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La industria española también ha llegado a Marte

La empresa española Crisa fue la responsable de construir la estación meteorológica con la que ‘Curiosity’ estudiará Marte

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REMS Curiosity Ampliar

Integración de REMS en la sonda 'Curiosity' / NASA

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En la sede de la empresa EADS-Crisa, en la localidad madrileña de Tres Cantos, guardan con especial cariño un dispositivo que voló en el cohete Ariane 501. Aquel primer vuelo del lanzador europeo acabó en fracaso. Menos de un minuto después del despegue, un estallido desperdigó sus piezas por el océano. Pero no todo fue negativo. Una de esas piezas desperdigadas era una tarjeta de electroválvulas elaborada por Crisa que después de sobrevivir a la explosión y a varias horas en el agua seguía funcionando.

Esta capacidad para construir sistemas de alta tecnología casi indestructibles ha sido esencial para que la empresa española se convirtiese en la principal contratista de REMS, la estación ambiental española que ayer aterrizó sobre Marte como uno de los instrumentos científicos de Curiosity. La resistencia en condiciones muy desfavorables es una virtud fundamental en la construcción de artefactos espaciales porque una vez que se lanza una sonda o un satélite de comunicaciones ya no hay opción para hacer reparaciones. Por eso, en la construcción de REMS, Crisa ha tenido que garantizar que sus componentes aguantarán tres años marcianos (más de 5,5 años terrestres) en un entorno infernal.

Una pieza de la compañía siguió funcionando tras sobrevivir a la explosión de un cohete

“Las condiciones ambientales son el reto más complicado al que nos hemos tenido que enfrentar”, cuenta Jaime Serrano, responsable de Crisa para el desarrollo de REMS. “Los componentes de este instrumento tienen que aguantar unas diferencias de temperatura que van de los 135 grados bajo cero hasta los 40 sobre cero”, apunta. “Y todo durante el triple de tiempo de duración de la misión planificada”, explica.

Una idea de la exigencia asociada a la construcción de vehículos espaciales la dan los requisitos técnicos y los precios de los componentes que emplea la industria aeroespacial. Para construir REMS se han probado adhesivos que resisten hasta 250 grados bajo cero y que tienen un precio que puede rondar los diez euros el gramo. Y los estándares no se limitan a la alta tecnología. Para que todo el montaje sea fiable, es necesario un seguimiento exhaustivo de cada uno de los elementos que lo componen. Hasta con los tornillos es necesario que el fabricante garantice los lotes y se sepa que el metal con el que se han elaborado era de la calidad necesaria. Esto multiplica por diez los costes de esos tornillos y es un botón de muestra que explica los precios de los artefactos que se envían al espacio.

La ciencia es clave para luego hacer negocio

Hasta 100 personas de las 400 que trabajan en Crisa han llegado a participar en algún momento en el desarrollo de la estación ambiental, un trabajo liderado por el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) que ha durado más de siete años y también ha contado con la colaboración del CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial). “Lo más interesante de trabajar en este tipo de proyectos científicos es que te plantean unos problemas muy difíciles y cuando los resuelves aprendes mucho”, señala Serrano.  Este aprendizaje puede ser luego aplicado a la construcción de satélites comerciales de telecomunicaciones, el área donde está el negocio para las empresas aeroespaciales.

“Un satélite comercial requiere garantizar una fiabilidad de más de quince años, aún mayor que la de los proyectos científicos”, indica Serrano. Sin embargo, las condiciones ambientales, que pueden ir de los 20 grados bajo cero a los 60 sobre cero, no son tan extremas. “Con REMS hemos tenido que hacer montajes con materiales muy diversos, que responden de forma distinta a la temperatura, de tal forma que no den problemas con las variaciones térmicas que nos vamos a encontrar en Marte. Todo el conocimiento adquirido en ese sentido nos permitirá hacer montajes electrónicos que aumentarán la fiabilidad de nuestros equipos para las misiones comerciales”, afirma Serrano.

«Este tipo de proyectos científicos plantean problemas muy difíciles y cuando los resuelves aprendes mucho»


Jaime Serrano
Responsable de Crisa para la construcción de REMS

Junto a las variaciones de temperatura, los otros dos grandes retos del proyecto fueron las limitaciones de tamaño y de bajo consumo. Ambas exigencias están justificadas en el precio de lanzar un kilo de material al espacio y en que la estación ambiental deberá compartir la energía que le proporcione el generador nuclear con otros diez instrumentos.

Todo este esfuerzo, que ha supuesto, contando solo los gastos de Crisa, una inversión de once millones de euros, tiene mucho sentido para esta empresa. Aunque el dinero del negocio aeroespacial esté en las telecomunicaciones, la experiencia para aspirar a ganar esos contratos se gana en operaciones científicas. Crisa ya ha construido componentes que, por ejemplo, vuelan en el satélite GOCE de la Agencia Europea del Espacio (ESA), dedicado a estudiar la gravedad de la Tierra, y está trabajando en otros que volarán hasta Mercurio a bordo de la sonda BepiColombo.

Con esta doble estrategia, la compañía ha logrado seguir creciendo pese a la crisis. De unas ventas de 37,3 millones de euros en 2009, se ha pasado a 42,4 millones en 2011. Este crecimiento también le ha permitido incrementar el personal, de 402 a 414 empleados entre 2009 y 2011. Estas cifras son un interesante argumento a la hora de responder incluso a los menos interesados en la ciencia para qué sirve mandar una sonda como Curiosity a Marte.



Tecnología española en las comunicaciones de 'Curiosity'

Hasta ahora, para comunicarse con la Tierra, los exploradores planetarios tenían que localizar la Tierra y enfocarse hacia ella para comunicarse. Ahora, Curiosity ha incorporado una antena que realiza todo este proceso automáticamente y evita que el vehículo de exploración gaste energía para orientarse hacia nuestro planeta.

Esta mejora es posible gracias a una antena de alta ganancia (HGAS) diseñada y fabricada en España que ya está realizando su labor en Marte. Además, la antena evitará que Curiosity dependa de un satélite que haga de repetidor de sus señales en la órbita marciana para que éstas lleguen a la Tierra.

Esta pieza de tecnología es posible gracias a un acuerdo suscrito en 2006 entre el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, el Centro de Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) y las compañías EADS CASA Espacio de Astrium y Sener, que han sido las responsables de concebir y desarrollar los elementos de la HGAS, un sistema creado para simplificar el complejo proceso de transmisión de datos a la Tierra.

La potentísima antena permitirá que la sonda se comunique directamente en banda X con la red de espacio profundo de la NASA, compuesta de tres estaciones alrededor de la Tierra en Pasadena (EEUU), Canberra (Australia) y Robledo de Chavela (Madrid). Dada su colocación estratégica en estos tres puntos del planeta, una de ellas por lo menos siempre estará en  línea con la antena de Curiosity.



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