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OPINIÓN

El ecologista indignado

por Javier Salas


El periodista Hervé Kempf señala a las oligarquías como principales responsables del desastre que le espera al planeta si no se apuesta por frenar el crecimiento insostenible

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Es francés y se dedica a indignar a la gente con sus libros para que reaccionen ante las injusticias que está destruyendo nuestra sociedad. Pero no es Stéphanne Hessel, sino Hervé Kempf, un periodista que lleva abordando la actualidad medioambiental desde la catástrofe de Chernóbil y que escribe en las páginas de Le Monde desde hace casi 15 años.

La tesis que defiende Kempf es fácil de resumir: por este camino el planeta está condenado y son unos pocos oligarcas quienes impiden que este sistema autodestructivo cambie. Las ideas que plasma el autor tienen sobre todo una raíz socioeconómica, y a partir de este análisis se centra en las consecuencias que la voracidad capitalista tiene en el clima y el bienestar del planeta.

Los ricos son los malos


Título: Cómo los ricos destruyen el planeta

Autor: Hervé Kempf

Editorial: Clave Intelectual

172 páginas

Precio: 12 euros

En esta suerte de Indignaos de corte ecologista, Kempf desgrana verdades científicas -como que la Tierra se despeña hacia la sexta extinción masiva de especies por culpa del hombre-, realidades humanas -como que los pobres son quienes sufren mayoritariamente el efecto de la crisis ecológica- y anécdotas repugnantes -como la competición de los más ricos por tener el yate más largo- que obligan a hacerse una pregunta: “¿Por qué el sistema es obstinadamente incapaz de cambiar?”.

A partir de ahí, Kempf busca una explicación y pone su punto de mira en los megarricos y su “rivalidad ostensiva que apunta a exhibir una prosperidad superior a la de sus pares”. Y también en lo que él llama una “nueva nomenklatura“: clase superior, políticos, directivos de empresas, altos funcionarios… Todos ellos culpables de que no se dé marcha atrás a la destrucción del planeta. Según Kempf, ya no vale sólo con frenar el actual ritmo productivo y consumista: sólo el decrecimiento podrá salvarnos.

Citando trabajos de Naciones Unidas, OCDE y otros organismos internacionales, Kempf explica que el círculo virtuoso “crecimiento->riqueza->empleo->consumo->producción” se ha quebrado y es ya insostenible. Las desigualdades se disparan en todos los países. Los recursos naturales se agotan. “La búsqueda del crecimiento material es, para la oligarquía, la única forma de hacer que las sociedades acepten las desigualdades extremas sin cuestionarlas. El crecimiento crea, en efecto, un excedente aparente de riquezas que permite lubricar el sistema sin modificar su estructura”, asegura el autor.

Por lo tanto, “los 500 millones de personas que conforman la clase media mundial” son quienes deben encaminarse hacia un “decrecimiento material”. “La única forma de que usted y yo aceptemos consumir menos materia y energía”, explica Kempf, “es que el consumo material de la oligarquía se reduzca severamente. [...] Consumiremos menos, el planeta estará mejor y estaremos menos frustrados por la falta de lo que no tenemos”.

Y se cuestiona: “El camino está trazado. Pero los megarricos, la nomenklatura, ¿nos lo permitirán?”.

— Javier Salas, Redactor de Materia

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