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Las matemáticas delatan el pucherazo de Putin

El análisis estadístico de las elecciones en Rusia muestran una alteración fraudulenta y sistemática de los resultados

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Putin y el pucherazo Ampliar

Vladimir Putin, el día de su proclamación como presidente de Rusia el pasado mayo. / Kremlin

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Se le atribuye a Stalin la expresión “no son los que votan quienes deciden, sino quienes cuentan los votos”. Una doctrina muy poco democrática que casi un siglo después sigue vigente en la Rusia de Vladimir Putin. El análisis estadístico de los dos últimos comicios rusos, publicado hoy en PNAS, inmortaliza el pucherazo sistemático de las legislativas de 2011 y las presidenciales de 2012.

Durante el último año, miles de rusos se han echado a las calles para reclamar al Gobierno la celebración de elecciones limpias. Más allá de las acusaciones cruzadas entre Putin y la oposición, en esta ocasión la controversia cuenta con el respaldo de los datos científicos: “Las irregularidades denunciadas en las recientes elecciones rusas quedan perfectamente explicadas por un pucherazo sistemático”. La técnica, una de las más sencillas para violar la voluntad popular: sumar votos a favor de los intereses del actual presidente ruso para el recuento de determinadas urnas.

Los investigadores de la Universidad de Viena se limitaron a recoger los últimos resultados electorales de once países (Austria, Canadá, República Checa, Finlandia, Rusia, España, Suiza, Polonia, Francia, Rumanía y Uganda) y a desmenuzarlos por mesas electorales en función de la participación de cada urna y el resultado obtenido en ellas.

De este modo observaron que la distribución del voto y la participación eran razonablemente homogéneas salvo en Rusia y en Uganda: cuanto más alta era la participación en una urna, más sufragios obtenía el candidato ganador. En las mesas en las que votó cerca del 100% del censo, el partido gobernante recibían casi el 100% de los votos (ver imagen).

Pucherazo rusoAmpliar

Los cículos rojos engloban la coincidencia estadística de mesas electorales con altísima participación en la que coinciden con casi la totalidad de los votos para un mismo partido. / PNAS

El modelo estadístico desarrollado por el equipo investigador explica esta inusual correlación entre la inusual participación con una victoria aplastante de un candidato: “En estas condiciones, se puede decir con una certeza de casi el 100% que las elecciones no representan la voluntad del pueblo”.

Esta maquinaria del pucherazo se comienza a observar en Rusia a partir de 1995; al principio en regiones alejadas de las grandes ciudades, para después extenderse “como una metástasis por todas las provincias, tanto rurales como urbanas”, según mostró Mikhail Myagkov en su estudio Elecciones rusas: un oxímoron de la democracia.

Un mecanismo fraudulento que aceleró su expansión durante el Gobierno de Putin, en particular en las elecciones de 2004. Aunque las victorias del partido del presidente ruso siempre son abrumadoras, sólo la manipulación de las elecciones de 2011 evitó que Rusia Unida perdiera el control de la Duma (cámara legislativa), según el estudio de PNAS.

Otro análisis estadístico reciente del Imperial College de Londres alcanzó el mismo resultado, al que sumó otras llamativas irregularidades, como que un gran número de mesas electorales favorables a Rusia Unida obtuvieron un porcentaje redondo de votantes o un diferencia sustancial entre los resultados obtenidos mediante voto físico y los del voto electrónico. ”Estas anomalías, aunque menos destacadas en las elecciones presidenciales, difícilmente se ajustan a los supuestos de votación justa y libre”, aseguran los autores. Como dijo Anastasio Somoza, el “hijo de puta” que reivindicó Roosvelt: “Puede que ganaras las elecciones, pero yo gané el recuento”.



El complicado voto de las minorías en EEUU

En medio del revuelo provocado en Rusia tras los comicios de 2011, la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, aseguró tener “serias preocupaciones” sobre aquel proceso electoral. En su país, y denunciado por su propio partido, también se producen sospechosas alteraciones del derecho al voto de los ciudadanos. El recuento de los votos de Florida en las elecciones de 2000, que puso en jaque al sistema democrático de EEUU, ha pasado al imaginario colectivo. Y gracias a que se puso la lupa sobre todo el proceso, sus mecanismos y formalidades, se descubrieron importantes irregularidades que impidieron votar a numerosos ciudadanos, como el uso de tecnología obsoleta en barrios pobres y la eliminación de miles de ciudadanos (en su mayoría negros) de los censos de voto.

La alteración de los resultados no se obtiene únicamente metiendo votos falsos en las urnas, como en Rusia. Reducir la participación u obstaculizar el voto de las minorías mediante triquiñuelas burocráticas también afecta al proceso democrático. Estos días se ha lanzado una campaña en EEUU para advertir que en algunos estados se pedirá una identificación con fotografía a los que quieran votar (algo poco usual en EEUU). Una circunstancia que perjudicará a las minorías prodemócratas, según denuncian estos, como pobres y ancianos. Como muestra un estudio reciente (pinchar en la imagen), son esencialmente los gobernadores republicanos los que han aprobado leyes que demandan este tipo de identificaciones (más o menos estrictas) para poder votar. Más allá de estas trabas, la importancia de la participación en las presidenciales del 6 de noviembre será decisiva: una empresa como Facebook ya ha demostrado que puede manipularla a su antojo, y que está dispuesta a volverlo a intentar.




REFERENCIA

DOI:10.1073/pnas.1210722109


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