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ENTREVISTA | Robert Huber, premio Nobel de Química de 1988

“En España habrá una generación perdida de jóvenes científicos”

El premio Nobel de Química alemán recomienda a Rajoy que no recorte el presupuesto para ciencia si no quiere dinamitar el futuro del país

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El químico Robert Huber Ampliar

El químico Robert Huber, ayer, en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas / CNIO

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“Nací en 1937 y la Segunda Guerra Mundial empezó en 1939. Cuando tenía siete años, mi ciudad, Múnich, estaba en ruinas. No había escuela. Crecí bajo las bombas sin nada que comer”. Así resume Robert Huber, en cuatro frases y con una sonrisa en la boca, su infancia en la Alemania nazi bombardeada por los aliados. Los días se escurrían buscando algo que llevarse a la boca y un buen refugio antiaéreo. Como se vio la semana pasada, cuando las autoridades de Múnich detonaron una bomba estadounidense de 250 kilogramos oculta durante 70 años, lo que caía del cielo sobre las cabezas de su familia no eran precisamente hogazas de pan blanco.

III Robert Huber

Robert Huber nació en Múnich en 1937 en el seno de una familia judía, en pleno auge del nazismo en Alemania. Es una especie de historiador de la arquitectura, pero en versión molecular. Sus estudios sobre la estructura de las proteínas le hicieron ganar el premio Nobel de Química en 1988 y han servido para desarrollar fármacos contra enfermedades autoinmunes.

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Huber llegó ayer a Madrid eclipsado por su compatriota Angela Merkel. El niño judío que correteaba por las ruinas de Múnich en 1945 es mucho menos conocido que la canciller alemana, pero ya de mayor llegó a descifrar la estructura tridimensional de las proteínas esenciales para la fotosíntesis. “Es la reacción biológica más importante que existe”, resume Huber. Con brocha gorda, se podría decir que gracias a la fotosíntesis las plantas y algunas bacterias aprovechan el agua y la luz del Sol para formar glucosa y oxígeno. Es una reacción tan importante que, si no existiera, usted no estaría ahí leyendo, porque no tendría nada que respirar. Por este descubrimiento, Huber fue galardonado con el premio Nobel de Química de 1988.

Prácticamente cada célula humana lleva dos metros de ADN plegados en una bolita de 0,01 milímetros de diámetro. Y este libro ultracondensado contiene instrucciones para fabricar una inmensidad de proteínas, como la hemoglobina que transporta el oxígeno en la sangre o los anticuerpos que nos defienden de las bacterias. Las proteínas desempeñan un papel esencial para la vida y Huber, del Instituto Max Planck de Bioquímica, ha pasado su vida estudiando su estructura. Es como un historiador de la arquitectura en el ámbito microscópico. Ayer estuvo en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas dando una charla sobre cómo las células eliminan las proteínas defectuosas o que ya no necesitan.

Con la crisis económica, mucha gente se pregunta si tiene sentido invertir en investigación básica, que sólo busca el conocimiento y no tiene aplicaciones ni beneficios inmediatos. Dígales para qué ha servido su trabajo.

Mi trabajo tiene aplicaciones, por supuesto. En medicina en particular, pero también en agricultura. Sirve para diseñar y sintetizar moléculas que interactúan con proteínas que son responsables de enfermedades. Si conocemos la estructura de una proteína, digamos su cerradura, podemos diseñar la llave, que sería un nuevo medicamento, un herbicida o un insecticida. Esta es la aplicación de mi investigación.

¿Gana dinero con eso?

Soy cofundador de dos empresas y una de ellas se dedica a desarrollar fármacos contra nuevas enfermedades. Es un negocio que cuesta dinero a los inversores. Hemos necesitado más de 50 millones de euros para desarrollar un componente. Por supuesto, esperamos que valga la pena. Suele ser así con los negocios biotecnológicos, que son muy costosos y arriesgados. [La empresa es SuppreMol, que busca tratamientos contra enfermedades como la esclerosis múltiple y la artritis reumatoide].

“La decisión de Merkel de apagar las nucleares es una absoluta locura”

Sin embargo, más de dos décadas después de su investigación sobre la fotosíntesis, el ser humano no ha conseguido aprender a emplear con eficiencia la energía del Sol.

En este aspecto, mi investigación no tiene aplicación. Es ciencia para entender la reacción biológica más importante que existe. Pero sí, estamos entrando en la era de la energía solar, no hay ninguna duda. Los combustibles fósiles se acaban y la energía nuclear es problemática, aunque yo creo firmemente en la energía nuclear para el periodo de transición hasta que haya suficiente energía renovable, solar y eólica.

Ha afirmado en alguna ocasión que la decisión de Merkel de apagar los reactores nucleares en 2022 es equivocada.

Totalmente equivocada, es una locura apagar los reactores nucleares alemanes, que están a 10.000 kilómetros de Japón, donde ocurrió el accidente de Fukushima. Es un suceos que no puede ocurrir en Alemania. ¡No hay tsunamis en Alemania! Es una absoluta locura, una absoluta locura. Yo aprecio al Gobierno y a Angela Merkel, pero fue una decisión totalmente irresponsable y pagaremos por ella.

Desde el punto de vista sólo de la ciencia, ¿cree que Merkel es una buena canciller?

Sí, creo que es buena canciller. Ella es física de formación, por eso entiendo todavía menos esa decisión de apagar los reactores nucleares. Hemos coincidido en algunas ocasiones, pero nunca hemos podido hablar con tranquilidad.

Alemania invierte más en ciencia cada año y España acaba de recortar un 25%.

Sí, el Gobierno alemán prometió continuar aumentando la financiación a un ritmo constante y espero que mantenga su promesa. No tenemos razones serias para quejarnos. La situación es mucho mejor que en otros países, como España. A lo largo de la historia, los descubrimientos científicos han sido a menudo cosa de los jóvenes, así que hay que apoyar a la gente joven.

“Cuando después de la crisis volvamos a por los jóvenes científicos, ya no estarán trabajando en esto”

Si usted fuera asesor científico del presidente Mariano Rajoy le diría esto mismo, claro.

Por supuesto. Hay una crisis económica, no sólo en España, sino en el resto de Europa. Y hay que gastar el dinero con más cabeza. La crisis pasará y en unos años ni siquiera hablaremos de ella. Pero si España reduce su apoyo a la ciencia, habrá una generación perdida de jóvenes científicos. La ciencia necesita a los jóvenes y los perdemos con los recortes, como parece que ocurre en España.

En la Sociedad Max Planck trabajan ahora mismo una decena de premios Nobel, usted incluido. En su equivalente español, el CSIC, no hay ninguno. ¿La diferencia es sólo una cuestión de dinero?

El número de premios Nobel es sólo un indicador de la ciencia de excelencia. La participación española en los proyectos del Consejo Europeo de Investigación es bastante buena. Su implicación es excelente. Pero los recortes actuales pueden tener consecuencias fatales a corto plazo. La crisis estará olvidada en dos o tres años, pero cuando volvamos a por los jóvenes científicos ya no estarán ahí, porque habrán encontrado otro trabajo al margen de la investigación.

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