programas dedicados a investigadores jóvenes. Se trata de un colectivo diverso cuyas edades pueden abarcar más de dos décadas y a los que une una misma situación de precariedad. Entre ellos están los jóvenes que acaban de terminar sus estudios de grado en la universidad e inician una carrera como investigadores. En este colectivo también hay veteranos cuyas edades ya rozan los cuarenta y buscan su estabilización como líderes de un grupo de investigación.

Grandes recortes

En los últimos meses, los fondos públicos dedicados a estos colectivos han sufrido uno de los mayores recortes de la última década. Vistos uno a uno, el retroceso no parece grande,  pero en su conjunto es un duro golpe al sector más frágil de la ciencia española. También es el más importante, ya que entre esos investigadores jóvenes están los futuros autores de ideas, descubrimientos, patentes, que pueden aportar a un país como España una vía de salida a la crisis que garantice que dentro de medio siglo no volvamos a caer en el pozo de la depresión económica.

Por primera vez en mucho tiempo, el Gobierno ha reconocido temer a la fuga de cerebros. Poco ha podido hacer, sin embargo, para evitarla. En los úlimos meses se han recortado o anulado varios programas que, de una forma u otra, retenían el talento en España.

Desde 2001, este país disponía de un programa destinado a repatriar sus cerebros emigrados. Se trata del programa Ramón y Cajal, que aporta a un investigador un contrato de cinco años en un centro de investigación o universidad del país. A su término, esa institución debía aportar una plaza fija a ese cajal, que para entonces ya podía haber creado un equipo de investigadores a su alrededor para convertir sus nuevas ideas en proyectos de investigación. Cada año se ofertaban unas 250 plazas para cajales, uno de los programas más competitivos entre los que ofrece el Gobierno.

La edad media en el CSIC es de 58 años

Este año, el programa ha reducido a 175 el número de cajales sin aumentar el presupuesto destinado a ellos. Por otro lado, la casi nula oferta de empleo público hace que muchos que ya han terminado sus cinco años no tengan visos de obtener una plaza fija. Además, la apertura de la convocatoria de este año, que debía haber sido en febrero, lleva nueve meses de retraso. “No pasaría nada si luego se publica una nueva convocatoria en febrero de 2013, pero si no es así, nos habrán robado un año del programa”, explica Andrés Moya, astrofísico del Centro de Astrobiología en Madrid y miembro de la plataforma Investigación Digna.

Hace unos meses, esta organización se agrupó en torno a una Carta Abierta por la Ciencia en España, un documento al que se han adherido las sociedades científicas de España, los rectores de las universidades de todo el país, la Federación de Jóvenes Investigadores, UGT y CCOO. En marzo, la misiva, dirigida a Mariano Rajoy, la habían firmado casi 50.000 personas y fue presentada en el Congreso para intentar evitar que el Gobierno impusiese un año más de recortes en los presupuestos de I+D para 2013. “No ha servido para nada”, lamenta ahora Moya, que hace una semana asistió a una reunión privada con Carmen Vela, secreatria de Estado de I+D+i, que le expuso las cuentas de la ciencia para el próximo año.

Presupuestos “por imposición”

En su despacho, Vela le presentó unas cifras en las que, aparentemente, la inversión en I+D se mantenía. Sin embargo, era un espejismo contable, ingeniería financiera made in Spain. “El presupuesto para subvenciones dedicado a Organismos Públicos de Investigación, proyectos de investigación, recursos humanos, es decir, lo que hace funcionar la I+D, baja un 15% de media, o sea , unos 400 o 500 millones de euros”, resalta Moya.

“La secretaria de Estado de Investigación transmite más impotencia que soluciones reales”, añade Moya. “Estos presupuestos le han sido impuestos, no han tenido nada que ver en su elaboración y no se parecen en nada a los que ellos propondrían”, sentencia. Al contrario que el año pasado y como venía siendo habitual en la legislatura anterior, la secretaría de Estado no ha convocado una rueda de prensa para presentar estos presupuestos a los periodistas.

