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Las transfusiones con sangre de cadáver pudieron prolongarse de forma “clandestina”

El médico de las Brigadas Internacionales Reginald Saxton podría haber practicado el nuevo tratamiento sin el conocimiento del Gobierno

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Norman Bethune realiza una transfusión / Imperial War Museum

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La Guerra Civil española es un pozo sin fondo.  El descubrimiento de documentos que desvelan hechos desconocidos parece no acabar nunca. El último ha salido de unas notas manuscritas que se atesoran en una biblioteca de la Universidad de Indiana, a más de 6.000 kilómetros de Madrid, donde sucedieron los hechos que en ellas se relatan. Los apuntes, escritos por el Nobel de Medicina Herman Muller, desvelan que varios médicos extranjeros del bando republicano investigaron el uso de sangre de cadáveres en transfusiones para salvar a los heridos y que este método poco conocido podría haberse practicado en el frente. Los nuevos datos, recopilados en un estudio recién publicado, contradicen la versión más aceptada sobre este asunto.

Las transfusiones con sangre de cadáveres fueron fruto de una cadena de acontecimientos únicos. Primero el médico ruso Serguei Yudin descubrió en Moscú que eran viables, como dejó plasmado en un estudio de marzo de 1936. Los ecos de sus investigaciones llegaron pronto a España, especialmente a los oídos de Frederic Durán-Jordá, pionero de las transfusiones sanguíneas en España durante la Guerra.

“Hay pruebas de que la práctica se llevaba a cabo experimentalmente”, explica la escritora Linda Palfreeman, profesora de la Universidad Cardenal Herrera y experta en los voluntarios británicos que participaron en la asistencia médica de la República. “Durán-Jordá  lo descartó porque sabía que habría problemas con la coagulación de la sangre”, señala. “Él fue quien ideó los primeros métodos de extracción, almacenamiento y clasificación de la sangre durante el conflicto y el primero en transportar la sangre al frente en una furgoneta refrigerada, diseñada originalmente para la distribución de pescado”, resalta Palfreeman.

El nuevo estudio, publicado por el profesor del Okanagan College de Canadá David Lethbridge, desvela ahora que otro médico extranjero, el británico Reginald Saxton, pudo perseverar en la práctica y realizar transfusiones con sangre de cadáveres, en contra de lo que se pensaba hasta ahora.

Hospital-cueva

En 1937, Saxton era un treintañero con poca experiencia en cirugía ni mucho menos transfusiones de sangre. “Guiado por [el médico canadiense Norman] Bethune y por Frederic Durán-Jordà, Saxton empezó a aprender y a desarrollar las técnicas de transfusión”, recuerda Palfreeman. “Él sí pensaba que las transfusiones con sangre de cadáver serían plausibles como práctica rutinaria, pero al final lo dejó por ‘problemas técnicos y éticos’”, señala. Esa es la versión aceptada hasta ahora, pero la experta admite como válidos los nuevos datos aportados por Lethbridge desde Canadá. “No dudo ni un momento de las declaraciones que hace en el artículo”, admite.

Lo mismo opina el hispanista Paul Preston. “Lethbridge es muy serio”, explica. El trabajo del profesor canadiense indica que Saxton aprendió las transfusiones con sangre de muertos de Bethune, que está también considerado como pionero de la transfusión de sangre en el frente durante la Guerra. “Si dice que Bethune hizo eso, yo lo podría creer”, explica Preston.

Un cartel que promocionaba las donaciones de sangre en el bando republicanoAmpliar

Un cartel que promocionaba las donaciones de sangre en el bando republicano / J. Bernabeu

Según los nuevos datos, Saxton pudo realizar aquellas transfusiones en invierno de 1938, mientras servía cerca de Teruel. Un conductor de ambulancias le vio extraer con prisa la sangre a un oficial de caballería que acababa de morir asfixiado. Su testimonio da a entender que Saxton pretendía usarla para transfusiones en caso de que estuviese en buenas condiciones y fuese del tipo adecuado. Meses antes, el médico había publicado un estudio en The Lancet en el que pedía al Gobierno que estableciese cuanto antes un servicio de extracción y distribución de sangre de cadáveres como “única forma” de salvar vidas.

En julio de 1938 comenzó la batalla del Ebro y Saxton, ya curtido como médico de guerra, improvisó un hospital de campaña en una cueva cerca de La Bisbal de Falset  (Tarragona). ¿Pudo usar Saxton allí la sangre de los muertos para salvar a los vivos? Lethbridge cree que sí, pero no hay forma de confirmarlo.

“No hay fuentes oficiales sobre el tema”, recuerda Palfreeman. “Parece que Saxton cambió de idea de repente y abandonó las transfusiones con sangre de cadáver”, señala. Pero a la luz de los nuevos datos de Lethbridge, la escritora admite que “quizá Saxton continuó la práctica de forma clandestina”.

Los médicos republicanos asesoraron a los aliados

“No me consta que la Sanidad Militar permitiese esas prácticas”, explica Josep Bernabeu, médico y catedrático de historia de la ciencia de la Universidad de Alicante. Bernabeu señala que la organización del sistema de transfusiones “era impecable y funcionó garantizando toda la cadena de transporte con postas y hospitales del primera línea”, explica. Tan bueno era aquel sistema ideado por gente como Durán-Jordá o Bethune que “los aliados lo copiaron al comenzar la Segunda Guerra Mundial”, explica Bernabeu.

Tanto Saxton como Durán-Jordá se llevaron sus conocimientos al Reino Unido, donde contribuyeron a montar el sistema de asistencia médica durante la guerra. “Al final de la Guerra Civil,  Durán-Jordá se trasladó a Inglaterra a  invitación de los británicos y jugó un papel importantísimo, ayudando a la doctora Janet Vaughan a crear un servicio de sangre”, explica Palfreeman.

Saxton tardó bastante tiempo en reponerse de la derrota republicana y de la muerte de su compañera durante el conflicto, según contó Preston en 2004, el año en que murió el médico. En 1941, en plena II Guerra Mundial, Saxton se llevó sus conocimientos sobre transfusiones de emergencia a Birmania, donde sirvió como oficial médico del Ejército.



La técnica resucitó en los 80

La sangre de cadáveres ya no se usa en transfusiones. La práctica sólo estuvo en auge experimental durante los años 30 del siglo pasado para después caer en el olvido. “A los problemas de contaminación bacteriana por la descomposición del cadáver y problemas de hemólisis [destrucción de los glóbulos rojos] hay que añadir que muchos de estos “donantes de cadáver” no podrían ser aceptados según las normas actuales”, explica Javier López, jefe de Hematología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. La técnica fue inventada por el ruso Serguei Yudin en los años 30. El médico soviético publicó un estudio con más de 900 pacientes en el que señalaba que “el efecto terapéutico de la sangre de los muertos es igual que el de la de los vivos”, según David Lethbridge. Yudin resaltaba que la mejor sangre de cadáver era aquella de gente que había muerto de forma repentina. Ese tipo de sangre, la de oficiales asfixiados en una trinchera, fue la que supuestamente usó Saxton en enero de 1938. Más de medio siglo después, un equipo de médicos de México volvió a demostrar que las transfusiones con sangre de cadáveres son “inofensivas siempre y cuando se seleccione a los donantes y se confirme la esterilización del material”. En aquel caso se practicaron 23 transfusiones y 12 de ellas no funcionaron. Fue el último estudio publicado sobre el tema, señala López.

 



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