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Abrigos de lince, a la venta en bases militares de Afganistán

Un estudio desvela el comercio ilegal de pieles de especies amenazadas dentro de bases militares de EEUU y la OTAN. Los bazares venden productos de leopardo de las nieves, lobos, chacales y otros animales protegidos

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Dos policías militares inspeccionan un bazar en una base militar de EEUU. Ampliar

Dos policías militares inspeccionan un bazar en una base militar de EEUU. / Natalie Cash

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Las bases militares de EEUU y la OTAN en Afganistán se han convertido involuntariamente en paraísos de la venta ilegal de pieles de especies amenazadas. Un estudio realizado en cuatro bases militares del país ha encontrado cientos de pieles y otras partes de animales protegidos en los mercadillos que se instalan  dentro de las bases. A la vista de cualquiera y por un precio asequible para los soldados occidentales, los tenderetes ofrecen pieles de leopardo de las nieves, abrigos de lince, calaveras de carneros de Marco Polo con su enroscada cornamenta y otras especies  teóricamente protegidas por leyes internacionales y locales.

El trabajo, publicado en Biodiversity and Conservation, también ha realizado una encuesta entre 371 militares estadounidenses que habían servido en el extranjero, la mayor parte en Afganistán e Iraq.  El 40% de los encuestados reconoció haber comprado algún artículo de este tipo o vio a compañeros hacerlo. Comprar pieles de especies amenazadas viola  la ley estadounidense,  la afgana y la internacional, alerta el trabajo.

“Consiguen confiscar algunos [artículos] pero yo lo escondí muy bien”

“Los bazares suelen ser semanales o mensuales dependiendo del nivel de seguridad en cada momento”, explica Heidi Kretser, ecologista de la organización Wildlife Conservation Society y coautora del estudio. En esos bazares se venden pieles, animales disecados, piezas de marfil e incluso carne de mamíferos y aves, que, según la encuesta, es el producto más demandado por los soldados, seguido por las pieles.

Un soldado explicó a los investigadores cómo consigue violar los controles aduaneros. “Consiguen confiscar algunos [artículos] pero yo lo escondí muy bien”, señaló al equipo un militar que había comprado un caparazón de tortuga y piezas de coral. “Llevaba cinco o seis abrigos en mi maleta pero los aduaneros se los quedaron”, dijo otro. El estudio también habla de un coronel al que se le confiscó en la aduana un abrigo de lobo.

Un abrigo de lince europeo confiscado a militares de EEUU en Afganistán.Ampliar

Un abrigo de lince europeo confiscado a militares de EEUU en Afganistán. / Elisha Hubbard

El problema de la venta de productos ilegales dentro de las bases militares en Afganistán no es sólo de EEUU, sino de la mayoría de miembros de la OTAN, de la que España forma parte. “Hemos hecho cursillos con militares de la ISAF [Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad] de varios países y ellos también tienen bazares dentro de sus bases en los que se venden productos prohibidos”.

El alto poder adquisitivo de los militares occidentales podría estar acentuando la caza furtiva y el tráfico con especies en extinción, algo que ya ha pasado en otros países en guerra. “Los precios de las pieles son a veces equivalentes al sueldo de meses o incluso años”, señala Urs Breitenmoser, investigador de la Universidad de Berna (Suiza) y co-director de la unidad de felinos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). “Los incentivos para arriesgarse y violar la ley son muy grandes”, reconoce.

Vista gorda en la aduana

Por el momento faltan estadísticas para conocer el efecto de la demanda militar de productos ilegales debido a que los biólogos apenas han podido pisar un país que lleva más de 30 años empalmando una guerra tras otra. Por primera vez, el estudio de Kretser aporta algo de certeza a los grupos que luchan por conservar a especies en extinción. “Este estudio es muy importante porque, como poco,  nos ha mostrado que existe una oferta y una demanda de estos productos”, opina Breitenmoser, que no ha participado en el trabajo. “Es la confirmación de datos que se conocían de forma indirecta por testimonios en el terreno  y que este tipo de comercio es una amenaza adicional para los felinos y muchas otras especies”, añade.

