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Los daños del cambio climático, palpables en las aguas de El Hierro

Un estudio explica que la erupción reprodujo en el mar las condiciones para entender lo que le puede ocurrir a los océanos como resultado del calentamiento

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Mar de las Calmas Ampliar

La roseta del 'Ramón Margalef' se descuelga sobre las aguas herreñas. / Isis Comas

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Tras la erupción del volcán de El Hierro en octubre del año pasado, se reprodujeron en el Mar de las Calmas unas condiciones idóneas para entender lo que le puede ocurrir a los océanos como resultado del cambio climático: poblaciones de plancton gravemente mermadas, desaparición absoluta de bancos de peces y muchos de ellos muertos en superficie.

III EN ESTA NOTICIA

También se produjo, sin embargo, la aparición de nuevas bacterias que colonizaron la zona deshabitada. “Es una visión futurista de los mares dentro de 2.000 o 3.000 años con la actual evolución del cambio climático”, explica el investigador Eugenio Fraile, quien ha recopilado el análisis de las aguas herreñas en un trabajo que publica Nature Scientific Reports.

El calentamiento del agua, su acidificación y la pérdida de oxígeno son tres males que ya se han descrito como los principales daños que sufren los ecosistemas marinos a causa del cambio global. En las aguas de la isla canaria, gracias a la erupción volcánica se dieron de golpe las tres circunstancias, convirtiéndolas en el mejor laboratorio para analizar lo que será de los mares. “Es un laboratorio natural, con condiciones reales. Se han tratado de recrear estos cambios físicoquímicos en laboratorio, pero esto es real, es lo que le sucede a uno de los ecosistemas más ricos del planeta”, explica Fraile, del Instituto Español de Oceanografía (IEO).

En la franja comprendida entre los 75 y los 125 metros de profundidad se analizaron las peores condiciones, con una pérdida casi total de oxígeno, unos 3 grados centígrados por encima de la temperatura de la zona y una importante caída del pH, acidificando el agua. Lo mismo que los expertos llaman los “agentes estresores” provocados por el cambio global, factores que alteran gravemente el estado del mar. Tras la erupción, se reprodujeron estos estresores pero en órdenes de magnitud altísimos, los que se darían dentro de siglos si se siguen emitiendo las mismas cantidades de CO2 a la atmósfera como hasta ahora.

“En esas condiciones, la mayoría de los organismos no resistieron; la mortandad fue terrible”, cuenta Fraile, quien realizó cinco campañas (entre noviembre de 2011 y febrero de este año) a bordo del buque oceanográfico Ramón Margalef para este trabajo, aunque ya lleva 12 y con resultados coincidentes. “Sin embargo, también hubo otros organismos unicelulares que supieron adaptarse genéticamente a las nuevas condiciones de temperatura e incluso con altos niveles de cobre”, relata el investigador del IEO.

Además, ocuparon el lugar del plancton muerto bacterias que supieron aprovechar la nueva situación. “No hay que mirar sólo a los animales grandes; también los hay pequeños. Y si surgen nuevos animales pequeños, llegarán los grandes”, concluye Fraile, quien está siguiendo con atención los últimos acontecimientos sísmicos de El Hierro, que avanzan lo que pudiera ser una nueva erupción. “En cuanto comience de nuevo, volveremos a bordo del Margalef a investigar qué ocurre allí”, remata.

 


REFERENCIA

DOI: 10.1038/srep00486


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