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El Sistema Solar es cada vez más vulgar

Un equipo de investigadores del MIT, liderados por un español, descubre que los sistemas planetarios son más parecidos al de la Tierra de lo que se creía

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Los avances científicos, con frecuencia, nos hacen conscientes de nuestra vulgaridad. Copérnico sacó a la Tierra del centro del universo, Darwin convirtió a los humanos en una especie animal más y, ahora, astrobiólogos y cazadores de exoplanetas intentan demostrar que también hay vida fuera de nuestra atmósfera. Esta semana, en un artículo que se publica en Nature, un grupo de investigadores de EEUU dirigido por Roberto Sanchis-Ojeda del MIT (Massachusetts Institute of Technology), muestra que la configuración del Sistema Solar puede ser más frecuente de lo que se creía.

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Recreación artística del sistema planetario Kepler-30 / Cristina Sanchís Ojeda

Desde que en 1995 se descubrió el primer planeta extrasolar, las nuevas técnicas de detección y el lanzamiento del satélite Kepler en 2009 han multiplicado el número de exoplanetas conocidos. Hasta ahora, la mayor parte de los planetas encontrados eran los conocidos como júpiter calientes, grandes planetas gaseosos que habitaban muy cerca de su estrella en órbitas desalineadas e incluso retrógradas. Una situación muy diferente del orden con el que los planetas giran en torno al Sol.

En el Sistema Solar, todos los planetas se trasladan en el mismo sentido, al revés que las manecillas del reloj, y lo hacen alineados con el plano del ecuador del Sol. Esto es así porque, según las teorías sobre cómo se formaron los planetas y nuestra estrella, todos surgieron de un gran disco de polvo y gas. En él, poco a poco, por efecto de la gravedad, se fueron formando las esferas que quedaron configuradas de la manera más o menos ordenada que conocemos.

Sucesos violentos

En los planetas extrasolares, las técnicas de detección solo habían permitido estudiar gigantescos y solitarios júpiter que no giraban en torno al ecuador de su estrella, probablemente porque un suceso violento, como el choque con otro planeta o el empujón de una estrella, los había sacado de su espacio natural. El estudio que ahora se publica en Nature describe un sistema de tres planetas que orbitan en torno a la estrella Kepler 30. En ese mundo no hay ningún júpiter caliente y todos los planetas están alineados con el ecuador de su estrella.

«Para saber si un sistema puede albergar vida hay que conocer si está a una distancia suficiente de la estrella para contener agua»


Roberto Sanchis-Ojeda
Investigador del MIT

“Creemos que con diez o quince medidas más podríamos demostrar que la mayoría de los sistemas planetarios son así y que lo raro es el comportamiento de los júpiter calientes”, explica Sanchís-Ojeda, que estudió en la Universidad de Valencia y ahora realiza su doctorado en el MIT. “No obstante, no será tan fácil, porque no hay muchos candidatos”, añade.

Conocer si la mayor parte de los sistemas solares no ha sufrido sucesos violentos como los que llevaron a los júpiter calientes junto a sus estrellas, también puede tener relevancia para la búsqueda de la vida. “Lo fundamental para saber si un sistema puede albergar vida es conocer si está a una distancia suficiente de la estrella para contener agua líquida”, apunta Sanchís-Ojeda. Sin embargo, es posible que este tipo de colisiones entre planetas y esas alteraciones tan bruscas pueden malograr la presencia de vida”, plantea.


'Kepler' ya ha cazado 74 nuevos planetas

Kepler, el satélite de la NASA que ha permitido descubrir el sistema planetario en torno a la estrella Kepler-30, es un artefacto diseñado para detectar docenas de planetas similares a la Tierra que orbiten a una distancia adecuada de su estrella como para que la vida sea posible. Desde que se lanzó, en marzo de 2009, ha detectado ya 74 nuevos planetas extrasolares.

Para lograr su objetivo, Kepler utiliza un fotómetro que mide continuamente el brillo de 145.000 estrellas dentro de un área fija del firmamento. Con esta información es posible detectar leves atenuaciones en ese brillo debidas al tránsito por delante de ellas de los planetas. Estudiando la duración, la magnitud o la trayectoria de la atenuación, los astrónomos pueden obtener las características del planeta que la ha producido.


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