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OPINIÓN

Los omega-3, ríos de tinta y mares de dudas

por José María Ordovás


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Con todos los ríos (aunque dado el tema sería más apropiado hablar de mares) de tinta que han corrido acerca de los omega-3 no sé qué puedo decir que ofrezca algo nuevo. Este es un tema que examinamos en profundidad hace algún tiempo para escribir el informe de las Academias Nacionales de EEUU. Tras más de dos años de trabajo llegamos a la conclusión de que ni proporcionaban unos beneficios tan claros como se les habían atribuido ni los peligros eran tan generalizados como se temía.

Lo que sí me sorprende es que JAMA haya publicado un metaanálisis sobre el mismo tema y con similares resultados que varios análisis previos de este tipo. La razón por la que se recurre a los metaanálisis [análisis de varios estudios previos] es porque los estudios individuales no son consistentes en sus conclusiones. Esto puede deberse a muchas razones, incluyendo problemas de diseño, heterogeneidad de poblaciones, de tratamientos, etc.

“Los suplementos alimenticios han acabado fallando a pesar de las hipótesis que preveían sus efectos favorables”

A este tipo de enfoque científico se le ha dado mucha credibilidad y puede que en muchos casos la merezca. Pero en otros casos es como pensar que si hay una serie de instrumentos disonantes individualmente, el hecho de ponerlos juntos como parte de una orquesta va a producir una sinfonía extraordinaria. Además, tenemos que pensar que, utilizando las mismas bases de datos, unos autores encuentran beneficios como resultado de los metaanalisis y otros no (como es el caso del más reciente y de otros que lo han precedido).

Ciencia, ciegos y elefantes

Debemos tener en cuenta que los autores comenzaron con más de 3.600 artículos de interés potencial y que, por una serie de criterios propios, acabaron desechando el 95% para quedarse con solo 20. Otros autores, utilizando sus propios criterios, pueden acabar con otros artículos diferentes y sus conclusiones también lo serán. Me recuerda la historia de origen indio de los tres (aunque aquí también hay otras versiones en las que hay seis) ciegos describiendo a un elefante que cuando se reúnen para describirlo lo hacen de una manera discordante de acuerdo con la parte de la anatomía del elefante que habían tocado.

En el artículo de JAMA, la mayor parte de los resultados se basan en suplementos de omega-3 y no en el consumo controlado de pescado. Hemos visto a través de las décadas como prácticamente todos los suplementos alimenticios han acabado fallando a pesar de que las hipótesis que preveían sus efectos favorables resultaban muy plausibles basándose en datos epidemiológicos. Mientras que las soluciones únicas (para tratar las deficiencias vitamínicas) dieron resultados en los albores de la nutrición como ciencia, cuando aplicamos los mismos métodos a las enfermedades de la sociedad actual parece que los andamios se derrumban. Hay demasiadas incógnitas que todavía tenemos que resolver y cada estudio parece que va a solucionar alguna de ellas, pero acaban fracasando.

“El pescado consumido de una manera habitual es totalmente compatible con una dieta saludable”

¿Cuál es la dosis? ¿Cuál es la combinación de omega-3? ¿Cuál es la patología que puede prevenir o curar? ¿Cuándo hay que empezar la prevención o la terapia? ¿Es valida para ambos sexos? ¿Por cuánto tiempo es necesario tomarlo, cuánto hay que esperar para observar los efectos, cómo afectan las interacciones con otras medicaciones, alimentos, suplementos? La realidad es que el número de permutaciones y combinaciones es cuasi infinito y el estudio perfecto no se puede llevar acabo de una manera práctica en la vida real.

Resultados paradójicos

Parece cierto que el pescado consumido de una manera habitual es totalmente compatible con una dieta saludable y sabemos también que disminuyen los niveles de triglicéridos, que son un factor de riesgo cardiovascular. Pero a pesar de eso, en el articulo de JAMA no se cierra el triangulo con una reducción de la enfermedad, incluso después de observar la diminución del factor de riesgo, lo cual no deja de ser paradójico.

Disminuyen los triglicéridos, pero no el riesgo cardiovascular

Para acabar de complicar la situación, incluso en el caso del consumo de pescado como fuente de omega-3, no está claro si la forma de preparación puede afectar a los potenciales beneficios y parece incluso que ciertos tipos de preparación pueden cancelar esos beneficios.

Por ahora, de lo único que estamos completamente seguros es de que debemos seguir investigando en este tema, pero tenemos que hacerlo de manera diferente. Es decir,  capitalizando en las nuevas tecnologías que permiten profundizar en los mecanismos de actuación y además identificar genéticamente aquellos sujetos que se benefician más de los omega-3 y de esta manera poder  poner en practica una medicina más  personalizada  y por lo tanto más eficaz.

— José María Ordovás, Director del laboratorio de Nutrición y Genómica del USDA-Human Nutrition Research Center on Aging de la Universidad de Tufts (EEUU), profesor de Nutrición y Genética, director científico del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Alimentación (IMDEA) e investigador colaborador senior en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (Madrid)

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