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Los inmigrantes españoles en Cataluña y Euskadi valoran peor su salud que los autóctonos

Un estudio de la Universidad del País Vasco toma como referencia a personas de entre 50 y 79 años, protagonistas de las migraciones internas en España en el siglo pasado

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Un grupo de emigrantes se despide de su familia poco antes de tomar el tren en la estación de Jaén /

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Un estudio de investigadores del Departamento de Sociología de la Universidad del País Vasco ha concluido que las personas que llegaron a Cataluña y el País Vasco en la segunda mitad del siglo XX desde otras regiones de España valoran peor su salud que las autóctonas de la misma edad. La conclusión la obtuvieron a partir de datos recogidos en las encuestas de salud de Cataluña (2006) y Euskadi (2007) y la población estudiada fueron personas de entre 50 y 79 años.

La evaluación, publicada en Gaceta Sanitaria, se ha realizado dividiendo a la población entre hombres y mujeres y tomando muestras de todos los ámbitos socioeconómicos. Así, en Euskadi, un 71,2% de los hombres autóctonos considera su salud buena o muy buena, frente al 64,7% que tienen la misma opinión entre quienes llegaron de otras provincias. En mujeres, de las nacidas en el País Vasco, un 65,9% considera su salud buena o muy buena; de las inmigrantes tienen esa misma opinión el 54%. Por otro lado, un 25,1% de los hombres nacidos en Euskadi considera su salud regular o mala frente a un 33,6% que comparten esa percepción entre los foráneos. Entre las mujeres, un 30,9% de las autóctonas valora su salud como regular o mala frente a un 43,4% de las que llegaron de otras regiones.

El estudio permite analizar la salud de poblaciones inmigrantes sin el efecto del ‘inmigrante sano’

En Cataluña, entre los autóctonos un 66,3% considera su salud buena o muy buena frente a un 55% que lo piensa así entre los inmigrantes. Entre las mujeres, las nacidas en Cataluña califican de buena o muy buena su salud un 55,2% frente a un 42,2% entre las llegadas de otras provincias. Y por lo bajo, entre los catalanes autóctonos, un 29,2% estima su salud como regular o mala mientras un 55,7% piensa lo mismo entre los catalanes inmigrados. En mujeres, un 43,1% evalúa su salud como buena o muy buena entre las autóctonas frente a un 55,7% entre las foráneas.

Cubrir lagunas

El estudio pretende cubrir las lagunas de conocimiento en torno a los efectos sobre la salud de este proceso migratorio y las condiciones de vida a él asociadas. Este es un primer paso que, según los propios autores, se debería completar con el estudio de otras comunidades receptoras de inmigración, como la Comunidad Valenciana o Madrid, con la comparación de la salud de las personas que han emigrado con la población en sus comunidades autónomas de origen o el análisis de la salud de los hijos de inmigrantes nacionales en toda España.

Además de proporcionar información sobre los efectos de las migraciones internas de los españoles, el estudio permite analizar la salud de poblaciones inmigrantes sin el efecto del “inmigrante sano”. Este sesgo es debido a que, en las primeras olas, los inmigrantes suelen ser gente joven e incluso se considera que las personas con mejor salud tienen más tendencia a emigrar cuando es necesario.

Este estudio, realizado “sobre una población inmigrante de larga duración, pueden considerarse un ejemplo paradigmático de cómo, aun en el caso de menores o inexistentes barreras legales, culturales y geográficas, la migración en condiciones de desventaja socioeconómica acaba generando desigualdades en salud al cabo de décadas”, apuntan los autores. Además de conocer la situación de los protagonistas de migraciones internas, el análisis de estas poblaciones permitirá obtener “resultados útiles para la planificación de políticas de salud pública en fenómenos migratorios actuales”, añaden.

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REFERENCIA

Gac Sanit. 2012;26:9-15. - vol.26 núm 01


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