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Los perros cocker necesitan más Prozac

Veterinarios españoles vinculan el mayor número de impulsos agresivos en el cocker spaniel inglés con bajos niveles de serotonina en el cerebro. Los científicos creen que puede ser un buen modelo para estudiar los mecanismos bioquímicos de los comportamientos violentos

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La raza cocker spaniel inglés es la que más impulsos agresivos presenta / Maiza Hyodo

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Esta semana, un cocker spaniel inglés llegó a la clínica del hospital veterinario de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sus dueños estaban desesperados. Los abuelos de la familia acababan de mudarse a su casa, un dúplex, y el perro los tenía aterrorizados. Cuando el abuelo hablaba, el cocker iba a por él. Y la abuela directamente no bajaba del piso superior porque se enfrentaba a los ataques del perro en las escaleras.

Más del 80% de los cockers que llegan a la consulta del servicio de etología del hospital lo hacen por problemas de agresividad, según explica la veterinaria Marta Amat, jefa del departamento. El porcentaje es mucho mayor que en otras razas. En otro estudio previo, el mismo equipo de veterinarios observó que el 15% de los perros que llegaban al hospital con problemas de comportamiento eran de la raza cocker spaniel inglés, la gran mayoría por agresividad. Y, según los registros de la Red Española de Identificación de Animales de Compañía, los cockers sólo suponen el 3,5% de los perros de raza.

Con la agresividad, señala Amat, pierden todos, las mascotas y los dueños. Los impulsos agresivos son una de las principales causas de que animales sin problemas de salud acaben eutanasiados o abandonados en perreras. Y sólo en EEUU se gastan entre 30 y 100 millones de dólares cada año para tratar los efectos físicos y psicológicos de los mordiscos de los perros.

Cortarse las venas

Así que Amat se ha propuesto averiguar el origen del comportamiento violento del cocker spaniel inglés y cree que lo ha encontrado. Su equipo ha analizado la sangre de 20 cockers y la de otros 20 perros agresivos de otras razas, como pastor alemán, labrador y bull terrier. Y todos los indicios llevan a un viejo conocido de los expertos en comportamiento animal: la serotonina, una sustancia natural del cerebro que inhibe reacciones agresivas y antisociales.

Desde la década de 1970 se relacionan los bajos niveles de serotonina con suicidios violentos y agresividad

Los cockers agresivos presentaban niveles de serotonina en suero sanguíneo “significativamente más bajos” que los perros de otras razas: 318 frente a 852 nanogramos por mililitro. “Este hallazgo podría explicar por qué los perros de raza cocker spaniel inglés muestran más impulsos agresivos que otras razas, y sugiere que pueden ser un buen modelo para estudiar los mecanismos neurofisiológicos que se esconden tras los impulsos agresivos”, explican los autores en su estudio, que se publica en la revista Journal of Veterinary Behavior.

Los científicos relacionan los niveles bajos de serotonina con la agresividad desde hace casi cuatro décadas. En 1976, la neurocientífica Marie Asberg, del Hospital Karolinska de Estocolmo, vinculó la escasez de serotonina con suicidios violentos. Hombres y mujeres se tiraban por una ventana o se cortaban las venas por estas peculiaridades bioquímicas de su organismo, según Asberg. Y, en 1979, psiquiatras de los Institutos Nacionales de la Salud de EEUU relacionaron bajos niveles de serotonina con comportamientos agresivos en un estudio que analizó militares de 26 años.

Premios en lugar de castigos

La fluoxetina (el famoso Prozac), que se emplea para tratar la depresión, algunos trastornos de la alimentación, ataques de pánico y el trastorno obsesivo-compulsivo, lo que hace precisamente es aumentar las concentraciones de serotonina. Amat cree que su estudio confirma el Prozac como tratamiento de referencia en los cockers con impulsos agresivos, cuando fallan otras actuaciones sobre el comportamiento, como reducir los entrenamientos basados en los castigos, en lugar de en los premios.

Ahora, el cocker spaniel inglés se perfila como laboratorio de pruebas para entender qué pasa en el cerebro humano y del resto de animales para pegar, sin más razones, un disparo, una coz o un mordisco. Aunque Amat, entre bromas, admite que la culpa no siempre es de la serotonina. “A veces, efectivamente, a los que habría que dar Prozac es a los dueños”, confirma cuando se le pregunta.



El color de los perros, relacionado con su agresividad

Los veterinarios del equipo de Amat han observado que los perros de la raza cocker spaniel inglés de color dorado tienen más impulsos agresivos que los de otras capas. Más del 60% de los violentos son dorados, un porcentaje mucho mayor que el de los negros o bicolores. En el grupo de los cockers pacíficos que llegan a su clínica, sólo el 40% son dorados. Los investigadores creen que hay una relación entre el color dorado de la capa y el comportamiento agresivo, un vínculo ya descrito en otras razas, como el labrador, y en otras especies, como las lagartijas dálmatas.

Los científicos han propuesto varios mecanismos para explicar esta relación. El pigmento melanina, por ejemplo, comparte vías de síntesis con neurotransmisores implicados en el comportamiento agresivo, según algunos estudios. Amat y su grupo también señalan que la explicación podría encontrarse en la pleiotropía, el fenómeno por el cual un único gen es responsable de dos caracteres muy distintos, en este caso el color dorado y la mayor agresividad.




REFERENCIA

DOI: 10.1016/j.jveb.2012.04.003


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