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Nobel a los reprogramadores de la vida

El investigador británico John Gurdon y el japonés Shinya Yamanaka ganan el galardón de Medicina por su trabajo en la reprogramación celular que permite convertir células maduras en otras capaces de generar cualquier tejido del cuerpo

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El británico John Gurdon y el japonés Shinya Yamanaka han ganado el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por su trabajo en la reprogramación celular que permite convertir células maduras en otras capaces de generar cualquier tejido del cuerpo, informó hoy la Academia Sueca. “Sus descubrimientos han revolucionado nuestra comprensión de cómo se desarrollan las células”, han dicho los responsables del galardón más prestigioso del mundo.

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Shinya Yamanaka. /

En 1962, un experimento pionero de John Gurdon demostró que la especialización de las células es reversible. El investigador reemplazó el núcleo inmaduro de un óvulo de rana con otro extraído de una célula adulta del intestino. El núcleo adulto generó un renacuajo normal, demostrando el camino hacia la clonación, pero también la reprogramación celular.

Más de 40 años años después, el japonés Shinya Yamanaka fue el primero en rebobinar el estado de una célula adulta. El investigador de la Universidad de Kioto cómo inducir a las células adultas a que se conviertan en células “pluripotentes”, es decir, capaces de generar casi cualquier tipo de tejido del cuerpo.

“Mi objetivo, durante toda la vida, ha sido llevar esta tecnología a los hospitales y a los pacientes”, ha dicho Yamanaka, en una entrevista concedida al comité organizador del premio. El japonés también ha asegurado sentirse “honrado” de compartir el premio con Gurdon, cuyas investigaciones hicieron posible su propios estudios. El investigador japonés estaba limpiando su casa cuando recibió la llamada de Estocolmo. “Creo que llegaremos a entender cómo funcionan las células”, ha dicho Gurdon, que ha reconocido que, inicialmente, pensó que la noticia era una broma.

Células iPSC

Gracias a los estudios de Gurdon y Yamanaka “comprendemos que las células adultas no tienen por qué estar confinadas para siempre en su estado especializado”, ha explicado la Academia.  Tras los trabajos de ambos investigadores, “los libros de texto han tenido que ser reescritos y se han establecido nuevos campos de investigación”, ha añadido la institución del Nobel.

Yamanaka estaba limpiando su casa. Gurdon pensó que era una broma

Ambos  hallazgos tienen un gran potencial para la investigación y el tratamiento de enfermedades. En concreto, el uso de células reprogramadas como las que consiguió Yamanaka, conocidas en la jerga científica por las siglas iPSC, podrían permitir tratar lesiones y enfermedades de un enfermo con sus propias células sanas reprogramadas, lo que en teoría evitaría el rechazo que generan los trasplantes tradicionales.

John Gurdon.Ampliar

John Gurdon. /

En 2006, el japonés demostró que añadir cuatro genes a una célula adulta basta para resetearla como un ordenador y devolverla a su estado pluripotencial de célula madre. El descubrimiento fue crucial, aunque nacía envenenado, ya que era necesario inyectar virus para lograr el cambio. Además, entre los cuatro genes usados había un oncogén, es decir, un gen que promueve el desarrollo de tumores.

Desde entonces,  científicos de todo el mundo han usado la técnica de Yamanaka para obtener células madre a partir de otras adultas tomadas de la piel y después volverlas a programar para hacer neuronas, células cardiacas palpitantes y muchos otros tipos de tejidos especializados. El uso de oncogenes y de virus ya ha sido “superado” y hoy en día existen métodos para obtener iPSCs sin usarlos”, explica Cristina Eguizábal, que trabaja con este tipo de células en el Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona.

Los estudios de Yamanaka también han estado en el centro de la polémica por la investigación de células madre embrionarias. La clase de células creadas por el japonés son vistas por algunos sectores como más aptas para la investigación, ya que pueden crearse a partir de tejidos adultos y por lo tanto no es necesario destruir un embrión para obtenerlas. Pero la realidad es que tanto las células madre embrionarias como las reprogramadas son esenciales y unas no permiten reemplazar del todo a las otras en ciencia o futuros tratamientos.

Borrar la memoria

“Queda aún mucho tiempo para que se usen las iPSC en ensayos clínicos [para probar futuras terapias humanas]“, opina Eguizábal. En ese sentido, la investigadora explica que con las células madre embrionarias sí se ha logrado dar ese paso y ya hay estudios con humanos que usan este tipo de material biológico.

Eliminados los factores cancerígenos, el gran reto ahora es borrar la memoria celular. Estudios recientes han demostrado que la reprogramación inducida ideada por Yamanaka no es completa. Las células madre inducidas conservan recuerdos de su vida anterior en forma de modificaciones químicas en su genoma, una especie de reminiscencia que aún no se ha logrado eliminar. “Esa memoria epigenética [escrita sobre el genoma] supone un peligro de que las células obtenidas no sean del todo funcionales”, detalla Eguizábal.


La academia se olvida del padre de la oveja Dolly

Lo primero que viene a la mente al mecionar la clonación es la oveja Dolly. Aquel fue el primer mamífero clonado y su padre científico, el británico Ian Wilmut, recibió una oleada de elogios por ello. Si el  jurado del Nobel se ha olvidado de alguien con su fallo de hoy ese ha sido Wilmut. John Gurdon fue el primero en usar la técnica de clonación que después emplearía el padre de Dolly. Gurdon clonó un sapo y Wilmut perfeccionó la técnica hasta lograr que funcionase en mamíferos. Su trabajo demostró que se podía crear un nuevo mamífero partiendo del núcleo de una célula adulta extraída de otro individuo, reprogramando así el desarrollo celular y creando una copia exacta del animal donante.

“Hubiera estado bien que le hubieran dado el premio también a él”, opina Cristina Eguizábal, mencionando el importante trabajo de Wilmut en transferencia nuclear. “No hay duda de los impresionantes logros de Gurdon y Yamanaka”, opina Lluis Montoliù, investigador del Centro Nacional de Biotecnología, pero añade: “Echo de menos a Wilmut entre ellos, ya que su equipo fue el primero en demostrar, con la oveja Dolly, el uso de una célula somática adulta para restaurar el proceso de embriogénesis”, detalla.

Wilmut se lo ha tomado con mucha deportividad.  El investigador ha felicitado hoy a Gurdon y Yamanaka po el premio. “Estoy encantado de que el Comité haya reconocido su importante e innovador trabajo en la reprogramación celular y su importancia para la medicina regenerativa”, explicó el investigador a Science Media Centre. Desde hace años, Wilmut ha dejado de lado la clonación y trabaja con células reprogramadas como las que creó Yamanaka.


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