El problema se ve acrecentado por el desconocimiento de los compradores que ignoran estar haciendo algo ilegal y la posible manga ancha de las aduanas militares, dice Breitenmoser. “Por lo general [los militares] no son tan conscientes como los civiles y no tienen que someterse a los mismos controles aduaneros que ellos”, señala. “Claramente necesitamos llamar la atención sobre este asunto en el ejército, al menos hasta alcanzar un nivel de concienciación  similar al de los turistas”, opina.

Abrigos y cojines de piel en uno de los bazares militares investigados.Ampliar

Abrigos y cojines de piel en uno de los bazares militares investigados. / Elisha Hubbard

El equipo de Kretser, financiado por el Departamento de Defensa de EEUU, cuenta en su estudio que, una vez detectado el problema, las autoridades castrenses cooperaron para evitar las ventas y confiscaron cientos de objetos potencialmente ilegales, incluidos abrigos de lince y gorros de lobo. Su equipo también ofreció charlas para que todo el personal supiese que comprar ciertos objetos es ilegal. Sin embargo, los resultados positivos no duran debido al funcionamiento mismo de un ejército en estado de guerra.

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Atículos confiscados por la Policía Militar en una sola visita al bazar de la base Camp Eggers en 2008, en el centro de Kabul

“Los militares han cooperado mucho porque no quieren violar las leyes de su país ni las afganas”, explica Kretser. “Desafortunadamente las rotaciones de personal en las bases son cada seis o nueve meses”, recuerda. Su propio estudio habla de que algunos vendedores esconden la mercancía prohibida para volver a sacarla tras la rotación, cuando los mandos habían cambiado. “Lo ideal sería que las sesiones de información se institucionalizasen en instancias altas del ejército para garantizar que se ofrecen tanto antes del despliegue en el país como durante la estancia en él”, concluye Kretser.



Penas de hasta 10 años de cárcel

En un sólo día recorriendo los bazares dentro de la base de Camp Eggers, en el centro de Kabul, la Policía Militar confiscó 230 pieles y otros objetos de posibles especies protegidas por la legislación internacional. El equipo realizó unas 50 visitas similares a otras tres bases militares (Camp Phoenix, el aeródromo de Bagram y el cuartel general de la ISAF en Kabul) entre 2007 y 2009. En los puestos del aeropuero de la base central de la ISAF se vendían pieles de leopardo de las nieves, leopardo común y carnero de Marco Polo. El estudio también habla de abrigos de lince y gorros de lobo confiscados a militares estadounidenses. En los puestos también hallaron pieles de lobo, lince europeo, chacal, zorro rojo y corsac así como pequeños felinos salvajes como gato montés, y gato de bengala.

El trabajo incluye referencia a militares que explican que es más fácil enviar los artículos a EEUU a través del servicio de correo militar, que tiene una vigilancia más laxa que las aduanas. Según los testimonios, los envíos incluyen “montones de pieles de zorros del desierto con cabeza incluida” así como “lagartos y serpientes desecados”.

Las penas por llevar a casa pieles u otros productos ilegales varían mucho en EEUU, dice Kretser. “Si es sólo uno y se desconoce la ley, las penas son muy pequeñas”, explica. “Pero si se conoce la ley y aún así se compran muchos artículos con el propósito de revenderlos hay multas de un cuarto de millón de dólares y penas de prisión de hasta 10 años”, añade. Pero eso es para los civiles. “Desconozco las penas de acuerdo con el código de justicia militar”, reconoce.

“Prohibir la venta de productos de especies salvajes en los bazares de dentro de las bases militares sería la medida más fácil y efectiva”, señala Kreister. Su propio estudio reconoce que eso no acabará con el mercado ya que, muros afuera de las bases, este goza de una saludable demanda, no sólo por parte de militares. Los investigadores vieron con sus propios ojos cómo cooperantes y empleados de contratas extranjeras compraban artículos ilegales en un bazar de Kabul apodado “la calle del pollo”. En esta calle se contaron hasta 13 pieles de leopardo de las nieves y una de guepardo, ambas especies en extinción.




REFERENCIA

DOI 10.1007/s10531-012-0232-3


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