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El dopaje acompaña a los Juegos desde su origen

Los griegos ya tomaban drogas para mejorar su rendimiento, algo que se popularizó con el nacimiento del evento moderno

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El dopaje se inventó mucho antes de que se diseñaran las actuales competiciones deportivas. Cuando Píndaro cantó aquello de que “no hay competición más grande que los Juegos Olímpicos” el poeta aclamaba un evento que también podría considerarse adulterado ante nuestro ojo moderno. Aunque nos pese, ya se dopaban durante los idílicos juegos de la antigua Grecia.

Cuando Teodosio los prohibió en 395 dC, entre otras cosas se justificó asegurando que se habían convertido en “un foco de trampas, afrentas a la dignidad humana y dopaje”. Sin embargo, entonces en aquella competición primigenia se mostraban mucho más severos que las autoridades actuales y no se limitaban a quitarles la corona de laurel a los tramposos.

Atletas griegosAmpliar

En los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia ya se consumían sustancias dopantes. /

Aquellos que  se saltaran su juramento olímpico se exponían a la expulsión vitalicia, a la pena de muerte e incluso a algo peor: a que su nombre quedara grabado para la eternidad en las estatuas de bronce, Zanes, que ligarían su recuerdo al oprobio del hall of fame de los tramposos.

Los helenos tomaban miel y jalea real para potenciar el desarrollo y consumían estimulantes como aguardiente, diversos tipos de vino y hasta llegaban a comer hongos alucinógenos y semillas de sésamo para aumentar el rendimiento. Filostrato y Galeno recogen que los médicos desempeñaban un papel decisivo en la preparación y rendimiento de los atletas y que hasta los cocineros suministraban piezas de pan con propiedades analgésicas, cocidos con especias extraídas de la planta de la adormidera.

«Los Juegos son un foco de trampas, afrentas a la dignidad humana y dopaje»


Teodosio
Emperador romano

Aquellos deportistas experimentaban con la dieta y, por ejemplo, se sabe que el espartano Charmis ganó la prueba de velocidad tras una dieta de higos secos mientras otros competidores gestaron sus hazañas con dietas de carne. Otros escritos recogen que en el siglo I los corredores griegos tomaban una bebida a base de hierbas para aumentar su fuerza y resistir eventos deportivos de larga duración, pero la información es escasa por la discreción que requería una actividad como esta.

Aunque la violación de las reglas olímpicas era respondida con dureza en los juegos antiguos, no es seguro que el uso de drogas y otras sustancias para mejorar el rendimiento fuera considerado hacer trampa. En general, no hay referencias tajantes en ninguna cultura antigua que desalentara o desacreditara firmemente el uso de sustancias ergogénicas. Hace 5.000 años, los médicos chinos alentaban el consumo de una sustancia extraída de la efedra, el Ma huang, que tenía efectos broncodilatadores.

La época victoriana, la segunda era de oro del dopaje

El dopaje no fue visto como un problema deportivo hasta pasada la Primera Guerra Mundial, tras extenderse como una práctica habitual y pública que se realizaba sin sonrojo durante la última parte del siglo XIX.

Es en esa época cuando se populariza el término “doping” en inglés, recogido en el diccionario en 1889 en referencia al estímulo de los caballos de carreras, proveniente del vocablo dop que habían escuchado los holandeses en sus encontronazos en el sur de África con los zulús y otras tribus. El dop o dope era una bebida alcohólica elaborada a partir de piel de uva y jugo de cola que usaban estas tribus en sus ceremonias y como estimulante para revitalizar a los guerreros.

Thomas HicksAmpliar

El atleta estadounidense Thomas Hicks posa junto a su trofeo de ganador del maratón, ganada tras doparse varias veces. / COI

En 1865 aparece uno de los primeros casos documentados de dopaje moderno, cuando se describe el consumo de una droga estimulante no identificada en una prueba de natación por los canales de Ámsterdam. Ese nadador abrió toda una época oscura del doping deportivo que culminó en 1896: el mismo año de la inauguración de los Juegos Olímpicos modernos, un ciclista moría tras ganar la carrera Burdeos-París por una sobredosis.

Aunque para algunos la muerte de Arthur Linton se debió a un esfuerzo excesivo, de ser cierta la teoría de la sobredosis, su muerte se habría debido al consumo de efedrina, la misma droga que los chinos recomendaban hace cinco milenios. En aquellas décadas el dopaje se popularizó: cafeína, cocaína, estricnina… Todo valía. Sólo se denunciaba en aquellos casos en los que el dopado lo era involuntariamente para empeorar su rendimiento, esencialmente en los rings de boxeo.

El mejor ejemplo del la impunidad se produjo en los Juegos Olímpicos de 1904 en San Luis (EEUU). El maratoniano norteamericano Thomas Hicks cruzó la línea de meta de la prueba reina del fondo en primer lugar después de que su médico le hubiera suministrado dos pinchazos de estricnina y un lingotazo de brandy, tras verle flaquear. Se desmayó justo al acabar la carrera; seguramente, un tercer pinchazo le habría matado. No volvió a competir.


REFERENCIA

PMID: 15633951


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