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148 personas que han visto el mundo al revés

Neurólogos españoles publican el mayor estudio sobre la metamorfopsia invertida, un síntoma consistente en un giro de 180 grados del plano visual

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Infografía sobre la metamorfopsia invertida Ampliar

Así ve una persona con metamorfopsia invertida. C: Rotación de 180º del plano coronal. D: Rotación de 90º del plano coronal. E: Rotación de 90º del plano sagital. / Journal of Neurology

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De repente, los enfermeros colgaban del techo como las estalactitas en una cueva. Las camillas volaban. Y los médicos la miraban con cara de perplejidad, boca abajo. Veía todo del revés. “No estoy mal de la cabeza”, repetía, ante la incredulidad de los doctores, que ya barajaban remitirla al servicio de salud mental. Aniceta (nombre ficticio), de 82 años, acababa de llegar a Urgencias del Hospital 12 de Octubre de Madrid. Se había caído por las escaleras y no sentía ni las piernas ni los brazos. Y, para su estupor, su campo visual giró 180 grados.

“El caso es poco habitual, pero no excepcional”, explica el neurólogo Fernando Sierra, que acaba de publicar la mayor revisión de casos de este trastorno, conocido como metamorfopsia invertida. Su trabajo, publicado en Journal of Neurology, analiza 13 pacientes observados en su hospital, el 12 de Octubre, entre 2006 y 2010. Además, Sierra y su equipo han buceado en las bibliotecas científicas hasta encontrar un total de 148 casos de personas que, de repente, empezaron a ver el mundo del revés.

“Es un síntoma que poca gente conoce. En las facultades de Medicina no se estudia y los médicos no nos lo solemos creer cuando escuchamos que el paciente dice que ve todo del revés”, narra. Sin embargo, el síntoma es conocido, al menos, desde 1884, cuando el escritor Benito Pérez Galdós, amigo de grandes médicos de su época, cuenta en su novela Tormento un episodio de metamorfopsia invertida: “Iba de una parte a otra de la casa con morbosa inquietud; y en ocasiones veía los objetos del revés, invertidos. Hasta el retrato de su padre tenía la cabeza hacia abajo. Las líneas todas temblaban ante sus ojos doloridos y secos, y la lluvia misma era como un subir de hilos de agua en dirección del cielo”.

El cerebro trabaja en bloque

El trabajo de Serra apunta al infarto de cerebelo o del tronco cerebral como primera causa de la metamorfopsia invertida, pero este trastorno también se ha relacionado con casos de epilepsia, migraña, esclerosis múltiple y con golpes en la cabeza o en el cuello. En todos los casos aparece una disfunción en el área 7 del cerebro, situada a ambos lados de la coronilla. Es el punto del cerebro en el que convergen las informaciones sobre la visión, el equilibrio y la postura corporal. Si hay una lesión directa en el área 7 o en los cables que llegan a ella, todo se descuajaringa.

“Todavía no sabemos exactamente por qué unas lesiones tan variadas y de localización tan diversa producen la misma inversión del campo visual”, admite Serra. La investigación continúa. “El estudio de un síntoma como la metamorfopsia invertida nos ayuda a comprender mejor el funcionamiento del cerebro”, explica el neurólogo Eduardo de Pablo, coautor del estudio. “Esto es una prueba más de que el cerebro no funciona como una gran máquina con diferentes áreas aisladas encargadas cada una de una función, como propusieron los científicos de siglos pasados. El cerebro posee áreas especializadas en determinadas funciones, pero existe una gran interacción entre todas ellas y un gran procesamiento de la información”, añade.

La metamorfopsia invertida suele durar apenas unos minutos, aunque se han registrado casos de tres días

A juicio de ambos, la metamorfopsia es “un trastorno probablemente infradiagnosticado”. Mucha más gente de lo que se cree podría estar viendo el mundo al revés. De Pablo, ahora en el King’s College Hospital de Londres, recuerda que un estudio publicado en 1994 por la Clínica Mayo de EEUU alertaba de que un 2% de los pacientes con disección de la arteria vertebral (que avanza por el cuello hasta el cerebro), como consecuencia por ejemplo de un accidente de moto, presentaba metamorfopsia invertida. Además, subrayan, otras causas de este síntoma, como el infarto cerebral, la migraña y la epilepsia, son muy habituales en la población.

La metamorfopsia invertida suele durar apenas unos minutos, aunque se han registrado casos de tres días de duración. Para los neurólogos del 12 de Octubre, esto puede suponer que el paciente se olvide de comunicar el síntoma, sobre todo si llega al hospital con otros síntomas más graves, propios de un infarto del tronco cerebral.

Miedo al rechazo

Sin embargo, su opinión no es compartida por todos los neurólogos. Liz Leysa Ortega, del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de Cuba, escribió a los autores tras la publicación de su primer caso, en 2008. “Éste es un síntoma tan relevante que difícilmente un paciente dejaría de referirlo al médico, incluso si él mismo no lo buscara en la entrevista. Por tanto, es mucho más plausible que sea infrecuente que infradiagnosticado”, opinaba Ortega. En su Instituto no se detectó ningún caso en más de 40 años.

«Los médicos no solemos creer cuando escuchamos que el paciente dice que ve todo del revés»


Fernando Sierra
Neurólogo del Hospital 12 de Octubre de Madrid

El grupo de Sierra y De Pablo contestó a la investigadora cubana. “Se trata de un síntoma que para las personas no relacionadas profesionalmente con la medicina e incluso para profesionales médicos no relacionados con la neurología es bastante chocante, por lo que el paciente puede sentir cierto temor a no ser tomado en serio o ser considerado un enfermo psiquiátrico al relatarlo”, respondieron. En ocasiones, el plano visual del paciente sólo gira 90 grados: el suelo se aparece como si fuera una pared, con las mesas colgadas como cuadros. En otras, más raras, lo que gira 90 grados es el plano sagital y el afectado tiene la sensación de caminar hacia el techo.

La propia Ortega recuerda que,ya en 1941, el injustamente olvidado neurocientífico español Justo Gonzalo (1910-1986) presentó dos casos de personas que empezaron a ver del revés tras sufrir traumatismos craneales en la Guerra Civil española. Contrariamente a la creencia generalizada de que la visión invertida es un trastorno extremadamente raro, Gonzalo también llegó a la conclusión de que sería “bastante común”, tras analizar más de un centenar de heridos en el cráneo durante la Guerra Civil.

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