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Las lagartijas los prefieren mansos

Las hembras de la variedad dálmata no escogen a los ganadores de las peleas y alejan la violencia de los machos más agresivos

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Lagartijas de colores Ampliar

La pigmentación de la piel de estos pequeños lagartos está relacionada con su fuerza y agresividad. / Universidad de Antwerp

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Las hembras eligen a los machos que imponen su físico, a los que derrotan a sus rivales en la batalla, a los que lucen las mejores cornamentas, las fauces más amenazantes, los plumajes más vistosos, la musculatura más desarrollada, el porte más desafiante. Colores llamativos y poderosas armas. Es una regla que se cumple en muchas especies animales con un propósito evidente: prolongar la supervivencia de la especie. Sin embargo, hay otro tipo de hembras, unas que piensan en sí mismas y su bienestar a la hora de escoger pareja.

Unas pequeñas lagartas mediterráneas, las lagartijas dálmatas (Podarcis melisellensis), lo tienen muy claro: pasan de machos agresivos. Y eso, en su especie, es bien fácil de distinguir: los machos naranjas. Esta especie de lagartija, de unos seis centímetros de longitud (sin contar la cola), cuenta con ejemplares que nacen indistintamente coloreados de amarillo, blanco o naranja en su vientre. Estos últimos parecen ser los más feroces.

Lo más normal sería que las hembras cayeran rendidas: son más grandes, muerden más fuerte y ganan todas y cada una de las peleas en las que se enfrentan a sus rivales amarillentos y blanquecinos, según un estudio que acaba de publicarse en Zoology. Sin embargo, reza este estudio, las hembras no les escogen para aparearse. Las lagartijas dálmatas prefieren a los mansos.

Los machos naranjas ganan todas las peleas; las hembras les ignoran cuando hay que aparearse

Los investigadores de la Universidad de Antwerp estudiaron concienzudamente a varios grupos de machos de cada una de las coloraciones para señalar con claridad si este rasgo está asociado con otras de esas características que influyen a la hora de escoger pareja.

El resultado no sorprendió: como en otras especies animales, aquellos ejemplares con pigmentación rojiza (los anaranjados) tienen la cabeza más grande, la mordida más poderosa y no hay justa que se les resista. Les enfrentaron por parejas. No cuesta mucho que se enzarcen, dada la extraordinaria agresividad de esta especie; basta con juntarles en una misma jaula. Siempre ganaron los naranjas.

Mejor si muerden flojo

Una vez determinadas sus características, se puso a prueba a las hembras: se las dejaba en un terrario que había estado habitado (dividido por la mitad) por parejas de lagartijas de distinta pigmentación. El ejemplar, que podía moverse libremente por el lugar, escogía la zona que le resultaba más atractiva debido al olor que los ejemplares de cada color dejan en la estancia.

El resultado fue que la elección de las hembras carece de relación con el poderío de los machos. Estas lagartijas escogieron a sus parejas guiándose por dos criterios: que estuvieran en buen estado físico y que su mordisco fuera más bien debilucho. Tanto es así, que la elección de las hembras por el olor descubrió una llamativa preferencia por los machos más mayores, menos propicios a una agresividad desmesurada.

Según los autores del estudio, el color anaranjado está asociado a la violencia masculina y ellas prefieren evitarlo. Las hembras de estas especies sufren muchos arranques agresivos de sus parejas sexuales que están asociados a aumentos de la mortandad femenina. En general, las lagartijas no suelen mostrar especial interés en la elección del macho. Por ejemplo, porque los padres no participan en el cuidado de las crías, porque la elección no garantiza una herencia genética de mayor calidad y por los numerosos riesgos asociados con la elección de la pareja, ya que aumenta la exposición a los depredadores.


REFERENCIA

DOI:10.1016/j.zool.2011.11.001


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