Las consecuencias de los recortes impuestos por el Gobierno ya se han hecho notar en el organismo público de investigación más grande del país, el CSIC. Esta semana su presidente anunció que este año no otorgará sus becas JAE, que financiaban ayudas y contratos para investigadores jóvenes en diferentes etapas de su carrera.

«La secretaria de Estado de Investigación transmite más impotencia que soluciones reales»


Andrés Moya
Miembro de la plataforma Investigación Digna

Los presupuestos también recortan o eliminan otras ayudas destinadas a financiar estancias en el extranjero de investigadores jóvenes. Pasar tiempo trabajando fuera es un requisito necesario para recibir contratos y ayudas a la investigación del Gobierno, además de una condición esencial en cualquier investigador de excelencia que, por ejemplo, desee competir por un puesto como cajal, por devaluado que estos estén.

“Un cajal obtiene 15.000 euros para sus dos primeros años”, explica la astrónoma española Merces López-Morales, que trabaja en el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian de EEUU. Con ese dinero debe comprar equipos y contratar, en teoría, a estudiantes de doctorado para que colaboren en un nuevo proyecto de investigación. En la práctica ese dinero apenas llega para renovar el ordenador y pagar al cajal.

 ”En España, la iniciativa personal del investigador la mata la burocracia”

“En EEUU, si tu idea es buena, te la financian con 300.000 dólares sólo para empezar a contratar a gente y tienes opción a otros 100.000″, comenta López-Morales. EEUU es el líder mundial en ciencia y España era la novena potencia científica antes de que comenzasen los recortes en 2009. Aunque la comparación no es del todo justa, sí pone de evidencia que hay un mínimo de inversión necesaria para poder crear nuevos grupos de investigación en torno a un cerebro repatriado. Tras la renovación del programa por los recortes, ahora la cantidad ha ascendido a 40.000 euros durante los primeros años. “Es la idea de los americanos, pero en cutre, o sea, tirar el dinero”, opina Moya. El problema no sería tan grave si en otros países de Europa las cosas estuviesen tan mal como en España, Alemania y otras naciones no han dejado de apostar por el I+D a pesar de la crisis y siguen atrayendo talento de otros países.

No sólo es el dinero

Los problemas del sistema de I+D español no sólo se solucionan con dinero. En su estructura conviven la precariedad de los jóvenes y la estabilidad de miles de investigadores con plaza de funcionario y catedráticos de universidad. Una de las soluciones a los problemas del sistema pasa, según muchos expertos, por reducir la “funcionarización” de la ciencia en España. Es algo que intentó hacer la Ley de la Ciencia, creada por el Gobierno socialista y cuyas reformas claves aún no se han puesto en marcha más de un año después de su entrada en vigor.

“En EEUU tienes una idea para realizar un proyecto y tu institución te apoya, porque sabe que si tienes éxito le dará prestigio”, explica López-Morales. “En España, la iniciativa personal del investigador la mata la burocracia”, asegura López-Morales, que es coordinadora del nuevo telescopio HARPS-North para confirmar la existencia de nuevos exoplanetas como la Tierra.

“Hay demasiada endogamia y la gente quiere un trabajo en su propia ciudad”, resalta David López-Herráez, coordinador de proyectos científicos en el Centro de Investigación Ambiental Hemholtz de Alemania. En estos momentos ultima la presentación de un gran proyecto europeo de 10 millones de euros para detectar contaminantes y productos cancerígenos en ríos y aguas freáticas de toda Europa. En él participan universidades, empresas, institutos de I+D y es un ejemplo de ciencia aplicada que puede generar patentes y cuyos resultados asesorarán al Gobierno de la UE en sus políticas ambientales.  La edad media en el CSIC, que con 15.000 empleados es el organismo público de investigación más grande de España, es de 58 años.

“Yo intenté volver a España tras casi 11 años investigando en el extranjero y llegué con mis mejores ilusiones”, resalta López-Herráez, que se licenció en Bioquímica en la Universidad de Salamanca. “Mi idea era regresar con la experiencia ganada en un lugar más exitoso en ciencia que España (Alemania) e intentar cambiar el sistema español, pero es una lucha quijotesca. No me fui por dinero, sino por cansancio”, confiesa.

Archivado en: I+D, política científica, recortes




COMENTARIOS