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El creador del neandertal ‘cowboy’ se baja del burro

El creador de una teoría que se usó para argumentar la superioridad de sapiens frente a neandertales se desdice 17 años después

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Reconstrucción de un neandertal Ampliar

Reconstrucción de un neandertal / Neanderthal Museum

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El padre de una famosa teoría sobre la inferioridad de los neandertales acaba de retirarla de forma oficial. Se trata del paleoantropólogo Eric Trinkaus, quien, en 1995, publicó un estudio junto a su colega Thomas Berger en el que mantenía que los neandertales cazaban con técnicas más primitivas y peligrosas que los Homo sapiens. La propuesta se usó para razonar que  aquella caza rudimentaria habría multiplicado la mortalidad entre los neandertales y explicaría su extinción final hace unos 30.000 años.

Trinkaus se basaba en las heridas que encontró en cráneos y otros huesos de neandertales. Tras comparar cientos de casos clínicos, el experto no encontró un patrón de heridas similar entre los sapiens salvo por un reducido grupo: los jinetes de rodeo. Castigados por frecuentes caídas, embestidas y coces, este gremio presentaba lesiones típicamente neandertales. Aquello, propuso Trinkaus, era la prueba de que los corpulentos neandertales cazaban a sus presas casi cuerpo a cuerpo, sin las lanzas arrojadizas que usaban sus primos los sapiens.

Más de 15 años después, la ciencia ha dignificado al Homo neanderthalensis. Estudios recientes han demostrado que podían hablar, cuidaban de sus mayores, hacían tumbas y se adornaban con collares y pinturas. Hasta se cruzaron con los sapiens dejando descendencia fértil  y un 4% de su ADN sigue aún hoy en poblaciones sapiens de Asia y Europa. La acumulación de nuevas pruebas arqueológicas ha permitido ahora a Trinkaus revisar su vieja teoría y reconocer que ya no vale.

No hubo ninguna superioridad entre los sapiens y neandertales “que vivieron al mismo tiempo y con la misma cultura”, explica el investigador a MATERIA. “La teoría de los jinetes de rodeo”, dice su estudio, publicado en Journal of Archaeological Science, “tiene que ser modificada o  retirada”.

Caza cuerpo a cuerpo

Hace 17 años, Trinkaus hizo un chequeo a los neandertales descubiertos hasta el momento. Las radiografías de los fósiles mostraban que la mayoría de golpes y lesiones se concentraba en el cráneo y la parte superior del cuerpo (brazos y clavículas rotas, costillas laceradas…). Apenas había lesiones en las piernas. El experto comparó estos cuadros médicos del pasado con los de indios americanos sedentarios y nómadas así como con varios registros traumatológicos de hospitales durante el siglo XIX y XX. En todos los casos los sapiens mostraban en torno a la mitad de heridas en cabeza y tronco que sus primos neandertales. Sólo un registro calcaba el patrón de heridas de los humanos extintos: el de más de 2.500 lesiones recogidas por la Asociación Profesional de Cowboys de Rodeo.

La explicación, pensaron entonces Trinkaus y Berger,  era que los neandertales no sabían lanzar proyectiles y cazaban acorralando a grandes animales. Usaban gruesas lanzas que no se tiraban, sino que se sostenían con fuerza una vez hincadas hasta abatir a la presa. En esta lucha a corta distancia eran frecuentes las embestidas y golpes graves que quedaban meticulosamente grabadas en los huesos.

«A ver si se olvida de una vez la supuesta inferioridad tecnológica de los neandertales»


João Zilhão
Investigador del ICREA y experto en neandertales

En su nuevo trabajo, Trinkaus ha vuelto a cruzar datos de ambas especies, incluyendo a sapiens de hace unos 80.000 años que no había estudiado antes. Su conclusión es que el patrón de heridas en una y otra especie es indistinguible. Además, recuerda que nuevos hallazgos han demostrado que los neandertales también sabían cazar a distancia con lanzas arrojadizas. En resumen,  la extinción neandertal no puede explicarse ya por una supuesta inferioridad tecnológica. “El análisis de huesos de animales y las marcas químicas de la dieta nos muestran muy pocas diferencias entre ambos grupos”, comenta Trinkaus

“Estoy totalmente de acuerdo con el replanteamiento”, opina el paleoantropólogo João Zilhão, del centro de investigación ICREA y experto en neandertales de la Península Ibérica. “Lo que ahora se publica es una especie de rectificación formal, for the record, como dicen los estadounidenses, de unas valoraciones que, por otra parte, habían sido malinterpretadas, sacadas de contexto y muy exageradas por muchos comentadores”, añade. “A ver si ahora se olvida de una vez el tema de que una supuesta inferioridad tecnológica de los neandertales fue causa de una mortalidad más alta y, por ende, de su extinción”, concluye Zilhão.



El primer caso de asesinato prehistórico sigue abierto

En su estudio, Eric Trinkaus propone nuevas explicaciones para el tipo de lesiones óseas que presentan los neandertales. El predominio de heridas en cabeza, torso y brazos se debería a varios factores, entre ellos la caza ocasional de grandes animales por emboscada y el hecho de que, si un miembro del grupo era herido en las piernas y no podía caminar, “es posible que lo abandonasen a su suerte en un punto en el que sus fósiles no se conservasen”, dice el trabajo. La agresión “entre humanos” también explica parte de las lesiones, dice Trinkaus. Entre estos casos estarían una herida en el cráneo  de un individuo joven hallado en Francia y un lanzazo letal en un adulto de hace 50.000 años desenterrado en Iraq. En este último caso, la autoría del asesinato se achacó a los sapiens, aunque ahora el caso no está tan claro.

“Por el momento no es posible concluir que esta herida fue el resultado de un ataque violento entre humanos”, explica Steve Churchill, investigador de la Universidad Duke de EEUU que en 2009 reconstruyó el posible asesinato del neandertal hallado en Iraq.

¿Pudieron ser los sapiens los autores de aquellas heridas? “No es muy probable”, opina Trinkaus. “Estos casos eran únicamente desacuerdos entre individuos que se conocían, lo que, por otro lado, es la causa y el contexto de casi cualquier acto de violencia entre humanos en la actualidad”, concluye.




REFERENCIA

DOI: 10.1016/j.jas.2012.05.039


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