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La Luna es un trozo arrancado a una Tierra recién nacida

Tres estudios aportan pruebas sobre la aparición del satélite, a partir de un choque descomunal hace 4.500 millones de años

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Reconstrucción artística del choque de Theia con la Tierra hace 4.500 millones de años / NASA/JPL-Caltech

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El mito del nacimiento de Eva de la costilla de Adán tiene su analogía en la que probablemente sea la teoría más aceptada para explicar el nacimiento de la Luna. Hace 4.500 millones de años, cuando el Sistema Solar aún estaba en su infancia, un planeta del tamaño de Marte, llamado Theia en honor a la madre de Selene en la mitología griega, chocó contra la Tierra. Del cataclismo surgió la Luna que después se mostraría como una compañera esencial para la aparición de la vida en nuestro planeta. La presencia del satélite protegió a la Tierra de los meteoritos y estabilizó y ralentizó su órbita, evitando así un clima extremo pernicioso para el desarrollo de la vida compleja.

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Sin embargo, encontrar pruebas concluyentes del choque había resultado difícil. Ahora, investigadores dirigidos por Frédéric Moynier, de la Universidad Washington en San Luis (EEUU) han presentado evidencias en la revista Nature que pueden ser definitivas para la confirmación de la teoría. Analizando rocas lunares recogidas por los astronautas del programa Apolo, los científicos descubrieron que en ellas había mayor presencia que en la Tierra de una variedad del Cinc más pesada.

El hallazgo se ha realizado gracias a rocas lunares recogidas durante el programa Apolo

Este dato aparentemente insignificante, se puede explicar, precisamente, por el impacto propuesto en los 70. El violento choque habría producido unas temperaturas muy elevadas que hicieron evaporarse parte de los objetos implicados en la colisión. El cinc más pesado habría permanecido en la corona de escombros que quedaron después en la órbita terrestre y acabaron por formar la luna, pero en el proceso, los isótopos más ligeros, se habrían volatilizado en el espacio.

Modelos de cataclismo

En un artículo sobre la publicación que también aparece hoy en Nature, Tim Elliott, investigador en la Escuela de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Bristol (Reino Unido), opina que la aportación de este nuevo análisis se incorporará a los últimos datos aportados en la reavivada discusión sobre el verdadero origen de la Luna. Como explica Elliot, modelos informáticos en los que se prueban los efectos de un impacto oblicuo “reproducen muchas de las características físicas y químicas de la Luna”.

Este modelo implica que el satélite debería estar compuesto principalmente por el material del planeta que chocó contra la Tierra, pero no es eso lo que sucede. La Luna es “sonrojantemente similar a la Tierra en varias de sus características isotópicas”. Los hallazgos sobre el cinc pesado cuadrarían mejor con un modelo completamente nuevo en el que Theia impactó contra una Tierra primigenia que orbitaba a gran velocidad y permitió que ambos objetos acabasen siendo tan parecidos.

Este paso lo han dado precisamente dos estudios publicados hoy en Science. A través de simulaciones por ordenador se muestra que este proceso fue posible y que supone la explicación más plausible hasta la fecha para explicar la formación de la Luna, su órbita y las similitudes químicas con la Tierra.

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REFERENCIA

doi:10.1038/nature11507


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